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Guía de Viaje a Rusia

Guía de Viaje a Rusia

Velocidad

Introducción

Rusia es la nación más grande del mundo, un territorio colosal que se extiende por más de diecisiete millones de kilómetros cuadrados, abarcando once husos horarios y dos continentes. Desde las doradas cúpulas de sus catedrales ortodoxas hasta la inmensidad helada de sus estepas siberianas, Rusia ofrece al viajero una experiencia única, profunda y a menudo transformadora. Pocos países en la Tierra pueden rivalizar con la densidad histórica, la grandiosidad arquitectónica y la diversidad paisajística que caracterizan a esta nación.

Viajar a Rusia es adentrarse en una civilización con más de mil años de historia documentada, una civilización que ha generado algunas de las obras literarias más grandes jamás escritas, que ha producido música de valor eterno, que ha levantado palacios de incomparable suntuosidad y que ha forjado su identidad entre el fuego de guerras épicas y revoluciones que cambiaron el rumbo del mundo. Es también sumergirse en una cultura cotidiana rica en tradiciones, hospitalidad y una profunda conexión con el territorio.

El país es, al mismo tiempo, Europa y Asia, taiga y desierto, cosmopolitismo sofisticado y aldeas donde el tiempo parece haberse detenido. Sus dos grandes metrópolis, Moscú y San Petersburgo, ofrecen museos entre los mejores del planeta, teatros de ópera y ballet de renombre mundial, gastronomía sofisticada y una vida nocturna vibrante. Pero más allá de estas capitales de la cultura, Rusia guarda tesoros de difícil acceso que recompensan generosamente al viajero aventurero: el lago Baikal, maravilla natural de dimensiones astronómicas; los volcanes en erupción de Kamchatka; las auroras boreales que danzan sobre Múrmansk; las ciudades medievales del Anillo de Oro, donde los monasterios y kremlines cuentan la historia de la Rus originaria.

Esta guía ha sido concebida para acompañar al viajero hispanohablante en cada etapa de su exploración de Rusia. Cubre los grandes monumentos de fama universal junto con destinos menos conocidos pero igualmente fascinantes, ofrece información práctica actualizada sobre visados y transporte, y proporciona el contexto histórico y cultural necesario para comprender en profundidad lo que se ve. Porque Rusia no se limita a ser visitada: debe ser comprendida, sentida y respetada en toda su complejidad.

Geografía y Clima

La geografía de Rusia es, en sí misma, uno de los hechos más extraordinarios de la geografía del planeta. Con una superficie de aproximadamente 17,1 millones de kilómetros cuadrados, equivale a casi el doble de la superficie de Australia, casi dos veces la extensión de los Estados Unidos y Canadá combinados, y aproximadamente un octavo de la superficie terrestre total de la Tierra. Sus fronteras tocan las de catorce países, sus costas bañan tres océanos, y su territorio contiene algunos de los ecosistemas más extremos y mejor preservados del mundo.

El país se divide naturalmente en varias grandes regiones geográficas. Al oeste de los Montes Urales se extiende la Gran Llanura Europea, una de las mayores llanuras del mundo, donde se concentran la mayor parte de la población y las principales ciudades. Los Urales, que apenas superan los mil ochocientos metros de altura en sus puntos más elevados, constituyen el límite convencional entre Europa y Asia. Al este de los Urales comienza Siberia, un territorio vasto casi más allá de toda comprensión, que abarca bosques boreales interminables, pantanos enormes y tundra ártica. En el extremo sureste, la región del Lejano Oriente conecta con el Pacífico, mientras que el Cáucaso del Norte alberga los picos más altos del continente europeo.

