
Guía de Viaje a Taiwán
Introducción
Taiwán es una isla que desafía las expectativas. A menudo eclipsada por sus gigantescos vecinos continentales, esta nación insular de tan solo 36.000 kilómetros cuadrados alberga una riqueza de experiencias que rivaliza con destinos mucho más grandes del planeta. Situada en el corazón del este de Asia, frente a las costas del sureste de China, Taiwán combina con una gracia sin parangón la modernidad tecnológica más avanzada del mundo con tradiciones milenarias, paisajes naturales de una belleza sobrecogedora y una gastronomía que muchos expertos culinarios consideran la mejor del mundo chino.
El viajero que llega a Taiwán por primera vez suele quedar atónito ante la diversidad que se despliega ante sus ojos. En un mismo día es posible desayunar en un bullicioso mercado nocturno de Taipéi, almorzar contemplando las aguas azul esmeralda del lago Sol y Luna, y cenar con vistas a las nubes que se arremolinan alrededor de los picos montañosos de Alishan. Esta isla es, en esencia, un continente en miniatura, comprimido en un espacio donde cada kilómetro ofrece algo nuevo y sorprendente.
Lo que hace verdaderamente singular a Taiwán es la confluencia de culturas que ha forjado su identidad a lo largo de los siglos. Los pueblos austronesios indígenas habitaron estas tierras durante milenios antes de que llegaran los colonizadores holandeses en el siglo XVII, seguidos de los inmigrantes chinos del continente y de la administración japonesa que dejó una huella indeleble en la arquitectura, la gastronomía y la mentalidad de sus habitantes. Todas estas influencias se entrelazan de maneras fascinantes, creando una cultura única que no puede encontrarse en ningún otro lugar del mundo.
Taipei es una ciudad que funciona a la perfección: su metro es puntual y limpio, sus mercados nocturnos son un festín para los sentidos, y la hospitalidad de su gente hacia los extranjeros no tiene rival en toda Asia. Pero Taiwán no es solo su capital. El norte guarda el encantador pueblo de Jiufen, colgado en las laderas de la montaña como un sueño neblinoso. El este ofrece la espectacular Garganta de Taroko, donde el mármol tallado por el río durante millones de años crea paisajes de una belleza que quita el aliento. El sur acoge las playas tropicales de Kenting y la histórica ciudad de Tainan, cuna de la nación taiwanesa. Y en el centro, el lago Sol y Luna refleja los colores cambiantes del cielo mientras los sonidos de las campanas de los templos llenan el aire montañoso.
Esta guía de viaje es una invitación a descubrir uno de los destinos más completos y gratificantes de Asia. Aquí encontrará toda la información necesaria para planificar un viaje memorable, desde los grandes iconos turísticos hasta los rincones más secretos que solo los viajeros más curiosos tienen el privilegio de conocer. Taiwán espera con los brazos abiertos a quienes se atrevan a explorar sus muchas maravillas.
Geografía y Clima
Taiwán ocupa una posición estratégica en el Pacífico occidental, separada de la costa sureste de China por el estrecho de Taiwán, una franja de agua de apenas 180 kilómetros en su punto más estrecho. La isla tiene una forma aproximadamente ovalada que se extiende 394 kilómetros de norte a sur y 144 kilómetros de este a oeste. Al sur se encuentra el archipiélago de Penghu, un conjunto de más de 90 islas y escollos dispersos en el estrecho de Taiwán.
La topografía de la isla es dramáticamente diversa. La Cordillera Central domina el interior con una espina dorsal montañosa que corre de norte a sur y alcanza alturas notables. Yushan, la Montaña de Jade, se eleva 3.952 metros sobre el nivel del mar, convirtiéndose en el pico más alto del noreste asiático. En total, Taiwán posee más de doscientas montañas que superan los 3.000 metros de altura, una concentración extraordinaria que convierte a la isla en un paraíso para los montañeros y los amantes de la naturaleza.
La vertiente oriental de la Cordillera Central desciende bruscamente hacia el Pacífico, creando acantilados espectaculares que caen directamente al mar. Esta costa este es famosa por su belleza salvaje y por la Garganta de Taroko, donde el río Liwu se ha abierto paso durante millones de años a través de la roca de mármol, creando uno de los cañones más impresionantes de Asia. La costa oeste, en cambio, es más suave y llana, con extensas llanuras aluviales que históricamente han sustentado la agricultura y concentran la mayor parte de la población de la isla.
El clima de Taiwán varía considerablemente según la región y la estación del año. En términos generales, la isla tiene un clima subtropical en el norte y tropical en el sur, con cuatro estaciones bien definidas que, sin embargo, no se corresponden exactamente con las que los viajeros europeos o americanos pueden esperar. La primavera, de marzo a mayo, es una estación agradable con temperaturas suaves y floración de los cerezos en las zonas de mayor altitud. El verano, que se extiende desde junio hasta septiembre, es caluroso y húmedo, con temperaturas que superan con frecuencia los 35 grados centígrados en la llanura costera. Esta estación trae también los temidos tifones, que pueden impactar la isla con vientos destructivos y lluvias torrenciales.
El otoño, de octubre a diciembre, es considerado unánimemente la mejor época para visitar Taiwán. Las temperaturas son agradables, el cielo suele estar despejado y la vegetación adquiere tonos dorados y cobrizos en las zonas de mayor altitud. El invierno en el norte de la isla puede ser frío y lluvioso, especialmente en Taipéi, que recibe la influencia de las borrascas provenientes del noreste. El sur, sin embargo, mantiene un clima más templado durante todo el año, lo que hace de Kenting un destino popular durante los meses invernales.
La división climática entre el norte y el sur de la isla es notable. Mientras que Taipéi puede tener temperaturas de 12 a 15 grados en enero, Kaohsiung raramente baja de los 18 grados. La montaña introduce además una variable adicional: en Alishan, a más de 2.000 metros de altura, puede haber heladas en invierno, mientras que en Kenting, al sur de la isla, las temperaturas se mantienen tropicales durante todo el año. Esta variedad climática añade una dimensión más a la ya extraordinaria diversidad que define a Taiwán como destino de viaje.
Taipéi — La Capital
Taipéi es una de las grandes capitales asiáticas, pero a diferencia de otras megaciudades de la región, tiene una escala humana que la hace accesible y acogedora para los visitantes. Con aproximadamente 2,7 millones de habitantes en el núcleo urbano y más de 7 millones en el área metropolitana, es una ciudad que combina perfectamente la eficiencia moderna con la calidez tradicional. El sistema de metro MRT es uno de los mejores de Asia, limpio, puntual y con señalización en varios idiomas que facilita enormemente la navegación por la ciudad.
La primera parada obligada para cualquier visitante es el Taipei 101, el rascacielos que fue durante varios años el edificio más alto del mundo y que sigue siendo el símbolo más reconocible de la ciudad. Con sus 508 metros de altura y sus 101 plantas, el edificio es una obra maestra de la ingeniería moderna, diseñado para resistir tanto los terremotos frecuentes en la región como los vientos de los tifones. El mirador de la planta 89 ofrece vistas panorámicas impresionantes de la ciudad y de las montañas que la rodean, especialmente hermosas al atardecer cuando los últimos rayos del sol tiñen el horizonte de naranja y rosa.
Pero el Taipei 101 no es solo una torre de observación; en su interior alberga también uno de los elementos de ingeniería más fascinantes del mundo: el amortiguador de masa activo más grande del planeta. Esta gigantesca esfera de acero de 660 toneladas está suspendida entre las plantas 88 y 92 mediante cables de acero y actúa como un péndulo que contrarresta las oscilaciones provocadas por el viento o los terremotos. El ingenio de este dispositivo, visible para los visitantes del mirador, combina funcionalidad con un cierto valor estético que ha convertido al amortiguador en una atracción turística por derecho propio.
El Museo del Palacio Nacional es, sin lugar a dudas, uno de los museos más importantes del mundo. Su colección alberga más de 700.000 piezas de arte imperial chino que abarca más de 8.000 años de historia, constituyendo la mayor colección de arte chino que existe en cualquier lugar del planeta. Esta extraordinaria colección llegó a Taiwán después de que el gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek la trasladara en varias expediciones entre 1933 y 1948, cuando las tropas comunistas de Mao Zedong amenazaban con hacerse con el control del continente.
Entre las piezas más famosas del museo destacan dos objetos que por sí solos justifican una visita: la Col de Jade y la Carne de Cerdo de Piedra. La Col de Jade es una escultura tallada en una sola piedra de jadeíta de aproximadamente 18 centímetros de altura que representa una col china con extraordinaria fidelidad, incluyendo las venas de las hojas y los insectos que reposan sobre ella. La Carne de Cerdo de Piedra es una pieza de jaspe estratificado que imita con asombrosa perfección un trozo de panceta de cerdo estofada, con las diferentes capas de carne, grasa y piel perfectamente representadas en las variaciones naturales de la piedra. Ambas piezas son objeto de devoción turística y suelen estar rodeadas de admiradores que no pueden creer que sean obras de la naturaleza y la artesanía humana, y no lo que parecen ser.
El Salón Conmemorativo de Chiang Kai-shek es otro hito monumental de Taipéi que merece una visita tanto por su arquitectura impresionante como por el espectáculo del cambio de guardia. El complejo, con su enorme sala central, sus jardines simétricos y sus pabellones en los que se albergan el Teatro Nacional y la Sala de Conciertos, es uno de los espacios públicos más bellos de Asia. La estatua de bronce de Chiang Kai-shek en el interior de la sala es custodiada por soldados de honor que realizan un cambio de guardia sincronizado y meticuloso cada hora durante las horas de apertura. El ritual, que incluye movimientos precisos al milímetro y uniformes impecables, es uno de los espectáculos más fotografiados de la ciudad.
El Templo Longshan, construido originalmente en 1738 y reconstruido varias veces a lo largo de los siglos, es el templo más famoso de Taipéi y uno de los más visitados de todo Taiwán. Dedicado a Guanyin, la diosa budista de la misericordia, el templo integra también elementos del taoísmo y acoge a cientos de devotos a diario que vienen a rezar, quemar incienso y consultar los oráculos de bambu. La arquitectura del templo es de una riqueza ornamental extraordinaria, con dragones de cerámica enroscados en los tejados, relieves dorados en las fachadas y un patio interior siempre perfumado con el humo del incienso. Visitar el templo al caer la noche, cuando la iluminación cálida contrasta con la oscuridad del cielo, es una experiencia que no se olvida fácilmente.
El distrito de Ximending es el corazón de la cultura juvenil de Taipéi. Este barrio peatonal, inspirado en el Harajuku de Tokio, es un hervidero de tiendas de moda, salones de tatuaje, teatros de cine, restaurantes de tendencia y puestos de comida callejera. Los fines de semana, las calles se llenan de jóvenes taiwaneses y turistas que pasean entre una oferta comercial y gastronómica que nunca cierra. El Ximending es también el barrio donde la comunidad LGBTQ de Taipéi tiene mayor visibilidad, con una serie de establecimientos y espacios de encuentro que reflejan la tolerancia y apertura que caracterizan a la capital taiwanesa.
