
Turquía (Türki̇ye): Guía de Viaje Completa
Introducción
Turquía es uno de los destinos de viaje más extraordinarios del mundo, una nación que ocupa una posición geográfica y cultural única en la encrucijada de Europa y Asia. Conocida oficialmente como Türkiye desde que el gobierno turco solicitó formalmente el cambio de nombre internacional en 2022, esta vasta tierra es hogar de civilizaciones que se remontan a más de diez mil años, de paisajes que abarcan desde las costas turquesas del Mediterráneo hasta las cumbres nevadas del monte Ararat, desde las llanuras fértiles de Anatolia central hasta los precipicios volcánicos de Capadocia. Con una superficie de aproximadamente 784.000 kilómetros cuadrados y una población de alrededor de 85 millones de habitantes, Turquía es a la vez uno de los países más grandes de la región y uno de los más diversamente habitados, con una historia humana que prácticamente no tiene parangón en ninguna otra nación.
Viajar a Turquía es sumergirse en capas de historia superpuestas de manera casi increíble. Los mismos suelos que sostuvieron a los hititas y a los frigios, a los griegos y a los romanos, a los bizantinos y a los selyúcidas, llevan hoy el peso de la República Turca fundada por Mustafa Kemal Atatürk en 1923. En este país conviven con naturalidad las mezquitas otomanas y los templos greco-romanos, las ciudades subterráneas talladas en roca volcánica y los centros comerciales más modernos de Europa, los bazares medievales que huelen a especias y los restaurantes de alta cocina que reinventan la gastronomía otomana con técnicas contemporáneas. Esta superposición de épocas y culturas es precisamente lo que hace de Turquía un destino irresistible para el viajero curioso.
El país cuenta con veintidós sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, una cifra que refleja la extraordinaria densidad de legado histórico y natural que se concentra en su territorio. Desde los primeros asentamientos humanos documentados en Çatalhöyük, de más de nueve mil años de antigüedad, hasta los templos megalíticos de Göbeklitepe que desafían nuestra comprensión del surgimiento de las civilizaciones, Turquía alberga evidencias de casi todos los períodos cruciales de la historia humana. En julio de 2025 se añadió el sitio número veintidós a esta lista: Sardis y los túmulos lidios de Bin Tepe, testimonio de la antigua capital del reino de Lidia, una de las primeras civilizaciones en acuñar moneda metálica.
Estambul, la ciudad más grande del país con más de quince millones de habitantes en su área metropolitana, es por sí sola uno de los destinos turísticos más visitados del planeta. Antigua Bizancio, luego Constantinopla y finalmente Estambul, esta metrópolis que se extiende sobre dos continentes separados por el estrecho del Bósforo concentra monumentos de valor incalculable: la Hagia Sofía, construida en el siglo VI y uno de los edificios más influyentes de la historia de la arquitectura; el Palacio de Topkapi, residencia de los sultanes otomanos durante siglos; la Mezquita Azul con sus seis minaretes únicos; y la Basílica Cisterna, un lago subterráneo sostenido por cientos de columnas romanas que guarda entre sus capiteles las enigmáticas cabezas de Medusa. Pero más allá de sus monumentos, Estambul es una ciudad viva, vibrante, caótica y fascinante, donde el pasado y el presente se fusionan en cada esquina.
Fuera de Estambul, Turquía ofrece experiencias igualmente transformadoras: sobrevolar en globo aerostático al amanecer el paisaje de chimeneas de hadas de Capadocia, bañarse en las terrazas de travertino blanco de Pamukkale, caminar por las calles del antiguo Éfeso donde una vez pisó el apóstol Pablo, navegar por la Costa Turquesa a bordo de un gulet de madera, o contemplar los dioses del monte Nemrut mientras el sol tiñe de naranja sus colosas cabezas de piedra. En el sureste, las ciudades de Gaziantep y Şanlıurfa abren una ventana hacia las raíces más profundas de la civilización humana, mientras que la costa del mar Negro ofrece una naturaleza exuberante y una cultura con su propio carácter inconfundible. Esta guía completa pretende ser el compañero indispensable del viajero que desea conocer Turquía en toda su magnitud y complejidad.
Turquía es además uno de los países más dinámicos y ambiciosos del mundo contemporáneo. Su economía, una de las veinte más grandes del mundo y miembro del G-20, combina una industria moderna con una tradición agrícola riquísima. Su posición geopolítica singular, entre Europa y Asia, entre el Mediterráneo y el mar Negro, entre Oriente Próximo y el Cáucaso, le otorga una influencia diplomática y estratégica que sus sucesivos gobiernos han sabido aprovechar con destreza variable. El turismo es uno de los pilares fundamentales de su economía: Turquía recibe cada año entre cuarenta y cincuenta millones de visitantes internacionales, que la sitúan entre los diez primeros destinos turísticos del mundo. Esta afluencia masiva ha ido acompañada de una notable mejora de las infraestructuras turísticas, con una red de hoteles, restaurantes y servicios de guía que ofrece opciones para todos los presupuestos y gustos, desde el turismo de mochila más austero hasta el lujo más sofisticado.
Historia: De Anatolia Al Imperio Otomano y la Turquía Moderna
La historia de Anatolia, el vasto territorio que constituye el corazón continental de la Turquía actual, es una de las narrativas más ricas y complejas de la humanidad. Los hallazgos arqueológicos realizados en las últimas décadas han demostrado que esta región fue escenario de algunos de los desarrollos más decisivos en la prehistoria humana. En Göbeklitepe, en la provincia de Şanlıurfa, los arqueólogos han desenterrado estructuras megalíticas datadas alrededor del año 9600 a.C., lo que convierte a este sitio en el conjunto de edificaciones con propósito religioso o ceremonial más antiguo conocido en el mundo. La existencia de estas construcciones monumentales, anteriores en varios milenios a Stonehenge y a las pirámides de Egipto, ha obligado a la comunidad científica a replantear algunas de sus teorías fundamentales sobre el surgimiento de las civilizaciones complejas.
El Neolítico también dejó en Anatolia una de sus huellas más significativas: Çatalhöyük, un asentamiento que floreció entre los años 7500 y 5700 a.C. en la llanura de Konya, es considerado uno de los primeros ejemplos de urbanismo en la historia humana. Con una población estimada de entre cinco mil y diez mil habitantes en su apogeo, Çatalhöyük presenta viviendas apiñadas sin calles entre ellas, cuyos habitantes accedían mediante agujeros en los techos. Los extraordinarios murales y esculturas encontrados en sus habitaciones revelan una sociedad con una rica vida espiritual y simbólica, y su importancia llevó a la UNESCO a incluirlo en la Lista del Patrimonio Mundial en 2012.
Los hititas representan la primera gran potencia imperial conocida en Anatolia. Este pueblo de origen incierto estableció su capital en Hattusha, cerca de la moderna ciudad de Boğazkale, alrededor del año 1650 a.C., y construyeron un Imperio que llegó a rivalizar con el Egipto de los faraones. El Tratado de Kadesh, firmado hacia el año 1259 a.C. entre el faraón Ramsés II y el rey hitita Hattusili III, es el primer tratado de paz internacional conocido en la historia y se conserva en los archivos de las Naciones Unidas. La caída del Imperio Hitita alrededor del año 1200 a.C., presumiblemente relacionada con las migraciones y catástrofes del llamado Colapso de la Edad del Bronce, dejó un vacío de poder que fue llenado por una sucesión de culturas: los frigios, cuyo rey Midas dio nombre a la legendaria maldición del oro; los lidios, que en el siglo VII a.C. inventaron la moneda metálica acuñada en Sardes; y los griegos, que colonizaron de manera sistemática las costas egeas y mediterráneas de Anatolia.
La presencia griega en Anatolia produjo algunas de las ciudades más brillantes del mundo antiguo. Éfeso se convirtió en una metrópolis de cientos de miles de habitantes y fue sede del Templo de Ártemis, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Pérgamo desarrolló una biblioteca que rivalizó con la de Alejandría y fue cuna del pergamino como material de escritura. Mileto y Halicarnaso, hoy Bodrum, produjeron filósofos, historiadores y científicos que definieron la cultura occidental. Cuando el rey persa Ciro el Grande conquistó Lidia en el 546 a.C. y convirtió a gran parte de Anatolia en provincia del Imperio Aqueménida, las ciudades griegas de la costa mantuvieron gran parte de su autonomía cultural y económica, aunque la tensión entre el mundo griego y el persa culminaría en las Guerras Médicas y, décadas después, en la campaña de conquista de Alejandro Magno, que entre el 334 y el 323 a.C. liberó Anatolia del dominio persa e inauguró el período helenístico.
Bajo el dominio romano, Anatolia alcanzó un nivel de prosperidad y urbanización sin precedentes. Las ciudades se dotaron de teatros, templos, termas, foros y bibliotecas magníficos, muchos de cuyos restos son hoy los yacimientos arqueológicos más visitados de Turquía. El apóstol Pablo realizó sus viajes misioneros por las ciudades de Anatolia, y las siete iglesias del Apocalipsis mencionadas en el Nuevo Testamento estaban todas ubicadas en la región occidental de lo que hoy es Turquía. Cuando el Imperio Romano se dividió en el año 395 d.C., Anatolia quedó del lado oriental, el Imperio Bizantino con capital en Constantinopla, la ciudad que el emperador Constantino había fundado en el emplazamiento de la antigua Bizancio en el año 330 d.C.
El Imperio Bizantino, heredero directo de Roma y custodio de la fe cristiana ortodoxa, dominó Anatolia durante más de un milenio. Su capital, Constantinopla, fue durante siglos la ciudad más grande y rica del mundo cristiano. El emperador Justiniano I, que gobernó entre el 527 y el 565 d.C., ordenó la construcción de la Hagia Sofía, la gran iglesia de la Santa Sabiduría, cuya cúpula de 31 metros de diámetro era un logro de ingeniería que no sería superado hasta el Renacimiento. La Hagia Sofía se convirtió en el símbolo por excelencia de la potencia espiritual y material del Imperio Bizantino.
La llegada de los turcos selyúcidas procedentes de Asia Central transformó radicalmente el panorama de Anatolia en el siglo XI. La batalla de Manzikert en 1071, en la que los selyúcidas derrotaron al ejército bizantino y capturaron al propio emperador Romano IV Diógenes, abrió las puertas de Anatolia a la colonización turca. Durante los dos siglos siguientes, la región experimentó una profunda islamización y turcización, aunque coexistieron en ella diversas comunidades religiosas y étnicas. Las Cruzadas, iniciadas en 1096 como respuesta a la expansión selyúcida, pasaron por Anatolia dejando una huella de conflicto y comercio que contribuyó, paradójicamente, al enriquecimiento cultural de todas las partes involucradas.
Fue sobre los cimientos del sultanato selyúcida de Rum, debilitado por las invasiones mongolas del siglo XIII, donde surgió el principado otomano liderado por Osman I, fundador de la dinastía que llevaría su nombre. El Imperio Otomano, que Osman estableció alrededor del año 1299, creció durante los dos siglos siguientes hasta convertirse en una de las potencias más formidables del mundo conocido. La conquista de Constantinopla por el sultán Mehmed II el 29 de mayo de 1453 fue el acontecimiento definitorio de la era: la caída de la última gran ciudad cristiana del Mediterráneo oriental ante el Islam marcó el fin oficial de la Edad Media según muchos historiadores y transformó a los otomanos en los sucesores indiscutibles del legado imperial romano en Oriente.