Los principales ríos de Rusia figuran entre los más largos del mundo. El Volga, el gran río de la Rusia europea, fluye durante más de tres mil seiscientos kilómetros desde el norte hasta el mar Caspio, y ha sido durante siglos la arteria vital de la nación. El Lena, el Obi y el Yeniséi, todos en Siberia, están entre los veinte ríos más largos del planeta. El lago Baikal, en el sur de Siberia, es el más profundo del mundo, con una profundidad máxima de mil seiscientos cuarenta y dos metros, y contiene aproximadamente el veinte por ciento de toda el agua dulce superficial del planeta, más que todos los Grandes Lagos de América del Norte juntos.

El clima ruso es tan variado como su geografía. En términos generales, Rusia tiene un clima continental, marcado por inviernos largos y fríos y veranos cortos y relativamente cálidos, pero las variaciones regionales son extremas. Moscú experimenta temperaturas que pueden bajar hasta menos quince o menos veinte grados centígrados en enero, con nevadas abundantes y días muy cortos. San Petersburgo, en el extremo norte, disfruta del fenómeno de las Noches Blancas en junio y julio, cuando el sol apenas se pone y la ciudad permanece iluminada por una luz dorada casi toda la noche. En el interior de Siberia, la ciudad de Yakutsk registra temperaturas de hasta menos sesenta grados centígrados en invierno, lo que la convierte en la ciudad más fría del mundo. En contraste, la costa del Mar Negro en Sochi tiene un clima subtropical, con veranos cálidos y húmedos e inviernos suaves.

La temporada alta turística es el verano, de junio a agosto, cuando las temperaturas son agradables en la mayor parte del país y los días son largos. La primavera, de abril a mayo, y el otoño, de septiembre a octubre, son también épocas atractivas, con menos turistas y paisajes hermosos. El invierno, aunque frío y oscuro, tiene un encanto propio: los templos y palacios cubiertos de nieve tienen una belleza particular, y muchas actividades invernales únicas son posibles solo en esa estación.

Moscú — La Capital

Moscú es una ciudad que exige al viajero una preparación mental especial. No es solo la capital de Rusia, sino el centro de un país-continente, una megalópolis de más de doce millones de habitantes que despliega ante el visitante una acumulación de historia, arte, arquitectura y energía urbana de difícil parangón. Las distancias son enormes, los contrastes son extremos, la escala de todo es descomunal, y sin embargo, en medio de esa magnitud, emergen joyas de una belleza refinada que roban el aliento.

La Plaza Roja es el corazón simbólico de Rusia y uno de los espacios urbanos más célebres del mundo, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO junto con el Kremlin en 1990. Este vasto rectángulo empedrado, de unos setecientos metros de longitud, está enmarcado por edificios de una potencia visual extraordinaria. Al oeste se alza el muro del Kremlin, coronado de almenas y torres, con sus campanas que marcan el paso del tiempo. Al este se extiende la fachada de GUM, las Galerías Comerciales del Estado, un ejemplo espléndido de la arquitectura comercial del siglo XIX con su estructura de hierro y cristal que hoy alberga boutiques de lujo. Al sur, la Catedral de San Basilio proyecta hacia el cielo sus cúpulas multicolores de cebolla, una de las siluetas más reconocibles del mundo. Al norte se encuentra el edificio del Museo Histórico Estatal, de ladrillo rojo oscuro, que cierra la plaza con su mole imponente. Y entre la catedral y el Kremlin se halla el Mausoleo de Lenin, de granito rojo y negro, donde descansa embalsamado el fundador de la Unión Soviética.

