
Uzbekistan: El Corazon de la Ruta de la Seda
Hay lugares en este mundo que no se pueden describir sin recurrir a los superlativos. Uzbekistán es uno de ellos. En el corazón de Asia Central, donde los desiertos se funden con montañas imponentes y los oasis alimentaron civilizaciones que cambiaron el mundo, existe un país que durante milenios fue el epicentro del comercio, el conocimiento, el arte y la espiritualidad de toda la humanidad. Uzbekistán no es simplemente un destino turístico: es una encrucijada de épocas, una biblioteca viva de piedra azul y terracota dorada, un lugar donde cada calle guarda ecos de imperios y cada minarete apunta hacia un pasado que todavía respira.
Samarcanda, la ciudad más antigua y legendaria de la región, contiene en su corazón el Registán, la plaza que muchos viajeros, exploradores, escritores y geógrafos han llamado la más hermosa del mundo. No es una exageración. Cuando el sol de la tarde cae sobre los azulejos turquesa y cobalto de las tres madrasas que enmarcan ese espacio solemne, cuando los mosaicos de celosía geométrica resplandecen en tonos que van del ultramar al lapislázuli, cuando el silencio impone su presencia sobre todo ese esplendor milenario, el visitante comprende que hay instantes en que la belleza humana supera cualquier capacidad descriptiva. El Registán es, sin duda, uno de los conjuntos arquitectónicos más perfectos que la humanidad haya concebido jamás.
Pero Uzbekistán no es solo Samarcanda. Es también Bujará, la ciudad santa, con su laberinto de bazares medievales, sus cúpulas de trading que aún se mantienen en pie desde el siglo doce, su ciudadela Ark donde gobernaron emires durante siglos y donde la vida y la muerte dependían de un capricho real. Es Khiva, la ciudad amurallada que parece arrancada directamente del siglo dieciséis, tan bien preservada que caminar por sus callejones de barro es literalmente atravesar el tiempo. Es el Valle de Fergana con su seda elaborada a mano y su cerámica vidriada que sigue los patrones de hace dos mil años. Es el devastado pero emocionalmente poderoso Mar de Aral, testimonio de las catástrofes medioambientales del siglo veinte. Y es, sobre todo, la Ruta de la Seda, esa arteria de civilizaciones que durante más de un milenio conectó China con Roma y que atravesó estas tierras dejando capas y capas de cultura, comercio, religión y conocimiento.
Viajar a Uzbekistán es emprender una peregrinación hacia los orígenes de la civilización moderna. Aquí nació Avicena, el médico y filósofo más influyente de la Edad Media, cuya enciclopedia médica fue texto de referencia en las universidades europeas durante seiscientos años. Aquí vivió y trabajó Al-Biruni, el erudito universal que calculó con asombrosa precisión el radio de la Tierra en el siglo once. Aquí gobernó Tamerlán, el conquistador más feroz y al mismo tiempo el mecenas más generoso de las artes del mundo islámico medieval, quien convirtió Samarcanda en la capital del universo conocido. Aquí su nieto Ulugbek construyó el observatorio astronómico más avanzado de su era y calculó la posición de las estrellas con una precisión que no sería superada hasta la invención del telescopio. Y aquí, mucho antes de todo eso, Alejandro Magno llegó en el año 329 antes de Cristo, conquistó estas tierras y quedó tan maravillado por su riqueza y belleza que tomó por esposa a Roxana, una princesa bactriana de estas mismas tierras.
Este artículo es una guía completa para el viajero que desea conocer Uzbekistán en profundidad: su historia extraordinaria, sus ciudades monumentales, su geografía dramática, su cocina deliciosa, su gente hospitalaria y su extraordinario patrimonio cultural que la UNESCO ha reconocido en siete inscripciones diferentes. Porque Uzbekistán no es solo un viaje: es una experiencia transformadora que cambia para siempre la manera en que se ve el mundo.
Geografia y Clima de Uzbekistan
Uzbekistán es un país de contrastes geográficos radicales y apasionantes. Situado en el corazón de Asia Central, entre los meridianos 56 y 73 este y los paralelos 37 y 45 norte, ocupa una extensión de aproximadamente 448.978 kilómetros cuadrados, siendo uno de los dos únicos países del mundo que son doblemente mediterráneos, es decir, rodeados completamente por países que no tienen salida al mar. Sus vecinos son Kazajistán al norte y noreste, Kirguistán al noreste, Tayikistán al este y sureste, Afganistán al sur y Turkmenistán al suroeste y oeste.
El territorio uzbeko se puede dividir en varias regiones geográficas claramente diferenciadas. La mayor parte del país está ocupada por la planicie turánica, una vasta extensión de terreno llano o ligeramente ondulado que incluye algunas de las zonas desérticas más extensas de Asia Central. El desierto del Kyzylkum, cuyo nombre en turco significa arena roja, se extiende por más de 300.000 kilómetros cuadrados en el noroeste del país, compartido con Kazajistán. Esta región árida y semiárida, con sus dunas de arena, saxaul y vida silvestre adaptada a la extrema aridez, es uno de los grandes desiertos del continente asiático.
En contraste total con esas llanuras áridas, el este y sureste del país albergan paisajes montañosos de gran espectacularidad. Las estribaciones occidentales del sistema montañoso del Tian Shan y del Pamir-Alái se adentran en el territorio uzbeko, dando lugar a valles fértiles, picos nevados y ríos caudalosos que hacen posible la vida en esta parte de Asia Central. El Valle de Fergana, encerrado entre tres cadenas montañosas, es el corazón agrícola del país y una de las regiones más densamente pobladas de toda Asia Central.
Los ríos Amu Daria, el antiguo Oxus de las fuentes clásicas greco-romanas, y Syr Daria, el antiguo Jaxartes, son los dos grandes arterias fluviales del país y de toda la región. Durante milenios, estas cuencas fluviales fueron la fuente de vida de las civilizaciones que florecieron en estas tierras. Las grandes ciudades de la Ruta de la Seda, Samarcanda, Bujará, Khiva y Tashkent, nacieron y crecieron gracias a sistemas de irrigación sofisticados que tomaban el agua de estos ríos y sus afluentes para regar los campos y abastecer a las poblaciones. Lamentablemente, la desviación masiva de sus aguas para el riego del algodón durante la era soviética causó la casi completa desaparición del Mar de Aral, una de las mayores catástrofes medioambientales del siglo veinte.
El clima de Uzbekistán es continental árido y semiárido, con veranos extremadamente calurosos e inviernos fríos. Las temperaturas estivales en las llanuras y en ciudades como Tashkent pueden superar regularmente los 40 grados centígrados, mientras que en invierno las temperaturas pueden descender por debajo de los 20 grados bajo cero en las regiones montañosas del este. La amplitud térmica diaria también es notable, con diferencias de hasta 20 grados entre el día y la noche, especialmente en las zonas desérticas.
Las precipitaciones son escasas en la mayor parte del territorio, concentrándose principalmente entre noviembre y abril. Las regiones más húmedas son las zonas montañosas del este, donde la vegetación es más densa y los cultivos más variados. Las llanuras y los desiertos reciben muy pocas lluvias, lo que hace que la vida humana y agrícola dependa completamente de los sistemas de irrigación.
La mejor época para visitar Uzbekistán es indiscutiblemente la primavera, entre marzo y mayo, cuando las temperaturas son agradables, las flores de almendro y durazno adornan los paisajes rurales, los campos de tulipanes silvestres tapetan las laderas de las montañas y el país entero parece haber despertado de un largo sueño invernal. El otoño, entre septiembre y noviembre, es también una excelente temporada, con temperaturas moderadas y los mercados rebosantes de frutas y verduras de temporada. Los veranos son perfectamente visitables si se toman las precauciones adecuadas frente al calor, y tienen la ventaja de que los días son más largos y la luz es espectacular para la fotografía de arquitectura.
La fauna y flora de Uzbekistán, aunque menos conocida que sus monumentos históricos, merece también atención. En las zonas montañosas del este viven leopardos de las nieves, osos pardos, lobos y una gran variedad de aves rapaces. Los desiertos de Kyzylkum albergan gacelas, tortugas del desierto, varanós y numerosas especies de reptiles adaptados a la vida en condiciones extremas. Los oasis y las riberas de los ríos son zonas de gran biodiversidad ornitológica, con miles de aves migratorias que utilizan estas tierras como corredor en sus viajes entre Africa, Europa y Asia.
Historia de Uzbekistan: De los Origenes a la Independencia
La historia de Uzbekistán es una de las más ricas, complejas y apasionantes de toda la humanidad. Desde los albores de la civilización hasta nuestros días, estas tierras han sido escenario de algunos de los episodios más decisivos de la historia universal, hogar de algunas de las mentes más brillantes que el mundo ha conocido y campo de batalla de imperios que determinaron el destino de continentes enteros.
Sogdiana y Bactria: Los Primeros Reinos
Mucho antes de que existieran los estados modernos de Asia Central, la región que hoy ocupa Uzbekistán fue hogar de varias civilizaciones antiguas extraordinariamente avanzadas. Los sogdianos, pueblo iranio cuya capital era Maracanda, la actual Samarcanda, fueron durante milenios los grandes comerciantes y mediadores culturales de Asia Central. La Sogdiana era una región próspera y culturalmente sofisticada, con ciudades florecientes, un sistema de escritura propio, una religión zoroástrica arraigada y un comercio que se extendía desde China hasta el Mediterráneo.
Al sur, la antigua Bactria, cuyas tierras se extendían por lo que hoy son el norte de Afganistán y el sur de Uzbekistán, era igualmente una región de gran civilización. Los bactrioaqueménidas, los griegos bactrianos y los kuchanos desarrollaron en estas tierras culturas de extraordinaria riqueza artística y filosófica. Los restos arqueológicos de esta época, encontrados en yacimientos como Afrasiab, cerca de Samarcanda, y Dalverzin-Tepe, en la región de Surkhandaria, revelan un nivel de sofisticación artística y urbanística verdaderamente notable.
Las primeras evidencias de asentamiento humano en estas tierras datan del Paleolítico, con herramientas de piedra encontradas en numerosas cuevas de las zonas montañosas. La agricultura y la ganadería se desarrollaron en la región durante el Neolítico, hace aproximadamente ocho o nueve mil años, y ya en el tercer milenio antes de Cristo existían asentamientos urbanos con sistemas de irrigación sofisticados en los valles del Amu Daria y el Syr Daria.
La primera gran entidad política conocida en la región fue el Imperio Aqueménida persa, que incorporó Sogdiana y Bactria como satrapías en el siglo sexto antes de Cristo, durante el reinado de Ciro el Grande y sus sucesores. Bajo el dominio aqueménida, la región prosperó enormemente, con un sistema administrativo eficiente, una red de caminos que facilitaba el comercio y la comunicación, y un intercambio cultural intenso entre las diferentes partes del vasto imperio.
Alejandro Magno y el Periodo Helenistico
La llegada de Alejandro Magno a estas tierras en el año 329 antes de Cristo marcó un hito fundamental en la historia de la región. Después de derrotar al último rey persa Darío III y de conquistar Persia, el joven rey macedonio se adentró en Asia Central con un ejército que había marchado desde los Balcanes hasta los confines del mundo conocido. La conquista de Sogdiana y Bactria fue una de las más duras y prolongadas de toda la campaña de Alejandro, enfrentándose a una resistencia guerrillera feroz liderada por el caudillo bactriano Espitamenes.
Durante tres años, entre 329 y 327 antes de Cristo, Alejandro combatió en estas tierras, fundó varias ciudades con el nombre de Alejandría, incluyendo Alejandría Eskhata, la Ciudad Más Lejana, que muchos historiadores identifican con la actual Khujand en el norte de Tayikistán, y se enamoró de Roxana, la hija del noble bactriano Oxiartes. La boda entre Alejandro y Roxana fue un acontecimiento sin precedentes en la historia del mundo antiguo, un reconocimiento por parte del conquistador macedonio de la nobleza y el valor de los pueblos de Asia Central.