Los mercados nocturnos son una institución en Taiwán y Taipéi cuenta con algunos de los mejores del país. El Mercado Nocturno de Shilin, en el norte de la ciudad, es el más famoso y el más grande, con un laberinto de puestos que venden desde productos de alimentación hasta ropa, juguetes y artesanía. El mejor momento para visitarlo es después de las ocho de la tarde, cuando está en pleno apogeo y el aroma de los puestos de comida se mezcla con el ruido de los vendedores y el murmullo de la multitud. El Mercado Nocturno de Raohe, en el este de la ciudad, es más compacto pero igualmente animado, famoso especialmente por su calle principal flanqueada de puestos de comida donde los taiwaneses hacen cola para degustar especialidades locales como el pepper bun, un panecillo relleno de cerdo y pimienta cocido en un horno de leña.
La Calle Dihua es uno de los tesoros históricos más auténticos de Taipéi. Esta calle comercial, que data de finales del siglo XIX, está flanqueada de edificios de estilo barroco y neoárabe que los comerciantes construyeron cuando Dadaocheng era el centro económico más importante de la isla. Hoy en día, la calle conserva su función comercial pero ha evolucionado hacia una mezcla fascinante de tiendas tradicionales que venden hierbas medicinales chinas, telas, nueces de betel y materiales para rituales religiosos, junto con boutiques modernas, cafeterías de diseño y galerías de arte que han convertido el barrio en uno de los destinos más de moda de la ciudad. Durante el Año Nuevo Lunar, Dihua Street se transforma en el mercado más animado de la ciudad, con puestos que venden todo tipo de preparaciones para las celebraciones de la festividad más importante del calendario chino.
El Parque Forestal Da'an es el pulmón verde de Taipéi, un espacio de 26 hectáreas situado en el corazón del barrio más cosmopolita de la ciudad. Aquí los taipeienses pasean, hacen tai chi al amanecer, practican deportes y simplemente escapan del calor sofocante del verano urbano. El parque es también un punto de encuentro para la comunidad estudiantil de los numerosos centros universitarios que rodean el área, lo que le da un carácter dinámico y cosmopolita. Al anochecer, los puestos de comida se instalan en los alrededores y los residentes se reúnen para cenar bajo las estrellas.
El barrio de Xinyi es el distrito financiero y comercial más moderno de Taipéi, donde el Taipei 101 coexiste con centros comerciales de lujo, hoteles de cinco estrellas y un animado ambiente nocturno. Los grandes almacenes Breeze, Sogo y Mitsukoshi compiten por atraer a una clientela adinerada con marcas internacionales y locales de primer nivel. Por la noche, el barrio se transforma en uno de los epicentros de la vida nocturna de la ciudad, con bares de cócteles en las últimas plantas de los rascacielos que ofrecen vistas nocturnas de Taipéi que son simplemente espectaculares.
La Montaña del Elefante, a las afueras del barrio de Xinyi, ofrece una de las mejores perspectivas del skyline de Taipéi, incluido el Taipei 101, desde una altura modesta que cualquier persona con condición física normal puede alcanzar en unos 20 o 30 minutos de caminata. El sendero que sube por la ladera de la montaña está bien señalizado y en buen estado, con plataformas de observación estratégicamente ubicadas que ofrecen distintos ángulos de la vista sobre la ciudad. Al atardecer, el lugar se llena de fotógrafos aficionados y profesionales que buscan capturar la imagen perfecta del rascacielos más famoso de Asia.
El barrio de Beitou, accesible en metro en aproximadamente media hora desde el centro de Taipéi, es famoso por sus aguas termales de origen volcánico que brotan de las entrañas de la tierra a temperaturas que pueden superar los 100 grados centígrados. La zona termal de Beitou cuenta con hoteles y centros de baño que ofrecen desde piscinas públicas de agua termal sulfurosa hasta lujosos spas privados. El Parque Termal de Beitou, con su pequeño museo dedicado a la historia de las aguas termales de la zona, es un punto de partida ideal para explorar el vecindario. La singularidad de las aguas de Beitou radica en su alto contenido en radón y azufre, lo que les confiere propiedades minerales únicas que los japoneses comenzaron a explotar durante el período colonial.
El teleférico de Maokong es una forma deliciosa de escapar del calor de la ciudad y ascender a las plantaciones de té que rodean las colinas al sur de Taipéi. El trayecto en góndola ofrece vistas panorámicas de la ciudad y del zoo de Taipéi, situado al pie de la montaña. En la cima, el visitante puede degustar el famoso té oolong de Maokong en uno de los numerosos salones de té que se asoman al vacío desde las laderas, mientras contempla el panorama de la ciudad iluminada a sus pies. El zoo de Taipéi, uno de los más grandes de Asia, alberga una colección impresionante de animales que incluye pandas gigantes cedidos por China, lo que lo convierte en uno de los zoos de acceso más asequible del mundo donde es posible ver a estos emblemáticos osos en cautividad.
El Norte de Taiwán
La región norte de Taiwán, más allá de los límites de la metrópolis de Taipéi, ofrece una serie de destinos que combinan historia, naturaleza y una atmósfera única difícil de encontrar en ningún otro lugar. A apenas una hora de la capital, el mundo parece cambiar de escala y de ritmo, invitando al viajero a detenerse y absorber la riqueza de paisajes y culturas que hacen de esta región una de las más fascinantes de la isla.
Jiufen es quizás el pueblo más visitado de Taiwán y no es difícil entender por qué. Colgado en las laderas escarpadas de la montaña Keelung, con sus calles empedradas que suben y bajan en zigzag entre escalinatas y casas de madera, Jiufen tiene una atmósfera de ensueño que se intensifica cuando la niebla procedente del mar envuelve el pueblo en un manto de misterio. Antiguamente fue un próspero pueblo minero de oro durante la fiebre aurífera que sacudió la región a finales del siglo XIX y bajo la administración japonesa. Después de la caída de la minería, el pueblo entró en un período de decadencia hasta que su descubrimiento como destino turístico lo revitalizó completamente.
La fama internacional de Jiufen se debe en parte a sus supuestas similitudes con Yubaaba, la ciudad de los espíritus en la película animada de Hayao Miyazaki El Viaje de Chihiro, aunque el propio director nunca ha confirmado oficialmente esta inspiración. Sin embargo, los visitantes llegan en masa buscando esos callejones iluminados por linternas rojas y esas casas de té que se asoman al vacío sobre el mar, y Jiufen responde con creces a las expectativas. Las casas de té tradicionales de la Calle Jishan son el corazón del pueblo, con interiores íntimos donde los visitantes pueden sentarse horas tomando té y contemplando las aguas de la bahía de Keelung que se extienden a sus pies. Por la tarde, cuando las linternas se encienden y la luz del sol se va apagando sobre el horizonte marino, Jiufen se convierte en uno de los lugares más fotogénicos de todo el continente asiático.
Keelung es la ciudad portuaria más importante del norte de Taiwán y, aunque no suele ocupar un lugar destacado en los itinerarios turísticos típicos, ofrece uno de los mejores mercados nocturnos de la región. El Mercado Nocturno Miaokou, situado junto al Templo Dianziji, es famoso en todo el país por su oferta gastronómica de primer nivel. La especialidad de la casa son los fideos de tres colores con carne estofada, pero también hay que probar las bolitas de arroz glutinoso, los fideos de camote con ostras y el tian bu la, una fritura de surimi que es una variante local del oden japonés. El ambiente del mercado, con su laberinto de puestos iluminados y el constante trasiego de comensales, es exactamente lo que el viajero busca cuando imagina la auténtica vida nocturna taiwanesa.
El Geoparque Yehliu, en la costa norte de Taiwán, es uno de los paisajes geológicos más extraños y fascinantes que se pueden encontrar en Asia. La erosión del mar y el viento durante millones de años ha esculpido en la roca arenisca una serie de formaciones con formas caprichosas a las que la imaginación popular ha bautizado con nombres evocadores. La más famosa es la Cabeza de la Reina, una formación de roca de aproximadamente cuatro metros de altura que representa con asombrosa fidelidad el perfil de una mujer aristocrática con el cuello largo. Esta piedra es tan popular que existe una lista de espera para fotografiarse junto a ella durante los días de máxima afluencia turística. El parque alberga también otras formaciones curiosas denominadas hongos de mar, velas y tofu, que atestiguan la increíble variedad de formas que puede adoptar la roca bajo la acción incesante de los elementos.
Wulai es un pueblo indígena de la tribu Atayal situado en las montañas al sur de Taipéi, accesible en bus o en automóvil en aproximadamente una hora desde la capital. El pueblo combina la cultura aborigen atayal con la atracción de sus famosas aguas termales de agua blanda sin azufre, ideales para el cuidado de la piel. La calle principal de Wulai está flanqueada de restaurantes que sirven especialidades aborígenes como el cerdo de montaña ahumado y el mijo fermentado, junto con puestos de artesanía que venden tejidos atayal de diseño geométrico característico. A las afueras del pueblo, una cascada de 80 metros de altura es accesible por un sendero corto que atraviesa un bosque subtropical frondoso.
Tamsui, en la desembocadura del río del mismo nombre al noroeste de Taipéi, es una antigua ciudad colonial que conserva vestigios de su pasado como uno de los principales puertos de la isla. El Fuerte San Domingo, construido originalmente por los colonizadores españoles en 1628 y luego rebautizado como Fort Antonio bajo administración holandesa, es el edificio más antiguo de Taiwán que aún se mantiene en pie. El edificio de ladrillo rojo y sus dependencias adyacentes, que incluyen la antigua residencia del cónsul británico, son hoy un museo histórico que narra la complicada historia colonial de la región. El paseo marítimo de Tamsui, con sus puestos de comida y sus vistas al estrecho, es un lugar de esparcimiento muy popular para los habitantes de Taipéi, especialmente los fines de semana.
Sanxia, en el condado de New Taipei, conserva una de las calles históricas más auténticas de la región norte de Taiwán. La Calle Vieja de Sanxia, con sus fachadas barrocas de ladrillo rojo y sus arcadas cubiertas, refleja la prosperidad comercial que tuvo la ciudad a principios del siglo XX gracias al comercio del carbón, el alcanfor y los tintes naturales. El templo Qingshui Zushi, considerado uno de los más hermosos de Taiwán, tiene una fachada ricamente ornamentada que ha sido restaurada durante décadas por el maestro artesano Li Mei-shu y sus discípulos. Cada detalle arquitectónico del templo, desde los dragones entrelazados de los pilares hasta los bajorrelieves que narran episodios de la historia y la mitología chinas, es una obra de arte en sí mismo.
Pingxi, en el remoto Valle de Pingxi al este de Taipéi, es famoso en todo el mundo por su festival de linternas voladoras, que se celebra durante el Festival de los Faroles del Año Nuevo Lunar. Cada año, miles de personas acuden a este pequeño valle encajonado entre montañas cubiertas de vegetación para escribir sus deseos en linternas de papel y soltarlas al aire, creando un espectáculo de luz absolutamente mágico en el cielo nocturno. Las linternas se elevan suavemente, formando constelaciones efímeras que los vientos llevan hacia las cimas de las montañas, mientras los participantes contemplan en silencio el espectáculo con los ojos brillantes de emoción y esperanza.