El Kremlin es mucho más que una fortaleza: es una ciudad dentro de la ciudad, un recinto amurallado de veintisiete hectáreas que contiene palacios, catedrales, arsenales y museos que resumen siglos de historia rusa. El Palacio del Gran Kremlin, construido entre 1838 y 1849 bajo el zar Nicolás I, tiene una fachada de más de ciento veinte metros de longitud y alberga salones de estado de suntuosidad apabullante, con parqués de maderas preciosas, bóvedas decoradas con pan de oro y arañas de cristal de Bohemia que pesan toneladas. La Armería del Kremlin es quizás el museo de artes decorativas más extraordinario de Rusia: guarda la colección de carrozas reales, trajes de coronación, platería y joyas acumuladas por los zares durante siglos. Allí se pueden contemplar el trono del zar Borís Godunov, los cascos y armaduras de guerreros medievales rusos, vajillas de oro macizo regaladas por monarcas europeos, y la deslumbrante corona imperial que brilló en todas las coronaciones rusas desde el siglo XVII. El Fondo de Diamantes, accesible desde la Armería, expone el Orlov, un diamante de 189,6 quilates que figura entre las joyas de la corona rusa, junto con otras piedras preciosas de valor inestimable.

Las catedrales del interior del Kremlin forman un conjunto de arquitectura medieval rusa de primer orden. La Catedral de la Asunción, consagrada en 1479 y diseñada por el arquitecto italiano Aristóteles Fioravanti, fue durante siglos el lugar de coronación de los zares y el centro espiritual del país. Sus frescos del siglo XVI cubren cada centímetro de las paredes interiores. La Catedral del Arcángel Miguel, terminada en 1508, es el panteón de los grandes príncipes y zares de Moscú: aquí reposan los restos de Iván el Terrible y sus hijos. La Catedral de la Anunciación, la capilla privada de la familia imperial, muestra iconos atribuidos a Andréi Rublev y a Teófanes el Griego, dos de los más grandes pintores de iconos de la historia ortodoxa.

La Catedral de San Basilio, técnicamente llamada Catedral de la Intercesión sobre el Foso, fue construida entre 1555 y 1561 por orden de Iván el Terrible para celebrar la conquista del kanato de Kazán. Según la leyenda, el zar ordenó cegar a sus arquitectos, Postnik Yákovlev y Barma, para que no pudieran construir nada igual de hermoso para ningún otro monarca. La catedral es en realidad un conjunto de nueve iglesias unidas bajo un mismo techo, cada una con su cúpula de forma y color distintos. Las ocho cúpulas exteriores rodean una torre central más alta, y el conjunto forma una composición asimétrica de una originalidad abrumadora. Los colores y formas que se ven hoy son en gran parte el resultado de restauraciones sucesivas, pero la esencia del diseño original permanece intacta y sigue siendo uno de los edificios más extraordinarios de cualquier civilización.

El Mausoleo de Lenin, inaugurado en su forma actual en 1930, es uno de los lugares más singulares de Moscú. El cuerpo embalsamado de Vladimir Ilich Lenin yace dentro de un sarcófago de cristal, iluminado por una luz suave, en un estado de conservación que ha requerido durante décadas el trabajo constante de un equipo de científicos especializados. La visita, gratuita, es un rito cultural que realizan desde turistas curiosos hasta ciudadanos rusos nostálgicos de la era soviética. Frente al mausoleo, en el muro del Kremlin, se encuentran sepultados muchos de los grandes líderes soviéticos, incluido Iósif Stalin.

GUM, las Galería Universales del Estado que dan al lado este de la Plaza Roja, son el establecimiento comercial más emblemático de Rusia. Construidas entre 1890 y 1893 con una hermosa estructura de hierro fundido y cristal que deja entrar la luz natural, GUM era el gran almacén del pueblo soviético, y hoy alberga las tiendas de las marcas más lujosas del mundo. Pero el edificio en sí, con sus tres galerías paralelas unidas por pasarelas y coronadas por una bóveda de cristal, merece una visita aunque no se tenga intención de comprar nada. En invierno, en el centro de la galería principal se monta una pista de patinaje sobre hielo que es una de las más populares y fotografiadas de Moscú.