La presencia de Alejandro dejó una huella cultural profunda y duradera. El periodo helenístico en Asia Central fue una época de extraordinaria síntesis cultural, con la fusión de elementos griegos, iranios, indios y locales creando un arte y una cultura únicos en el mundo antiguo. El reino grecobactriano, que se estableció tras la muerte de Alejandro y la fragmentación de su imperio, fue uno de los estados más cultos y sofisticados de la antigüedad, con una producción numismática de una calidad artística extraordinaria que combina retratos reales de tradición griega con leyendas en lenguas locales y divinidades del panteón buddhista e hinduista.
La Ruta de la Seda y los Sogdianos
Cuando se habla de la Ruta de la Seda, el nombre evoca de inmediato la imagen del comerciante chino o del mercader árabe viajando en caravana a través de los desiertos y las montañas. Pero la historia real es más sorprendente: durante el primer milenio de la era cristiana, los principales agentes del comercio a lo largo de la Ruta de la Seda no eran chinos ni árabes, sino sogdianos, los habitantes de la región que rodea Samarcanda y Bujará.
Los sogdianos establecieron una red comercial que se extendía desde China hasta el Mediterráneo, con colonias comerciales en Dunhuang, en el extremo occidental de China, en la India, en Persia, en Bizancio y en toda Asia Central. Sus caravanas transportaban no solo seda y especias, sino también ideas, religiones, tecnologías y obras de arte. Los textos en lengua sogdiana son los documentos más antiguos relacionados con el comercio en la Ruta de la Seda, y los frescos de Afrasiab, pintados alrededor del año 648 de la era cristiana, muestran embajadores de países lejanos acudiendo a la corte del rey de Samarcanda con regalos y propuestas comerciales.
La importancia de los sogdianos no puede ser exagerada. Fueron ellos quienes transmitieron el sistema de escritura que se convertiría en la base del alfabeto uigur, del mongol y del manchú. Fueron ellos quienes llevaron el budismo desde India hasta China, y el zoroastrismo y el maniqueísmo hasta las estepas de Asia Central. Fueron ellos quienes construyeron los caravasares, los puestos de intercambio, los sistemas de agua y las infraestructuras que hicieron posible el funcionamiento de la Ruta de la Seda durante siglos.
La Conquista Arabe y el Renacimiento Islamico
Todo cambió en el siglo séptimo cuando los ejércitos del Califato árabe, impulsados por la nueva fe del Islam, comenzaron su expansión hacia el este. La conquista de Transoxiana, el nombre árabe para la región entre el Amu Daria y el Syr Daria, que corresponde en gran medida al actual Uzbekistán, fue un proceso largo y difícil que se prolongó durante décadas. Los caudillos locales, incluyendo los sogdianos de Samarcanda y Bujará, ofrecieron una resistencia feroz antes de ser finalmente sometidos.
La conquista árabe fue completada en gran medida por el legendario general árabe Qutayba ibn Muslim, quien entre los años 706 y 715 de la era cristiana consolidó el control árabe sobre Transoxiana, incluyendo las ciudades de Samarcanda, Bujará y Khwarezm. La batalla del río Talas en el año 751, en la que los ejércitos árabes y sus aliados turcos derrotaron a una expedición militar china, detuvo la expansión china hacia el oeste y confirmó la incorporación definitiva de estas tierras al mundo islámico.
Sin embargo, la conquista árabe no fue simplemente una imposición por la fuerza. A lo largo de los siglos siguientes, las poblaciones locales abrazaron el Islam con un fervor genuino y aportaron al mundo islámico algunas de sus figuras más brillantes. El siglo noveno y el siglo diez, bajo el dominio de la dinastía samánida, fueron una edad de oro extraordinaria para la cultura y el conocimiento en estas tierras, un periodo que los historiadores comparan con el Renacimiento europeo de mil años después.
La dinastía samánida, cuya capital era Bujará, fue la primera gran dinastía perso-islámica de Asia Central. Bajo su patronazgo, la lengua persa fue revitalizada y se convirtió en el vehículo de una literatura extraordinaria. El poeta Rudaki, considerado el padre de la poesía persa clásica, vivió y trabajó en la corte samánida de Bujará. Las obras de ingeniería, astronomía, matemáticas y filosofía producidas en este periodo sentaron las bases del pensamiento científico medieval tanto en el mundo islámico como en Europa.
Ibn Sina: El Principe de los Medicos
Abu Ali ibn Sina, conocido en Occidente como Avicena, nació en el año 980 de la era cristiana en el pueblo de Afshana, cerca de Bujará, en lo que hoy es Uzbekistán. Fue el mayor médico, filósofo y científico de la Edad Media, y su influencia sobre la medicina, la filosofía y las ciencias naturales fue tan profunda y duradera que sus obras siguieron siendo texto de referencia en las universidades europeas hasta el siglo diecisiete.
Su obra monumental, el Canon de Medicina, es una enciclopedia médica en cinco volúmenes que sistematizó todo el conocimiento médico de la antigüedad greco-romana y árabe, lo complementó con los resultados de su propia práctica clínica y lo organizó de manera racional y coherente. Fue traducido al latín en el siglo doce y durante más de cinco siglos fue el principal texto médico de las universidades europeas. Ibn Sina también escribió sobre filosofía, astronomía, química, geología, matemáticas, psicología, poesía y música, dejando un corpus de obras de más de doscientos cincuenta volúmenes.
La figura de Ibn Sina es un símbolo del extraordinario potencial intelectual de la civilización islámica medieval y, específicamente, de la región que hoy es Uzbekistán. Su retrato adorna los billetes uzbekos, su nombre es llevado con orgullo por innumerables escuelas, hospitales y calles del país, y su obra sigue siendo estudiada y valorada en todo el mundo.
Al-Biruni: El Sabio Universal
Contemporáneo de Ibn Sina, Abu Rayhan al-Biruni nació en el año 973 en Kath, la capital del antiguo reino de Khwarezm, en lo que hoy es la región uzbeka de Karakalpakistán. Es considerado por muchos historiadores de la ciencia como el mayor erudito del mundo medieval, un hombre cuya amplitud de conocimientos y rigor intelectual no tienen equivalente en su época.
Al-Biruni dominaba el árabe, el persa, el griego, el hebreo, el siríaco y el sánscrito, y sus obras abarcan la astronomía, las matemáticas, la física, la mineralogía, la farmacología, la historia, la geografía, la lingüística, la filosofía y la sociología comparada. Calculó el radio de la Tierra con una precisión asombrosa, estimando un valor de aproximadamente 6.339 kilómetros, muy cercano al valor actualmente aceptado de 6.371 kilómetros. Realizó observaciones astronómicas de gran precisión, describió el movimiento de las mareas y la forma esférica de la Tierra, y su estudio de la India, titulado Kitab al-Hind, es una obra maestra de la sociología comparada que no tuvo equivalente durante siglos.
La figura de Al-Biruni representa lo mejor de la tradición intelectual de Khwarezm y de la región de Uzbekistán. En la ciudad de Khiva, donde se conserva parte del patrimonio del antiguo Khwarezm, existe un monumento dedicado a Al-Biruni, y su nombre es también honrado en numerosas instituciones científicas y educativas del país.
Genghis Khan y la Destruccion Mongola
El año 1220 fue el peor de la historia de Uzbekistán. En ese año, los ejércitos de Genghis Khan cayeron sobre las ricas ciudades de Transoxiana con una ferocidad y una eficiencia destructiva que no tenían precedentes en la historia de la región. Bujará fue tomada y quemada. Samarcanda fue saqueada y gran parte de su población masacrada o esclavizada. Urgench, la capital del poderoso Imperio Khwarazmiano, fue destruida completamente y sus habitantes pasados por la espada. Las infraestructuras de riego que durante siglos habían permitido la prosperidad de estas tierras fueron sistemáticamente destruidas.
La conquista mongola de Asia Central fue un trauma histórico de proporciones inconcebibles. Las crónicas de la época, tanto islámicas como chinas, describen con horror la destrucción de ciudades que eran entonces centros de civilización de importancia mundial. El historiador árabe Ibn al-Athir, testigo indirecto de los acontecimientos, escribió que no había palabras suficientes para describir la magnitud de la catástrofe, y que si alguien dijera que el mundo no había visto una calamidad semejante desde la creación de Adán hasta este momento, no estaría exagerando.
Sin embargo, la historia tiene sus paradojas. Los sucesores de Genghis Khan, los mongoles de la segunda y tercera generación, se islamizaron, se persianizaron culturalmente y se convirtieron en mecenas del arte y la cultura. Bajo el dominio del Ilkanato y luego del Chagatai Kanato, que gobernó Transoxiana durante el siglo trece y catorce, la región comenzó a recuperarse lentamente. El comercio en la Ruta de la Seda fue restaurado y, bajo la famosa Pax Mongolica, los viajeros podían cruzar el continente asiático con una seguridad relativa. Fue en este periodo cuando el veneciano Marco Polo viajó por Asia Central, aunque no pasó por las principales ciudades uzbekas.
Tamerlán: El Conquistador y el Mecenas
Pocos personajes en la historia universal presentan la combinación de grandeza y terror, de destrucción y creación, que encarna Timur, conocido en Occidente como Tamerlán, el Timur el Cojo. Nacido en 1336 en Kesh, la actual Shahrisabz, cerca de Samarcanda, Timur comenzó su carrera como un caudillo local en el caos político que siguió al colapso del Chagatai Kanato y en pocas décadas se convirtió en el gobernante del imperio más extenso de su época.
Las campañas militares de Timur fueron devastadoras para sus víctimas. Aplastó a los Horda Dorada mongola en las estepas del norte, conquistó Persia, Iraq, Anatolia, Armenia, Georgia, el norte de India, Siria y Egipto. Su victoria sobre el sultán otomano Bayaceto I en la batalla de Ankara en 1402 pospuso por décadas la caída de Constantinopla. Las pirámides de cráneos que dejó tras sus conquistas eran su firma terrible, y las cifras de muertos que atribuyen las crónicas a sus campañas son asombrosas, aunque sin duda exageradas.
Pero Timur tenía otro rostro: el del mecenas apasionado y refinado que quiso hacer de Samarcanda la ciudad más bella del mundo. Artistas, arquitectos, artesanos, calígrafos, poetas y filósofos de todos los territorios conquistados fueron traídos a Samarcanda, que bajo su impulso se transformó en un centro cultural de primera magnitud mundial. La madrasa Ulugbek en el Registán, el mausoleo Gur-e-Amir donde el propio Timur reposa, la avenida Shah-i-Zinda con sus mausoleos cubiertos de los azulejos más elaborados que el mundo islámico ha producido: todos estos monumentos son el legado arquitectónico de Timur y de sus sucesores timuríes.
El Imperio Timúrida, que continuó después de la muerte de Timur en 1405, fue una de las épocas más brillantes de la cultura islámica. La corte timúrida en Samarcanda y posteriormente en Herat fue un centro de mecenazgo de las artes que produjo algunos de los manuscritos iluminados más extraordinarios de toda la historia del arte, una poesía en persa y en chagataí de refinamiento supremo, y avances científicos que pusieron a estas tierras a la vanguardia del conocimiento mundial.
Ulugbek: El Rey Astronomo
Entre los sucesores de Tamerlán, ninguno brilla con tanta luz intelectual como su nieto Ulugbek, que gobernó el Kanato de Samarcanda entre 1411 y 1449. Ulugbek fue ante todo un científico, un astrónomo de genio que construyó en Samarcanda el observatorio más avanzado de su época y produjo unas tablas astronómicas de una precisión que no sería superada hasta la invención del telescopio por Galileo Galilei dos siglos después.