La Cascada de Shifen, accesible desde el pueblo de Shifen en el mismo valle de Pingxi, es la cascada más grande de Taiwán en términos de caudal. El agua del río Keelung cae en un amplio arco de más de 40 metros de ancho y 20 metros de altura, creando un sonido atronador y un arco iris permanente cuando la luz del sol alcanza las gotitas de agua que se dispersan en el ambiente. La peculiaridad de esta cascada es que cae en ángulo recto respecto al curso del río, lo que le confiere una forma inusual que le ha valido el apodo de Pequeño Niagara de Taiwán.
El Museo del Oro de Jinguashi, situado junto a Jiufen en las laderas de la montaña Keelung, está dedicado a la historia minera de la región, que fue durante la administración japonesa uno de los yacimientos de oro y cobre más productivos del este de Asia. El museo ocupa las instalaciones históricas de la antigua mina e incluye una galería subterránea donde los visitantes pueden caminar por los túneles de la mina original. Una de las atracciones más populares es un lingote de oro macizo de 220 kilogramos que está expuesto en una caja de cristal y que los visitantes pueden tocar con una sola mano a través de una abertura, convirtiendo el intento de levantarlo en uno de los desafíos más populares entre los turistas.
El Centro de Taiwán
El centro de Taiwán es el corazón espiritual de la isla, donde las tradiciones budistas y taoístas tienen su expresión más profunda y donde los paisajes naturales alcanzan una escala épica que pone al ser humano en su lugar. Esta región es también donde viven muchas de las comunidades indígenas más activas del país, que han mantenido vivas sus tradiciones culturales a pesar de siglos de cambio y modernización.
El Lago Sol y Luna es el lago más grande de Taiwán y uno de los paisajes más hermosos y reconocibles de la isla. Situado en el centro montañoso del país, a una altitud de aproximadamente 760 metros sobre el nivel del mar, el lago deber su nombre poético a su forma: la parte norte del lago tiene forma circular, como el sol, mientras que la parte sur tiene una forma más alargada y curva, como la luna. La isla de Lalu, situada en el centro del lago, es un lugar sagrado para el pueblo indígena Thao, que considera este lago la cuna de su pueblo y el hogar de sus antepasados. La isla estuvo habitada hasta que el terremoto de 1999 la redujo a un islote rocoso, pero su importancia cultural para la pequeña comunidad Thao que vive en sus orillas no ha disminuido.
El Templo Wenwu, en la orilla norte del lago, es uno de los templos más impresionantes de Taiwán, dedicado simultáneamente al dios de la guerra y al dios de la literatura, una combinación que refleja los valores confucianos de la sociedad china. La entrada al templo está flanqueada por dos enormes estatuas de leones de mármol que se dicen las más grandes de Asia, y el conjunto arquitectónico, con sus tres pabellones sucesivos que ascienden por la ladera de la montaña, crea una perspectiva majestuosa. La Pagoda Ci'en, en el extremo sur del lago, fue construida por Chiang Kai-shek en memoria de su madre y ofrece desde su plataforma superior una vista panorámica del lago que es especialmente hermosa al amanecer, cuando la bruma matinal envuelve el agua y las montañas en un halo etéreo.
El ciclismo alrededor del lago es una de las actividades más populares de la región, con una ruta circular de aproximadamente 35 kilómetros que bordea las orillas del lago y ofrece vistas cambiantes del agua y las montañas en cada curva. Las bicicletas de alquiler están disponibles en varios puntos alrededor del lago y los caminos están bien señalizados. El teleférico del Lago Sol y Luna, inaugurado en 2009, conecta el lago con la aldea indígena de Jiuzu a través de un recorrido de más de un kilómetro que ofrece perspectivas aéreas del lago y las montañas circundantes que son imposibles de obtener desde tierra.
Alishan es un destino que combina la grandiosidad de los paisajes naturales con la historia cultural de las comunidades indígenas y la ingeniería del ferrocarril forestal más famoso de Taiwán. La zona montañosa de Alishan, a más de 2.000 metros de altitud, alberga bosques de cipreses japoneses de más de 2.000 años de antigüedad que los taiwaneses llaman con respeto los árboles sagrados. El ferrocarril forestal de Alishan, construido durante la administración japonesa a principios del siglo XX para transportar madera, es hoy patrimonio histórico y cultural de Taiwán. El tren, con su locomotora de época y sus vagones de madera, recorre un trayecto de montaña que incluye espirales y zigzags diseñados para superar los desniveles imposibles de la orografía, convirtiéndose en uno de los ferrocarriles más peculiares del mundo.
El amanecer sobre el mar de nubes desde las cimas de Alishan es considerado uno de los espectáculos naturales más hermosos de Asia. Cada mañana, en los meses de otoño e invierno, un mar de nubes blancas cubre los valles inferiores mientras que los picos de las montañas emergen de la bruma como islas en un océano celestial. Los turistas madrugan para coger el pequeño tren que llega hasta las plataformas de observación de la cima en tiempo de llegar antes de que salga el sol, y son recompensados con un espectáculo de luz y color que puede durar apenas unos minutos pero que queda grabado en la memoria para siempre.
La tribu Tsou, uno de los dieciséis pueblos indígenas reconocidos oficialmente en Taiwán, tiene su territorio ancestral en las montañas de Alishan. Los aldeas tsou, con sus casas de bambú y paja, sus graneros elevados sobre pilones y sus espacios rituales comunitarios, ofrecen al visitante respetuoso la posibilidad de conocer de cerca una cultura que ha sobrevivido durante milenios en estas montañas. Las danzas y ceremonias rituales de los Tsou, que incluyen el mayo militarista del Festival Mayasvi, son manifestaciones culturales de una belleza y una solemnidad que impresionan profundamente.
La Finca Cingjing, en el condado de Nantou, es otro destino popular del centro de Taiwán que combina el paisaje de alta montaña con una peculiaridad sorprendente: ovejas y vacas pastando en praderas de altura que parecen transportar al visitante a los Alpes suizos. La finca, establecida originalmente para dar empleo a los soldados del ejército nacional retirados, se ha convertido en uno de los destinos turísticos más populares de la isla. Las puestas de sol sobre la finca, con las montañas como telón de fondo y las ovejas pastando en primer plano, son las imágenes más compartidas en las redes sociales taiwanesas.
Lukang, en el condado de Changhua, es una de las ciudades históricas mejor conservadas de Taiwán. En el siglo XVIII fue el segundo puerto más importante de la isla y un floreciente centro comercial donde la influencia cultural china se expresó en una arquitectura y una cultura que aún hoy son palpables. El Templo Longshan de Lukang, construido en el siglo XVIII, es considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura religiosa tradicional de Taiwán, con una riqueza decorativa que incluye esculturas de piedra y madera, celosías caladas y pinturas que narran episodios del ciclo de los Tres Reinos. La Calle del Viento de los Nueve Codos, el callejón más estrecho de Taiwán, fue diseñada originalmente para romper el viento que llegaba del mar, y hoy es uno de los rincones históricos más fotografiados del país.
Chiayi, la ciudad más importante del sur del área central de Taiwán, es el punto de partida para acceder al ferrocarril forestal de Alishan y un destino por derecho propio gracias a su gastronomía. La ciudad es famosa por el arroz con pavo asado, un plato que aquí se prepara con un nivel de maestría culinaria que convierte el humilde guiso en una experiencia gastronómica memorable. El Parque Meishanbottom, la Torre Horologium y el extenso mercado cubierto de la ciudad ofrecen además una ventana auténtica a la vida cotidiana taiwanesa alejada del turismo masivo.
El Este de Taiwán
La costa este de Taiwán es quizás el territorio más salvaje y espectacular de la isla, donde la Cordillera Central desciende abruptamente hacia el Pacífico y crea paisajes de una grandiosidad difícilmente comparable con cualquier otro lugar del mundo. Esta región, menos desarrollada turísticamente que el norte o el sur, ofrece experiencias de naturaleza en estado puro que compensan con creces la mayor dificultad logística para llegar a ella.
La Garganta de Taroko es, sin duda, uno de los paisajes más extraordinarios de Asia y el destino natural más visitado de Taiwán. El Parque Nacional Taroko, que protege un área de más de 92.000 hectáreas en el noreste de la isla, alberga el cañón de mármol más impresionante del continente asiático, tallado por el río Liwu durante millones de años en la roca metamórfica de la Cordillera Central. Las paredes del cañón, en algunos tramos casi verticales y con una altura de cientos de metros, presentan los colores y vetas característicos del mármol de Taroko, que varían del blanco puro al gris azulado, pasando por el verde y el rosa.
La carretera que atraviesa el cañón, construida entre 1956 y 1960 por soldados del Cuerpo de Veteranos de guerra, es en sí misma un monumento a la ingeniería humana. El trabajo de excavar esta ruta a través de la roca viva costó la vida a más de 200 trabajadores cuyos nombres están grabados en la Capilla del Manantial Eterno, un pequeño santuario esculpido en la pared del cañón a modo de homenaje eterno a los trabajadores caídos. La capilla, accesible por un pequeño puente de piedra sobre el río turquesa, es uno de los lugares más contemplativos y emocionalmente poderosos del parque.
La Garganta de las Golondrinas es uno de los puntos más estrechos del cañón, donde las paredes de mármol se aproximan tanto que apenas queda espacio entre ellas para el paso del río y la carretera. Miles de golondrinas anidan en las grietas de las paredes y llenan el aire con sus vuelos veloces y sus gorjeos agudos, creando una experiencia sensorial única. El Túnel de las Nueve Vueltas, un antiguo túnel excavado en la roca que fue reconvertido en sendero peatonal después de que se abriera la carretera exterior, es uno de los paseos más populares del parque. El sendero serpentea entre la roca de mármol alternando tramos de túnel con puentes que se asoman sobre el abismo, ofreciendo perspectivas del cañón que no son accesibles desde la carretera principal.
Los Acantilados de Qingshui son quizás la imagen más icónica de la costa este de Taiwán: una pared de roca de más de 1.000 metros de altura que cae verticalmente sobre las aguas azules del Pacífico. Desde el mar, que se puede explorar en barco desde Hualien, la escala de los acantilados resulta abrumadora. La luz del sol a diferentes horas del día hace que los colores de la roca cambien de manera espectacular, desde el gris oscuro de la mañana hasta el dorado cálido del atardecer.
Hualien es la ciudad principal de la costa este de Taiwán y la puerta de entrada al Parque Nacional Taroko. La ciudad tiene un ritmo de vida más tranquilo que Taipéi y un carácter que refleja la diversidad cultural de la región, con una importante presencia de comunidades indígenas. El arte de la talla del mármol es una de las industrias artesanales más importantes de Hualien, gracias a la abundancia de este material en las montañas cercanas. Los talleres artesanales donde los maestros canteros transforman la roca bruta en esculturas, objetos decorativos y joyas son una visita obligada para entender la relación profunda que los habitantes de esta ciudad tienen con el mármol que los rodea.