Bajo sultanes como Selim I, que duplicó el territorio otomano en apenas ocho años de reinado, y Solimán el Magnífico, que gobernó durante cuarenta y seis años transformando el Imperio en una potencia cultural y militar sin rivales en el siglo XVI, el Imperio Otomano alcanzó su máximo esplendor. Sus territorios se extendían desde Budapest hasta Bagdad, desde Argel hasta Adén, abarcando tres continentes y reuniendo bajo una sola administración a decenas de pueblos con lenguas, religiones y costumbres distintas. La arquitectura otomana de este período, encarnada en las obras del gran arquitecto Mimar Sinan, produjo algunas de las estructuras más bellas jamás construidas, incluida la Mezquita de Süleymaniye en Estambul y la Mezquita Selimiye en Edirne.
El declive del Imperio Otomano fue un proceso largo y doloroso que se extendió durante más de dos siglos. Sucesivas derrotas militares frente a las potencias europeas en expansión, luchas internas por el poder, reformas tardías e insuficientes, y el surgimiento del nacionalismo entre las numerosas minorías del Imperio condujeron a una progresiva pérdida de territorios. El siglo XIX fue testigo de la independencia de Grecia, Serbia, Rumanía y Bulgaria, entre otros estados. La Primera Guerra Mundial, en la que el Imperio Otomano participó del lado de las Potencias Centrales, supuso su derrota definitiva y la ocupación de sus territorios por las potencias aliadas.
De las cenizas del Imperio Otomano surgió la República de Turquía, proclamada el 29 de octubre de 1923 bajo el liderazgo de Mustafa Kemal, quien adoptaría el apellido Atatürk, padre de los turcos. El programa de reformas modernizadoras que Atatürk impulsó durante su presidencia fue extraordinariamente ambicioso y abarcó prácticamente todos los aspectos de la vida pública y privada: la abolición del califato, la instauración de un sistema jurídico secular basado en el derecho europeo, la adopción del alfabeto latino en sustitución del árabe, la concesión del sufragio femenino, la reforma del sistema educativo y la prohibición del uso de fez y turbante en espacios públicos. En menos de dos décadas, Atatürk transformó una sociedad imperial islámica en una república secular de orientación occidental, sentando las bases del Estado turco moderno.
La Turquía del siglo XXI es un país de enorme dinamismo y complejidades. Miembro de la OTAN desde 1952 y candidato a la adhesión a la Unión Europea, el país ha experimentado un notable crecimiento económico en las primeras décadas del siglo, convirtiéndose en una de las principales economías del G-20. Su capital política es Ankara, ciudad moderna construida prácticamente desde cero durante la época republicana, pero Estambul sigue siendo el verdadero corazón económico, cultural y financiero del país, y una de las ciudades más dinámicas y cosmopolitas del mundo. La lengua oficial del Estado es el turco, y la lira turca (TRY) es la moneda nacional, cuya cotización frente al euro y al dólar ha experimentado fluctuaciones significativas en los últimos años, con el efecto práctico de que el país se ha convertido en un destino considerablemente asequible para los visitantes europeos y norteamericanos.
Geografía y Clima
Turquía ocupa una posición geográfica excepcional que la convierte simultáneamente en un país asiático y europeo. La parte continental principal, Anatolia, es una vasta península entre el mar Negro al norte y el Mediterráneo al sur, mientras que la Tracia Oriental, la pequeña porción europea del país al oeste del Bósforo, representa apenas el tres por ciento de la superficie total pero alberga a Estambul, la ciudad más poblada del país. Las fronteras terrestres de Turquía son con Grecia y Bulgaria al noroeste, con Georgia y Armenia al noreste, con Azerbaiyán (el enclave de Najicheván) e Irán al este, y con Iraq y Siria al sureste, una vecindad que confiere al país una posición geoestratégica de importancia capital.
La topografía de Turquía es dominada por una meseta central, la Meseta de Anatolia, que se eleva entre los 800 y los 1.200 metros sobre el nivel del mar y está rodeada por cadenas montañosas en todos sus flancos. Al norte, los Montes Pónticos forman una barrera que retiene la humedad del mar Negro y crea en la costa septentrional un microclima sorprendentemente verde y lluvioso, en marcado contraste con el interior árido. Al sur, el macizo del Tauro se extiende en paralelo a la costa mediterránea, alcanzando altitudes superiores a los 3.700 metros y formando impresionantes desfiladeros y cañones. Al este, la elevación media aumenta considerablemente, y la región oriental de Anatolia es en gran medida una zona de alta montaña donde el invierno puede ser extremadamente riguroso.
Los principales ríos de Turquía incluyen el Éufrates (llamado Fırat en turco), el Tigris (Dicle) y el Kızılırmak, el río más largo que nace y desemboca íntegramente en territorio turco. El lago más grande del país es el lago Van, en el este, una masa de agua salada de origen volcánico de casi cuatro mil kilómetros cuadrados de extensión. El lago Tuz, en la meseta central, es una de las mayores lagunas saladas del mundo y durante el verano prácticamente se seca, dejando una capa de sal reluciente que le da un aspecto lunar fascinante y lo convierte en destino de fotografía naturalista muy apreciado.
El clima de Turquía varía extraordinariamente de una región a otra. Las costas mediterránea y egea disfrutan de un clima típicamente mediterráneo, con veranos largos, calurosos y secos, e inviernos suaves y lluviosos, lo que las convierte en destinos turísticos de playa por excelencia. La temporada alta para las costas es de junio a septiembre, cuando las temperaturas en la costa oscilan entre los 28 y los 38 grados centígrados. La costa del mar Negro tiene un clima oceánico mucho más húmedo, con precipitaciones repartidas durante todo el año y veranos menos extremos, lo que produce una vegetación de sorprendente exuberancia que contrasta con la imagen árida que el turismo internacional suele asociar a Turquía. La meseta central experimenta un clima continental con veranos calurosos y secos e inviernos fríos con nieve frecuente.
Para los visitantes, la mejor época para viajar a Turquía en términos generales es la primavera, especialmente los meses de abril y mayo, cuando la temperatura es agradable en todo el país, las flores silvestres cubren los prados de Anatolia y las multitudes turísticas todavía no han alcanzado su punto álgido. El otoño, de septiembre a noviembre, también es una época excelente, especialmente para Capadocia, donde los viñedos se tiñen de colores dorados y rojizos y los vuelos en globo aerostático son igualmente espectaculares que en verano. El invierno tiene su propio encanto para quienes buscan Estambul sin multitudes, aunque el tiempo puede ser gris y lluvioso, y para los amantes del esquí que se aventuran a las estaciones de montaña como Uludağ cerca de Bursa o Palandöken cerca de Erzurum. El verano en las zonas costeras es sinónimo de sol garantizado, playas llenas y vida nocturna animada, pero también de temperaturas que pueden resultar agotadoras para quien recorre yacimientos arqueológicos bajo el sol directo del mediodía.
Estambul: La Ciudad Entre Dos Continentes
Estambul es una de las grandes ciudades del mundo, y quizás la única que puede ser adjetivada sin hipérbole como irrepetible. La ciudad se extiende sobre ambas orillas del estrecho del Bósforo, con el barrio histórico de Sultanahmet en la orilla europea y los distritos más modernos de Kadıköy y Üsküdar en la orilla asiática. Esta posición entre dos continentes no es meramente geográfica: es también cultural, espiritual e histórica, pues Estambul ha sido durante siglos el punto de encuentro y tensión entre Oriente y Occidente, entre el Islam y el Cristianismo, entre la tradición y la modernidad. Caminar por sus calles es embarcarse en un viaje a través del tiempo que puede resultar agotador en su generosidad histórica pero que nunca decepciona.
La Hagia Sofía, conocida en turco como Ayasofya, es sin duda el edificio más emblemático de Estambul y uno de los más significativos de la historia de la arquitectura mundial. Construida entre los años 532 y 537 d.C. por orden del emperador bizantino Justiniano I, esta catedral fue durante casi mil años la iglesia cristiana más grande del mundo y el corazón espiritual del Imperio Bizantino. Su cúpula semiesférica, de 31 metros de diámetro, parece flotar sobre la nave como suspendida del cielo gracias a los cuarenta ventanales que la rodean en su base y que inundan el interior de luz natural. Cuando los otomanos conquistaron Constantinopla en 1453, el sultán Mehmed II transformó la catedral en mezquita, añadiéndole cuatro minaretes y cubriendo los mosaicos cristianos con yeso. Tras la proclamación de la República, Atatürk la convirtió en museo en 1934, y sus mosaicos, de extraordinaria belleza, fueron restaurados para la admiración de los visitantes. En julio de 2020, el gobierno turco revirtió este estatus y la Hagia Sofía volvió a funcionar como mezquita activa, aunque permanece abierta a los visitantes de todas las confesiones fuera de los horarios de oración.
A pocos metros de la Hagia Sofía se alza la Mezquita de Sultanahmet, universalmente conocida como la Mezquita Azul por los más de 21.000 azulejos de Iznik de tono azul y turquesa que decoran su interior. Construida entre 1609 y 1616 por orden del sultán Ahmed I, la Mezquita Azul es el único lugar de culto islámico de Estambul con seis minaretes, una característica que en su momento generó controversia porque igualaba el número de minaretes de la Gran Mezquita de La Meca. Para resolver el conflicto, el sultán financió la construcción de un séptimo minarete en La Meca. El interior de la mezquita es una experiencia sensorial extraordinaria: la luz que se filtra a través de las 260 ventanas baña los azulejos azules y turquesas en un resplandor que cambia con cada hora del día. Como mezquita activa, los visitantes deben cubrir su cabeza y descalzarse para entrar, y está cerrada a los turistas durante las cinco oraciones diarias.
El Palacio de Topkapi fue durante cuatro siglos, desde el reinado de Mehmed II hasta mediados del siglo XIX, la sede del gobierno del Imperio Otomano y la residencia de los sultanes. Extendido sobre una colina con vistas al Bósforo, el palacio es en realidad un complejo de patios, pabellones, jardines y tesoros acumulados a lo largo de siglos de poderío imperial. Sus cuatro patios se recorren de manera progresiva, desde los espacios más accesibles hasta los más íntimos y privados. El Harén, un laberinto de trescientas habitaciones donde vivían el sultán, sus esposas, concubinas, hijos y los eunucos que las custodiaban, es uno de los espacios más visitados y evocadores del palacio. La Sala del Tesoro alberga el diamante Kaşıkçı de 86 quilates, el puñal de Topkapi con tres enormes esmeraldas en su mango, y el trono dorado persa. En la sección de las Reliquias del Profeta se conservan algunos de los objetos más venerados del Islam, incluida la capa, la espada y un cabello del profeta Mahoma, reliquias a las que acuden en peregrinación personas de todo el mundo islámico.
El Gran Bazar, fundado en 1461 por orden del sultán Mehmed II apenas años después de la conquista otomana, es uno de los mercados cubiertos más grandes y más antiguos del mundo. Con más de cuatro mil tiendas repartidas por 61 calles cubiertas y visitado por cientos de miles de personas cada día, el Gran Bazar es simultáneamente un monumento histórico y un mercado vivo donde se venden alfombras, joyería, cuero, especias, cerámica, lámparas y una interminable variedad de productos artesanales y de recuerdo. Navegar por sus calles sin una orientación clara puede ser una experiencia levemente laberíntica pero enormemente placentera: cada giro revela una nueva especialidad, un nuevo aroma, una nueva tentación.