El Observatorio de Ulugbek, construido alrededor del año 1420 en una colina a las afueras de Samarcanda, era una estructura circular de tres pisos con un sextante gigante de cuarenta metros de radio, orientado con precisión hacia el norte. Con este instrumento, Ulugbek y su equipo de astrónomos midieron la duración del año solar con un error de solo cincuenta y ocho segundos respecto al valor actualmente aceptado, determinaron la posición de más de mil estrellas con una precisión sin precedentes y calcularon la inclinación del eje de la Tierra con una aproximación extraordinaria.
Sus tablas astronómicas, conocidas como las Zij-i-Sultani, fueron traducidas al latín en el siglo diecisiete y utilizadas por astrónomos europeos durante generaciones. El astrónomo inglés John Greaves visitó Samarcanda en 1648 específicamente para buscar copias de los trabajos de Ulugbek, y sus tablas fueron publicadas en Oxford en 1665, confirmando la extraordinaria precisión del trabajo del rey astrónomo uzbeko.
El destino de Ulugbek fue trágico. En 1449 fue derrocado por su propio hijo Abdal-Latif, que había sido incitado por los ulemas conservadores que resentían el patronazgo de Ulugbek hacia la ciencia secular y su relativa tolerancia religiosa. Fue ejecutado pocas semanas después. Las ruinas de su observatorio, redescubiertas por el arqueólogo soviético Vyatkin en 1908, son uno de los monumentos más emocionantes de Samarcanda, no solo por su valor histórico sino por el drama humano que representan.
Babur y el Nacimiento del Imperio Mughal
Uno de los nietos de Ulugbek, el príncipe Zahiruddin Muhammad Babur, nació en Andiyán, en el Valle de Fergana, en el año 1483. Después de perder Samarcanda y Fergana ante los invasores uzbekos shaibánidas, Babur se dirigió hacia el sur, conquistó Kabul en 1504 y desde allí lanzó la conquista de India, fundando en 1526 el Imperio Mughal que gobernaría el subcontinente indio hasta el siglo diecinueve.
Babur fue también un escritor de extraordinario talento. Sus memorias, conocidas como el Baburnama, están escritas en lengua chagataí, el turco oriental literario, y son uno de los grandes textos autobiográficos de la literatura mundial, comparable en frescura y vivacidad a los ensayos de Montaigne. En ellas describe con nostalgia infinita su tierra natal de Fergana, los melocotones y las uvas de Samarcanda, los jardines y los bazares de las ciudades uzbekas que dejó atrás para conquistar un continente pero que nunca olvidó.
La conexión entre Uzbekistán y el Imperio Mughal de India es uno de los episodios más fascinantes de la historia cultural euroasiática. Los emperadores mughalíes llevaron consigo a India la arquitectura timúrida de Samarcanda, la poesía persa de Bujará y el refinamiento cultural de las ciudades uzbekas, dando origen a la extraordinaria síntesis cultural mughal de la que el Taj Mahal es el ejemplo más conocido.
El Dominio Uzbeko y la Era de los Kanatos
Los uzbekos que expulsaron a Babur de Samarcanda eran los descendientes de la confederación tribal uzbeka liderada por Muhammad Shaibani, que a principios del siglo dieciséis conquistó toda Transoxiana y creó una nueva dinastía, la Shaybanida, que gobernaría la región durante gran parte del siglo dieciséis. Irónicamente, el nombre del pueblo que daría nombre al estado moderno de Uzbekistán proviene de Uzbeg Khan, un gobernante de la Horda Dorada del siglo catorce que unificó a varios grupos tribales turcos e islamizó definitivamente la horda bajo su autoridad.
Tras la fragmentación del estado shaybánida, la región quedó dividida en varios kanatos independientes que se disputarían el poder durante los siguientes tres siglos. El Kanato de Bujará, el Kanato de Jiva y el Kanato de Kokand eran los tres principales estados de la región, gobernados por emires y khanes que alternaban el mecenazgo de las artes con guerras intermitentes entre ellos y expediciones de saqueo contra sus vecinos.
Este período, aunque políticamente convulso, fue también una época de importante producción arquitectónica y cultural. Muchos de los edificios que hoy admiramos en Bujará y Khiva fueron construidos durante los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho. Los emires de Bujará en particular fueron activos constructores, y la ciudad santa acumuló durante este período un extraordinario patrimonio de mezquitas, madrasas, caravasares y minaretes que todavía definen su perfil arquitectónico.
El Dominio Ruso y el Periodo Zarista
El avance del Imperio Ruso hacia Asia Central fue uno de los grandes movimientos geopolíticos del siglo diecinueve. Motivado por la rivalidad con el Imperio Británico en la India, por el deseo de abrir nuevos mercados para los productos industriales rusos y por el impulso expansionista inherente a los grandes imperios de la época, Rusia comenzó a presionar sobre los kanatos de Asia Central en la primera mitad del siglo diecinueve y completó su conquista en las décadas de 1860 a 1880.
Tashkent fue tomada en 1865 por las tropas del general Cherniaev. Samarcanda cayó en 1868. El Emirato de Bujará aceptó el estatus de protectorado ruso ese mismo año. El Kanato de Jiva se convirtió en protectorado en 1873, y el Kanato de Kokand fue directamente anexionado en 1876. La resistencia local fue sofocada, aunque la región siguió siendo escenario de levantamientos esporádicos contra el dominio colonial ruso.
El período zarista transformó profundamente la región. Los rusos construyeron ferrocarriles, establecieron una administración colonial moderna, introdujeron el cultivo masivo del algodón que transformaría la economía y el paisaje de la región, y fundaron o expandieron ciudades con barrios europeos claramente diferenciados de los barrios históricos tradicionales. La introducción de la fotografía, la imprenta y la educación secular moderna también transformó la sociedad uzbeka de maneras profundas y duraderas.
El Periodo Sovietico
La Revolución Rusa de 1917 y la posterior guerra civil transformaron radicalmente la situación política de Asia Central. Los bolcheviques, después de una campaña militar prolongada, liquidaron los últimos kanatos y emiratos independientes de la región entre 1920 y 1924 y establecieron repúblicas soviéticas en su lugar. La República Socialista Soviética de Uzbekistán fue creada en 1924, con Tashkent como capital.
El período soviético fue ambivalente para Uzbekistán en términos culturales y de desarrollo. Por un lado, el estado soviético realizó inversiones masivas en educación, sanidad, infraestructuras y desarrollo económico, transformando Uzbekistán de una sociedad mayoritariamente analfabeta y pre-industrial en un estado moderno con altas tasas de alfabetización, un sistema de salud universal y una industria significativa. Tashkent se desarrolló como una gran ciudad moderna y se convirtió en la cuarta ciudad más grande de la Unión Soviética.
Por otro lado, la colectivización forzada destruyó las estructuras sociales tradicionales, la represión política fue brutal especialmente durante el período de las purgas estalinistas de los años treinta, y la política de arabización del algodón, que convirtió Uzbekistán en la mayor productora de algodón del mundo soviético, tuvo consecuencias económicas y ambientales devastadoras. La desviación de las aguas del Amu Daria y el Syr Daria para el riego de los campos de algodón fue la causa directa de la desaparición del Mar de Aral.
Tashkent fue casi completamente destruida por un devastador terremoto en 1966 y reconstruida en los años siguientes con un diseño urbanístico soviético de grandes bulevarles, plazas monumentales y bloques de apartamentos que le da a la ciudad su carácter actual, tan diferente de las otras ciudades históricas del país.
La Independencia de 1991 y la Era Contemporanea
Con la disolución de la Unión Soviética en 1991, Uzbekistán declaró su independencia el 1 de septiembre de ese año. El país fue gobernado durante sus primeros veinticinco años de independencia por Islam Karimov, el antiguo secretario del Partido Comunista, quien construyó un estado autoritario de partido único que mantuvo la estabilidad política al precio de importantes restricciones a las libertades civiles y políticas.
Tras la muerte de Karimov en 2016, su sucesor Shavkat Mirzíyoyev inició un proceso de reformas gradual pero significativo que ha transformado considerablemente el panorama político y económico del país. Las reformas de Mirzíyoyev incluyeron la liberalización del tipo de cambio, la apertura del país al turismo internacional, la eliminación del trabajo forzado en la cosecha del algodón, la mejora de las relaciones con los países vecinos y una apertura cautelosa al mundo exterior que ha permitido que Uzbekistán emerja como uno de los destinos turísticos de más rápido crecimiento en Asia.
Hoy, Uzbekistán es un país de aproximadamente 36 millones de habitantes que está encontrando su camino entre la preservación de su extraordinario patrimonio histórico, el desarrollo económico moderno y la construcción de una identidad nacional que integra los diferentes legados del país.
Tashkent: La Capital Moderna de Uzbekistan
Tashkent, la capital de Uzbekistán, es una ciudad de paradojas y contrastes fascinantes. Con una población de más de tres millones de habitantes, es la ciudad más grande de toda Asia Central y uno de los centros urbanos más importantes del continente asiático. Su historia es tan antigua como la de Samarcanda y Bujará, pero su aspecto físico es predominantemente moderno, resultado de la reconstrucción masiva que siguió al devastador terremoto de 1966 que destruyó gran parte de la ciudad histórica.
El nombre Tashkent proviene de las palabras turcas que significan ciudad de piedra, y la ciudad ha sido conocida a lo largo de la historia con variantes de este nombre en diferentes lenguas. Fue una ciudad importante en la Ruta de la Seda desde tiempos muy antiguos, aunque siempre fue considerada secundaria respecto a Samarcanda y Bujará. Durante el dominio ruso zarista y posteriormente soviético, Tashkent creció enormemente hasta convertirse en la capital administrativa de toda Asia Central soviética.
El terremoto de 1966 fue un punto de inflexión traumático en la historia de la ciudad. En la madrugada del 26 de abril, un terremoto de magnitud 7,5 destruyó o dañó gravemente decenas de miles de edificios y dejó sin hogar a unas 300.000 personas. La respuesta soviética fue masiva: trabajadores y constructores de toda la Unión Soviética fueron enviados a Tashkent para reconstruir la ciudad, y en pocos años se levantaron amplias avenidas, plazas monumentales, bloques de apartamentos y edificios públicos de estilo soviético que configuraron el aspecto de la ciudad que vemos hoy.
El visitante que llega a Tashkent encontrará una ciudad de avenidas anchas bordeadas de árboles, con plazas públicas de escala grandiosa, edificios de arquitectura soviética mezclados con arquitectura islámica tradicional en los barrios más antiguos, y una creciente capa de modernidad con hoteles de lujo, centros comerciales y restaurantes internacionales. La ciudad es el punto de entrada para la mayoría de los viajeros que visitan Uzbekistán, ya que cuenta con el mayor aeropuerto internacional del país.
Khast Imam y el Coran de Utman
El complejo religioso de Khast Imam, también conocido como Hastimom, es el corazón espiritual de la Tashkent islámica y uno de los lugares más sagrados de todo Uzbekistán. Situado en el barrio histórico de la ciudad, este conjunto de mezquitas, madrasas y bibliotecas es la sede del Muftí de Uzbekistán y el principal centro religioso islámico del país.
Pero lo que hace verdaderamente extraordinario al complejo de Khast Imam es que alberga uno de los tesoros más preciados del mundo islámico: el Corán de Utmán, también conocido como el Mushaf de Utmán o el Corán de Samarcanda. Este manuscrito es considerado uno de los ejemplares más antiguos del Corán que existen en el mundo, y la tradición islámica lo atribuye directamente al propio califa Utmán ibn Affan, el tercer califa del Islam, quien fue el primero en ordenar la compilación y codificación del texto coránico.
Escrito sobre hojas de piel de ciervo o de camello, el manuscrito tiene dimensiones extraordinarias, con páginas de aproximadamente 53 por 68 centímetros. Aunque los estudios científicos modernos sugieren que fue escrito en los siglos siete o nueve de la era cristiana, antes que en el período de Utmán, su antigüedad e importancia histórica son indiscutibles. El manuscrito tiene una historia extraordinariamente accidentada: fue llevado a Samarcanda por Tamerlán, transportado a San Petersburgo por los rusos en el siglo diecinueve, devuelto a Tashkent durante el período soviético y conservado desde entonces en Uzbekistán.