El Valle del Rift del Este es una llanura aluvial de una belleza serena que se extiende entre la Cordillera Central y la Cordillera Oriental, paralela a la costa este. Esta llanura, poblada de campos de arroz, plantaciones de racacho y pequeños pueblos que mantienen viva la cultura de las comunidades Amis y Bunun, es uno de los paisajes más bellos y menos visitados de Taiwán. Las aguas termales de la región, especialmente las de Ruisui y Zhiben, son menos conocidas que las de Beitou pero no menos apreciadas por quienes las conocen.
Taitung, en el extremo sur de la costa este, es una ciudad que se ha convertido en los últimos años en uno de los centros del turismo alternativo y creativo de Taiwán. El Pueblo de Arte de Tiephua, situado en los locales de un antiguo almacén ferroviario reconvertido, alberga galerías de arte, restaurantes y espacios de espectáculo que hacen de Taitung un destino cultural sorprendente. El rafting en el río Xiuguluan, que discurre por un cañón de granito durante 24 kilómetros antes de llegar al mar, es una de las experiencias de aventura más populares de la región. Las aguas del río, que fluctúan entre rápidos emocionantes y remansos tranquilos, crean un recorrido que combina la adrenalina con la contemplación de un paisaje natural de primera calidad.
La Isla Verde, también conocida como Lyudao, es una pequeña isla volcánica situada a 33 kilómetros frente a la costa de Taitung. El lugar más famoso de la isla es el Manantial de Agua de Mar, uno de los tres únicos manantiales de agua carbonatada salada del mundo, un fenómeno geológico extremadamente raro que surge de la colisión entre el agua del mar y las aguas subterráneas de origen volcánico. La isla es también un excelente destino de buceo, con arrecifes de coral en excelente estado de conservación que albergan una biodiversidad marina extraordinaria. El Parque Nacional de la Isla Verde está consagrado a la preservación de este ecosistema único.
La Isla de Lanyu, o Isla de la Orquídea, está habitada por el pueblo indígena Tao, también conocido como Yami, cuya cultura única gira en torno a la pesca del pez volador. Los Tao son los únicos indígenas de Taiwán de origen malayo-polinésio, y su cultura, que incluye las legendarias canoas talladas a mano llamadas tatala, los almacenes subterráneos excavados en la roca para protegerse de los tifones y los rituales elaborados que rodean la temporada de pesca del pez volador, es de una originalidad y una belleza que no tienen parangón en todo el país. La ceremonia de botadura de las nuevas canoas, que se celebra en primavera con danzas, cantos y ritos de purificación, es uno de los espectáculos culturales más impresionantes de Taiwán.
El Sur de Taiwán
El sur de Taiwán tiene un carácter distinto al del norte: el clima es más cálido y soleado, el ritmo de vida más relajado y la historia más antigua y sedimentada. Esta es la región donde Taiwán empezó a tomar forma como entidad política y cultural diferenciada, y donde la influencia holandesa, china y japonesa dejó las huellas más visibles.
Tainan es la ciudad más antigua de Taiwán y su antigua capital, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido en algunos rincones y donde la historia se palpa en cada callejuela y en cada templo. Fundada como capital por los colonizadores holandeses en el siglo XVII con el nombre de Zeelandia, la ciudad fue luego el centro del poder del señor de la guerra chino Koxinga, que derrotó a los holandeses en 1662 después de un asedio de nueve meses. La ciudad pasó posteriormente a manos de la Dinastía Qing en 1683 y fue capital de Taiwán hasta 1894, cuando los japoneses trasladaron la capitalidad a Taipéi.
El Fuerte Anping, también conocido históricamente como Fuerte Zeelandia, es el vestigio más importante de la presencia holandesa en Taiwán. Las murallas originales del fuerte, construidas a partir de 1624 con bloques de coral y ladrillo, están hoy parcialmente integradas en un parque histórico donde se pueden visitar los restos de las estructuras originales junto con un museo que explica la historia colonial de la isla. Las Torres Chi Kan, conocidas también como Fuerte Provintia, son otro vestigio del período holandés, aunque el edificio actual fue reconstruido en estilo chino durante la Dinastía Qing. El conjunto arquitectónico, con sus pabellones, jardines y colección de estelas históricas, es uno de los monumentos más visitados de Tainan.
El Templo Confucio de Tainan, construido en 1665 como el primer templo confuciano de la isla, es el más antiguo de Taiwán y el primero de los numerosos templos dedicados al sabio chino que se esparcen por toda la isla. El recinto del templo, con sus jardines de banián, sus pabellones de madera lacada y sus colecciones de placas honoríficas, tiene una serenidad contemplativa que contrasta con el bullicio de la ciudad que lo rodea. Tainan tiene más de 400 templos y santuarios en su área urbana, la mayor concentración de lugares de culto de toda Taiwán, lo que le ha valido el título de Capital de los Templos.
La gastronomía de Tainan merece un capítulo aparte. Los taiwaneses del norte reconocen sin reservas que la comida de Tainan es la mejor de la isla, y los visitantes internacionales que se atreven a explorar los mercados y restaurantes de la ciudad no suelen discrepar de este veredicto. Los rollitos de primavera al estilo Tainan con maní y cilantro, el arroz con carne de cerdo estofada de estilo sureño, los vermicelli con ostras, el pez espada seco con ajo, los pasteles de ostra fritos y los innumerables postres de fruta tropical confitada son solo algunos de los platos que hacen de Tainan la capital gastronómica no oficial de Taiwán.
Kaohsiung es la segunda ciudad más grande de Taiwán y el mayor puerto del país, una metrópolis industrial que en las últimas décadas ha experimentado una transformación espectacular desde ciudad fabril hacia un destino cultural y turístico moderno. El Estanque del Loto es uno de los lugares más fotogénicos de la ciudad, famoso por las dos pagodas gigantes en forma de Dragón y Tigre que se elevan sobre el agua desde sus entradas en forma de bocas abiertas de los respectivos animales. Los visitantes entran por la boca del dragón y salen por la del tigre, un recorrido simbólico que, según la tradición local, limpia el karma y transforma la mala suerte en buena.
La Isla de Cijin, unida al continente por un túnel submarino y un ferry, tiene un carácter de balneario popular muy diferente al de la ciudad industrial que se contempla desde su orilla. La playa de arena, las marisquerías en fila a lo largo del paseo marítimo, los puestos de comida callejera y el ambiente relajado de sus calles hacen de Cijin un punto de escapada favorito de los habitantes de Kaohsiung. El Centro de Arte Pier-2, situado en los antiguos almacenes del puerto de Kaohsiung, es el distrito creativo más animado del sur de Taiwán, con galerías de arte, espacios de espectáculo, mercados de diseño y un ambiente bohemio que atrae a los más creativos de la ciudad.
El Parque Nacional Kenting, en el extremo meridional de la isla, es el único parque nacional de Taiwán con zonas de playa tropical. Las playas de Baisha, Nanwan y la playa de Kenting town son populares destinos de surf, snorkel y buceo que atraen a visitantes de toda la isla durante el verano. Los arrecifes de coral que bordean la punta sur de Taiwán albergan una biodiversidad marina extraordinaria, incluyendo tiburones ballena que pasan por la región durante los meses primaverales. La temporada de avistamiento de tiburones ballena, que se extiende aproximadamente de abril a junio, es uno de los atractivos naturales más espectaculares de Kenting.
Hengchun, la pequeña ciudad amurallada que sirve de puerta de entrada al Parque Nacional Kenting, conserva sus murallas originales del período Qing en un estado de conservación sorprendentemente bueno. Las cuatro puertas de la muralla, que datan de 1879, son los únicos vestigios de muralla urbana original que quedan en Taiwán, y la ciudad que encierran mantiene un carácter tranquilo y provincial que contrasta agradablemente con el ambiente de resort turístico del cercano Kenting. La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar la zona, cuando el clima es agradable y la afluencia de turistas es menor que durante el verano.
El Archipiélago de Penghu
El archipiélago de Penghu, formado por más de 90 islas e islotes dispersos en el estrecho de Taiwán entre la isla principal y el continente, es uno de los destinos más singulares y menos explorados de Taiwán. A diferencia de la isla principal, Penghu no tiene montañas: es un archipiélago de tierra baja batido por vientos fuertes, especialmente en invierno, cuando los monzones del noreste pueden hacer insoportable la estancia al aire libre. Pero en verano, el archipiélago se transforma en un paraíso de aguas cristalinas, arrecifes de coral y un turismo de naturaleza que está creciendo rápidamente.
La característica geológica más distintiva de Penghu son las formaciones de columnas de basalto que adornan muchas de sus costas. Estas columnas hexagonales, formadas por el enfriamiento lento de la lava volcánica que emergió del fondo del mar hace millones de años, crean paisajes de una geometría perfecta y una escala sorprendente. El Parque de Columnas de Basalto de la Isla de Liyu Jishan es el más impresionante de estos paisajes, con columnas que alcanzan los 20 metros de altura y forman acantilados perfectamente geométricos sobre el mar.
El windsurf y el kitesurf son las actividades más populares en Penghu durante el verano, cuando los vientos del suroeste crean condiciones ideales para estos deportes. La bahía de Penghu, con sus aguas protegidas y sus vientos constantes, es uno de los mejores spots de windsurf de Asia. Los arrecifes de coral que rodean muchas de las islas del archipiélago están bien conservados gracias a las restricciones pesqueras y a la conciencia medioambiental creciente de los habitantes del archipiélago. El Festival de Fuegos Artificiales de Penghu, que se celebra durante el verano, es el festival de pirotecnia más famoso de Taiwán, con espectáculos nocturnos que iluminan el cielo sobre el mar durante semanas.
Los Pueblos Indígenas de Taiwán y Su Cultura
Taiwán es el hogar de dieciséis pueblos indígenas reconocidos oficialmente por el gobierno, cuyas comunidades suman aproximadamente 580.000 personas, alrededor del 2,5 por ciento de la población total de la isla. Estos pueblos, cuyas lenguas pertenecen a la familia lingüística austronesia, son los descendientes de las poblaciones que habitaron la isla de Formosa antes de la llegada de los colonizadores chinos y europeos, y su presencia en Taiwan se estima que se remonta a más de 6.000 años.
Los dieciséis pueblos reconocidos son los Amis, Atayal, Paiwan, Bunun, Puyuma, Rukai, Tsou, Saisiyat, Yami o Tao, Thao, Kavalan, Truku, Sakizaya, Sediq, y otros grupos más pequeños. Cada uno de estos pueblos tiene su propia lengua, tradiciones, arte, arquitectura y sistema de valores que los distingue de los demás. La diversidad cultural entre los pueblos indígenas de Taiwán es tan grande como la que existe entre los diferentes países europeos, lo que hace de Taiwán uno de los territorios de mayor diversidad cultural indígena del mundo en relación con su superficie.