El Bazar de las Especias, también conocido como Bazar Egipcio o Mısır Çarşısı, es más pequeño que el Gran Bazar pero igualmente fascinante para los sentidos. Construido en 1664, durante siglos fue el destino de las especias y productos exóticos que llegaban a Estambul desde el Oriente a través de las rutas comerciales otomanas. Hoy vende un espectacular surtido de especias, té, café, dulces turcos, frutos secos, hierbas aromáticas y productos medicinales tradicionales. Los colores de los montones de especias, los aromas que se mezclan en el aire y el dinamismo del comercio activo lo convierten en una visita imprescindible incluso para quien no tenga intención de comprar nada.
La Basílica Cisterna, llamada en turco Yerebatan Sarnıcı, es una de las maravillas ocultas de Estambul. Construida en el siglo VI durante el reinado de Justiniano, este reservorio subterráneo de agua tenía capacidad para almacenar hasta ochenta mil metros cúbicos de agua para abastecer a la ciudad. Sostenida por 336 columnas de mármol dispuestas en hileras regulares bajo una bóveda de ladrillo, la cisterna tiene el aspecto de una catedral sumergida con el agua aún en su suelo, donde nadan silenciosas carpas. En el rincón más alejado de la cisterna, dos columnas reposan sobre capiteles con la cabeza de Medusa esculpida en mármol, una reposada de lado y otra invertida, por razones que los historiadores todavía debaten pero que el imaginario popular ha rodeado de leyendas fascinantes. La iluminación tenue y la reflexión de las columnas en el agua crean una atmósfera de misterio inigualable que hace de la Basílica Cisterna uno de los lugares más fotogénicos de Estambul.
El Palacio de Dolmabahçe, construido entre 1843 y 1856 en la orilla europea del Bósforo, representa el momento en que la arquitectura otomana adoptó el lenguaje del Barroco y el Neoclásico europeos para proyectar modernidad y cosmopolitismo. Con 285 habitaciones, 46 salones, 68 baños y 6 hamams repartidos en una fachada de 600 metros que da directamente al Bósforo, el palacio es de una opulencia casi abrumadora. El Gran Salón de Ceremonias tiene el techo sostenido por la lámpara de araña más grande del mundo, un regalo de la reina Victoria de Inglaterra que pesa cuatro toneladas y media. Mustafa Kemal Atatürk pasó en el palacio sus últimos días y murió allí el 10 de noviembre de 1938; todos los relojes del palacio están detenidos a las 9:05, la hora de su fallecimiento, en un gesto de duelo perpetuo que el visitante percibe de inmediato con una emoción difícil de explicar.
El Bósforo en sí es uno de los grandes espectáculos de Estambul. Este estrecho de apenas 32 kilómetros de longitud y con una anchura mínima de 698 metros es la única vía de comunicación entre el mar Negro y el mar de Mármara, y por él circula un tráfico marítimo incesante de petroleros, cargueros, barcos de pasajeros y embarcaciones pesqueras. Tomar un crucero por el Bósforo, ya sea el ferry público de línea que realiza el trayecto completo hasta el mar Negro o uno de los numerosos cruceros turísticos, es una de las experiencias más recomendables en Estambul: desde el agua se contemplan las orillas jalonadas de mezquitas, fortalezas medievales, palacios imperiales, villas de madera otomanas y modernas mansiones, formando un panorama de extraordinaria belleza que únicamente puede apreciarse desde el agua.
La avenida İstiklal, en el barrio de Beyoğlu al norte del Cuerno de Oro, es la arteria peatonal más concurrida de Estambul y el corazón de su vida cultural y social contemporánea. Sus casi dos kilómetros de longitud están flanqueados por edificios de arquitectura neoclásica del siglo XIX que albergan tiendas internacionales y locales, librerías, galerías de arte, cinemas históricos, restaurantes, cafés y locales de música en vivo. Por İstiklal transita el histórico tranvía rojo, una reliquia restaurada que avanza a paso lento entre la multitud. Al final de la avenida, en la plaza de Taksim, se alza el monumento a la República, erigido en 1928 para conmemorar los primeros cinco años de la república turca con esculturas de Atatürk y otros líderes de la guerra de independencia.
La Torre Gálata, construida por los genoveses en 1348 sobre una colina del barrio medieval de Gálata, domina con su silueta el skyline norte de Estambul. Con 66 metros de altura, fue durante siglos la estructura más alta de la ciudad y sirvió como puesto de observación y de vigilancia de incendios. Hoy la torre está abierta al público y ofrece desde su balcón circular una vista panorámica de la ciudad que permite apreciar de un golpe de vista la majestuosa geografía de Estambul: los minaretes y cúpulas del centro histórico, el Bósforo con sus puentes colgantes, y en días claros las costas de Asia al fondo.
Los Museos Arqueológicos de Estambul, situados junto al Palacio de Topkapi, conforman uno de los más importantes complejos museísticos del mundo. Albergan una colección de más de un millón de objetos procedentes de excavaciones en Anatolia, los Balcanes, el Oriente Próximo y el norte de África, acumulados durante el período otomano. Entre sus piezas más destacadas se encuentran el Sarcófago de Alejandro Magno, de mármol pentélico con escenas de batalla de extraordinaria viveza y policromía parcialmente conservada, y el Sarcófago de las Llorosas, ambos hallados en las necrópolis reales de Sidón. El Museo del Oriente Antiguo, dentro del mismo complejo, alberga piezas mesopotámicas, egipcias e hititas de primer orden, incluidos fragmentos del Tratado de Kadesh entre Ramsés II y los hititas.
Capadocia y Anatolia Central
Capadocia es uno de esos paisajes que parecen surgidos de la imaginación de un escritor de ciencia ficción o de los sueños de un geólogo. Esta región de la Anatolia central, situada principalmente en las provincias de Nevşehir, Kayseri y Niğde, es el resultado de millones de años de actividad volcánica y de la posterior erosión producida por el viento y el agua sobre las capas de toba volcánica depositadas por las erupciones de los volcanes Erciyes, Hasandağ y Güllüdağ. El resultado es un territorio de una extrañeza visual casi incomprensible: valles llenos de formaciones rocosas en forma de cono, pilar, seta y columna que los turcos denominan peri bacaları, chimeneas de hadas, intercaladas con barrancos profundos, viñedos en terrazas y pueblos en parte excavados directamente en la roca.
Los vuelos en globo aerostático al amanecer sobre Capadocia son quizás la experiencia turística más icónica de Turquía y están entre las más memorables del mundo. Cada mañana, en los meses de temporada alta, docenas de globos de colores se elevan sobre el Valle de Göreme mientras el sol comienza a iluminar las chimeneas de hadas desde un horizonte que tarda en aclarar. Desde la canasta del globo, la vista es absolutamente surrealista: un paisaje que desde el suelo ya es irreal adquiere desde el aire dimensiones de ensueño. Los vuelos duran generalmente entre una y dos horas y pueden ser contratados a través de numerosas agencias con sede en Göreme o Ürgüp, la capital regional de facto del turismo capadocio. El precio varía considerablemente según la categoría de la empresa, el tamaño del globo y si se incluye desayuno y traslados, y es recomendable reservar con antelación, especialmente en temporada alta de abril a junio y de septiembre a noviembre.
El Museo al Aire Libre de Göreme, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1985 junto con el resto de los sitios rupestres de Capadocia, es el más importante yacimiento arqueológico de la región y uno de los mejor preservados del período medieval cristiano en toda Anatolia. Durante los siglos IX al XIII, monjes y comunidades cristianas excavaron en la roca volcánica un conjunto de iglesias, refectorios, celdas y galerías interconectadas de extraordinaria riqueza artística. Las pinturas murales que decoran el interior de muchas de estas iglesias rupestres, realizadas entre los siglos X y XII, son documentos visuales invaluables del arte cristiano oriental y de la vida monástica en Capadocia. La Iglesia Oscura (Karanlık Kilise), cuya entrada tiene un coste adicional al del billete general del Museo, conserva los frescos mejor preservados, de colores sorprendentemente vivos gracias a que la oscuridad de la cavidad la protegió durante siglos de la luz que deteriora los pigmentos.
Las ciudades subterráneas de Capadocia constituyen otro de los prodigios de la región. La más visitada y explorada es Derinkuyú, que se extiende ocho niveles bajo la superficie hasta una profundidad de aproximadamente 60 metros y podía albergar a miles de personas junto con sus animales, provisiones y ganado. Construida probablemente en la época hitita y ampliada sucesivamente por los frigios y los primeros cristianos que huían de persecuciones, Derinkuyú tiene ventilación, pozos, bodegas, cocinas, establos, capillas y salas de reunión conectados por túneles lo suficientemente estrechos para que un solo hombre pudiera defenderlos. La ciudad vecina de Kaymaklı tiene una distribución más horizontal pero igualmente fascinante, con enormes piedras redondas que bloqueaban los túneles en caso de invasión. Se estima que Capadocia alberga unas doscientas ciudades subterráneas, aunque solo unas pocas están abiertas al público.
El Valle de las Palomas, el Valle Rojo, el Valle Rosa y el Valle del Amor son algunas de las excursiones pedestres más populares de Capadocia. Cada uno de estos valles tiene un paisaje ligeramente distinto: el Valle de las Palomas, así llamado por los palomares excavados en la roca para recoger el guano como fertilizante, es especialmente hermoso al atardecer cuando la luz dorada del sol poniente tiñe las chimeneas de un color entre ocre y bermellón. El Valle del Amor, cuyo nombre proviene de las formaciones fálicas que produce la erosión diferencial de los pilares de toba, es el más fotografiado de Capadocia. El Valle Rojo y el Valle Rosa, contiguos, ofrecen rutas de senderismo de media dificultad con espectaculares vistas de los relieves labrados por el tiempo.
El pueblo de Üçhisar, coronado por una fortaleza natural de roca con centenares de habitaciones excavadas en su interior, es quizás el punto panorámico más fotogénico de Capadocia. Desde su cima se divisa una panorámica de ciento ochenta grados del paisaje capadocio que en condiciones claras llega a alcanzar el cono nevado del volcán Erciyes, a más de 70 kilómetros de distancia. Zelve, un antiguo pueblo troglodita abandonado en 1952 por razones de seguridad estructural, conserva un paisaje de chimeneas densamente excavadas con habitaciones, iglesias y molinos de un dramatismo visual extraordinario. El Museo al Aire Libre de Zelve, adyacente al pueblo abandonado, es una visita que complementa perfectamente la del Museo de Göreme.
La región de Capadocia es también una de las zonas vinícolas más antiguas y singulares de Turquía. Los suelos volcánicos y el microclima de la meseta, con sus marcadas diferencias de temperatura entre el día y la noche, producen vinos de carácter particular, especialmente blancos elaborados con variedades autóctonas como el Emir y tintos con la uva Öküzgözü y Kalecik Karası. Varias bodegas de la región, algunas ubicadas en espacios excavados en la roca, ofrecen visitas y catas que complementan a la perfección la experiencia turística de Capadocia y que revelan una tradición vitivinícola de más de tres mil años de antigüedad en estos mismos suelos.
La capital regional más cercana a Capadocia es Kayseri, antigua Cesarea, que fue una importante ciudad medieval selyúcida y conserva una notable ciudadela selyúcida, varios mercados históricos cubiertos (kervansaray y bedesten) y una rica cocina regional de la que el pastırma (carne curada con especias picantes, especialmente fenogreco) y el mantı (pequeños ravioles de carne picada servidos con yogur y mantequilla de pimentón picante) son los platos más emblemáticos. Kayseri es también un importante centro comercial y manufacturero moderno, lo que la convierte en un interesante ejemplo de ciudad turca que combina el legado histórico con la modernidad industrial.