La exhibición del Corán de Utmán en la biblioteca de Khast Imam es uno de los momentos más emotivos que puede vivir un visitante en Tashkent. Las páginas están expuestas bajo vidrio, con sus caracteres árabes majestuosos sobre el pergamino oscurecido por los siglos, y la sensación de estar ante uno de los documentos más importantes de la historia de la humanidad es difícil de describir con palabras.
El Mercado de Chorsu
El mercado de Chorsu es el corazón palpitante de la Tashkent tradicional, un lugar donde la historia y el presente se mezclan en un festín de colores, olores, sonidos y sabores. Su nombre significa cuatro caminos en persa y uzbeko, y refleja la función histórica del lugar como confluencia de rutas comerciales en la ciudad vieja.
La estructura más visible del mercado es su gran domo azulado, una cúpula metálica de diseño soviético del siglo veinte que cubre el mercado interior de especias y frutos secos. Bajo esa cúpula se despliega uno de los espectáculos comerciales más impresionantes de Asia Central: montañas de especias de colores vivos, cúrcuma dorada, pimentón rojo intenso, comino aromático, zumaque burdeos, barberries ácidas, cilantro seco; pirámides de frutos secos y fruta seca, albaricoques secos de Fergana, pasas de todos los tamaños y colores, pistachos, almendras, nueces de todo tipo; hileras de bollería y pan fresco, samsa recién sacadas del horno de tandur, bollería con nueces y azúcar; y todo esto rodeado por el bullicio de compradores y vendedores que regatean, discuten y bromean en uzbeko, ruso y docenas de otros idiomas.
Alrededor de la cúpula principal se extienden los mercados al aire libre, con puestos de verduras y frutas frescas apiladas con una generosidad y una variedad que sorprende al visitante europeo. Los tomates uzbekos, carnosos y aromáticos, son famosos en toda la región. Las sandías y los melones de verano, cultivados en los campos irrigados de las regiones centrales del país, tienen una dulzura y una fragancia que difícilmente se pueden comparar con las frutas que se encuentran en los supermercados occidentales. Las granadas de otoño, con su rojo profundo y su interior rubí, son otro tesoro gastronómico de los mercados uzbekos.
El Metro de Tashkent: Arte Bajo la Tierra
El metro de Tashkent merece una mención especial, porque es una de las cosas más sorprendentes y poco conocidas que tiene la capital uzbeka. Inaugurado en 1977, fue el primer sistema de metro de toda Asia Central y se construyó con un lujo y un cuidado artístico que recuerda al famoso metro de Moscú. Cada estación tiene un diseño decorativo único, con mosaicos, frisos, esculturas en relieve, azulejos y lámparas de elaborados diseños que convierten el recorrido en un viaje a través de estilos arquitectónicos que van del orientalismo decorativo al constructivismo soviético.
La estación de Cosmos está decorada con un tema espacial que recuerda la conquista soviética del espacio, con elementos que evocan los cohetes, las estrellas y los astronautas. La estación de Pakhtakor tiene un diseño que celebra el algodón, el cultivo que definió la economía uzbeka durante el período soviético, con paneles decorativos de azulejo que muestran flores de algodón estilizadas. La estación de Alisher Navoi rinde homenaje al gran poeta uzbeko del siglo quince con una decoración de rica ornamentación oriental.
Durante muchos años el metro de Tashkent fue una zona prohibida para la fotografía por razones de seguridad, lo que hacía que sus maravillas decorativas fueran prácticamente desconocidas fuera del país. La apertura del país al turismo internacional bajo las reformas de Mirzíyoyev ha cambiado esto, y hoy los visitantes pueden fotografiar libremente las magníficas estaciones, que se han convertido en uno de los atractivos turísticos más comentados de la capital.
Samarcanda: La Ciudad Mas Luminosa de la Tierra
Si hay una ciudad en el mundo que haya capturado la imaginación de viajeros, poetas, conquistadores y soñadores durante dos mil quinientos años, esa ciudad es Samarcanda. Su nombre evoca de inmediato imágenes de minaretes que se alzan hacia cielos de un azul imposible, de cúpulas ribeteadas con azulejos que brillan como joyas bajo el sol del Asia Central, de caravanas llegando por el camino del desierto cargadas con las sedas y los aromas de China y la India. Samarcanda no es solo una ciudad: es un poema de piedra y azulejo, un monumento a la aspiración humana hacia la belleza y el conocimiento que no tiene equivalente en el mundo.
Fundada hace al menos dos mil quinientos años bajo el nombre de Maracanda, fue la capital del reino de Sogdiana en la antigüedad y la ciudad que Alejandro Magno capturó en el año 329 antes de Cristo, presuntamente exclamando que todo lo que había escuchado sobre su grandeza era verdad, pero que la realidad superaba incluso a las leyendas. A lo largo de los siglos fue conquistada, destruida, reconstruida y transformada por persas, griegos, kushanos, árabes, mongoles y timuríes, acumulando capas y capas de historia que hacen de ella uno de los yacimientos arqueológicos y monumentales más ricos del planeta.
El Registán: La Plaza Mas Hermosa del Mundo
El Registán es el alma de Samarcanda y uno de los conjuntos arquitectónicos más perfectos que la humanidad haya creado. Su nombre en persa significa lugar de arena, y en la antigüedad era el corazón comercial y cívico de la ciudad, donde el bazar más grande convivía con los edificios del gobierno y donde las ejecuciones públicas se alternaban con las proclamaciones reales y las festividades religiosas.
Lo que vemos hoy en el Registán es fundamentalmente el resultado de la construcción timúrida y post-timúrida de los siglos quince, dieciséis y diecisiete, con algunas restauraciones importantes del período soviético. La plaza está enmarcada por tres madrasas monumentales que se hacen frente, creando un espacio de una grandiosidad y una armonía proporcional que abruma al visitante.
A la izquierda, la Madrasa Ulugbek, construida entre 1417 y 1420 por el nieto de Tamerlán, el rey astrónomo Ulugbek, es la más antigua de las tres y quizás la más pura estilísticamente. Su portal de entrada, o iwan, está coronado por un arco de herradura de dimensiones monumentales, decorado con mosaicos de celosía geométrica en tonos azules, blancos y dorados de una complejidad matemática extraordinaria. Dos minaretes esbeltos flanquean el portal, y la fachada entera está recubierta con una red de ornamentación de cerámica azul y turquesa que hace que el edificio parezca vibrar bajo la luz solar.
En el centro, la Madrasa Tilla-Kari, construida entre 1646 y 1660, es la más imponente de las tres y alberga una mezquita cuya sala de oración es uno de los interiores más espectaculares del mundo islámico. El nombre Tilla-Kari significa el dorado en uzbeko, y la decoración interior de la sala de oración justifica plenamente ese nombre: las paredes y el techo están cubiertos con una ornamentación de mayólica dorada de una riqueza deslumbrante, con arabescos y epigrafía coránica entrelazados en composiciones de una complejidad y una elegancia supremas.
A la derecha, la Madrasa Sher-Dor, cuyo nombre significa el que tiene leones, fue construida entre 1619 y 1636. Su nombre y su fama provienen de la decoración del tímpano del portal central, donde dos leones estilizados persiguen ciervos bajo un sol que tiene rostro humano, una decoración que viola flagrantemente el principio islámico que prohíbe la representación de seres vivos y que por eso ha sido objeto de debate teológico durante siglos. Los leones de Sher-Dor, dorados sobre fondo azul, son quizás la imagen más conocida de toda la arquitectura uzbeka y uno de los íconos visuales más reconocibles de Asia Central.
Ver el Registán al amanecer, cuando la luz rasante del sol hace vibrar los azulejos con destellos de oro y turquesa y las palomas revolotean entre los minaretes en la niebla dorada del alba, es una de las experiencias más hermosas que la arquitectura humana puede ofrecer. Verlo al atardecer, cuando el sol poniente incendia las fachadas con un resplandor cálido y las sombras se alargan sobre el pavimento de la plaza, es igualmente sobrenatural.
Gur-E-Amir: El Mausoleo de Tamerlán
A pocas calles del Registán se encuentra el Gur-e-Amir, el mausoleo de Tamerlán, uno de los edificios más hermosos e históricamente cargados de toda Asia Central. Construido originalmente en 1403 como tumba para el amado nieto de Timur, Muhammad Sultan, el mausoleo fue completado y ampliado para acoger la tumba del propio Tamerlán después de su muerte en 1405.
La cúpula del Gur-e-Amir es uno de los logros más extraordinarios de la arquitectura islámica medieval. De perfil bulboso y acanalado, con nervios verticales que se van estrechando hacia la linterna superior, está recubierta con azulejos de color turquesa brillante que en los días soleados resplandecen con una intensidad casi irreal. La base tambor que sostiene la cúpula está decorada con una banda epigráfica en azulejo blanco sobre fondo azul que contiene citas coránicas, y el portal de entrada muestra una ornamentación de stalactitas, muqarnas en árabe, de una elaboración geométrica vertiginosa.
El interior del mausoleo es igualmente espectacular. La sala central, bajo la gran cúpula, tiene las paredes recubiertas con paneles de ónix y mármol, y el suelo de alabastro blanco crea una atmósfera de serena grandeza. Las tumbas de Timur y de sus descendientes están marcadas por cenotafios de piedra en la sala superior, mientras que los enterramientos reales se encuentran en una cripta subterránea directamente debajo.
La tumba de Timur está marcada por un cenotafio de jade oscuro, el mayor bloque de jade que existe en el mundo, con una inscripción que según la leyenda advierte que quien perturbe su descanso liberará un mal mayor que el que él mismo causó. Este aviso fue ignorado por el equipo de arqueólogos soviéticos que en 1941 abrieron la tumba para examinar los restos del conquistador. La apertura de la tumba se realizó el 20 de junio de 1941 y dos días después, el 22 de junio, la Alemania nazi lanzó la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética. Muchos uzbekos creen que hay una conexión entre ambos eventos, aunque la coincidencia es evidentemente fortuita.
Shah-I-Zinda: La Avenida de los Mausoleos
Si el Registán es el monumento más grandioso de Samarcanda y el Gur-e-Amir el más emocionalmente cargado, Shah-i-Zinda es el más íntimamente hermoso. Este complejo funerario, cuyo nombre significa el rey viviente en referencia al primo del profeta Mahoma que según la tradición local fue enterrado aquí, consiste en una avenida flanqueada por una sucesión de mausoleos timuríes que contienen algunos de los más extraordinarios ejemplos de cerámica arquitectónica que el mundo islámico ha producido jamás.
Los mausoleos de Shah-i-Zinda fueron construidos principalmente en el siglo catorce y a principios del quince, durante el período timúrida, como lugar de enterramiento de miembros de la familia real y nobles de la corte. Cada mausoleo tiene una fachada y un interior de decoración diferente, creando una galería de estilos y técnicas cerámicas que permite seguir la evolución de las artes decorativas islámicas a lo largo de más de un siglo.
Los azulejos de Shah-i-Zinda son los más elaborados y los mejor conservados de toda Asia Central. Técnicas como la celosía geométrica, la caligrafía coránica, los arabescos florales y la ornamentación caleidoscópica de las muqarnas alcanzan aquí una perfección que es difícil de superar. Los colores predominantes son el azul cobalto, el turquesa, el blanco, el negro y el dorado, pero hay también ejemplos de una gama cromática más amplia que incluye verdes, ocres y rojos.