Los Amis, el pueblo indígena más numeroso con más de 200.000 miembros, habitan principalmente la llanura oriental del Valle del Rift Este y son conocidos por su Festival de la Cosecha, una celebración comunitaria de varios días que se organiza en diferentes aldeas durante el verano. El Mafupu, o Festival de la Cosecha de los Amis, es una ceremonia de agradecimiento a los antepasados y a la naturaleza por la abundancia del año, que incluye danzas rituales en las que los hombres visten sus trajes ceremoniales de plumas y telas bordadas y forman largas filas que giran en círculos durante horas al ritmo de los cánticos.
Los Atayal, que habitaban históricamente las montañas del norte y centro de la isla, son conocidos entre otras cosas por la práctica tradicional del tatuaje facial, que en la tradición atayal indicaba el estatus social, los logros en la caza o en la guerra, y la afiliación familiar. Aunque esta práctica ha desaparecido en las generaciones jóvenes, todavía es posible encontrar en las comunidades atayal de Wulai y otras zonas montañosas a ancianas que llevan los tatuajes tradicionales en la frente y la barbilla. Los tejidos atayal, con sus diseños geométricos en rojo, blanco y negro, son uno de los exemplos más bellos de artesanía textil de toda Asia.
Los Paiwan, que viven principalmente en el sur de la isla, son reconocidos por su elaborado sistema de castas hereditarias y por las exquisitas cuentas de vidrio que constituyen el elemento más valioso de su cultura material. Las cuentas de vidrio paiwan, llamadas mulinadan, se fabrican en colores y diseños que tienen significados específicos dentro del sistema de valores del pueblo y son usadas como adorno, como moneda de intercambio y como elemento ritual en las ceremonias más importantes de la comunidad. Las esculturas en piedra de serpiente, cuya imagen es central en la mitología paiwan, adornan las fachadas de las casas de los jefes y los espacios ceremoniales comunitarios.
El Museo Shung Ye de Aborígenes de Formosa, situado en Taipéi junto al Museo del Palacio Nacional, es el mejor lugar para tener una introducción sistemática a la cultura de los pueblos indígenas de Taiwán antes de visitar sus territorios. El museo alberga colecciones de artesanía, ropa, herramientas, instrumentos musicales y objetos rituales de todos los grupos indígenas de la isla, además de una excelente sala de exposiciones temporales y un programa de actividades culturales que incluye demostraciones de artesanía y música tradicional.
Gastronomía Taiwanesa y Mercados Nocturnos
La gastronomía de Taiwán es uno de los mayores placeres que puede ofrecer este destino al viajero. Influida por la cocina del sur de China, especialmente la de las provincias de Fujian y Guangdong, por la administración culinaria japonesa y por las tradiciones indígenas de la isla, la cocina taiwanesa ha desarrollado un carácter propio que la hace inconfundible y absolutamente deliciosa. No es exagerado afirmar que los mercados nocturnos de Taiwán representan una de las mejores experiencias gastronómicas accesibles de todo el mundo.
La sopa de fideos con carne de res estofada, conocida en mandarín como niú ròu miàn, es considerada el plato nacional de Taiwán, aunque fue en realidad una creación de los soldados del continente que llegaron a la isla con el ejército de Chiang Kai-shek en 1949. La variedad de interpretaciones de este plato es asombrosa: caldo claro o rojo, fideos de diferentes grosor y textura, carne tierna de ternera o de morcillo estofada durante horas, y una guarnición de verdura encurtida que aporta el punto ácido necesario para equilibrar la riqueza del caldo. Los concursos de la mejor sopa de fideos de ternera que se celebran anualmente en Taiwán generan una expectación comparable a los premios Michelin en Europa.
El arroz con chuleta de cerdo frito, o pái gǔ biàn dāng, es el bento de tren más famoso del mundo, popularizado por los vendedores que lo vendían en los andenes de las estaciones ferroviarias de Fujian. En Taiwán, esta preparación ha evolucionado hasta convertirse en uno de los platos de comfort food más queridos del país, con la chuleta marinada en soja y ajo y luego frita hasta quedar crujiente por fuera y jugosa por dentro, servida sobre arroz blanco con encurtidos y salsa.
El bubble tea, también conocido como boba, es sin duda la exportación gastronómica más exitosa de Taiwán en el mundo. Esta bebida, inventada en Taiwán en la década de 1980 según se atribuye al Chun Shui Tang Tea Room de Taichung, consiste en té endulzado con leche mezclado con perlas de tapioca negra que se sorben a través de una pajita ancha. Su popularidad mundial ha convertido al bubble tea en uno de los fenómenos de la cultura popular asiática más exitosos de los últimos 40 años. En Taiwán, los establecimientos de bubble tea son omnipresentes y la competencia entre las diferentes marcas ha elevado la calidad de la bebida a niveles de sofisticación sorprendentes.
El tofu fétido, conocido en taiwanés como chòu dòufu, es el alimento que más divide a los visitantes de la isla. Su olor penetrante, resultado de la fermentación anaeróbica en salmuera de hierbas y verduras, puede percibirse desde decenas de metros de distancia en los mercados nocturnos. Para los no iniciados, el aroma resulta difícil de soportar, pero quienes se atreven a probar el tofu una vez que está frito y servido con col fermentada picante y salsa chili invariablemente descubren que el sabor es mucho más suave y delicioso de lo que el olor prometía. El tofu fétido, en sus variantes fritas, a la brasa o en sopa, es uno de los bocados más representativos de la identidad culinaria taiwanesa.
La torta de cebolleta, o cōng yóu bǐng, es uno de los desayunos más populares de Taiwán. Esta delicia callejera consiste en una masa de harina de trigo enrollada con capas de aceite de sésamo y cebolleta picada y luego asada en la plancha hasta quedar dorada y crujiente por fuera y suave y hojaldrada por dentro. Se sirve generalmente sola o untada con salsa hoisin, huevo batido o salsa de chile, y constituye uno de esos sabores sencillos pero perfectamente equilibrados que se convierten en adicción instantánea.
El pastel de piña, o fèng lí sū, es el souvenir gastronómico más popular de Taiwán y el símbolo comestible más reconocible del país. Este pastelillo de masa mantequillada rellena de mermelada de piña (o de una mezcla de piña y nabo en las versiones tradicionales) es omnipresente en las tiendas de regalo de todo el país, y las diferentes panaderías compiten ferozmente por el título de mejor pastel de piña de Taiwán en un concurso anual que se ha convertido en un evento mediático de primera magnitud.
Las esferas de taro de Jiufen son otra especialidad regional que no puede pasarse por alto. Este postre callejero consiste en bolas de masa de taro moradas y bolas de masa de batata anaranjadas cocidas y servidas en caldo dulce caliente o en hielo triturado con leche condensada. La textura elástica y ligeramente pegajosa de las bolas contrasta deliciosamente con la suavidad del caldo, creando un postre que es simultáneamente reconfortante en invierno y refrescante en verano. Las tiendas de esferas de taro de la Calle Jishan de Jiufen tienen colas permanentes de visitantes que esperan pacientemente su turno para disfrutar de este manjar.
Los mercados nocturnos son el corazón de la vida social y gastronómica de Taiwán. El Mercado Nocturno Feng Jia de Taichung, con sus 10 hectáreas y sus miles de puestos, es el mayor de la isla y un laberinto de olores, sabores y sonidos que puede ocupar varias horas de exploración. El Mercado Nocturno Liuhe de Kaohsiung, con su calle de mariscos frescos preparados a la vista del cliente, es una de las experiencias gastronómicas más auténticas del sur de Taiwán.
El té es una parte fundamental de la cultura de Taiwán, y el país produce algunos de los mejores tés oolong del mundo. El oolong de Alishan, con su aroma floral de leche y su sabor suave y persistente, el Li Shan de alta montaña, cultivado a más de 2.000 metros de altitud con una complejidad de sabor comparable a los mejores vinos blancos de Borgoña, y el Dong Ding, el oolong más tradicional de Taiwán, son tres de las variedades que los amantes del té buscan con devoción en las tiendas especializadas de la isla.
Arte, Cultura E Historia
La historia de Taiwán es una sucesión fascinante de presencias y ausencias, de colonizaciones y resistencias, de identidades que se construyen, deconstruyen y reconstruyen a lo largo de los siglos. Para entender el Taiwán contemporáneo es necesario conocer las capas de esta historia compleja que se superponen como los estratos geológicos de sus propias montañas.
Los primeros habitantes de la isla fueron los pueblos austronesios indígenas, cuya presencia en Taiwán se documenta arqueológicamente desde hace más de 6.000 años. Estos pueblos, cuyos descendientes son los actuales indígenas taiwaneses, no solo habitaron la isla sino que, según las teorías lingüísticas más aceptadas actualmente, fueron también los ancestros de los pueblos polinesios que colonizaron el Pacífico y los pueblos malayo-indonesios que se expandieron por el sureste asiático. La isla de Formosa, como fue conocida por los europeos, habría sido el punto de partida de una de las migraciones humanas más extraordinarias de la historia.
Los holandeses llegaron a Taiwán en 1624 y establecieron el Fuerte Zeelandia en la bahía de Tainan, iniciando un período colonial que duró hasta 1662 y dejó huellas permanentes en la historia de la isla. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales usó la isla como base comercial para el comercio con China y Japón, promoviendo la inmigración de trabajadores chinos de la provincia de Fujian que sentaron las bases de la población china de Taiwán. Los holandeses fueron expulsados en 1662 después de un asedio de nueve meses por Zheng Chenggong, conocido en Occidente como Koxinga, un señor de la guerra de origen chino-japonés leal a la derrotada Dinastía Ming que estableció un reino independiente en Taiwán que duró hasta 1683.
La Dinastía Qing incorporó Taiwán como prefectura de la provincia de Fujian en 1683 y la administró durante más de dos siglos con un interés relativo. Durante este período, la inmigración desde el continente continuó y la isla se fue transformando en una sociedad agrícola dominada por los inmigrantes hakka y hokkien. En 1895, al final de la Primera Guerra Sino-Japonesa, China cedió Taiwán a Japón como parte del Tratado de Shimonoseki, iniciando un período colonial japonés que duraría 50 años y dejaría una huella profunda e inesperadamente positiva en muchos aspectos de la sociedad taiwanesa.
Los japoneses construyeron en Taiwán una infraestructura moderna que incluía ferrocarriles, sistemas de irrigación, escuelas, hospitales y una administración pública eficiente. Introdujeron también el cultivo del arroz de grano corto, la tecnología azucarera moderna y el ferrocarril forestal de Alishan. La lengua japonesa se convirtió en obligatoria en las escuelas y muchos taiwaneses de la generación educada durante el período colonial tienen el japonés como segunda lengua nativa. Esta influencia japonesa es todavía hoy visible en la arquitectura, en la gastronomía, en la etiqueta social y en la admiración sincera que muchos taiwaneses sienten hacia el país que colonizó a sus abuelos.