El Teatro Bolshói, cuyo nombre en ruso significa simplemente "Grande", es la institución más representativa de la cultura rusa en el mundo. Fundado en 1776 y reconstruido en su forma actual en 1825, el edificio neoclásico con su pórtico de ocho columnas y el cuadro de Apolo guiando una cuadriga de caballos sobre el frontón es uno de los iconos visuales de Moscú. Después de una renovación monumental que duró desde 2005 hasta 2011, el teatro ha recuperado la perfección acústica y el esplendor decorativo de su época de oro. Ver una producción de ballet o ópera en el Bolshói es una experiencia que trasciende el mero espectáculo: es entrar en contacto con uno de los núcleos más poderosos de la alta cultura del siglo XIX y XX.

La Galería Tretyakov, fundada en 1856 por el coleccionista Pavel Tretyakov y donada a la ciudad de Moscú en 1892, es el museo más importante del arte ruso de todos los tiempos. Su colección abarca desde los primeros iconos medievales hasta las vanguardias del siglo XX, con una representación incomparable de la pintura realista rusa del siglo XIX. Los cuadros de Iliá Repin, como los Bateleros del Volga o Iván el Terrible y su hijo Iván, impresionan por su dramatismo y su maestría técnica. Los paisajes de Iván Shishkin, las escenas de la vida cotidiana de Vasili Vereshchagin, los retratos psicológicos de Valentín Serov, y la atmósfera mágica de Mijaíl Vrúbel componen un recorrido por la conciencia artística de una nación entera. No debe perderse la sala de iconos, donde obras maestras como la Trinidad de Andréi Rublev demuestran hasta qué punto el arte religioso medieval ruso alcanzó cimas de perfección espiritual y estética.

El Museo Pushkin de Bellas Artes, ubicado en el barrio de Prechistenka, no tiene relación directa con el poeta, sino que debe su nombre al escritor como homenaje a la cultura. Es el segundo museo de arte europeo más importante de Rusia, con una colección que incluye obras originales de artistas occidentales desde el Renacimiento hasta el siglo XX, así como una notable colección de impresionistas y postimpresionistas franceses: Monet, Renoir, Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Matisse están representados aquí con piezas de primera categoría. El museo organiza además algunas de las exposiciones temporales más ambiciosas de Moscú.

VDNKH, la Exposición de los Logros de la Economía Nacional, es uno de los lugares más únicos y curiosos de Moscú. Creado en 1939 como escaparate de las realizaciones del régimen soviético, el complejo cubre una extensión de más de doscientas hectáreas y contiene más de doscientos pabellones en estilos tan variados como el neoclásico estalinista, el modernismo centroasiático y el funcionalismo soviético. La fontana principal, la Fuente de la Amistad de los Pueblos, es un conjunto dorado de dieciséis figuras femeninas que representan las repúblicas de la URSS, rodeando surtidores de agua iluminados de noche con luces multicolores. A la entrada del recinto se eleva el monumento Obrero y Koljosiana, una estatua de acero inoxidable de veinticuatro metros de altura que representa a un obrero y una campesina levantando juntos un martillo y una hoz, obra de la escultora Vera Mújina y símbolo indeleble del arte soviético. Hoy, VDNKH es también sede del Cosmosdromo, un parque con réplicas de cohetes espaciales y cápsulas de la era soviética, y del Museo Memorial del Cosmos.

El metro de Moscú, inaugurado en 1935, es por sí mismo uno de los atractivos turísticos más notables de la ciudad. Construido durante la era estalinista con la consigna de crear "palacios para el pueblo", sus estaciones más antiguas son obras de arte subterráneas de un lujo asombroso. La estación de Komsomólskaya, inaugurada en 1952, tiene bóvedas amarillas decoradas con mosaicos que narran escenas de la historia de Rusia. Mayákovskaya, ganadora del Gran Premio de la Exposición Universal de Nueva York en 1939, combina el acero y el mármol en un diseño art déco puro. Ploschad Revoliutsii muestra ochenta y cuatro esculturas de bronce en las que se encarnan los diferentes trabajadores soviéticos, muchas de ellas tocadas por los viajeros a diario, pues acariciar la nariz del perro del soldado se ha convertido en una tradición supersticiosa. Novoslobódskaya deslumbra con sus vitrales multicolores iluminados desde detrás. El metro moscovita transporta hoy a millones de personas diariamente y sigue siendo el más usado de Europa.