La visita a Shah-i-Zinda es una experiencia profundamente íntima. A diferencia de la escala abrumadora del Registán, los mausoleos de esta avenida son edificios de tamaño humano que invitan a contemplar de cerca los detalles, a perderse en la complejidad de los patrones geométricos, a sentir la textura de los azulejos bajo los dedos. Muchos visitantes confiesan que Shah-i-Zinda es su lugar favorito de Samarcanda, precisamente por esa intimidad y por la sensación de haber encontrado, escondida entre los muros de estas tumbas silenciosas, la esencia más pura de la belleza islámica.
Bibi-Khanym: La Gran Mezquita
La mezquita de Bibi-Khanym, construida por Timur entre 1399 y 1404 para celebrar su regreso triunfal de la conquista de India, fue en su momento el edificio religioso más grande del mundo islámico, un monumento de dimensiones tan faraónicas que sus constructores debieron recurrir a decenas de elefantes de guerra traídos desde India para acarrear los materiales de construcción.
La mezquita fue concebida como la obra maestra de Timur, el edificio que superaría a todo lo anteriormente construido en el mundo islámico y que afirmaría la supremacía de Samarcanda como capital del universo. Las dimensiones eran efectivamente asombrosas: el patio interior medía más de 100 por 130 metros, la sala de oración principal estaba coronada por una cúpula de 40 metros de diámetro, el portal de entrada era el más grande del mundo islámico con sus 35 metros de altura y las cuatro minaretes de las esquinas alcanzaban los 50 metros.
Sin embargo, la ambición de Timur superó las posibilidades técnicas de la época. Las cúpulas y los muros, construidos con una rapidez excesiva por temor a la impaciencia del conquistador, comenzaron a mostrar grietas y signos de deterioro poco después de la finalización de la obra. A lo largo de los siglos siguientes, la mezquita fue progressivamente deteriorándose hasta quedar en estado de ruina. El terremoto del siglo diecinueve aceleró el proceso, y a principios del siglo veinte la mezquita era en gran parte un campo de escombros.
La restauración soviética de las décadas de 1970 y 1980 reconstruyó parcialmente la mezquita, devolviendo cierta magnificencia a sus ruinas. Lo que vemos hoy es una mezcla de original histórico y reconstrucción moderna que algunos críticos discuten, pero que permite al visitante hacerse una idea de la escala impresionante del original. El portal de entrada, con su arco monumental decorado con arabescos de cerámica, y los restos de la sala de oración, con su gran cúpula restaurada, siguen siendo impresionantes aunque no igualen el original.
El Observatorio de Ulugbek
En una colina al norte de la ciudad de Samarcanda, a unos tres kilómetros del centro histórico, se encuentran las ruinas del Observatorio de Ulugbek, el instrumento científico más avanzado del siglo quince y el testimonio más elocuente del brillante mecenazgo científico de ese rey astrónomo.
El observatorio fue construido alrededor del año 1420 por orden del propio Ulugbek y fue la obra central de su vida intelectual. El edificio original era una torre cilíndrica de tres pisos, con un diámetro de aproximadamente 46 metros y una altura estimada de 30 metros, dotada de un sextante colosal cuyo arco medía 40 metros de radio y estaba enterrado parcialmente en la ladera de la colina para mayor estabilidad.
El arco del sextante era el instrumento astronómico más preciso del mundo medieval, y con él el equipo de astrónomos de Ulugbek pudo realizar mediciones de una exactitud extraordinaria. Los resultados de su trabajo fueron publicados en las tablas astronómicas Zij-i-Sultani, que contenían la posición de 1018 estrellas, la duración del año solar medida con un error de menos de un minuto y la inclinación del eje de la Tierra calculada con una aproximación de apenas unas fracciones de grado respecto al valor moderno.
El observatorio fue destruido después del asesinato de Ulugbek en 1449 por los ulemas que se oponían a su ciencia secular. Durante siglos sus ruinas permanecieron ocultas bajo la tierra. Las excavaciones del arqueólogo Vyatkin en 1908 redescubrieron el arco del sextante, que es lo que hoy puede ver el visitante: una ranura curva de 40 metros de longitud excavada en la roca, con peldaños a los lados que permitían a los astrónomos desplazarse a lo largo del arco para tomar mediciones. Junto al sitio hay un pequeño pero excelente museo dedicado a Ulugbek y a su obra científica.
Bujara: La Ciudad Santa de Asia Central
Si Samarcanda es el esplendor, Bujará es la profundidad. Si Samarcanda asombra con la majestuosidad de sus monumentos, Bujará hipnotiza con la acumulación de siglos de historia islámica que está literalmente en cada piedra, en cada calle adoquinada y en cada cúpula del bazar que refleja el paso del tiempo. Bujará fue declarada por la UNESCO ciudad patrimonio de la humanidad en 1993, y su casco histórico es uno de los conjuntos urbanos medievales mejor conservados del mundo islámico.
La ciudad ha sido conocida a lo largo de los siglos como Bujará la Noble, como el Pilar del Islam, como la Cúpula del Islam Oriental. Durante los siglos noveno y décimo, bajo la dinástia samánida, fue una de las ciudades más cultas, más ricas y más cosmopolitas del mundo conocido, con una población que algunos estiman en más de doscientas mil personas, una biblioteca real que era la mayor del mundo islámico y una corte que atraía a los mejores intelectos de la civilización islámica.
La Ciudadela Ark
La Ciudadela Ark, que domina la ciudad de Bujará desde una colina artificial de unos veinte metros de altura, es el edificio más antiguo de la ciudad y uno de los símbolos más poderosos de su historia. Se cree que ha habido una ciudadela en este lugar desde hace más de dos mil años, aunque la estructura que vemos hoy data principalmente de los siglos dieciséis al veinte.
La ciudadela fue la residencia de los emires de Bujará y el centro del poder político, militar y administrativo de la ciudad durante siglos. Dentro de sus muros de barro cocido, que en algunos lugares alcanzan los veinte metros de altura y los doce metros de espesor, se encontraban los palacios del emir, los cuarteles de la guardia, la tesorería, el tribunal, las cárceles y una mezquita. Era en esencia una ciudad dentro de la ciudad, un mundo aparte donde las reglas ordinarias no se aplicaban y donde la arbitrariedad del poder absoluto definía la vida y la muerte de sus habitantes.
La ciudadela Ark tiene también una historia oscura relacionada con el tratamiento de los prisioneros. En sus calabozos, excavados bajo el suelo y conocidos como el pozo de las viboras, los emires de Bujará mantuvieron durante décadas a prisioneros de rango, incluyendo a varios diplomáticos y viajeros europeos del siglo diecinueve que tuvieron la desgracia de cruzar al emir de turno. El explorador escocés Alexander Burnes y el agente británico Arthur Conolly fueron ejecutados en Bujará por orden del emir Nasrullah, en uno de los episodios más dramáticos del Gran Juego.
El Minarete Kalon y la Mezquita Kalon
El Minarete Kalón, cuyo nombre significa el Grande en tajiko-uzbeko, es el minarete más alto de Asia Central y el símbolo más reconocible de Bujará. Construido en 1127 durante el reinado del sultán Arslan Khan de la dinastía Karakhanida, esta torre de 47 metros de altura es una proeza de ingeniería medieval que ha sobrevivido terremotos, invasiones y el paso de los siglos con una solidez asombrosa.
La tradición local atribuye la preservación del minarete durante la conquista de Genghis Khan a una historia que mezcla lo histórico con lo legendario. Según el relato, cuando el Khan entró en Bujará en 1220 y ordenó la destrucción de la ciudad, el minarete le impresionó tanto que al inclinar la cabeza para mirar su cima, su turbante cayó al suelo. Esto fue interpretado como un gesto de reverencia, y la leyenda dice que el Khan perdonó el minarete por respeto a su grandeza. Sea como fuere, el minarete es uno de los pocos edificios islámicos de Asia Central que sobrevivió intacto a la devastación mongola.
El diseño del Minarete Kalón es un ejemplo magistral de la arquitectura islámica medieval. El cuerpo de la torre está dividido en catorce bandas decorativas horizontales, cada una con un patrón diferente de ladrillo elaborado con una geometría de extraordinaria variedad y elegancia. Las bandas se van estrechando progresivamente hacia la cima, donde una galería circular de dieciséis arquería sostiene la linterna superior. La base del minarete, enterrada varios metros bajo tierra, forma un cimiento sólido y profundo que ha garantizado su estabilidad durante novecientos años.
Adosada al minarete, la Mezquita Kalón fue construida y reconstruida varias veces a lo largo de los siglos, alcanzando su forma actual durante el período shaybánida del siglo dieciséis. Es una de las mezquitas más grandes de Asia Central, con un patio que puede acomodar a doce mil fieles y cuyas cúpulas de azulejo turquesa crean un perfil urbano de gran belleza.
El Mausoleo Samanida
Si el Minarete Kalón es el símbolo popular de Bujará, el Mausoleo Samánida es sin duda su joya más pura y más científicamente significativa. Construido a finales del siglo noveno o principios del décimo para albergar los restos del fundador de la dinastía samánida, Ismail Samani, este pequeño edificio cúbico de ladrillo es considerado por los arquitectos e historiadores del arte como el primer gran monumento de la arquitectura islámica de Asia Central y uno de los edificios más extraordinarios del mundo medieval.
Sus dimensiones son modestas: aproximadamente diez metros de lado y siete de altura. Pero lo que lo hace extraordinario es su ornamentación de ladrillo. Las cuatro fachadas están recubiertas con un trabajo de ladrillo de una complejidad y una sofisticación sin precedentes en la arquitectura islámica de su época. Los patrones geométricos creados con hiladas de ladrillo dispuestas en ángulos diferentes crean efectos de luz y sombra que cambian a lo largo del día, haciendo que el edificio parezca vivo. Las esquinas están marcadas por columnas de ladrillo con capiteles derivados de los órdenes clásicos griegos, testimonio de la influencia helenística que aún permeaba las artes de Asia Central en el siglo décimo.
El Mausoleo Samánida sobrevivió a la conquista mongola por la simple razón de que estaba enterrado bajo la tierra cuando llegaron los invasores. Fue redescubierto durante las excavaciones soviéticas del siglo veinte y restaurado con gran cuidado, reconociéndosele como uno de los monumentos más valiosos de toda la arquitectura medieval islámica.
Lyabi-Hauz: El Corazon Social de Bujara
El conjunto de Lyabi-Hauz, cuyo nombre significa en persa al borde del estanque, es el corazón social de la Bujará histórica y uno de los rincones más encantadores de toda la ciudad. Un gran estanque rectangular, bordeado de árboles de morera centenarios, está flanqueado por tres edificios monumentales del siglo diecisiete: la Madrasa Kukeldash, la Jankah de Nadir Divan-begi y la Madrasa Nadir Divan-begi.
El estanque de Lyabi-Hauz fue en la antigüedad el principal suministro de agua potable de esa parte de la ciudad, y las noches de verano la plaza alrededor del agua se convertía en el principal espacio de sociabilidad de la ciudad, con vendedores de té, narradores de historias, músicos y charlatanes de todo tipo animando el espacio hasta altas horas de la noche. Hoy los árboles de morera, algunos de varios siglos de antigüedad, siguen dando una sombra generosa sobre los puestos de té y las mesas donde los turistas y los habitantes locales se sientan a tomar el fresco y a contemplar el reflejo de los monumentos en el agua quieta del estanque.
Khiva: La Ciudad Que Detuvo el Tiempo
Khiva es el destino más extraordinario y más hipnótico de toda Uzbekistán. Cuando uno llega a Khiva, especialmente si lo hace por la noche, cuando los muros de barro de la ciudad amurallada están iluminados por focos que los tiñen de ámbar y los minaretes se recortan contra el cielo estrellado del desierto, la sensación es absolutamente surrealista: es como entrar directamente en las páginas de Las mil y una noches, como haber cruzado un umbral temporal que nos transporta a una ciudad del siglo dieciséis todavía viva y habitada.