Éfeso y la Costa del Egeo
La costa egea de Turquía es una sucesión casi ininterrumpida de yacimientos arqueológicos, bahías de aguas cristalinas, pueblos de casas blancas y encantadoras ciudades que han sido cruce de civilizaciones desde la más remota antigüedad. Desde Çanakkale en el norte, con las ruinas de Troya a pocos kilómetros, hasta Bodrum en el sur, con su imponente castillo medieval y su animada vida nocturna, esta franja costera concentra una densidad de historia y belleza natural que no tiene equivalente en casi ningún otro lugar del planeta.
Éfeso es sin duda la ciudad antigua más impresionante de Turquía y una de las ruinas greco-romanas mejor conservadas del mundo. Fundada según la tradición por el héroe griego Androclo, hijo del rey de Atenas, Éfeso alcanzó su máximo esplendor durante el período romano como capital de la provincia de Asia, con una población que en su apogeo puede haber superado los 250.000 habitantes. Los restos que el visitante recorre hoy son en gran medida de época romana, reconstruidos y ampliados por emperadores y ciudadanos ricos que compitieron en magnificencia a lo largo de los siglos I y II d.C. La calle principal de Éfeso, la vía del Mármol, aún está parcialmente pavimentada con losas originales sobre las que se aprecian las roderas dejadas por siglos de carros. A los lados de esta vía se suceden las ruinas del ágora comercial, el Templo de Adriano, las fuentes monumentales y las letrinas públicas.
La Biblioteca de Celso es el monumento más fotografiado de Éfeso y uno de los más bellos del mundo antiguo. Construida entre el año 110 y el 135 d.C. por el cónsul romano Gaio Julio Aquila en honor a su padre Tiberio Julio Celso, quien fue gobernador de la provincia de Asia, la biblioteca era la tercera más grande del mundo antiguo con una capacidad estimada para doce mil rollos de pergamino. Su fachada de dos pisos, articulada por columnas, nichos con estatuas alegóricas de la Sabiduría, la Virtud, el Pensamiento y el Conocimiento, y un elaborado sistema de molduras, ha sido parcialmente reconstruida a partir de sus fragmentos originales y proyecta una imagen de elegancia y erudición clásica que resulta de una modernidad sorprendente. Debajo de la sala principal, en una cámara funeraria, reposan aún los restos del propio Celso.
Las Casas en Terraza, conocidas en turco como Yamaçevleri, constituyen quizás la adición más fascinante al recorrido de Éfeso en las últimas décadas. Este complejo de viviendas romanas de lujo, excavadas en la ladera de la colina Bülbüldağı y dispuestas en terrazas superpuestas, pertenecieron a la élite de la ciudad entre los siglos I a.C. y VII d.C. y están decoradas con frescos, mosaicos y revestimientos de mármol de una calidad extraordinaria. Las excavaciones continúan activas bajo una estructura protectora moderna, y los visitantes pueden seguir las pasarelas que se internan en las ruinas mientras observan directamente el trabajo arqueológico en curso. Los frescos de estas casas incluyen representaciones mitológicas, escenas cotidianas, motivos geométricos y florales que dan una idea vivísima de la opulencia de la vida doméstica romana de la élite provincial.
El Gran Teatro de Éfeso, excavado en la ladera del monte Panayır, tiene capacidad para aproximadamente 25.000 espectadores y es el más grande de Asia Menor. Fue escenario de una de las escenas descritas en el libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles: el orfebre Demetrio, cuyo negocio de estatuillas de Ártemis se veía amenazado por la predicación de Pablo, convocó a la multitud efesina en el teatro en una manifestación de protesta religiosa y comercial que se prolongó durante horas. Hoy el teatro sigue siendo utilizado para conciertos y espectáculos durante el verano, y su acústica sigue siendo extraordinaria.
El Templo de Ártemis, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, se encuentra a un kilómetro al norte de las ruinas principales de Éfeso. Del magnificente templo original, que medía 137 metros de largo y estaba sostenido por 127 columnas de mármol de 18 metros de altura, queda hoy solo una columna reconstruida parcialmente que se alza solitaria sobre un campo pantanoso junto a algunas ruinas dispersas. El contraste entre la magnitud de lo que fue y la modestia de lo que queda resulta casi más elocuente que cualquier ruina bien conservada, una lección sobre la transitoriedad del poder humano que el paisaje transmite de manera inmediata y que numerosos escritores, desde Mark Twain hasta Orhan Pamuk, han descrito con admiración melancólica.
El pueblo de Şirince, a unos ocho kilómetros de Éfeso, es un encantador asentamiento de casas otomanas de piedra y madera encaramado sobre una colina entre olivares y viñedos. Fundado por griegos que abandonaron Éfeso en el siglo XIV, fue habitado por la comunidad greco-ortodoxa hasta el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía en 1923. Hoy es un popular destino turístico que ha conservado en gran medida su arquitectura original y se ha especializado en la producción de vinos de frutas: melocotón, fresa, granada, ciruela y membrillo, entre otros, que llenan las tiendas del pueblo y cuya degustación es parte inseparable de la visita.
Pérgamo, la antigua ciudad griega y romana conocida hoy como Bergama, se alza sobre una colina imponente al norte de İzmir y fue durante los siglos III y II a.C. la capital de uno de los reinos más cultivados del helenismo tardío. El Altar de Zeus de Pérgamo, cuyo extraordinario friso de la Gigantomaquia se encuentra hoy en el Museo de Pérgamo de Berlín, fue uno de los monumentos más admirados de la Antigüedad. El Asklepeion, sanatorio sagrado dedicado al dios de la medicina Asclepio, atraía a enfermos de todo el Mediterráneo que buscaban cura a través de sueños, baños termales, música y otras terapias. El médico Galeno de Pérgamo, cuyas teorías dominarían la medicina occidental durante siglos, estudió y practicó en estas instalaciones en el siglo II d.C. La Acrópolis de Pérgamo, que corona la colina con sus ruinas de teatros, templos y columnatas, y cuya biblioteca llegó a albergar doscientos mil volúmenes, es uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares de Turquía.
Bodrum, construida sobre las ruinas de la antigua Halicarnaso, patria del historiador Heródoto, es hoy una de las ciudades turísticas más sofisticadas y cosmopolitas de Turquía. El Castillo de San Pedro, construido por los Caballeros Hospitalarios de San Juan entre 1402 y 1523 con piedras reaprovechadas del destruido Mausoleo de Halicarnaso (otra de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo), domina la bahía de Bodrum con una silueta medieval perfecta que resulta casi irreal contra el fondo del Mediterráneo azul. El castillo alberga el Museo de Arqueología Subacuática, uno de los más importantes del mundo en su especialidad, con impresionantes colecciones de pecios recuperados del fondo del mar Egeo, incluido el barco más antiguo conocido jamás excavado. La ciudad de Bodrum en sí ofrece un animado ambiente de cafés, restaurantes de mariscos, boutiques y discotecas junto a sus calles de casas blancas con geranios en las ventanas.
İzmir, la tercera ciudad más grande de Turquía con algo más de cuatro millones de habitantes, es la capital de la costa egea y una ciudad cosmopolita y abierta de carácter claramente mediterráneo. Su paseo marítimo de Kordon, con sus cafés y restaurantes frente al golfo, su barrio histórico de Kemeraltı con su gran bazar y sus mezquitas, y el yacimiento arqueológico de Ágora justo en el centro de la ciudad moderna son los principales atractivos de una escala que puede combinarse cómodamente con visitas a los yacimientos de la región.
Pamukkale y el Castillo de Algodón
Pamukkale, cuyo nombre significa literalmente Castillo de Algodón en turco, es uno de esos lugares en los que la naturaleza parece haber diseñado un paisaje deliberadamente destinado a provocar el asombro. Situada en la llanura del río Büyük Menderes en la provincia de Denizli, Pamukkale consiste en una cascada de terrazas de travertino blanco lechoso que se escalonan por la ladera de una colina de más de doscientos metros de altura. Este espectáculo natural es el resultado del afloramiento de aguas termales ricas en carbonato de calcio que, al contacto con el aire, depositan el mineral formando progresivamente las paredes y piscinas de las terrazas. El resultado visual, especialmente desde la distancia, es el de una enorme cascada helada o de un manto de nieve que hubiera permanecido permanentemente cuajado sobre la colina, un contraste cromático con el verde de los cultivos circundantes que resulta absolutamente irreal.
Las terrazas de travertino de Pamukkale pueden recorrerse a pie descalzo, siguiendo los senderos balizados que evitan el deterioro del material calcáreo y que permiten meterse en las pequeñas piscinas de agua termal que se forman en algunos tramos. El agua tiene una temperatura de entre 35 y 40 grados centígrados, y sus propiedades terapéuticas han sido aprovechadas desde la Antigüedad para el tratamiento de afecciones cutáneas, circulatorias y reumáticas. Es recomendable visitar las terrazas temprano por la mañana o al atardecer, cuando la luz lateral realza los tonos blancos y turquesas del travertino y las multitudes son menos numerosas. El acceso a las terrazas está regulado para proteger las formaciones: algunas zonas están cerradas durante períodos de recuperación, y el uso de cremas solares antes de entrar al agua está desaconsejado para preservar la pureza del sistema mineral.
En la cima de la colina de Pamukkale se encuentra Hierápolis, la Sagrada Ciudad fundada por el rey pérgamo Eumenes II alrededor del año 190 a.C. Esta ciudad grecorromana, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO junto con las terrazas de travertino en 1988, aprovechó la especial naturaleza del lugar tanto con fines curativos como religiosos. Su necrópolis, una de las mejor preservadas del mundo antiguo con centenares de sarcófagos, monumentos funerarios y tumbas de distintas épocas, bordea el camino de acceso durante más de dos kilómetros y puede constituir por sí sola una excursión de varias horas. El teatro romano de Hierápolis, de los más grandes y mejor conservados de Anatolia, fue construido en el siglo II d.C. y puede acoger a varios miles de espectadores.
La atracción más peculiar y deliciosa de Hierápolis es la Piscina de Cleopatra o Piscina Sagrada, un estanque de agua termal natural en el que se puede nadar entre columnas y fragmentos arquitectónicos romanos que yacen en el fondo, caídos durante los terremotos que sacudieron la ciudad en la Antigüedad. Bañarse entre ruinas romanas sumergidas a una temperatura de 36 grados centígrados, bajo el cielo abierto de Anatolia, es una de esas experiencias que resultan difíciles de describir y fáciles de recordar. Aunque la piscina es hoy parte de un complejo hotelero con entrada de pago, su carácter único la hace especialmente recomendable para quien busca en Turquía la combinación entre historia y placeres naturales que define mejor este destino.
Antalya y la Costa Turquesa
La Costa Turquesa, que se extiende desde el golfo de Antalya hasta las costas de Marmaris y Bodrum, es una de las zonas turísticas más espectaculares del Mediterráneo. Sus aguas de un azul profundo que viran al turquesa cerca de la costa, sus acantilados de piedra caliza cubiertos de pinos, sus calas escondidas solo accesibles por mar y sus espectaculares yacimientos arqueológicos a pie de playa la convierten en un destino de primer orden tanto para los amantes del sol y el mar como para los interesados en la historia antigua.