La República de China fue proclamada en el continente en 1912, después de la Revolución Xinhai que derrocó a la última emperatriz de la Dinastía Qing. Después de décadas de guerra civil contra las fuerzas comunistas de Mao Zedong y de resistencia a la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del Kuomintang de Chiang Kai-shek se vio derrotado militarmente en 1949 y se retiró a Taiwán con aproximadamente dos millones de soldados, funcionarios y civiles, trasladando también las reservas de oro del Banco Central de China y las obras de arte del Palacio Nacional de Pekín.
La imposición de la Ley Marcial en 1949 inauguró un período de gobierno autoritario que duró hasta 1987, convirtiéndose en la ley marcial vigente más larga de la historia moderna. Durante este período, conocido como el Terror Blanco, decenas de miles de personas fueron detenidas, torturadas o ejecutadas bajo acusaciones de simpatías comunistas o independentistas. La memoria de este período oscuro es todavía hoy un tema sensible y disputado en la sociedad taiwanesa, pero su reconocimiento público y la creación de museos de memoria histórica son señales del proceso de reconciliación que Taiwán ha emprendido con su pasado.
La democratización de Taiwán, que comenzó con el levantamiento de la Ley Marcial en 1987 y culminó con las primeras elecciones presidenciales directas en 1996, es uno de los procesos de transición democrática más exitosos de la historia contemporánea. En menos de una década, Taiwán pasó de ser una dictadura de partido único a una democracia vibrante con libertad de prensa, pluralismo político y una sociedad civil activa. El Milagro Económico de Taiwán, que transformó la isla desde una economía agrícola a uno de los mayores exportadores de tecnología del mundo, es otro de los logros que han hecho de Taiwán un modelo de desarrollo para muchos países en vías de industrialización.
La Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, TSMC, fundada en 1987 por Morris Chang con el apoyo del gobierno taiwanés, se ha convertido en la empresa más importante del mundo en la fabricación de semiconductores y en un elemento estratégico de primera magnitud en la geopolítica global del siglo XXI. TSMC produce más del 90 por ciento de los semiconductores más avanzados del mundo y sus fábricas en Taiwán son literalmente irremplazables en el corto plazo para la industria tecnológica global. La dependencia mundial de los chips de TSMC ha convertido a Taiwán en lo que algunos analistas llaman el Silicon Shield, un escudo de silicio que protege la isla de una invasión por su importancia estratégica para la economía global.
Taiwán fue también el primer país de Asia en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2019, convirtiéndose en un faro de los derechos LGBTQ en la región. El Orgullo de Taipéi, que se celebra cada octubre, es el mayor desfile del orgullo de Asia, con más de 200.000 participantes que llenan las calles de la capital en una celebración que combina la reivindicación política con la fiesta comunitaria y la expresión artística.
El cine taiwanés ha producido algunas de las obras más importantes de la cinematografía mundial de las últimas décadas. Hou Hsiao-hsien, con películas como Cheng Nan Chun o A City of Sadness, y Ang Lee, con obras como El Banquete de Boda, Comer Beber Amar y El Tigre y el Dragón, han llevado la sensibilidad y los temas de la cultura taiwanesa a audiencias de todo el mundo. El Cloud Gate Dance Theatre, fundado por Lin Hwai-min en 1973, es la compañía de danza contemporánea más reconocida de Asia, con un repertorio que funde el movimiento contemporáneo occidental con las artes marciales chinas, el tai chi y las danzas rituales indígenas. Jay Chou, el compositor y cantante más influyente de la música pop en lengua china, es también taiwanés y su influencia en la cultura popular del mundo chino es comparable a la de Michael Jackson en la cultura anglosajona.
Actividades Al Aire Libre y Naturaleza
Taiwán es un paraíso para los amantes de las actividades al aire libre. La densidad de experiencias naturales que ofrece la isla, desde las playas tropicales del sur hasta los picos nevados del interior, pasando por los manglares, los arrecifes de coral, los ríos de montaña y los bosques milenarios, es verdaderamente extraordinaria para un territorio de su tamaño.
El ciclismo es una de las actividades más populares entre los taiwaneses que buscan explorar los paisajes de su isla. La ruta costera este, que recorre la llanura del Valle del Rift este entre Hualien y Taitung, es considerada una de las rutas ciclistas más bellas del mundo, con las montañas a un lado y el Pacífico al otro. El carril bici alrededor del Lago Sol y Luna es otro de los favoritos, con una distancia manejable de 35 kilómetros y vistas constantes sobre el lago y las montañas que lo rodean.
El senderismo en el Parque Nacional Taroko ofrece desde caminatas familiares de media hora a expediciones de varios días que requieren preparación física y equipamiento adecuado. El sendero del Río Zhuilu, que discurre a más de 600 metros de altura sobre el fondo del cañón por una pared de mármol verticalmente cortada, es uno de los senderos más espectaculares de Asia pero también uno de los más expuestos y peligrosos, y requiere un permiso previo de las autoridades del parque. La ascensión a Yushan, la Montaña de Jade, es el objetivo máximo del senderismo en Taiwán. Con sus 3.952 metros de altura, el pico más alto del noreste asiático requiere dos días de caminata y la obtención previa de un permiso de acceso, pero recompensa el esfuerzo con vistas que abarcan la isla de costa a costa en los días claros.
El surf en Taiwán tiene una escena vibrante y en crecimiento rápido, con spots de calidad en Kenting al sur y en Jinzun y Dulan en la costa este. La costa este, expuesta directamente a las olas del Pacífico, recibe swells constantes durante la temporada de otoño e invierno que crean condiciones excelentes para surfistas de nivel intermedio y avanzado. El snorkel y el buceo en los arrecifes de coral de Kenting, la Isla Verde y las Islas Penghu ofrecen acceso a una biodiversidad marina extraordinaria, con corales coloridos, peces tropicales en abundancia y, en temporada, la posibilidad de nadar junto a los majestuosos tiburones ballena.
El avistamiento de ballenas desde los puertos de Hualien y Taitung es una actividad que ha ganado popularidad en los últimos años a medida que las poblaciones de cetáceos se han recuperado gracias a la prohibición de la caza. Las aguas del Pacífico frente a la costa este de Taiwán albergan poblaciones de cachalotes, ballenas jorobadas, delfines de Fraser y delfines manchados del Pacífico, entre otras especies, que los barcos de avistamiento encuentran con una regularidad sorprendente.
Las aguas termales son una institución en Taiwán, fruto de la intensa actividad volcánica y tectónica que caracteriza a la isla. Además de las ya mencionadas aguas de Beitou y Wulai, el pueblo de Jiaoxi en el condado de Yilan ofrece aguas termales de agua salada blanda que pueden tomarse en establecimientos que van desde los baños públicos más populares hasta los spas de lujo de los grandes hoteles. Zhiben, en el condado de Taitung, tiene aguas termales de agua carbónica ligeramente alcalina que son famosas por sus propiedades cosméticas y que los hoteles de la zona sirven en bañeras privadas con vistas a los bosques de montaña.
Información Práctica de Viaje
Llegar a Taiwán es relativamente sencillo desde la mayor parte del mundo. El Aeropuerto Internacional de Taoyuan, a unos 40 kilómetros al oeste de Taipéi, es el principal hub aéreo de la isla y recibe vuelos directos desde la mayor parte de las grandes ciudades de Asia, Norteamérica y, en número creciente, Europa. El Aeropuerto de Songshan, en el corazón de Taipéi, atiende principalmente vuelos domésticos y algunos vuelos regionales de corto radio. El Aeropuerto Internacional de Kaohsiung da servicio al sur de la isla con conexiones a las principales ciudades de Asia.
El Tren de Alta Velocidad de Taiwán, el HSR, conecta el aeropuerto de Taoyuan con Taipei y continúa hacia el sur pasando por Taichung, Chiayi, Tainan y terminando en Kaohsiung, cubriendo el recorrido entre las dos ciudades más grandes de la isla en tan solo 90 minutos. El HSR es una de las formas más eficientes y cómodas de moverse por el eje norte-sur de la isla, con una puntualidad y una comodidad que hacen que el viaje en sí sea parte de la experiencia. Los billetes se pueden comprar en las taquillas de las estaciones o en línea con antelación, y existen varios tipos de pases para turistas que ofrecen tarifas ventajosas para viajes múltiples.
El metro MRT de Taipéi es uno de los sistemas de transporte urbano más eficientes y cómodos de Asia. Las líneas, señalizadas con colores y con avisos en chino, inglés y japonés, cubren la mayor parte de los distritos de interés turístico de la ciudad. La EasyCard, una tarjeta sin contacto recargable que funciona en el metro, los autobuses, el YouBike (el sistema de bicicletas compartidas de la ciudad) y en muchos establecimientos comerciales, simplifica enormemente los desplazamientos dentro de la capital y merece ser una de las primeras adquisiciones del viajero que llega a Taiwán.
Los ciudadanos de la mayor parte de los países occidentales, incluidos todos los de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón, entre otros, pueden entrar a Taiwán sin visado para estancias de hasta 90 días. Esta política de visa libre es una de las más generosas de Asia y refleja la apertura de Taiwán hacia el turismo internacional.
La moneda de Taiwán es el Nuevo Dólar Taiwanés (NTD), que cotiza aproximadamente a 30 NTD por dólar americano. Los cajeros automáticos aceptan tarjetas internacionales en la mayor parte de las localidades turísticas y los establecimientos más grandes aceptan tarjetas de crédito. Sin embargo, los mercados nocturnos y los pequeños restaurantes y tiendas son frecuentemente de solo efectivo, por lo que conviene llevar siempre cierta cantidad de moneda local.
El idioma oficial de Taiwán es el chino mandarín, pero el taiwanés hokkien es ampliamente hablado en los hogares y en los contextos informales. El inglés es suficientemente hablado en los principales destinos turísticos y en Taipéi, especialmente entre las generaciones más jóvenes, pero alejarse del circuito turístico habitual puede requerir algo de comunicación no verbal o el uso de aplicaciones de traducción. Los caracteres chinos son el sistema de escritura estándar, y aunque los taiwaneses usan los caracteres tradicionales (a diferencia de los caracteres simplificados usados en China continental), el visitante no necesita saber leer chino para moverse con comodidad si cuenta con las aplicaciones adecuadas.
El número de emergencias en Taiwán es el 119 para ambulancias y bomberos y el 110 para la policía. El sistema de salud de Taiwán, que tiene uno de los mejores índices de cobertura universal del mundo, atiende también a los turistas extranjeros, aunque es recomendable contratar un seguro de viaje que cubra los gastos médicos antes de salir del país de origen.
Festivales y Eventos
El calendario festivo de Taiwán es uno de los más ricos y variados de Asia, con una mezcla de tradiciones religiosas chinas, indígenas y cívicas que garantizan que no haya época del año sin algún festival importante.
El Festival de las Linternas del Año Nuevo Lunar, que se celebra quince días después del inicio del Año Nuevo Lunar (generalmente en enero o febrero), tiene en Taiwán dos manifestaciones distintas pero igualmente espectaculares. En Pingxi, en el valle del mismo nombre al este de Taipéi, miles de personas lanzan linternas de papel escritas con sus deseos al cielo nocturno, creando uno de los espectáculos de luz más fotogénicos del mundo. En Yanshui, en el condado de Tainan, el festival adquiere una dimensión de peligro voluntario cuando cohetes lanzados manualmente crean una lluvia de chispas que los participantes, protegidos por cascos y ropa gruesa, soportan estoicamente como parte de un ritual de purificación y buena suerte.