El Parque Gorki, el parque central de Moscú, se extiende a lo largo de la orilla del río Moscova y ha sido sometido a una espectacular renovación en la última década que lo ha convertido en uno de los parques urbanos más modernos y dinámicos de Europa. El antiguo parque de atracciones de la era soviética ha cedido el paso a espacios verdes bien cuidados, zonas de actividad física, cafeterías y restaurantes, pistas de tenis y áreas para el skateboard. En invierno, las avenidas del parque se cubren de nieve y se habilitan pistas de patinaje en sus estanques. El Parque Gorki conecta con el Parque Neskúchni, más tranquilo y natural, y con el espectacular Centro de Artes Contemporáneas Garage, uno de los más importantes de Rusia.

La Calle Arbat, peatonal y con siglos de historia como barrio de intelectuales y artistas, es el lugar más pintoresco de Moscú para pasear. Aquí vivió el poeta Alexander Pushkin en los primeros meses después de su boda, y su apartamento es hoy un museo. A lo largo de sus más de ochocientos metros de longitud, el Arbat Viejo está flanqueado por casas señoriales del siglo XIX, tiendas de souvenirs, artistas callejeros, músicos y restaurantes que ofrecen desde comida tradicional rusa hasta cocina del mundo. La calle es también el punto de partida del llamado Arbat Viejo, que se contrapone con el Arbat Nuevo, una gran avenida del siglo XX que transcurre paralela con sus bloques de apartamentos altos y sus enormes rotules de neón.

La Catedral de Cristo Salvador, la más grande de Rusia, tiene una historia extraordinariamente dramática. Construida entre 1839 y 1882 para celebrar la victoria sobre Napoleón, fue demolida en 1931 por orden de Stalin para construir en su lugar el Palacio de los Soviets, un rascacielos colosal que debía ser el edificio más alto del mundo y coronarse con una estatua de Lenin. El proyecto nunca se concretó, y durante décadas el terreno quedó ocupado por una piscina al aire libre. En 1990 comenzó la reconstrucción, y en 1997 la catedral fue reinaugurada. Hoy, su cúpula dorada de ciento tres metros de altura es uno de los puntos de referencia más visibles del paisaje moscovita, y el interior del templo impresiona por sus dimensiones y por su programa decorativo de pinturas y mosaicos.

El Convento de Novodévichi, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2004, es un conjunto monástico del siglo XVI que constituye uno de los complejos arquitectónicos históricos mejor preservados de Moscú. Situado en un meandro del río Moscova, el convento fue fundado en 1524 y sirvió a lo largo de los siglos como retiro para mujeres de la familia real y la nobleza. Sus murallas y torres de ladrillo rojo, sus cúpulas doradas y sus campanarios del siglo XVII crean un perfil arquitectónico de gran armonía. En el cementerio contiguo al convento reposan algunos de los rusos más ilustres de los últimos dos siglos: los escritores Chéjov, Gógol y Bulgakov; el compositor Shostakóvich; los políticos Jrushchov, Yeltsin y Molotov.

Las Colinas de los Gorriones son el mirador natural por excelencia de Moscú. Desde esta terraza elevada sobre el río Moscova, se domina una panorámica de la ciudad que abarca desde el estadio Olímpico de Luzhnikí hasta los rascacielos de la Ciudad de Moscú, con el Kremlin y el río en el medio. Frente al mirador se alza el edificio principal de la Universidad Estatal de Moscú, uno de los siete "rascacielos de Stalin" que caracterizan el perfil del centro histórico, con su enorme aguja coronada por una estrella dorada.