Antalya, con algo más de un millón de habitantes, es la capital de la Costa Turquesa y una de las ciudades turísticas más importantes de Turquía. Su barrio histórico, Kaleiçi, es un laberinto de callejuelas angostas flanqueadas por casas otomanas restauradas con sus características ménsulas de madera voladizas y sus miradores enrejados. En el corazón de Kaleiçi se conservan la Puerta de Adriano, un arco de triunfo de mármol construido en el año 130 d.C. para celebrar la visita del emperador romano Adriano a la ciudad, y la Torre Rota (Yivli Minare), un minarete selyúcida del siglo XIII de ladrillo acanalado que se ha convertido en el símbolo visual de la ciudad. El puerto romano original, hoy transformado en un animado puerto deportivo rodeado de restaurantes y cafés de terraza, es uno de los espacios más agradables de la ciudad para pasar una tarde.
El Museo Arqueológico de Antalya es uno de los más ricos de Turquía y alberga una colección extraordinaria de esculturas, mosaicos, sarcófagos y objetos cotidianos procedentes de las excavaciones de la región. Entre sus piezas más espectaculares destacan las estatuas de los Doce Dioses del Olimpo halladas en Perge, que representan a cada una de las divinidades del panteón grecolatino con una expresividad y una calidad técnica excepcionales. El museo es imprescindible para quien quiera entender el contexto histórico de los yacimientos que se visitan en los alrededores de Antalya y que, sin este contrapunto museístico, pueden resultar algo áridos.
El Teatro de Aspendos, situado a unos 47 kilómetros al este de Antalya, es el teatro romano mejor conservado en el mundo y uno de los monumentos más impresionantes de toda Turquía. Construido en el siglo II d.C. por el arquitecto Zenón para el emperador Marco Aurelio, el teatro tiene capacidad para unos 12.000 espectadores y conserva íntegra su escena de dos pisos, una rareza entre los teatros antiguos que generalmente solo mantienen las gradas. La conservación extraordinaria de Aspendos se debe en parte al hecho de que el sultán selyúcida Alaeddin Keykubat I lo utilizó como palacio en el siglo XIII, instalando una cubierta que protegió la estructura durante siglos. Hoy sigue celebrando espectáculos, incluido el festival de ópera y ballet de Aspendos que tiene lugar cada verano y que transforma estas ruinas milenarias en un escenario de emoción artística sin igual.
Ölüdeniz, cerca de Fethiye, es posiblemente la laguna más fotografiada de Turquía. La Laguna Azul de Ölüdeniz es un espejo de agua de color esmeralda protegida del mar abierto por una lengua de arena blanca que forma una laguna de una serenidad absolutamente irreal. La playa de Belcekız, adyacente a la laguna, es el punto de aterrizaje de los parapentistas que se lanzan desde la cima del Monte Babadağ, a 1.960 metros de altitud, en uno de los vuelos de parapente más espectaculares del mundo mediterráneo. Fethiye en sí, con su mercado cubierto, su antiguo teatro licios tallado en la roca y sus tumbas rupestres de la cultura licia, es una ciudad agradable y animada desde la que explorar toda la región.
Los gulets, los veleros de madera de fondo plano tradicionales de la Costa Turquesa, ofrecen la manera más elegante y memorable de explorar esta costa. Las rutas de gulet de la Costa Turquesa, especialmente el circuito conocido como la Ruta Azul (Mavi Yolculuk), popularizado por el escritor turco Cevat Şakir Kabaağaçlı en los años cincuenta, permiten anclar en calas apartadas inaccesibles desde tierra, nadar en aguas cristalinas, visitar yacimientos arqueológicos costeros como Knidos, Kaunos y los yacimientos licios sumergidos bajo el mar de Kekova, y disfrutar del ritmo lento y placentero de la vida marina. Los Fuegos de la Quimera (Yanartaş), llamas naturales que brotan de grietas en la ladera del monte Olimpo licio y que han ardido de manera continua desde la Antigüedad alimentando el mito griego del monstruo que exhalaba fuego, son otro de los prodigios naturales de la Costa Turquesa que merece una visita nocturna para apreciarlos en toda su dimensión evocadora.
Ankara: La Capital Moderna
Ankara, situada en el corazón de la meseta anatólica a una altitud de unos 850 metros sobre el nivel del mar, es la capital política y administrativa de Turquía desde 1923, cuando Mustafa Kemal Atatürk tomó la decisión deliberada de establecer la nueva capital republicana en Anatolia central, alejada de Estambul, símbolo del Imperio derrotado y ciudad bajo ocupación aliada. En ese momento, Ankara era poco más que una pequeña ciudad de cuarenta mil habitantes conocida principalmente por la cría de la cabra angora. En menos de un siglo se transformó en una metrópolis moderna de varios millones de habitantes, con amplias avenidas, embajadas, ministerios, universidades y una infraestructura plenamente contemporánea.
El monumento más importante de Ankara es el Anıtkabir, el Mausoleo de Atatürk, construido entre 1944 y 1953 sobre una colina que domina la ciudad. Este imponente conjunto arquitectónico de inspiración clásica, con un Salón de Honor donde reposa el sarcófago del fundador de la República bajo una bóveda dorada, es el lugar de peregrinación cívica por excelencia del pueblo turco. El museo que forma parte del complejo ofrece una documentación exhaustiva sobre la vida de Atatürk y la historia de la guerra de independencia y la fundación de la República. La guardia de honor que custodia el mausoleo, con sus rituales de relevo ejecutados con una precisión militar de una solemnidad impresionante, es un espectáculo que atrae a visitantes de todo el país.
El Museo de Civilizaciones Anatólicas (Anadolu Medeniyetleri Müzesi), instalado en dos bedestenes otomanos restaurados del siglo XV en el barrio histórico de Ulus, es uno de los mejores museos arqueológicos del mundo y sin duda el mejor para comprender la historia de Anatolia desde la Edad de Piedra hasta la era romano-bizantina. Sus colecciones abarcan desde objetos paleolíticos hasta los extraordinarios relieves hititas, pasando por la cerámica neolítica de Çatalhöyük, los frisos frigios y espléndidas piezas del período asirio de los karum, las colonias comerciales asirias establecidas en Anatolia alrededor del año 2000 a.C. Este museo es una visita obligatoria para cualquier persona interesada en la historia antigua de la región y constituye el mejor complemento académico a las visitas de campo a los yacimientos arqueológicos del país.
En el corazón del casco histórico de Ulus, la Ciudadela de Ankara (Ankara Kalesi) se alza sobre un promontorio rocoso con murallas parcialmente conservadas de época romana y bizantina. El barrio dentro de las murallas conserva un conjunto de casas otomanas de madera que en parte ha sido rehabilitado como zona de tiendas de artesanía y restaurantes con vistas panorámicas sobre la ciudad moderna. Ankara ofrece además una vida cultural de alta calidad poco conocida internacionalmente: la Ópera Estatal, los teatros, los museos de arte contemporáneo y la vibrante vida universitaria la convierten en una ciudad agradable para una estancia de uno o dos días.
La Costa del Mar Negro
La costa del mar Negro de Turquía es uno de los territorios menos conocidos por el turismo internacional y, quizás por ello, uno de los más auténticos y sorprendentes. Extendida a lo largo de más de 1.600 kilómetros desde la frontera con Bulgaria en el oeste hasta la frontera con Georgia en el este, la costa póntica turca es una región de extraordinaria belleza natural: montañas cubiertas de bosques de hayas y abedules que caen casi directamente al mar, valles fértiles con plantaciones de avellanas (Turquía produce el setenta por ciento de la producción mundial de avellanas) y té negro, pequeñas ciudades pesqueras de arquitectura vernácula y un paisaje verde y brumoso que contrasta radicalmente con la imagen mediterránea que el turismo convencional asocia a Turquía.
Trabzon, la ciudad más importante de la costa negra oriental, fue en la Edad Media la capital del Imperio de Trebisonda, el último reducto del mundo bizantino que sobrevivió veinte años más que Constantinopla antes de caer ante los otomanos en 1461. El monasterio de Sümela, tallado en la pared vertical de un precipicio en el valle del Altındere a unos cuarenta kilómetros al sur de Trabzon, es uno de los monumentos más espectaculares de Turquía. Fundado según la tradición en el siglo IV, el monasterio colgante de Sümela con sus frescos tardíos y su capilla rupestre atrae a visitantes de todo el mundo que suben el sendero que asciende entre el bosque de hayas hasta alcanzar esta construcción que parece desafiar las leyes de la física.
La ciudad de Sinop, en el punto más septentrional de Turquía, tiene el encanto tranquilo de un puerto provincial con su ciudadela medieval, sus murallas griegas y romanas y su ambiente pesquero autóctono. Rize es la capital del té turco, con sus plantaciones en terrazas que reverdecen las laderas de las montañas pónticas en un verde intenso inconfundible. Artvin, en el extremo nororiental, abre las puertas a un paisaje de alta montaña con cañones profundos, fortalezas medievales georgianas y armenias y una naturaleza de una aspereza y grandiosidad sobrecogedoras. La cultura del mar Negro tiene sus propias tradiciones musicales, con la kemençe o rabel póntico, un violín de bolsillo de resonancia peculiar que acompaña las danzas horon, caracterizadas por los movimientos rápidos y vibratorios de los hombros y los pies en una línea de bailarines encadenados.
Turquía Oriental: Monte Ararat, Nemrut y Civilizaciones Antiguas
La Turquía oriental es un territorio de enormes espacios, clima extremo, historia milenaria y una naturaleza soberbia que recompensa con creces al viajero que se atreve a aventurarse fuera de los circuitos turísticos convencionales. Esta región, de acceso más complicado y con una infraestructura turística menos desarrollada que el oeste del país, alberga algunos de los paisajes más impresionantes de toda Anatolia y yacimientos arqueológicos de importancia mundial.
El monte Ararat, conocido en turco como Ağrı Dağı, es el símbolo nacional de Turquía y el pico más alto del país, con 5.165 metros sobre el nivel del mar. Volcán extinto cubierto de nieve permanente y rodeado de glaciares, el Ararat es famoso en el mundo entero por la tradición bíblica que lo identifica como el lugar donde se posó el Arca de Noé tras el diluvio universal. Esta tradición ha atraído a innumerables expediciones de búsqueda del Arca a lo largo de los siglos, sin resultado arqueológico confirmado. El ascenso al Ararat es una expedición alpina que requiere aclimatación y equipo adecuado y se realiza generalmente en los meses de julio y agosto, requiriendo permisos y la compañía de guías locales autorizados.
El lago Van, el mayor lago de Turquía y uno de los más grandes del Oriente Próximo, domina el paisaje de la región oriental con su extensión de casi cuatro mil kilómetros cuadrados de superficie. Sus aguas, altamente alcalinas por la presencia de sales de sodio y carbonato, no son habitables para la mayoría de los peces, pero son el hogar del darek, una pequeña trucha endémica adaptada. La isla de Akdamar, en el lago Van, alberga la iglesia armenia de la Santa Cruz (Kutsal Haç Kilisesi), construida en el siglo X, cuya fachada exterior está decorada con relieves esculpidos de escenas bíblicas de extraordinaria calidad artística y que fue restaurada en 2007 con fondos turcos y armenios en un gesto de reconciliación cultural de gran significado simbólico.