El Año Nuevo Lunar es la festividad más importante del calendario chino y en Taiwán se celebra con una intensidad particular. Las familias se reúnen para la cena de reunificación del Año Nuevo Eve, los mercados nocturnos se llenan de gente hasta tarde en la noche, y los fuegos artificiales iluminan el cielo sobre Taipéi y otras ciudades. La Calle Dihua, en el barrio histórico de Dadaocheng en Taipéi, se transforma en el mayor mercado del Año Nuevo del país, con puestos que venden desde flores y ropa nueva hasta preparaciones culinarias especiales para las celebraciones de la festividad.
La Feria Internacional del Libro de Taipéi, que se celebra en febrero, es uno de los eventos culturales más importantes de Asia y el mayor del mundo chino, con la participación de centenares de editoriales de decenas de países y la asistencia de cientos de miles de lectores durante sus días de celebración.
El Festival del Barco del Dragón, que se celebra en el quinto mes del calendario lunar (generalmente en junio), es una de las festividades más emocionantes del año en Taiwán. Las regatas de barcas de dragón, largas y estrechas embarcaciones decoradas con cabezas de dragón y tripuladas por remeros que sincronizan sus esfuerzos al ritmo de los tambores, se celebran en ríos y bahías de toda la isla y crean una atmósfera de competición festiva y colorida que es una de las imágenes más representativas del año festivo taiwanés.
El Mes del Fantasma, que corresponde al séptimo mes del calendario lunar, es un período en el que, según la tradición popular china, las puertas del inframundo se abren y los espíritus de los muertos vagan por el mundo de los vivos. Durante este mes, los taiwaneses hacen ofrendas de comida, queman dinero de papel y realizan rituales de apaciguamiento en la puerta de sus casas y negocios. El festival de Keelung, que incluye competiciones de barcos de papel y ceremonias de liberación de linternas sobre el mar, es la celebración más elaborada del Mes del Fantasma en toda Taiwán.
Las Flores de Cerezo de Alishan y de las montañas del norte son uno de los espectáculos naturales más esperados del año, con miles de taiwaneses que planifican sus viajes con meses de antelación para coincidir con la floración, que generalmente ocurre entre febrero y marzo en las zonas de mayor altitud. El Spring Scream de Kenting, un festival de música que se celebra durante el puente de Semana Santa, fue durante muchos años el mayor festival de música independiente de Asia, con escenarios al aire libre en los que tocan bandas de rock, indie y electrónica de Taiwán y de otros países asiáticos.
Compras
Las compras en Taiwán cubren un espectro que va desde los mercados nocturnos más populares hasta los centros comerciales más sofisticados, pasando por calles especializadas, mercados artesanales y tiendas de museo.
La Plaza Digital Guanghua en Taipéi es el mayor concentrador de tiendas de electrónica y tecnología de la ciudad, con centenares de establecimientos que venden ordenadores, componentes, accesorios, videojuegos y gadgets de todo tipo a precios competitivos. Dado que Taiwán es uno de los mayores productores mundiales de tecnología, es posible encontrar aquí productos que aún no han llegado a otros mercados o que se venden a precios sustancialmente inferiores a los de occidente.
Las reproducciones de alta calidad de las piezas más famosas del Museo del Palacio Nacional, disponibles en la tienda del propio museo y en tiendas especializadas de toda la ciudad, son algunos de los souvenirs más deseados de Taiwán. Las réplicas de la Col de Jade y de la Carne de Cerdo de Piedra, disponibles en diferentes tamaños y materiales, son las favoritas de los turistas que quieren llevarse a casa un recuerdo de estas piezas icónicas.
Los pasteles de piña son el souvenir comestible por excelencia de Taiwán, y la competencia entre las diferentes marcas ha elevado la calidad de este producto a niveles de sofisticación extraordinarios. Las panaderías más famosas de Taipéi, como Sunnyhills y ChiaTe, venden sus pasteles en envases elegantes que los convierten en regalos perfectos para familiares y amigos.
El té taiwanés, especialmente el oolong Dong Ding y el oolong de alta montaña de Alishan y Li Shan, es uno de los productos de mayor calidad que se pueden adquirir en la isla. Las tiendas especializadas de la Calle Yongkang en Taipéi o los salones de té de Maokong son los mejores lugares para encontrar tés de máxima calidad con asesoramiento personalizado de los vendedores.
La artesanía indígena, que incluye las cuentas de vidrio paiwan, los tejidos geométricos atayal y bunun, las esculturas en madera de varias tradiciones y los instrumentos musicales aborígenes, es una de las categorías de souvenir más singulares que puede adquirir el viajero en Taiwán. Las tiendas del Museo Shung Ye y los mercados artesanales de las comunidades indígenas ofrecen las mejores garantías de autenticidad y de apoyo directo a los artesanos.
Los centros comerciales de alta gama de Taipéi, como Breeze Center, Sogo y Mitsukoshi, son destinos de compras en sí mismos, con una combinación de marcas internacionales de lujo, diseñadores locales taiwaneses y zonas de restauración que ofrecen algunas de las mejores experiencias gastronómicas del país bajo un mismo techo.
Turismo Responsable
El turismo responsable en Taiwán implica ser consciente del impacto que los visitantes tienen sobre los ecosistemas naturales únicos de la isla, las comunidades indígenas y el patrimonio cultural del país. Taiwán ha hecho esfuerzos significativos en los últimos años para promover un modelo de turismo más sostenible, y los viajeros que conocen y respetan estas iniciativas contribuyen a su éxito.
El turismo indígena sostenible es una prioridad para las comunidades aborígenes de Taiwán que han optado por abrir sus territorios y culturas a los visitantes. El visitante responsable es aquel que participa en los programas de turismo organizados por las propias comunidades, que paga precios justos por los servicios culturales y artesanales que consume, y que no intenta penetrar en espacios sagrados o ceremoniales sin invitación. Las organizaciones indígenas que ofrecen turismo cultural han desarrollado guías de comportamiento específicas que el visitante puede consultar antes de su visita.
La protección del arrecife de coral del Parque Nacional Kenting es una preocupación urgente dado el deterioro que han sufrido los arrecifes en las últimas décadas como consecuencia del aumento de la temperatura del mar, la contaminación y el impacto directo de los buceadores y snorkelistas. Las autoridades del parque han establecido restricciones de acceso a las zonas más sensibles y el visitante responsable sigue las indicaciones de los guías y evita tocar o pisar los corales.
La conciencia medioambiental taiwanesa es creciente y se expresa en políticas públicas que incluyen la prohibición de las bolsas de plástico de un solo uso, el desarrollo de infraestructuras de transporte público eficientes que reducen las emisiones de carbono del turismo y programas de educación ambiental en las escuelas y en los parques nacionales. El viajero puede contribuir a estas iniciativas optando por el transporte público en lugar del alquiler de coches, usando botella de agua reutilizable y siguiendo las normas de gestión de residuos de cada área visitada.
Las especies endémicas de Taiwán incluyen el oso negro formosano, el macaco formosano y el faisán Mikado, entre otras, que habitan en las áreas protegidas de la isla y cuya conservación depende en parte de que los visitantes no alteren sus hábitats ni sus comportamientos naturales. Los parques nacionales de Taroko, Yushan y Shei-Pa son los mejores lugares para observar la fauna salvaje de la isla en sus condiciones naturales, con guías especializados que conocen los hábitos de los animales y pueden llevar al visitante a los puntos de observación más adecuados sin causar perturbaciones.
Conclusión
Taiwán es un destino que supera las expectativas de casi todos los que se deciden a visitarlo. No es solo la riqueza de sus atracciones naturales, históricas y culturales lo que hace de la isla un lugar tan especial; es también la suma de sus partes, la forma en que todo encaja en un conjunto coherente y acogedor que hace que el viajero se sienta bienvenido y a gusto desde el primer momento.
La hospitalidad taiwanesa es legendaria en Asia. Los taiwaneses son amables con los extranjeros no por obligación turística sino por una disposición cultural genuina hacia el prójimo que se aprecia en los grandes gestos y en los pequeños detalles: el taxista que sale del coche para asegurarse de que el turista encuentra el hotel, el dependiente de la tienda de conveniencia que busca en Google Maps la dirección que el visitante no sabe encontrar, la vecina que detiene al extranjero desorientado en la calle y lo acompaña hasta su destino aunque no hable una palabra de su idioma.
La combinación única de modernidad y tradición, de urbanidad y naturaleza, de sofisticación tecnológica y cultura popular vibrante hace de Taiwán un destino que tiene algo que ofrecer a casi cualquier tipo de viajero. El aventurero encontrará aquí montañas para escalar y ríos para navegar. El gastrónomo descubrirá una cocina que desafía cualquier clasificación y que sorprende en cada bocado. El aficionado a la historia y la cultura tendrá museos de clase mundial, templos milenarios y comunidades indígenas de una riqueza que podría ocupar varios viajes. Y cualquiera que simplemente busque un lugar amable donde detenerse y contemplar el mundo desde una perspectiva diferente encontrará en Taiwán exactamente lo que necesita.
Taiwán, la hermosa isla de Formosa, espera al viajero con toda su diversidad y con toda su calidez. La pregunta no es si merece la pena visitarla, sino cuándo volver, porque casi nadie que llega a Taiwán por primera vez se va pensando que ha sido la última.
Itinerarios Recomendados Para Taiwán
El viaje ideal por Taiwán depende siempre del tiempo disponible y de los intereses específicos del viajero, pero existen algunos itinerarios que se han convertido en clásicos por su capacidad de mostrar la mayor diversidad posible de la isla en el menor tiempo.
Para un viaje de una semana, el itinerario más recomendable combina Taipéi con sus alrededores inmediatos durante los primeros tres días, un día en el Lago Sol y Luna como excursión desde Taichung, dos días en la Garganta de Taroko y Hualien, y el último día de vuelta a Taipéi para tomar el vuelo de regreso. Este itinerario permite al viajero experimentar la capital moderna, el paisaje lacustre y espiritual del centro de la isla y el espectáculo natural más impresionante del este, todo ello con una logística razonable gracias al tren de alta velocidad y al tren exprés de Hualien.
Para dos semanas, el itinerario se puede enriquecer añadiendo una noche en Jiufen y Yehliu al norte de Taipéi, extendiendo la visita al centro de la isla con una noche en Alishan para ver el amanecer sobre el mar de nubes, y añadiendo dos o tres días en el sur para visitar Tainan y Kaohsiung antes de llegar a Kenting. Este itinerario de dos semanas es el que permite ver lo más representativo de la isla con la profundidad suficiente como para no quedarse con la sensación de haber pasado demasiado rápido por cada lugar.