Khiva es la capital del antiguo reino de Khwarezm, una de las regiones históricas más importantes de Asia Central, situada en el delta del río Amu Daria, al borde del desierto del Kyzylkum. La ciudad está dividida en dos partes claramente diferenciadas: la Itchán Kalá, la ciudad interior amurallada que ha sido declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO, y la Dishán Kalá, la ciudad exterior que creció alrededor de los muros.
Itchan Kala: La Ciudad Amurallada
La Itchán Kalá, cuyo nombre significa ciudadela interior en uzbeko, es sin duda una de las ciudades históricas mejor conservadas de toda Asia Central y posiblemente del mundo islámico. Rodeada por muros de adobe de aproximadamente 10 metros de altura y 2.200 metros de perímetro, alberga más de sesenta monumentos históricos en un espacio de menos de 30 hectáreas, lo que la convierte en la mayor concentración de arquitectura islámica medieval por unidad de superficie de toda la región.
A diferencia de otras ciudades históricas de Uzbekistán, que han sido en parte modificadas o reconstruidas, la Itchán Kalá tiene un carácter casi intacto. Muchos de sus edificios fueron construidos en los siglos dieciséis, diecisiete y diecinueve, y la ciudad da la impresión de haber permanecido detenida en el tiempo desde que los rusos la tomaron pacíficamente en 1873. Las calles de tierra compactada, los muros de adobe encalado, las puertas de madera tallada, los patios interiores sombríos y silenciosos: todo contribuye a crear una atmósfera de autenticidad que se va haciendo más rara en el mundo.
El Minarete Islam Khoja
El Minarete Islam Khoja, construido en 1910, es el minarete más alto de Uzbekistán y uno de los edificios más insólitos del patrimonio arquitectónico del país. Con sus 57 metros de altura, supera incluso al famoso Minarete Kalón de Bujará, y su estilo decorativo incorpora elementos de la arquitectura clásica de Khiva con influencias que reflejan el contacto creciente con el mundo exterior en los últimos años del emirato independiente.
El minarete fue construido por orden del visir Islam Khoja, el primer ministro del último jhan independiente de Khiva, Muhammad Rahim Khan II, como parte de un complejo que incluía también una madrasa adosada. Islam Khoja fue un reformador ilustrado que promovió la modernización del emirato y fomentó la educación secular. Fue asesinado en 1913 por sus oponentes conservadores, aunque el minarete que lleva su nombre sigue siendo el punto de referencia visual más visible de la ciudad de Khiva.
La decoración del minarete utiliza el ladrillo policromado con bandas horizontales de azulejo verde, blanco y turquesa intercaladas con secciones de ladrillo sin vidriar, creando un efecto rayado de gran vivacidad cromática. Desde la galería superior, a la que se puede subir por una escalera interior de 118 peldaños, se tiene la mejor vista panorámica de la ciudad de Khiva y del paisaje que la rodea: el delta del Amu Daria al norte, el desierto del Kyzylkum al sur y, en el horizonte, las montañas lejanas.
La Mezquita Juma
La Mezquita Juma, que en árabe significa la mezquita del viernes, es uno de los edificios más extraordinarios y más singulares de toda la arquitectura islámica de Asia Central. A diferencia de casi todas las mezquitas islámicas de la región, que tienen un patio central rodeado de pórticos y una sala de oración separada, la Mezquita Juma de Khiva consiste en un único gran espacio techado, sin patio exterior, sostenido por un bosque de 218 columnas de madera que crean un ambiente de oscuridad cálida y misterio casi hipnótico.
Cada una de las columnas es diferente de las demás. Algunas proceden del edificio original del siglo diez y están decoradas con tallas de madera de una antigüedad y una calidad extraordinarias, con entrelazados vegetales, epigrafía coránica y motivos geométricos que son testimonio de la maestría de los carpinteros medievales de Khwarezm. Otras fueron añadidas en restauraciones posteriores de los siglos quince, dieciséis, dieciséis y diecinueve, y muestran estilos decorativos diferentes aunque igualmente refinados.
El efecto de conjunto es de una belleza difícil de describir: cuando uno entra en la mezquita desde la calle soleada y los ojos se adaptan a la penumbra interior, el bosque de columnas se extiende en todas direcciones creando perspectivas y juegos de sombra de una profundidad y una variedad que no se agotan en una sola visita.
Al-Biruni y Khwarezm
No se puede visitar Khiva sin pensar en Al-Biruni, el mayor sabio del mundo medieval, que nació en esta región y cuya obra científica es el más brillante testimonio de la tradición intelectual de Khwarezm. El Museo de Karakalpakistán de Nukus conserva algunos objetos relacionados con la historia antigua de Khwarezm, aunque el legado principal de Al-Biruni es por supuesto su obra escrita.
Khiva tiene también un monumento dedicado a Al-Biruni en el centro de la ciudad, y su figura es evocada con orgullo en la región como símbolo de la grandeza intelectual de Khwarezm. La región produjo también a Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi, el matemático del siglo noveno cuyo nombre es el origen de la palabra algoritmo y cuya obra sobre el álgebra dio nombre a esa disciplina matemática, lo que hace de la región de Khwarezm una de las cunas más importantes del pensamiento matemático y científico de la humanidad.
El Valle de Fergana: El Corazon Verde de Uzbekistan
Al oriente del país, encerrado entre las montañas del Tian Shan al norte, el Alái al sur y el Pamir al este, el Valle de Fergana es el corazón verde y fértil de Uzbekistán. Con una longitud de aproximadamente 300 kilómetros y una anchura de 70 a 170 kilómetros, es una de las regiones más densamente pobladas de toda Asia Central y uno de los centros históricos más importantes de la cultura uzbeka.
El Valle de Fergana es célebre desde tiempos antiguos por la fertilidad excepcional de su suelo irrigado, que produce frutas, verduras y granos de una calidad extraordinaria. La región fue durante siglos el principal productor de seda de Asia Central, y sus artesanos desarrollaron técnicas de tejido que son todavía hoy inimitables. Las montañas que rodean el valle albergan ricos depósitos de minerales, y sus ríos descienden de los picos nevados del Pamir cargados con el agua que hace posible la agricultura en esta región semiárida.
Andijan: La Ciudad de Babur
Andiyán, con sus aproximadamente cuatrocientos mil habitantes, es la mayor ciudad del Valle de Fergana y el centro económico de la región. Pero su fama histórica supera con mucho su importancia actual: Andiyán es la ciudad natal de Babur, el príncipe timúrida que perdió Uzbekistán y conquistó India, fundando el Imperio Mughal que produjo el Taj Mahal y revolucionó la cultura del subcontinente indio.
El Baburnama, las memorias de Babur, está lleno de nostálgicas descripciones del Valle de Fergana y de Andiyán. Babur recuerda con amor los melocotones y las ciruelas de Fergana, los campos de flores silvestres en primavera, la temperatura agradable del verano, la belleza de las montañas nevadas visibles desde la ciudad. Cuando uno visita Andiyán hoy, es difícil no pensar en ese príncipe que partió de aquí hace más de quinientos años y nunca pudo regresar.
La Seda de Margilan
Margulán, o Margilán, es la capital de la seda uzbeka, una ciudad cuya fama en todo el mundo islámico y más allá está vinculada desde hace milenios con la producción de las sedas más finas y más hermosas de Asia Central. La seda atlas de Margulán, con sus diseños de rayas diagonales en colores vivos sobre fondo blanco o crema, es uno de los textiles más reconocibles y más preciados de toda la artesanía uzbeka.
El proceso de producción de la seda en Margulán sigue siendo en gran parte artesanal. En los talleres familiares, que el viajero puede visitar con relativa facilidad, los gusanos de seda son criados alimentados con hojas de morera, los capullos son cocidos en agua hirviente para aflojar los hilos de seda, los hilos son devanados a mano en madejas y luego teñidos con tintes naturales o sintéticos antes de ser tejidos en telares de madera que producen los diseños geométricos característicos del atlas.
Visitar los talleres de seda de Margulán es una experiencia etnográfica extraordinaria que permite observar una de las artesanías más antiguas del mundo todavía practicada con métodos tradicionales. El mercado de telas de la ciudad es también un destino obligado para los aficionados a los textiles, con una variedad y una calidad de sedas que difícilmente se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo.
La Ceramica de Rishtan
Rishtán es a la cerámica lo que Margulán es a la seda: la capital indiscutible de una artesanía que tiene miles de años de historia y que todavía hoy se practica con una maestría y una dedicación extraordinarias. La cerámica de Rishtán, con su característica decoración en azul cobalto y turquesa sobre fondo blanco, es uno de los productos artesanales más emblemáticos de Uzbekistán y uno de los más exportados.
Los alfareros de Rishtán trabajan con una arcilla local de excepcional calidad y utilizan una técnica de vidriado que produce el característico azul profundo y brillante de su cerámica. Los diseños decorativos combinan elementos geométricos de tradición islámica con motivos florales y vegetales de gran elegancia, y los objetos producidos van desde platos de servir y cuencos de uso cotidiano hasta piezas decorativas de gran tamaño que son verdaderas obras de arte.
El viajero que visita Rishtán puede no solo comprar cerámica en los talleres del pueblo, sino también observar a los alfareros trabajando en sus ruedas y hornos, y entender así la complejidad del proceso artesanal que produce estos objetos tan hermosos. Muchos de los mejores maestros alfareros de Rishtán son herederos de tradiciones familiares que se remontan a varias generaciones, y algunos han recibido reconocimiento internacional por la calidad de su trabajo.
Karakalpakistan y el Mar de Aral
La República Autónoma de Karakalpakistán, que ocupa el noroeste de Uzbekistán en una extensión de aproximadamente 165.000 kilómetros cuadrados, es una de las regiones más remotas, más desconocidas y al mismo tiempo más fascinantes del país. Su capital, Nukus, alberga uno de los museos de arte más extraordinarios y más insólitos del mundo: el Museo Savitsky, que conserva una colección de arte de vanguardia rusa de los años veinte y treinta que fue salvada de la destrucción estalinista por el excéntrico e idealista director Igor Savitsky.
Pero la historia más triste y más dramática de Karakalpakistán está escrita en el paisaje mismo de la región: la desaparición del Mar de Aral, uno de los mayores desastres ecológicos provocados por el hombre en toda la historia de la humanidad.
El Museo Savitsky de Nukus
El Museo Savitsky de Nukus, conocido internacionalmente como el Louvre del desierto, contiene la segunda colección más grande de arte de vanguardia rusa del mundo, después del Museo Ruso de San Petersburgo. Esta colección de más de 90.000 obras fue reunida durante décadas por Igor Savitsky, un artista y coleccionista ruso que llegó a Nukus en los años cincuenta para participar en expediciones arqueológicas y que se quedó el resto de su vida, dedicado a salvar del olvido y de la destrucción las obras de los artistas de vanguardia que habían sido proscritos por el régimen estalinista.
Savitsky comprendió que en la remota Nukus podría conservar obras que en Moscú o Leningrado habrían sido confiscadas y destruidas. Viajó repetidamente a través de la Unión Soviética comprando obras a los artistas perseguidos y a las familias de los ejecutados, pagando precios irrisorios pero garantizando la supervivencia de unas obras que de otro modo se habrían perdido para siempre. Cuando murió en 1984, había salvado miles de obras de artistas como Alexander Volkov, Victor Ufimtsev, Ural Tansykbaev y decenas de otros creadores cuya memoria habría sido borrada por la represión soviética.
El Museo Savitsky es hoy un destino de peregrinación para los amantes del arte de todo el mundo, aunque llegar a Nukus requiere un viaje largo y no especialmente cómodo. Para el viajero que hace el esfuerzo, la recompensa es extraordinaria: un museo de arte de clase mundial en uno de los lugares más inesperados del planeta.