El monte Nemrut (Nemrut Dağı), en la provincia de Adıyaman, es el sitio arqueológico más enigmático y teatral de Turquía. En la cima de esta montaña de 2.150 metros de altura, el rey commageno Antioco I (69-34 a.C.) ordenó construir su propio mausoleo y erigir en su terraza oriental y occidental dos filas de colosales estatuas sedentes de los dioses del panteón grecopersa: Zeus-Ahura Mazda, Apolo-Mitra, Tyche, Heracles y el propio Antioco. Las cabezas de estas estatuas, que en su momento coronaban figuras de más de ocho metros de altura, cayeron durante siglos de terremotos y yacen hoy en el suelo delante de los cuerpos decapitados, formando una hilera de rostros de piedra de expresión solemne que contempla los amaneceres y los atardeceres del paisaje anatólico. Visitar Nemrut al amanecer o al atardecer, cuando el cielo cambia de tonalidad y los perfiles de las colosales cabezas emergen de la oscuridad o se funden con el crepúsculo, es una de las experiencias más sobrecogedoras que Turquía puede ofrecer.
El yacimiento arqueológico de Ani, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2016, se encuentra en la llanura de Kars cerca de la frontera con Armenia. Esta ciudad medieval, que fue la capital del reino armenio de los Bagratidas y alcanzó en el año 1000 d.C. una población de más de cien mil habitantes, es hoy una ciudad fantasma de ruinas dispersas sobre una meseta ventosa. Sus iglesias, catedrales, palacios y mezquitas en diversos estados de conservación, la ciudadela con sus murallas defensivas y las profundas gargantas del río Arpaçay que bordean el yacimiento en tres de sus lados crean un escenario de melancolía y grandeza que evoca con fuerza la transitoriedad de los imperios y la fugacidad de las civilizaciones, especialmente poderoso por la proximidad de la frontera cerrada con Armenia, que añade una capa contemporánea al dramatismo del lugar.
Turquía Suroriental: Gaziantep y Şanliurfa
El sureste de Turquía es una región de grandes contrastes que combina una de las escenas gastronómicas más apreciadas del mundo con los yacimientos arqueológicos más antiguos e importantes de la humanidad. Esta zona, que bordea las fronteras con Siria e Iraq y está habitada por una mezcla de turcos, kurdos y comunidades arabófonas, tiene un carácter cultural propio que la diferencia claramente del resto del país y que el visitante curioso encontrará extraordinariamente interesante.
Gaziantep, conocida popularmente como Antep, es universalmente reconocida como la capital del baklava y una de las grandes capitales gastronómicas del mundo. La cocina de Gaziantep, cuya riqueza y sofisticación llevaron a la UNESCO a otorgarle en 2015 la distinción de Ciudad Creativa de la Gastronomía, es un legado del cruce de tradiciones culinarias que confluyen en la región: árabe, persa, otomana y kurda. Sus bazares de pistachos y especias, sus tiendas de baklava donde los maestros pasteleros trabajan la masa filo con una habilidad artesanal pasmosa, sus restaurantes de kebab Beyti y lahmacún de primera calidad y sus mercados de cobre y latón forjado son razones más que suficientes para hacer una parada en esta vibrante ciudad.
El Museo Mosaico de Gaziantep (Zeugma Mozaik Müzesi) es el mayor museo de mosaicos del mundo y alberga una colección de mosaicos romanos procedentes en su mayor parte del yacimiento de Zeugma, una ciudad helenística y romana que fue parcialmente inundada por las aguas del embalse del Birecik en el año 2000. Entre las piezas más admiradas del museo se encuentra el Mosaico de la Gitana, que representa a una joven de mirada penetrante rodeada de flores, considerado uno de los retratos en mosaico más expresivos del arte antiguo y reproducido en innumerables publicaciones turísticas y arqueológicas en todo el mundo.
Şanlıurfa, conocida como Urfa o también como la Ciudad de los Profetas, es para muchos visitantes el destino más espiritualmente intenso de Turquía. Ciudad que reclama la distinción de ser la Ur de los Caldeos mencionada en el Génesis, patria del profeta Abraham, Urfa tiene una atmósfera mística singular reforzada por la presencia del estanque sagrado de Balıklıgöl, donde según la tradición el rey Nimrod trató de quemar a Abraham pero el fuego se convirtió en agua y las brasas en peces. Hoy estos estanques de agua verde, rodeados de jardines y mezquitas y rebosantes de carpas consideradas sagradas e intocables, son el corazón espiritual de la ciudad y un lugar de peregrinación constante para fieles de toda la región.
A pocos kilómetros de Şanlıurfa se encuentra Göbeklitepe, el yacimiento arqueológico más antiguo e importante del mundo. Descubierto en 1994 por el arqueólogo alemán Klaus Schmidt, quien dedicó el resto de su vida a su excavación, Göbeklitepe consiste en un conjunto de recintos circulares formados por pilares en forma de T de piedra caliza, algunos de ellos de hasta seis metros de altura y con un peso de veinte toneladas, decorados con relieves de animales, símbolos abstractos y figuras antropomórficas. Datado entre el 9600 y el 8200 a.C., Göbeklitepe es al menos seis mil años más antiguo que Stonehenge y su existencia ha revolucionado las teorías sobre el surgimiento de la religión organizada y el arte monumental. La UNESCO lo inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial en 2018 y el sitio dispone de un centro de interpretación moderno y excelente.
La ciudad de Diyarbakır, la mayor del sureste, está rodeada por unas murallas de basalto negro de cuatro kilómetros de longitud construidas originalmente en época romana y reconstruidas en el período selyúcida. El tejido histórico de la ciudad, con sus mezquitas, iglesias armenias y siríacas, sus khan y bedestenes medievales y sus casas de basalto negro, refleja la compleja historia multiétnica y multiconfesional de esta región donde han convivido durante milenios comunidades de distintas lenguas, religiones y tradiciones culturales. La arquitectura doméstica de Diyarbakır, con sus patios interiores frescos y sus azoteas donde se duerme en verano, tiene un carácter de gran personalidad que contrasta con el anonimato de las ciudades turísticas costeras.
Gastronomía Turca
La cocina turca es una de las grandes tradiciones gastronómicas del mundo y, para muchos visitantes, uno de los mayores placeres del viaje a Turquía. Heredera de una tradición culinaria imperial forjada en las cocinas del Palacio de Topkapi a lo largo de siglos, donde cocineros de todo el Imperio Otomano elaboraban los platos más sofisticados para el sultán y su corte, la gastronomía turca combina la riqueza de las especias de Oriente con la frescura de los productos mediterráneos, la influencia de las cocinas de Anatolia central y las tradiciones culinarias de los pueblos túrquicos de Asia Central. El resultado es una cocina de gran diversidad regional, de técnicas depuradas y de sabores que van del intensamente especiado al delicadamente aromático, pasando por los matices agridulces de la cocina otomana clásica.
El desayuno turco, llamado kahvaltı (literalmente, antes del café), es una institución cultural en sí mismo y probablemente el más elaborado y festivo de toda la cuenca mediterránea. Un kahvaltı turco completo puede incluir una docena o más de pequeños platillos: aceitunas negras y verdes en diversas marinadas, dos o tres variedades de queso blanco (beyaz peynir, similar a la feta griega), queso kaşar curado de sabor suave, mantequilla fresca, miel de panal de distintas flores, crema de kaymak (nata muy espesa de leche de búfala), mermeladas caseras de distintas frutas, huevos en diversas preparaciones, sucuk (embutido de carne especiada con ajo y comino), pastırma, tomates y pepinos frescos cortados en rodajas, y panes recién horneados de diversas clases. El té turco negro servido en copas de cristal con forma de tulipán es el acompañamiento inseparable de este festín matutino que los turcos dedican sin prisa a los encuentros familiares y sociales de los fines de semana.
Los kebabs constituyen uno de los pilares de la gastronomía turca, y la variedad de sus formas y sabores puede sorprender incluso al visitante más informado. El Adana kebabı, originario de la ciudad de Adana, es un cilindro alargado de carne picada de cordero con pimienta roja, asado sobre brasas de carbón y servido con pan de pita, tomate a la brasa y cebolla roja. El Urfa kebabı, de la ciudad de Şanlıurfa, es similar pero menos picante y con más grasa de cola de cordero, de un sabor más profundo y ahumado. El İskender kebabı, de Bursa, es laminado de döner servido sobre trozos de pan de pita, regado con mantequilla derretida, salsa de tomate y yogur natural, una combinación de sabores y texturas que resulta extraordinariamente satisfactoria y que en Bursa tiene categoría de plato patrimonial protegido. El şiş kebabı es el clásico pincho de carne marinada asada a las brasas, y el kuzu tandır es pierna de cordero cocinada lentamente en un horno de barro hasta que la carne se separa del hueso sin esfuerzo.
El lahmacún, a menudo descrito como pizza turca aunque la comparación hace poca justicia a su singularidad, es una masa muy fina de pan horneada con una cobertura de carne picada de cordero y ternera mezclada con tomate, pimiento, cebolla y especias. Se sirve caliente, se espolvorea con zumo de limón y hierbas frescas, se enrolla y se come como bocado rápido de precio muy accesible. El pide es más grueso y se presenta en diversas variedades, relleno de queso, carne picada, huevo o espinacas. El mantı, los pequeños ravioles de carne picada servidos con yogur y mantequilla de pimentón, son uno de los platos más laboriosos y apreciados de la cocina anatolian central. El börek, láminas de masa filo rellenas de queso, espinacas o carne y horneadas o fritas, es un bocado omnipresente en panaderías y cocinas caseras que admite infinitas variaciones regionales.
Los dulces turcos tienen una fama mundial merecida. El baklava de Gaziantep, elaborado con varias capas de masa filo separadas por pistachos de Gaziantep finamente picados y bañadas en almíbar de azúcar, es considerado el mejor del mundo y Gaziantep lo protege con indicación geográfica de procedencia: el baklava elaborado fuera de los límites geográficos reconocidos no puede llamarse legalmente baklava de Gaziantep. El künefe es un postre caliente elaborado con hilos de masa kataifi, queso fresco salado y almíbar, que se come recién salido del fuego; su contraste entre el crujiente exterior y el interior fundente y levemente salado es adictivo. El lokum, conocido en Occidente como delicias turcas, en su versión de calidad es una gelatina de almidón con pistachos o almendras, perfumada con agua de rosas o de azahar, muy diferente de las imitaciones industriales que se exportan. El sütlaç es un arroz con leche perfumado con agua de rosas que se glasea levemente al horno, y la helva de tahini o de semolina es un dulce clásico de textura arenosa y sabor profundo que se sirve en funerales y celebraciones.
Las bebidas turcas merecen mención especial. El çay, el té negro turco, se prepara en un samovar especial de dos pisos donde el agua hierve en la parte inferior y el té concentrado reposa en la superior, permitiendo servir una mezcla a gusto de cada uno. Se bebe en copas de cristal con forma de tulipán, sin leche, con uno o dos terrones de azúcar, y en cantidades que pueden parecer excesivas al visitante pero que pronto resultan perfectamente normales. El café turco (Türk kahvesi), preparado en un pequeño cazo llamado cezve con agua fría y café finísimamente molido que se calienta hasta que la espuma sube, se sirve en tazas pequeñas sin filtrar, con el poso en el fondo, y es el principal instrumento de lectura del destino en la tradición popular turca. El ayran, una bebida refrescante de yogur batido con agua fría y una pizca de sal, es el acompañamiento ideal para los kebabs y los platos especiados. El rakı, el licor anisado de uva destilado que se convierte en blanco lechoso al añadirle agua (de ahí su apodo de leche de león), es la bebida alcohólica tradicional por excelencia de la mesa turca y el acompañante inseparable del mezze en las noches de verano.