Para un mes, el viajero puede permitirse el lujo de desviarse de los circuitos más transitados y explorar los rincones más remotos: los pueblos indígenas de las montañas de Nantou, el archipiélago de Penghu, la Isla Verde y la Isla de Lanyu, el circuito ciclista de la costa este que puede completarse en tres o cuatro días, y los mercados y templos secundarios de Tainan que los visitantes con prisa no tienen tiempo de descubrir. Un mes en Taiwán es suficiente para que el viajero empiece a entender la isla más allá de las primeras impresiones y comience a descubrir las capas más profundas de su cultura y su vida cotidiana.
Alojamiento En Taiwán
La oferta de alojamiento en Taiwán cubre todos los presupuestos y estilos, desde los hoteles de lujo de cinco estrellas en el barrio de Xinyi de Taipéi hasta los hostales comunitarios de los pueblos indígenas de las montañas, pasando por los ryokan de estilo japonés con aguas termales privadas de Beitou y los modernos hoteles de diseño del barrio creativo de Kaohsiung.
Los hoteles de aguas termales son una categoría de alojamiento especialmente interesante en Taiwán. En Beitou, en Jiaoxi, en Wulai y en varias otras localidades termales de la isla, existen hoteles donde cada habitación dispone de su propia bañera o piscina de agua termal con acceso directo desde el manantial natural. Pasar la noche en uno de estos establecimientos, donde puede tomarse un baño termal a cualquier hora sin salir del cuarto, es una experiencia que combina el lujo y el confort moderno con la tradición milenaria de las aguas curativas.
Los guesthouses tradicionales, llamados minsu en taiwanés, son una alternativa popular a los hoteles convencionales, especialmente en los pueblos turísticos como Jiufen, Wulai y las aldeas de la costa este. Estas pequeñas posadas familiares ofrecen habitaciones sencillas pero cuidadas, desayuno tradicional taiwanés incluido y el valor inestimable del contacto personal con los propietarios, que son generalmente una fuente inagotable de información local sobre restaurantes, senderos y lugares de interés que no aparecen en las guías convencionales.
Los hoteles de diseño de Taipéi son otro fenómeno digno de mención. La capital taiwanesa ha vivido en los últimos años un florecimiento extraordinario de establecimientos de alojamiento que combinan la funcionalidad más moderna con un diseño que refleja la creatividad y la identidad cultural de la isla. Algunos de estos hoteles, ubicados en edificios históricos restaurados del barrio de Dadaocheng o en edificios modernos del barrio creativo de Songshan Cultural and Creative Park, son en sí mismos destinos culturales que merecen la visita aunque no se aloje en ellos.
Los Mercados de Arte y la Escena Creativa de Taiwán
Taiwán tiene una escena artística y creativa que a menudo sorprende a los visitantes que no esperaban encontrar tanta vitalidad cultural en un país más conocido por su industria tecnológica. La inversión del gobierno en la creación de parques creativos en espacios industriales reconvertidos ha generado ecosistemas de arte, diseño y emprendimiento cultural en todas las grandes ciudades de la isla.
El Songshan Cultural and Creative Park de Taipéi, instalado en los antiguos edificios de una tabacalera japonesa del siglo XX, es uno de los mejores ejemplos de esta reconversión cultural. El parque alberga estudios de diseño, galerías de arte, tiendas de productos locales, restaurantes de autor y espacios de espectáculo en un ambiente que combina la arquitectura industrial histórica con intervenciones de diseño contemporáneo. Los mercados de diseñadores independientes que se celebran regularmente en el parque son una oportunidad excelente para conocer y adquirir directamente el trabajo de los diseñadores taiwaneses emergentes.
El distrito creativo de Pier-2 en Kaohsiung, mencionado anteriormente, es otro ejemplo exitoso de reconversión de un espacio industrial en hub cultural, con una programación de exposiciones, festivales y eventos que lo mantiene activo durante todo el año. El Edificio Rojo de Ximending en Taipéi, un mercado de diseñadores gay-friendly construido originalmente en 1908 como primer mercado público de Taipéi durante la administración japonesa, es otro espacio creativo que combina historia, cultura LGBTQ y comercio de diseño en un edificio de valor patrimonial indiscutible.
La tradición artesanal de Taiwán tiene en la fabricación de linternas de Yilan, los paraguas de papel de aceite de Meinong y la alfarería de Yingge sus expresiones más populares y accesibles para los visitantes. El Distrito de Cerámica de Yingge, a las afueras de Taipéi, es una parada obligada para los amantes de la alfarería, con decenas de talleres y tiendas que venden desde reproducciones de la porcelana clásica china hasta cerámica de diseño contemporáneo de los artistas locales.
El Sistema de Transporte Público de Taiwán
El sistema de transporte público de Taiwán es uno de los aspectos más impresionantes del país para los viajeros que llegan de contextos donde la infraestructura de transporte es más modesta. La integración entre los diferentes medios de transporte, la limpieza y el mantenimiento de las instalaciones y la accesibilidad para personas con movilidad reducida son aspectos que Taiwán ha desarrollado con un cuidado que va más allá de lo estrictamente funcional.
El metro de Taipéi, inaugurado en 1996 y ampliado continuamente desde entonces, tiene actualmente más de 130 estaciones en seis líneas que cubren no solo la ciudad de Taipéi sino también el municipio de New Taipei y el aeropuerto de Taoyuan. El sistema de cobro con la EasyCard, que permite hacer transbordo entre líneas con un único descuento, es un ejemplo de integración tarifaria que simplifica enormemente la experiencia del usuario.
El sistema de tren convencional, gestionado por la Taiwan Railways Administration, conecta prácticamente toda la costa de la isla con frecuencias elevadas y precios asequibles. La línea de la costa este, que recorre los acantilados y playas del Pacífico entre Hualien y Taitung, es una de las rutas ferroviarias más hermosas de Asia, con vistas constantes al mar desde las ventanas del tren.
Los autobuses interurbanos completan la cobertura del transporte público hacia los destinos que el tren no alcanza directamente, incluidos muchos de los parques nacionales y pueblos rurales más visitados. Las compañías de autobús de larga distancia tienen terminales modernas con servicio de información en inglés en las principales ciudades y operan frecuencias regulares durante todo el día.
Taiwán y la Gastronomía Callejera Profunda
Más allá de los platos más famosos que aparecen en todas las guías, la gastronomía callejera de Taiwán tiene una profundidad y una diversidad que requiere varias visitas para empezar a comprenderse. Cada ciudad, cada pueblo y cada mercado nocturno tiene sus especialidades locales que no se encuentran exactamente iguales en ningún otro lugar.
El dan bing, o crepe de huevo, es el desayuno más típico de las mañanas taiwanesas. Este rollito de masa fina con huevo batido y cebolleta, preparado en la plancha con una habilidad que hace que parezca sencillo pero que requiere años de práctica, se sirve con salsa de soja dulce y es la primera comida del día para millones de taiwaneses. Los puestos de dan bing abren al amanecer y cierran cuando se acaba la masa, generalmente antes del mediodía.
El baobing o hielo afeitado es el postre que define el verano taiwanés. La máquina de hielo afeitado produce capas finísimas de hielo que se acumulan en el cuenco como pétalos de flor, y sobre las que se disponen los toppings más diversos: judías rojas azucaradas, taro cocinado, jaleas de colores, fruta fresca, leche condensada y los famosos bolitas de taro. El mango shaved ice de Tainan, con mango fresco de temporada, helado de mango y leche condensada, es considerado la versión de lujo de este postre y merece hacer cola si es temporada.
El dou hua o pudding de tofu es otro clásico de la cocina dulce taiwanesa, una preparación de textura suavísima que se sirve caliente en invierno o fría en verano, acompañada de jarabe de jengibre, cacahuetes cocidos, bolitas de taro o frijoles. La ligereza y la delicadeza del sabor del tofu dulce hacen de este postre uno de los más refrescantes y digestivos del extenso catálogo de dulces taiwaneses.
El pollo a las tres tazas, o sān bēi jī, es uno de los platos más populares de la cocina familiar taiwanesa. El nombre se refiere a las tres tazas que componen la salsa: una de aceite de sésamo, una de salsa de soja y una de vino de arroz, a las que se añade una generosa cantidad de ajo y albahaca fresca. El pollo se cocina en esta mezcla hasta que la salsa se carameliza y queda prácticamente seca, cubriéndola de un barniz brillante y aromático que es imposible de resistir. Los restos de salsa que quedan en el cuenco merecen ser absorvidos con arroz blanco hasta la última gota.
Las tartaletas de huevo de estilo taiwanés, influidas por las versiones portuguesa y cantonesa pero con un toque propio, son uno de los pastelitos más populares de las panaderías y de los puestos de comida de los mercados nocturnos. La masa quebrada crujiente contrasta deliciosamente con el relleno de crema de huevo suave y apenas dulce, y la versión que se vende recién salida del horno es una de esas experiencias gastronómicas que compensan con creces cualquier desvío del itinerario.
Los dumplings, o jiaozi, tienen en Taiwán una tradición que refleja la influencia de los inmigrantes del norte de China que llegaron con el gobierno de Chiang Kai-shek en 1949. La Calle Yongkang de Taipéi, famosa por sus restaurantes de dumplings, atrae a colas de admiradores de Din Tai Fung, la cadena que comenzó como un restaurante familiar en este barrio y se ha convertido en una marca gastronómica de reconocimiento mundial gracias a la perfección técnica de sus xiaolongbao, los delicados bollos al vapor rellenos de caldo y carne de cerdo que se han convertido en el manjar más buscado de la cocina china en todo el mundo.
Seguridad y Salud En Taiwán
Taiwán es uno de los países más seguros del mundo para viajar. La tasa de criminalidad violenta es extremadamente baja y los viajeros extranjeros raramente tienen problemas de seguridad personal. Los principales riesgos para los visitantes son de naturaleza natural: los tifones, que pueden afectar la isla entre julio y octubre, y los terremotos, que son frecuentes aunque la mayoría son de baja intensidad.
En caso de tifón, las autoridades emiten alertas con varios días de antelación y es recomendable seguir las instrucciones oficiales, que incluyen habitualmente el cierre de los parques nacionales y la cancelación de las actividades al aire libre. Los hoteles y los medios de transporte tienen protocolos establecidos para este tipo de situaciones y es habitual que los vuelos se cancelen o se retrasen cuando un tifón se aproxima a la isla.
El agua del grifo en Taiwán es técnicamente potable pero tiene un sabor a cloro que muchos viajeros encuentran desagradable. El uso de botella de agua reutilizable que puede rellenarse en los dispensadores de agua fría que están instalados en los hoteles, en muchas tiendas de conveniencia y en los espacios públicos es la opción más práctica y sostenible. Las enfermedades relacionadas con el agua o los alimentos son raras en Taiwán gracias a los altos estándares de higiene de su industria alimentaria.
Las tiendas de conveniencia 7-Eleven, FamilyMart y OK Mart son omnipresentes en toda Taiwán, abiertas las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año, y ofrecen una variedad sorprendente de servicios más allá de la venta de alimentos: cajeros automáticos, envío de paquetes, pago de facturas, impresión de documentos, y una selección de comida preparada que puede salvar al viajero en cualquier hora de la noche cuando los mercados nocturnos ya han cerrado.

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