La Ciudad de Moscú, el distrito financiero ultramoderno levantado desde los años noventa en el oeste de la capital, ofrece uno de los contrastes más llamativos que puede experimentar un viajero en la ciudad. Sus torres de cristal y acero, que rivalizan con los perfiles de Manhattan o Dubái, son la imagen del capitalismo ruso del siglo XXI y albergan bancos, corporaciones, hoteles de cinco estrellas y apartamentos de precio astronómico. La torre más alta, la Torre Federación, alcanza los 374 metros y es la más alta de Europa.

Los cruceros por el río Moscova son una forma excelente de ver la ciudad desde una perspectiva inusual. Las embarcaciones de pasajeros operan desde la primavera hasta el otoño y permiten contemplar los monumentos de las orillas, desde el Kremlin hasta el Puente Patriarsi, pasando por los parques ribereños y los puentes históricos. De noche, cuando la ciudad se ilumina, el paseo en barco adquiere una dimensión casi mágica.

La vida nocturna de Moscú es frenética y sofisticada. La ciudad tiene algunos de los clubes nocturnos más elegantes y exclusivos de Europa, una escena de restaurantes de alta cocina extraordinariamente variada y activa, y salas de conciertos que reciben a los mejores intérpretes del mundo. El Café Pushkin, en la Calle Tverskaya, es un símbolo de la elegancia moscovita contemporánea, con su decoración que evoca el ambiente de un café del siglo XIX y su cocina rusa e internacional de alta calidad.

San Petersburgo

Si Moscú es el corazón pulsante de Rusia, San Petersburgo es su alma soñadora. Fundada en 1703 por Pedro el Grande a orillas del río Nevá, en los pantanos del delta del río que desemboca en el Golfo de Finlandia, esta ciudad fue concebida desde el principio como la "ventana de Rusia hacia Europa", un proyecto de modernización forzada que debía colocar al país a la altura de las potencias occidentales. Para construirla, el zar hizo venir a miles de artistas, arquitectos e ingenieros de Italia, Francia, Holanda y Alemania, y el resultado fue una ciudad que, en lugar de crecer orgánicamente como Moscú, fue diseñada con rigor urbanístico, con palacios y canales y perspectivas monumentales, como un sueño europeo materializado en el extremo norte del continente.

El Centro Histórico de San Petersburgo, junto con sus conjuntos monumentales relacionados, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1990. La ciudad es un museo a cielo abierto de arquitectura barroca, neoclásica y ecléctica, con más de dos mil monumentos y edificios históricos de interés y una colección de museos que no tiene parangón en el mundo.

El Palacio de Invierno, terminado en 1762 por la emperatriz Isabel I según diseño del arquitecto italiano Bartolomeo Francesco Rastrelli, es el edificio más emblemático de San Petersburgo y uno de los palacios más impresionantes del mundo. Con su fachada de más de doscientos treinta metros de longitud, pintada en el inconfundible verde aguamarina y blanco que caracteriza el estilo barroco russo-italiano de Rastrelli, el palacio mira al río Nevá y domina la Plaza del Palacio, uno de los espacios urbanos más grandiosos de Europa. En su interior, el Museo Hermitage, que ocupa también los cuatro edificios adyacentes al Palacio de Invierno, es uno de los tres mayores museos del mundo y la pinacoteca de arte europeo más importante fuera de Europa occidental.

La colección del Hermitage contiene más de tres millones de obras de arte y objetos de valor histórico, de los que en cada momento se exponen alrededor de setenta mil en sus trescientas cuarenta y cinco salas. La pintura italiana del Renacimiento está representada con obras de Leonardo da Vinci, Rafael, Tiziano, Caravaggio y Tintoretto. La pintura española cuenta con El Greco, Velázquez y Goya. La colección holandesa y flamenca incluye obras de Rembrandt, Rubens y Van Dyck. La pintura francesa de los siglos XVII al XIX está representada con Poussin, Claude Lorrain, Delacroix y Courbet. Pero quizás los tesoros más preciados del Hermitage para el visitante de hoy sean los salones de los impresionistas y postimpresionistas, donde Monet, Renoir, Degas, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Matisse y Picasso compiten en esplendor en salas de una riqueza decorativa abrumadora. Los famosos Matisse de la colección Shtchúkin, incluyendo La danza y La música, son obras que cambian para siempre la percepción del arte moderno.