Artes, Cultura y Artes Escénicas
La vida cultural de Turquía es extraordinariamente rica y diversa, reflejo de una sociedad que ha asimilado y transformado a lo largo de siglos las influencias de las culturas griega, romana, persa, árabe, centroasiática y europea. La música clásica otomana, la arquitectura selyúcida y otomana, la caligrafía islámica, la cerámica de Iznik, las alfombras anatolias, el cine turco y la literatura contemporánea forman parte de un patrimonio cultural de una riqueza comparable a la de cualquier gran tradición mundial.
La cerámica de Iznik, producida en la ciudad del mismo nombre al sur del lago Iznik desde el siglo XV, alcanzó su período de mayor esplendor durante los siglos XVI y XVII, cuando sus talleres producían para los sultanes otomanos los azulejos que decoraban las mezquitas, los palacios y los mausoleos del Imperio. Caracterizados por fondos blancos y diseños florales en azul cobalto, verde esmeralda, turquesa y rojo tomate, los azulejos de Iznik son objetos de una belleza formal refinadísima cuya influencia sobre las artes decorativas occidentales fue enorme. Los mejores ejemplos pueden admirarse en la Mezquita Azul de Estambul, el Pabellón de los Azulejos del Palacio de Topkapi y las salas del Palacio de Rüstem Paşa. La tradición de la cerámica de Iznik ha sido recuperada por artesanos contemporáneos que producen piezas de alta calidad para el mercado nacional e internacional.
La literatura turca moderna tiene en Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, a su representante más universal. Las novelas de Pamuk, ambientadas en su mayor parte en Estambul, exploran con una sofisticación narrativa extraordinaria la tensión entre la identidad otomana y la modernidad occidental, entre el Islam y la secularización, entre la memoria y el olvido. Su museo novelístico y real, el Museo de la Inocencia del barrio de Çukurcuma en Estambul, es una visita recomendable que combina la experiencia literaria con la antropología cultural de la vida estambulí del siglo XX. El cine turco ha experimentado también en las últimas décadas un renacimiento notable que lo ha situado en el panorama del cine de arte internacional, con directores como Nuri Bilge Ceylan, cuyo filme Invierno Durmiente ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2014, representando una nueva sensibilidad cinematográfica profundamente arraigada en el paisaje y la cultura anatolios.
Los dervishes giróvagos de la orden Mevlevi, fundada en Konya por los discípulos del poeta místico Rumi en el siglo XIII, realizan su celebérrima ceremonia del sema (la danza giratoria de los derviches, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO) con regularidad en Konya y en otros lugares de Turquía. La danza giratoria, en la que los derviches vestidos de blanco giran sobre sí mismos durante períodos prolongados en un estado de meditación activa, es un espectáculo de una belleza formal inusitada que trasciende lo meramente turístico y ofrece al espectador respetuoso una ventana genuina a la tradición espiritual sufí.
Actividades Al Aire Libre y Naturaleza
Turquía ofrece una variedad de actividades al aire libre que se adapta a todos los gustos y niveles de aventura. El senderismo es quizás la actividad más accesible y recompensada por la extraordinaria variedad de paisajes: el Camino Licio, que recorre más de 500 kilómetros de la costa suroccidental de Turquía entre Fethiye y Antalya siguiendo caminos pastoriles y rutas costeras antiquísimas bordeando acantilados, pasando por yacimientos arqueológicos, playas vírgenes y aldeas rurales, es uno de los grandes recorridos pedestres del mundo mediterráneo. El Camino de San Pablo, que sigue la ruta del primer viaje misionero del apóstol desde la costa mediterránea hasta la Anatolia central a través de los montes Tauro, es otro recorrido de gran belleza y profundidad histórica.
El rafting en aguas bravas tiene su mejor escenario en el río Çoruh, en el noreste de Turquía, uno de los ríos con mayor gradiente de caída de Europa y uno de los destinos de rafting más emocionantes del continente. El río Köprüçay, en la provincia de Antalya, ofrece también excelente rafting en un cañón espectacular flanqueado por ruinas del período antiguo. El buceo y el snorkel son actividades muy populares a lo largo de toda la Costa Turquesa, que ofrece aguas de gran transparencia y la posibilidad de explorar algunos naufragios históricos. El parapente desde el monte Babadağ sobre la laguna de Ölüdeniz es la actividad de aventura más famosa del país. El esquí, la escalada en roca en los cañones del Tauro, el ciclismo de montaña en Capadocia y la observación de aves en los humedales del delta del Gediz son otras opciones al alcance del viajero activo.
Información Práctica
Para visitar Turquía, los ciudadanos de la mayoría de los países europeos, incluida España, necesitan un visado electrónico (e-Visa) que puede obtenerse cómodamente a través del sitio web oficial del gobierno turco antes de viajar. La e-Visa se expide generalmente en minutos, tiene una validez de 180 días y permite estancias de hasta 90 días en un período de 180 días. Es conveniente verificar los requisitos actualizados con la embajada turca o el consulado más cercano antes de cada viaje.
La moneda de Turquía es la lira turca (TRY). Los cajeros automáticos son abundantes en ciudades y zonas turísticas, y la mayoría de hoteles, restaurantes y tiendas de cierta dimensión aceptan tarjetas de crédito internacionales. Sin embargo, en los mercados tradicionales, los bazares y los establecimientos más pequeños es conveniente disponer de efectivo. Los turistas extranjeros que realizan compras en establecimientos con el símbolo Tax Free pueden recuperar el IVA (KDV en turco) a su salida del país, presentando el formulario correspondiente en la aduana del aeropuerto antes de facturar el equipaje.
Los principales aeropuertos internacionales de Turquía son el Aeropuerto de Estambul (Istanbul Havalimanı, IST), inaugurado en 2018 y actualmente uno de los más transitados del mundo, el Aeropuerto de Sabiha Gökçen (SAW) en el lado asiático de Estambul, el Aeropuerto de Ankara Esenboğa (ESB), el de Antalya (AYT), el de Izmir Adnan Menderes (ADB) y el de Bodrum-Milas (BJV). La compañía aérea Turkish Airlines opera una extensa red internacional y doméstica. El idioma oficial del país es el turco, aunque en las principales zonas turísticas el inglés es ampliamente hablado por el personal del sector. En las zonas rurales más alejadas, el conocimiento de unas pocas palabras de turco puede abrir puertas inesperadas y generar encuentros de una calidez memorable.
Veintidós Sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO
Turquía cuenta con veintidós sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, una cifra que refleja la extraordinaria densidad del patrimonio histórico, cultural y natural que concentra su territorio.
El Parque Nacional de Göreme y los sitios rupestres de Capadocia fue el primer sitio turco inscrito en la lista, en 1985. Este paisaje de formaciones volcánicas únicas alberga iglesias rupestres con frescos medievales de valor excepcional, ciudades subterráneas de varios niveles y un conjunto geológico y cultural de una rareza y belleza sin equivalente en el mundo.
Las zonas históricas de Estambul, también inscritas en 1985, agrupan cuatro áreas del corazón histórico de la ciudad: la Zona Arqueológica con la Hagia Sofía, el Hipódromo y la Basílica Cisterna; el Palacio de Topkapi y sus jardines; el Área del Süleymaniye con la gran mezquita de Mimar Sinan; y las murallas terrestres de Constantinopla, construidas en el siglo V y que se extienden durante varios kilómetros formando uno de los sistemas defensivos mejor conservados del mundo antiguo. Estambul es una ciudad cuya grandeza histórica no puede ser exagerada, superposición de casi tres milenios de historia urbana continua.
La Gran Mezquita y el Hospital de Divriği, inscrito también en 1985, es una obra maestra de la arquitectura selyúcida de Anatolia del año 1228. Sus portadas norte, oeste y este son prodigios de talla en piedra con una riqueza ornamental sin precedentes en el arte islámico de la época, con motivos de una complejidad y un virtuosismo técnico absolutamente asombrosos. Este sitio, en la provincia de Sivas, es uno de los menos visitados pero más extraordinarios de Turquía.
Hattusha: la capital hitita, inscrita en 1986, es el yacimiento arqueológico de la antigua capital del Imperio Hitita, cerca de Boğazkale en la provincia de Çorum. Con más de ciento cincuenta hectáreas rodeadas por murallas ciclópeas, Hattusha alberga templos, palacios y las impresionantes puertas monumentales con leones y esfinges esculpidas que documentan el poder del primer gran Imperio de Anatolia.
Nemrut Dağ, inscrito en 1987, es el yacimiento del colosalismo funerario del rey commageno Antioco I, con sus estatuas gigantescas y las cabezas de piedra caídas contemplando el horizonte desde la cima de una montaña de 2.150 metros. Su teatralidad y su rareza lo convierten en una de las visitas más impresionantes de toda Turquía.
Hierápolis-Pamukkale, inscrita en 1988, combina el espectáculo natural de las terrazas de travertino blanco lechoso con las ruinas de la ciudad grecorromana de Hierápolis, incluyendo su teatro, su extraordinaria necrópolis y la piscina sagrada con columnas romanas sumergidas en agua termal.
Xanthos-Letoon, inscrita también en 1988, es el conjunto arqueológico licio más importante de Turquía. Xanthos fue la capital del reino de Licia y su yacimiento combina monumentos funerarios licios únicos con un teatro greco-romano. El Letoon, el santuario federal de los licios, conserva tres templos superpuestos que son documentos excepcionales de la cultura religiosa licia.
La ciudad de Safranbolu, inscrita en 1994, es una ciudad histórica otomana excepcionalmente bien conservada en la provincia de Karabük, con sus casas de entramado de madera y adobe, sus han de caravaneros y sus puentes que documentan la arquitectura civil otomana de los siglos XVII al XIX en un estado de preservación extraordinario.
El sitio arqueológico de Troya, inscrito en 1998, es uno de los yacimientos míticos de la arqueología mundial, con nueve ciudades superpuestas en el mismo emplazamiento entre el año 3000 a.C. y el período romano tardío. La Troya VIIa, datada alrededor del 1250 a.C., es la candidata más aceptada para ser la Troya homérica de la guerra contra los aqueos.
El sitio neolítico de Çatalhöyük, inscrito en 2012, es el mayor y mejor preservado asentamiento neolítico del mundo. Ocupado entre el 7500 y el 5700 a.C. en la llanura de Konya, este proto-pueblo sin calles plantea interrogantes fundamentales sobre los orígenes de la organización social, religiosa y artística de los seres humanos.
Bursa y Cumalıkızık: el nacimiento del Imperio Otomano, inscrita en 2014, celebra la primera capital del joven Imperio Otomano. Bursa alberga los primeros grandes monumentos de la arquitectura otomana, incluida la Mezquita Verde y la Tumba Verde del sultán Mehmed I. Cumalıkızık conserva más de setecientas casas otomanas de entramado de madera de los siglos XIV al XVII.
Pérgamo y su paisaje cultural multicapa, inscrita en 2014, reconoce la importancia de esta antigua metrópolis helenística y romana cuya Acrópolis corona un impresionante promontorio en la provincia de Izmir y cuyo Asklepeion fue uno de los más importantes centros médicos del mundo antiguo.
Éfeso, inscrita en 2015, reconoce la ciudad que fue la capital de la provincia romana de Asia con su Biblioteca de Celso, su Gran Teatro, sus Casas en Terraza y el lugar del Templo de Ártemis, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
La fortaleza de Diyarbakır y los jardines de Hevsel, paisaje cultural inscrito en 2015, reconoce las murallas de basalto negro de cuatro kilómetros que rodean el núcleo histórico de Diyarbakır y los jardines agrícolas del río Tigris cultivados ininterrumpidamente durante milenios.