La Tragedia del Mar de Aral
El Mar de Aral fue hasta la segunda mitad del siglo veinte el cuarto lago más grande del mundo, con una extensión de aproximadamente 68.000 kilómetros cuadrados y una riqueza pesquera que alimentaba a poblaciones enteras de la región. Era un mar interior de enorme importancia ecológica, climática y económica, con puertos pesqueros activos, playas frecuentadas y una biodiversidad acuática extraordinaria.
Hoy el Mar de Aral ha desaparecido en su mayor parte. Solo quedan dos pequeñas masas de agua residuales, una en el lado kazajo del norte y una mucho más pequeña en el lado uzbeko del sur, separadas por extensiones interminables de sal blanca y arena donde antes había agua hasta el horizonte. Los barcos de pesca oxidados varados en el desierto, a kilómetros de cualquier agua, se han convertido en uno de los símbolos más poderosos de la catástrofe medioambiental del siglo veinte.
La causa de la desaparición del Mar de Aral fue la política agrícola soviética que, desde los años cincuenta y sesenta del siglo veinte, desvió de manera masiva las aguas de los dos ríos que alimentaban el mar, el Amu Daria y el Syr Daria, para irrigar millones de hectáreas de campos de algodón en Uzbekistán y Turkmenistán. El objetivo era convertir la región en la principal productora mundial de algodón, y en términos de producción el objetivo fue alcanzado: Uzbekistán llegó a ser uno de los mayores exportadores de algodón del mundo. Pero el precio ecológico fue incalculable.
La pérdida del mar tuvo consecuencias catastróficas para las poblaciones locales. Los pueblos pesqueros quedaron varados en el desierto, sin sustento ni forma de vida. Los vientos del desierto levantaban nubes de sal y pesticidas depositados en el lecho seco del mar y las transportaban a cientos de kilómetros, envenenando los suelos agrícolas y causando graves problemas de salud en las poblaciones de la región. Las tasas de enfermedades respiratorias, renales y cancerígenas se dispararon en toda la región del Aral, convirtiéndola en una de las zonas más afectadas del mundo por la contaminación ambiental.
El caso del Mar de Aral es hoy un símbolo universal de la devastación que puede causar la actividad humana irresponsable sobre los ecosistemas naturales, y se estudia en universidades de todo el mundo como ejemplo paradigmático de catástrofe medioambiental de origen antrópico. La visita a las orillas del exmar, con sus barcos abandonados y sus paisajes lunares de sal y polvo, es una de las experiencias más emocionalmente poderosas y más perturbadoras que puede vivir un viajero en Uzbekistán.
La Cocina Uzbeka: Un Viaje Gastronomico
La cocina uzbeka es una de las más ricas, más variadas y más deliciosas del mundo. Heredera de milenios de tradición culinaria en el corazón de la Ruta de la Seda, donde las especias de la India, las técnicas de cocción de Persia, los ingredientes de China y las tradiciones nómadas de la estepa se encontraron y se fusionaron, la gastronomía uzbeka ofrece una experiencia culinaria de una profundidad y una complejidad que supera con mucho lo que la mayor parte de los viajeros occidentales espera encontrar en Asia Central.
El Plov: Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
El plov, el plato nacional de Uzbekistán por excelencia, es mucho más que un simple arroz con carne. Es un ritual social, una forma de celebración, un acto de comunión comunitaria que está presente en todas las ocasiones importantes de la vida uzbeka, desde los bodas hasta los funerales, desde las celebraciones religiosas hasta los simples almuerzos familiares del domingo. En 2016, la UNESCO inscribió el arte de preparar y compartir el plov en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su importancia no solo como gastronomía sino como práctica cultural de profundo valor social.
El plov uzbeko, también conocido como osh, se prepara en un kazan, una olla de hierro fundido de gran tamaño, y el proceso de su preparación es un arte complejo que requiere años de práctica para dominar. Los ingredientes básicos son arroz, zanahorias, cebollas y carne de cordero o ternera, cocinados con una combinación de aceite, sal, comino y otras especias que varía según la región y la familia. Pero la manera en que se combinan estos ingredientes, el orden en que se añaden al kazan, los tiempos de cocción y el fuego: todo esto requiere un conocimiento y una habilidad que los mejores cocineros de plov, conocidos como oshpaz, desarrollan durante toda su vida.
En Tashkent existe el Plov Center, un restaurante colosal donde cada mañana se preparan hasta mil kilos de plov en enormes kazanes de metro y medio de diámetro, y donde cientos de clientes hacen cola desde primera hora de la mañana para conseguir su ración. El espectáculo de los grandes cocineros trabajando en sus kazanes humeantes, mezclando con palas de madera el arroz y las especias en cantidades industriales, es en sí mismo uno de los espectáculos gastronómicos más fascinantes del mundo.
Samsa: El Pastel del Bazar
La samsa es el snack callejero más popular de Uzbekistán, una empanadilla triangular o cuadrada rellena de carne picada con cebolla y especias, o de calabaza, o de patata, cocinada en un horno de tandur, el horno de arcilla enterrado en el suelo que es el corazón de la panadería y la pastelería uzbeka.
La masa de la samsa es una masa de hojaldrado artesanal, sin levadura, que se extiende a mano hasta lograr una finura casi transparente, se dobla repetidamente con mantequilla o grasa animal entre las capas y finalmente se corta en porciones que se rellenan, se doblan en forma triangular o cuadrada y se pegan al interior del horno de tandur, donde en pocos minutos se cocinan con el calor radiante de las paredes de arcilla.
El resultado es una samsa crujiente por fuera, tierna por dentro, con el relleno jugoso y aromático que escapa con la primera mordida. Comerlas recién salidas del tandur, cuando todavía queman los dedos, es uno de los placeres sencillos y absolutamente deliciosos que tiene la gastronomía uzbeka.
Lagman y Otros Platos de Pasta
El lagman es el plato de pasta más popular de Uzbekistán y toda Asia Central, herencia directa de la influencia cultural china que llegó a través de la Ruta de la Seda. Consiste en fideos largos hechos a mano, estirados y girados en el aire como la pasta italiana, servidos con una salsa de carne de cordero y verduras de temporada, condimentada con ajo, pimientos rojos y especias.
La preparación manual de los fideos de lagman es todo un espectáculo. El cocinero toma una bola de masa y la va estirando entre los brazos, doblando y retorciendo repetidamente hasta obtener una madeja de fideos extraordinariamente largos y uniformes. La habilidad requerida para este proceso es considerable, y los mejores preparadores de lagman son reconocidos y respetados en sus comunidades por su maestría técnica.
Los manti son otra especialidad uzbeka imprescindible: grandes empanadillas de masa al vapor rellenas de carne de cordero o ternera con cebolla y especias. Se cocinan en vaporizadores especiales de varios niveles y se sirven con salsa de tomate, crema agria y aceite de chile. Son más grandes que sus equivalentes mongolas o tibetanas, y tienen una jugosidad y un sabor que los convierten en uno de los platos más satisfactorios de la cocina uzbeka.
El Shashlik: La Barbacoa Uzbeka
El shashlik es la barbacoa uzbeka, pinchos de carne de cordero marinada cocinados sobre brasas de carbón, y es quizás el plato más ubiquo de toda la gastronomía uzbeka. Los puestos de shashlik están presentes en cada mercado, en cada bazar, en cada cruce de caminos importante del país, y su aroma de carne asada y especias perfuma el aire de las ciudades uzbekas de una manera que es, para el viajero que regresa, sinónimo del olor de Uzbekistán.
La clave del buen shashlik uzbeko está en la calidad de la carne, generalmente cordero de raza de la zona con una proporción adecuada de grasa, y en la marinada, que puede incluir cebollas, especias y a veces un poco de vinagre o zumo de fruta ácida para ablandar la carne. Los pinchos se giran constantemente sobre las brasas para obtener una cocción uniforme que deje el exterior ligeramente carbonizado y el interior jugoso y tierno.
El Non: El Pan Sagrado
En Uzbekistán el pan, conocido como non, no es simplemente un alimento: es un objeto sagrado, tratado con un respeto que refleja milenios de dependencia de este alimento básico en una cultura donde la agricultura y el pan tienen un valor existencial fundamental. Tirarlo al suelo o pisarlo se considera un acto de irrespeto gravísimo. Los panes uzbekos no se cortan con cuchillo: se rompen con las manos. En las bodas y otras ceremonias, el pan es uno de los elementos rituales más importantes.
El non uzbeko es un pan plano, redondo, cocido en el interior del horno de tandur, con una decoración central de incisiones que crea un patrón decorativo y facilita la cocción uniforme del centro. Cada región de Uzbekistán tiene sus propias variedades de non, con diferentes ingredientes, tamaños y decoraciones, y los panaderos de las ciudades más importantes, especialmente de Samarcanda, son famosos en todo el país por la calidad excepcional de su pan.
Los Siete Sitios Patrimonio Mundial de la UNESCO
Uzbekistán tiene el distinguido honor de contar con siete sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, una concentración de patrimonio cultural reconocido que refleja la extraordinaria riqueza histórica del país.
El primero de estos sitios es el Centro histórico de Bujará, inscrito en 1993. La UNESCO reconoció en él un ejemplo excepcional de ciudad islámica medieval, con un tejido urbano histórico que conserva con gran autenticidad su carácter de centro espiritual, comercial y intelectual de la civilización islámica de Asia Central. El casco histórico incluye la ciudadela Ark, el Minarete Kalón, el Mausoleo Samánida, el complejo de Lyabi-Hauz y decenas de madrasas, mezquitas y caravasares medievales.
El segundo sitio es la Ciudad histórica de Khiva, específicamente la Itchán Kalá, inscrita también en 1990, convirtiéndola en el primer sitio de Uzbekistán en recibir esta distinción. La UNESCO la reconoció como un ejemplo extraordinariamente bien conservado de ciudad medieval de Asia Central, con un conjunto de monumentos y un tejido urbano de ladrillo y adobe que ofrece una imagen casi intacta de cómo eran las ciudades de la región en los siglos anteriores a la industrialización.
El tercero es el Centro histórico de Samarcanda, inscrito en 2001 bajo el nombre de Samarcanda, cruce de culturas. La inscripción reconoce la posición única de Samarcanda como punto de encuentro y de intercambio de influencias culturales entre Oriente y Occidente a lo largo de más de dos milenios de historia, y específicamente la arquitectura timúrida del Registán, el Gur-e-Amir y Shah-i-Zinda.
El cuarto sitio es Shakrisabz, la ciudad natal de Tamerlán, inscrita en 2000. Esta ciudad al sur de Samarcanda conserva importantes monumentos timurídes, incluyendo las ruinas del palacio Ak-Saray, construido por Timur como residencia de verano, y el mausoleo Dorus-Saodat, donde reposan miembros de la familia del conquistador.
El quinto sitio es el Paisaje cultural de la Gran Seda, inscribo como sitio transnacional en 2014, que incluye varios segmentos del corredor de la Ruta de la Seda a través de Asia Central, incluyendo partes del territorio uzbeko.
El sexto sitio es el Sistema de irrigación antigua de Kyzylkum, y el séptimo es Nurata, el sistema de montañas sagradas, inscrito como paisaje cultural que combina recursos naturales y patrimonio histórico en una región de gran belleza y significado espiritual.
Esta extraordinaria acumulación de patrimonio reconocido por la UNESCO no tiene parangón en ningún otro país de Asia Central y convierte a Uzbekistán en uno de los destinos de turismo cultural más ricos del mundo.
Informacion Practica Para el Viajero
Viajar a Uzbekistán es hoy más fácil que nunca gracias a las reformas del presidente Mirzíyoyev que, desde 2017, han simplificado sustancialmente los requisitos de visado y han mejorado las infraestructuras turísticas del país. La mayor parte de los ciudadanos europeos, americanos y australianos puede obtener un visado electrónico en línea antes de viajar, a través del portal oficial uzbeko de visados, lo que ha eliminado el largo y complicado proceso burocrático que antes disuadía a muchos viajeros potenciales.