El sitio arqueológico de Ani, inscrito en 2016, preserva los restos de esta ciudad medieval armenia que fue en el año 1000 d.C. una de las más pobladas del mundo, con sus iglesias, catedrales, palacios y mezquitas en la llanura de Kars.
Afrodisias, inscrita en 2017, es una ciudad grecorromana dedicada a Afrodita cuya escuela de escultura fue una de las más importantes del Imperio Romano. Su museo en el lugar alberga una de las colecciones de escultura antigua más ricas de Turquía.
Göbeklitepe, inscrito en 2018, es el sitio arqueológico más antiguo de la lista y el más revolucionario en términos científicos, con sus estructuras megalíticas de más de once mil años de antigüedad, las más antiguas del mundo, que obligan a replantear las teorías sobre los orígenes de la civilización compleja.
El túmulo de Arslantepe, inscrito en 2021, es un montículo arqueológico cerca de Malatya que alberga los restos de uno de los primeros Estados de la historia, con un palacio y templos datados entre el cuarto y el tercer milenio antes de Cristo. Sus hallazgos incluyen algunas de las más antiguas espadas metálicas conocidas.
Sardis y los túmulos lidios de Bin Tepe, inscrita en julio de 2025, es el último sitio turco en ser reconocido por la UNESCO y el número veintidós de la lista turca. Sardis fue la capital del reino de Lidia, la civilización que inventó la moneda metálica acuñada, y cuyo rey Creso dio nombre a la expresión rico como Creso. Los túmulos de Bin Tepe, cuyo nombre significa mil colinas, son una necrópolis real formada por cientos de montículos funerarios de tierra de distintos tamaños que albergan las tumbas de reyes lidios, incluido posiblemente el propio Creso. El mayor túmulo, el Karnıyarık Tepe, tiene más de 300 metros de diámetro y más de 60 metros de altura.
Los tres sitios restantes para completar los veintidós son el Área de Conservación de la Naturaleza y el Paisaje Cultural de la Montaña Ida (Kazdağları), declarado Patrimonio de la Humanidad por sus valores naturales y mitológicos como escenario de la guerra de Troya según la tradición; el área costera de la antigua ciudad de Letoon con sus templos licios y santuarios; y el paisaje cultural de Çanakkale, que incluye el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial en Gallipoli y los yacimientos troyanos, reconocido por su importancia tanto histórica como arqueológica. Estos dos últimos sitios completan la lista y atestiguan que la protección del patrimonio turco por parte de la UNESCO abarca una cronología que va desde la prehistoria más remota hasta los conflictos del siglo XX.
Salud y Seguridad
Turquía es en términos generales un destino seguro para el viajero internacional, con una infraestructura médica de buen nivel en las ciudades principales y zonas turísticas. Estambul, Ankara, Izmir y Antalya disponen de hospitales modernos con médicos formados internacionalmente y servicios de urgencias preparados para atender a pacientes extranjeros. Es altamente recomendable contratar un seguro de viaje con cobertura médica antes de viajar, ya que los costes de la asistencia sanitaria privada pueden ser elevados.
No se requieren vacunas específicas para entrar a Turquía desde España o la mayoría de los países europeos, aunque es recomendable tener al día las vacunas habituales de hepatitis A y B, tétanos y difteria. El agua del grifo en las principales ciudades es técnicamente potable pero la mayoría de los turistas prefieren el agua embotellada, barata y ampliamente disponible. El sol mediterráneo y anatólico puede ser muy intenso en verano, y el uso de protección solar de alta graduación, sombrero y gafas de sol es esencial para quienes visitan yacimientos arqueológicos al aire libre. Las visitas a Capadocia, Éfeso, Nemrut y otros yacimientos expuestos deben planificarse para las horas más frescas del día en verano.
En materia de seguridad general, las zonas turísticas más frecuentadas por los visitantes internacionales presentan una tasa de delincuencia baja que afecta a los turistas. Es conveniente tomar las precauciones habituales: no mostrar objetos de valor de manera ostentosa, guardar documentos y efectivo en zonas seguras del equipaje, y ser consciente del entorno en los lugares concurridos como mercados y transporte público. El carterismo existe en los bazares y en el transporte urbano de Estambul aunque en niveles comparables a los de otras grandes ciudades turísticas europeas. Se recomienda consultar los avisos de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores del país de origen antes de viajar, especialmente en relación con las áreas fronterizas del sureste.
Transporte y Movilidad
Desplazarse por Turquía es relativamente sencillo gracias a una red de transporte bien desarrollada. El avión es el medio más rápido para las distancias largas: Turkish Airlines y las compañías de bajo coste locales como Pegasus Airlines y SunExpress operan rutas domésticas entre Estambul y las principales ciudades del país con frecuencias altas y precios competitivos. Los autobuses interurbanos son el medio de transporte más utilizado por los turcos para los desplazamientos entre ciudades: las compañías privadas operan una vasta red de rutas con autobuses modernos, cómodos y puntuales, con servicios de asistente a bordo y bebidas gratuitas en muchas líneas.
El tren experimenta en Turquía un renacimiento notable desde la inauguración de las primeras líneas de alta velocidad que conectan Ankara con Estambul, Konya y Eskişehir, reduciendo significativamente los tiempos de viaje en esos corredores. El alquiler de coche es una excelente opción para explorar las regiones más rurales, especialmente Capadocia, la costa del Egeo y la costa del mar Negro. En las ciudades grandes, especialmente Estambul, el tráfico puede ser caótico y es recomendable prescindir del coche y usar el transporte público. El transporte urbano de Estambul dispone de metro, tranvía moderno, funicular, ferry de pasajeros y autobuses. La tarjeta İstanbulkart permite usar todos los medios de transporte urbano con tarifa unificada y reducida.
Etiqueta y Costumbres
El pueblo turco es en general hospitalario, amable y curioso con los visitantes extranjeros. Al entrar en una mezquita, tanto hombres como mujeres deben descalzarse y las mujeres deben cubrirse la cabeza con un pañuelo. Las mezquitas ponen a disposición de los visitantes pañuelos de uso temporal en la entrada. Está prohibido fotografiar durante los rezos y se debe comportarse con discreción y silencio apropiados para un lugar de culto activo.
En los hogares turcos la costumbre es descalzarse al entrar, y el anfitrión ofrecerá zapatillas al huésped. Si eres invitado, es descortés rechazar el té o café que invariablemente se ofrecerá como primer gesto de hospitalidad. Llevar un pequeño obsequio de dulces es siempre bien recibido. En el contexto del bazar, el regateo es parte natural de la transacción comercial en los mercados tradicionales. La gestualidad turca tiene particularidades que pueden confundir al visitante europeo: el movimiento de la cabeza hacia atrás (echando la barbilla hacia arriba) significa no en Turquía, lo que puede ser confundido con un gesto afirmativo. La expresión chupando aire entre los dientes también significa negación.
El Ramadán, el mes de ayuno del Islam, tiene implicaciones prácticas para los viajeros: en zonas más conservadoras del sureste algunos establecimientos pueden tener horarios reducidos durante el día. Los viajeros que se encuentren en Turquía durante el Ramadán deben ser discretos al comer, beber y fumar en espacios públicos durante las horas de ayuno. El Iftar, la ruptura del ayuno al atardecer, es una ocasión festiva de carácter especial que el viajero puede disfrutar participando en las mesas públicas que algunas municipalidades disponen en plazas y parques.
Compras y Bazares
Turquía es un paraíso para los aficionados a las compras, especialmente por la calidad y originalidad de sus productos artesanales. Las alfombras y kilims, las cerámicas de Iznik y Kütahya, el cuero trabajado, la bisutería de plata, los textiles de seda, la loza pintada a mano, las especias y los dulces son algunos de los productos más populares entre los visitantes. Las alfombras turcas merecen una compra pensada: los mejores establecimientos en Estambul, Göreme o Konya tienen vendedores que dedican tiempo a explicar las diferencias entre tipos, técnicas y orígenes de las piezas. Una alfombra anudada a mano de lana o seda de calidad es una inversión que puede apreciar en valor con el tiempo.
El Gran Bazar de Estambul, con más de cuatro mil tiendas en 61 calles cubiertas fundadas en 1461, es el compendio de todos los bazares del mundo islámico. Los precios son negociables en joyería, alfombras y cuero, y la primera oferta de un vendedor puede multiplicar por tres o cuatro el precio razonable. La actitud más recomendable es tomarse el tiempo necesario y no mostrar entusiasmo excesivo por ningún artículo antes de preguntar el precio. Más allá de Estambul, el mercado de especias y productos regionales de Gaziantep, el bazar de las especias de Şanlıurfa y los talleres artesanales de cerámica de Kütahya ofrecen compras de alta calidad en entornos menos turísticos.
Cultura del Hammam y Spa
El hammam turco (baño turco) es una institución cultural que conecta directamente con las termas romanas y los baños públicos byzantinos, adaptados a la cultura islámica. El hammam clásico consiste en una secuencia de salas de temperatura progresivamente más elevada: el camekân (sala de descanso y vestuario), el soğukluk (sala templada) y el sıcaklık (sala caliente), en cuyo centro se encuentra la gran piedra de mármol calentada (göbek taşı, piedra del ombligo) sobre la que los bañistas se tumban para sudar y recibir el masaje. El tellak o natır realiza el masaje con una manopla exfoliante de fibra de crin (kese), seguido de un enjabonamiento con espuma abundante, un enjuague y, opcionalmente, un masaje de cuerpo completo.
Los hammams más históricos de Estambul incluyen el Çemberlitaş Hamamı, construido por Mimar Sinan en 1584, y el Çağaloğlu Hamamı, del siglo XVIII, considerado por algunos como el más bello de la ciudad. Ambos tienen zonas separadas para hombres y mujeres y están abiertos a los visitantes internacionales todo el año. Una visita al hammam dura generalmente entre una y dos horas y ofrece además de su beneficio físico una experiencia de inmersión cultural en una institución que fue durante siglos el centro de socialización por excelencia en las ciudades otomanas, lugar de celebraciones, conversaciones y encuentros de toda la sociedad.
Vida Nocturna y Entretenimiento
Turquía tiene una vida nocturna de gran diversidad. Estambul es sin duda la capital del entretenimiento nocturno, con una oferta que incluye desde locales de música en vivo con géneros que van del rock alternativo a la música oriental tradicional, hasta clubes de noche de fama internacional en los barrios de Beyoğlu, Beşiktaş y la orilla del Bósforo. Los meyhane, las tabernas tradicionales con música de fasıl (conjunto instrumental y vocal clásico otomano) y abundante mezze y rakı, son una experiencia irresistible para quien quiera conocer la noche estambulí de manera auténtica.
La ciudad de Bodrum tiene una vida nocturna veraniega notoriamente sofisticada y cosmopolita, con clubs de playa que atraen a DJs internacionales y a una clientela de turismo de lujo. Marmaris, Kuşadası y Alanya son otros centros de vida nocturna de verano en la costa turística. La escena cultural de Ankara, con teatros, salas de conciertos y bares de música en vivo en los barrios de Çankaya y Kızılay, ofrece una alternativa más reflexiva y menos masificada. El festival internacional de cine de Estambul, el de música de Antalya y los festivales de ópera de Aspendos y Cesme son algunas de las citas culturales anuales más destacadas del calendario turístico del país.

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