Como Llegar y Moverse
El principal aeropuerto internacional de Uzbekistán es el Aeropuerto Internacional Islam Karímov de Tashkent, que tiene conexiones directas con numerosas ciudades europeas y asiáticas, incluyendo Moscú, Estambul, Frankfurt, Londres, Dubái, Pekín y muchas otras. La aerolínea nacional Uzbekistan Airways opera vuelos internacionales desde Tashkent, y varias aerolíneas internacionales como Turkish Airlines, FlyDubai y S7 Airlines también conectan el país con el resto del mundo.
Dentro de Uzbekistán, la manera más eficiente y más cómoda de moverse entre las principales ciudades es el tren de alta velocidad Afrosiyob, que conecta Tashkent con Samarcanda en aproximadamente dos horas y con Bujará en menos de cuatro horas, a velocidades de hasta 250 kilómetros por hora. Este tren moderno y eficiente transformó el turismo en Uzbekistán cuando se inauguró en 2011, haciendo posible recorrer el triángulo de las tres ciudades históricas con una comodidad y una rapidez que antes eran imposibles.
Para llegar a Khiva desde Bujará hay que tomar o bien un vuelo doméstico hasta el aeropuerto de Urgench o bien un largo viaje en tren o en coche. El trayecto por carretera entre Bujará y Khiva atraviesa el desierto del Kyzylkum y es en sí mismo una experiencia memorable, aunque la distancia de aproximadamente 450 kilómetros lo hace preferiblemente el vuelo si el tiempo es un factor.
Donde Alojarse
Uzbekistán ofrece hoy una gama de alojamientos que va desde hoteles de cinco estrellas internacionales en las principales ciudades hasta encantadores hostels boutique en casas históricas restauradas de Bujará y Khiva. Los alojamientos en las casas históricas de la ciudad antigua de Bujará son particularmente recomendables: muchas de estas posadas, conocidas como mehmonkhona, están instaladas en casas tradicionales del siglo diecinueve y dieciséis con patios interiores sombreados, galerías de madera tallada y habitaciones decoradas con artesanía local, ofreciendo una experiencia de alojamiento que es en sí misma parte del viaje.
Khiva ofrece también una experiencia de alojamiento única: varios hoteles dentro de los muros de la Itchán Kalá permiten al viajero vivir literalmente dentro de la ciudad amurallada, despertarse con el sonido del llamado a la oración desde el Minarete Islam Khoja y explorar los monumentos antes de que lleguen los grupos de turistas organizados.
Las Monedas y el Presupuesto
La moneda de Uzbekistán es la suma uzbeka. La liberalización del tipo de cambio realizada en 2017 eliminó el mercado negro de divisas que había caracterizado al país durante décadas y simplificó enormemente la vida del viajero, que ahora puede cambiar dinero en bancos, hoteles y casas de cambio a tasas oficiales transparentes. Las tarjetas de crédito se aceptan en los hoteles de las ciudades principales y en muchos restaurantes, pero es conveniente llevar efectivo para los mercados, los alojamientos pequeños y las compras de artesanía.
Uzbekistán es en general un destino de coste moderado para el viajero europeo o americano. La comida local, incluyendo un plov o un shashlik en un restaurante popular, cuesta muy poco. Las entradas a los monumentos son razonables aunque en algunos casos, especialmente en Samarcanda, el coste acumulado de visitar todos los principales monumentos puede sumarse. El alojamiento varía desde las opciones económicas de los hostels hasta los hoteles de lujo, con una buena oferta en el rango medio.
La Hospitalidad Uzbeka
Quizás la característica más memorable de Uzbekistán para la mayoría de los viajeros no son los monumentos ni la gastronomía sino la hospitalidad genuina e incondicional de su gente. La tradición del mehmondost, el amor al huésped, está profundamente arraigada en la cultura uzbeka, y el visitante extranjero que se aventura más allá de los circuitos turísticos habituales descubrirá una generosidad y una calidez humana que transforman el viaje en una experiencia profundamente personal.
No es raro que un uzbeko encuentre a un extranjero perdido en la calle y no solo le indique el camino sino que le acompañe hasta su destino, o que una familia invite a un viajero desconocido a compartir su comida, o que el vendedor del mercado regale al turista curioso una muestra de sus especias o sus frutos secos. Esta hospitalidad no es forzada ni calculada: es una expresión genuina de una cultura que considera el trato generoso al extranjero como un deber moral y una fuente de orgullo.
El chaikana, la casa de té tradicional, es el espacio por excelencia de la sociabilidad uzbeka. En estos establecimientos sencillos, con sus bancos bajos cubiertos con esteras y sus mesas de patas cortas, los hombres se reúnen para tomar té verde, jugar al backgammon, comentar las noticias y compartir conversaciones que pueden durar horas. Ser invitado a compartir el té en una chaikana tradicional es una de las formas más genuinas de conectar con la cultura uzbeka.
La Mejor Temporada y Consejos Finales
La mejor época para visitar Uzbekistán es la primavera, entre marzo y mayo, y el otoño, entre septiembre y noviembre. En primavera, las temperaturas son agradables, las flores adornan los jardines y los mercados se llenan con las primeras frutas de la temporada. En otoño, los mercados rebosan de uvas, granadas, higos y membrillo, las temperaturas son perfectas para caminar y la luz de la tarde sobre los monumentos de Samarcanda y Bujará adquiere una calidad dorada incomparable.
Hay algunos consejos prácticos que cualquier viajero a Uzbekistán debe tener en cuenta. El respeto a las costumbres locales es fundamental en un país mayoritariamente musulmán: vestir con modestia al visitar mezquitas y madrasas, no fotografiar personas sin pedir permiso, y mostrar respeto por los rituales religiosos son gestos que se aprecian enormemente. Los viernes son el día de oración principal y algunos monumentos pueden tener horarios reducidos ese día.
Comprar artesanía directamente a los artesanos, en sus talleres de Margulán, Rishtán o en los bazares de Bujará, es siempre preferible a las tiendas de souvenirs de los aeropuertos, tanto por la autenticidad y la calidad de los productos como por el beneficio económico directo que reporta a los creadores. Las alfombras, las sedas, la cerámica, el trabajo en madera tallada y los productos de cuero son algunos de los mejores recuerdos que uno puede llevarse de Uzbekistán.
Uzbekistán está cambiando rápidamente. Las reformas del presidente Mirzíyoyev están transformando el país a un ritmo que hace que cada visita capture un momento diferente de su evolución. Los viajeros que visitaron el país hace diez años lo reconocerán pero también encontrarán un país mucho más abierto, mucho más accesible y con infraestructuras turísticas considerablemente mejoradas. Los que lo visiten por primera vez encontrarán un destino que todavía conserva una autenticidad y una profundidad histórica que la masificación turística no ha podido erosionar, y que ofrece experiencias que difícilmente pueden encontrarse en ningún otro lugar del mundo.
Uzbekistán espera al viajero con sus puertas abiertas, sus plazas monumentales bañadas de luz, sus minaretes que se alzan hacia el cielo infinito de Asia Central, sus mercados perfumados de especias y su gente que todavía practica la hospitalidad milenaria de la Ruta de la Seda. Es un destino que justifica cualquier esfuerzo del viaje, que recompensa al visitante con bellezas y revelaciones que seguirán resonando en su memoria mucho después de que el avión de regreso haya despegado de Tashkent dejando atrás los minaretes iluminados de la capital bajo la luz dorada del anochecer.
La Musica y las Artes Tradicionales de Uzbekistan
La música tradicional uzbeka es uno de los patrimonios culturales más ricos y más complejos de toda Asia Central, con una historia que se remonta más de dos mil años y que ha producido formas musicales de una sofisticación y una belleza extraordinarias. La UNESCO ha reconocido varias expresiones de la música uzbeka como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, incluyendo el shashmaqam, el sistema musical clásico de Bujará y Samarcanda, y el aşıq, la tradición de los poetas cantores que improvisan versos acompañados de instrumentos de cuerda.
El shashmaqam, cuyo nombre significa seis maqams en persa y uzbeko, es el sistema musical más sofisticado de la tradición clásica de Asia Central. Desarrollado en las cortes de Bujará durante los siglos dieciséis y diecisiete, consiste en seis modos musicales diferentes, cada uno asociado con emociones, momentos del día y estados espirituales específicos, que organizan un repertorio de cientos de composiciones vocales e instrumentales. La interpretación del shashmaqam requiere años de estudio y práctica, y los maestros de esta tradición, conocidos como hafiz, son figuras de enorme respeto cultural en Uzbekistán.
Los instrumentos musicales uzbekos tradicionales incluyen el dutar, una especie de laúd de cuello largo con dos cuerdas metálicas; el rubab, una forma de laúd con caja de resonancia de calabaza; el tanbur, un instrumento de cuerda de cuello largo; el nay, la flauta de carrizo; el doira, el pandero de marco; y el karnay, la larga trompeta de metal cuyo sonido profundo y vibrante es uno de los más reconocibles de Asia Central. Estos instrumentos se fabrican hoy todavía con métodos artesanales tradicionales, y los mejores lauderos de Tashkent y Bujará son artistas reconocidos cuyo trabajo combina la tradición milenaria con una maestría técnica extraordinaria.
El Navruz: La Fiesta del Año Nuevo Zoroastrico
El Navruz, que significa año nuevo en persa, es la fiesta más importante del calendario uzbeko y una de las celebraciones culturales más antiguas y más vigorosas de toda Asia Central. Celebrado el 21 de marzo, en el equinoccio de primavera, el Navruz tiene raíces en la antigua tradición zoroástrica que celebraba la renovación de la naturaleza con el comienzo de la nueva estación.
Durante el Navruz, las familias uzbekas limpian y decoran sus casas, se visten con ropas nuevas y se reúnen para compartir el sumalak, una papilla de trigo germinado cocinado con aceite que requiere horas de preparación y se cocina colectivamente por grupos de mujeres que se turnan para remover el gran kazan durante toda la noche. El sumalak tiene un sabor dulce y un valor simbólico enorme: representa la fertilidad, la abundancia y la renovación de la vida.
Las plazas y los parques de las ciudades uzbekas se llenan durante el Navruz con celebraciones de música, danza y juegos tradicionales, entre los que destaca el kupkari o buzkashi, la competición de jinetes a caballo para arrebatarse el cuerpo de una cabra, que es uno de los deportes ecuestres más espectaculares y más violentos de Asia Central.
Arquitectura Uzbeka: Tecnicas y Materiales
La arquitectura de los grandes monumentos uzbekos que hemos descrito en este artículo utiliza técnicas y materiales que merecen una breve explicación para que el viajero pueda apreciar mejor lo que está viendo. El material básico de la mayor parte de la arquitectura histórica uzbeka es el ladrillo cocido o crudo, fabricado con la arcilla local y cocido en hornos artesanales que producen ladrillos de una dureza y una durabilidad extraordinarias.
La decoración cerámica, que es el aspecto más impresionante visualmente de los grandes monumentos timurídes, se logra mediante varias técnicas diferentes. La más elaborada es la técnica de kashi, en la que pequeñas teselas de cerámica vidriada de diferentes colores se cortan con precisión y se ensamblan en paneles decorativos siguiendo los diseños previamente dibujados, creando composiciones geométricas y caligráficas de una complejidad y una precisión asombrosas. La técnica de la mayólica, o haft rang, produce piezas más grandes decoradas con varios colores en una sola cocción, permitiendo diseños figurativos más complejos.
La construcción de las grandes cúpulas de los monumentos uzbekos requería un conocimiento matemático y geométrico sofisticado que era transmitido de generación en generación dentro de los gremios de constructores. Las cúpulas de doble cáscara, con una cúpula exterior de gran altura visible desde lejos y una cúpula interior de menor tamaño que define el espacio interior, son características de la arquitectura timúrida y permiten lograr efectos tanto visuales como funcionales que la cúpula simple no puede ofrecer.

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