Más allá de las pinturas, el Hermitage es también un palacio: sus interiores fueron decorados por los mejores artesanos del mundo para servir de residencia a los zares rusos. La Sala del Trono de San Jorge, con su mosaico de mármoles de colores y su trono imperial bajo el dosel de terciopelo carmesí, es una de las manifestaciones más puras del poder absoluto en la historia del arte. La Gran Escalera de la Embajada, con sus mármoles de colores, sus columnas de granito y sus esculturas doradas, es un preludio de una magnificencia difícil de asimilar de golpe. La Sala Dorada del Consejo de Estado es un espacio de proporciones colosales cubierto con pan de oro desde el suelo hasta la cúpula.

Peterhof, conocida como el Versalles ruso, es una de las residencias imperiales más deslumbrantes de Europa, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1990. Situada a treinta kilómetros al oeste de San Petersburgo, a orillas del Golfo de Finlandia, fue construida por orden de Pedro el Grande a principios del siglo XVIII para celebrar las victorias rusas en la Guerra del Norte y para demostrar que Rusia era capaz de superar en esplendor a las cortes de Europa occidental. El parque inferior, que desciende en terrazas desde el Gran Palacio hasta el mar, está dominado por el sistema de fuentes más grande del mundo: más de ciento cincuenta fuentes, sin bombas mecánicas, alimentadas únicamente por la presión natural del agua procedente de estanques situados a mayor altitud. La Gran Cascada, una escalinata de oro entre cuyas aguas emerge el Sansón que abre las fauces del León, es la fuente más famosa del sistema y uno de los conjuntos escultórico-hidráulicos más impresionantes del mundo.

Tsárskoye Seló, a veinticinco kilómetros al sur de San Petersburgo, contiene el Palacio de Catalina, otro de los grandes palacios imperiales rusos, también inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. El palacio fue construido bajo la emperatriz Catalina I y ampliado y transformado sucesivamente hasta adquirir su aspecto actual de magnificencia barroca bajo la dirección de Rastrelli. Su fachada azul celeste y blanca se extiende durante más de trescientos metros. El interior fue decorado con un lujo que superaba cualquier precedente: una enfilada de salones con paredes cubiertas de telas de seda, espejos, porcelanas chinas y dorados que parecen multiplicarse hasta el infinito. El punto culminante de la decoración interior era la legendaria Cámara de Ámbar, una sala completamente revestida de paneles de ámbar del Báltico, piedras semipreciosas y espejos, que había sido regalada al zar Pedro el Grande por el rey Federico I de Prusia y que fue desmontada y robada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Los paneles desaparecieron y nunca fueron recuperados; la sala fue reconstruida meticulosamente entre 1979 y 2003 y reinaugurada para el tricentenario de San Petersburgo.

El Palacio de Pavlovsk, situado a pocos kilómetros de Tsárskoye Seló, ofrece un contraste elegante con el barroco exuberante del Palacio de Catalina. Construido en estilo neoclásico en el último cuarto del siglo XVIII para el gran duque Pablo, heredero al trono, el palacio tiene una belleza más contenida y armoniosa que sus vecinos imperiales. El parque que lo rodea, con sus prados, sus templetes y sus puentes sobre el río Slavyanka, es considerado uno de los más hermosos de Europa y representa una visión romántica de la naturaleza que contrasta con la geometría rigurosa de los jardines de Peterhof.

La Catedral de San Isaac es el edificio más grande de San Petersburgo y una de las iglesias más grandes del mundo. Construida entre 1818 y 1858, su cúpula dorada de más de cien metros de altura domina el horizonte de la ciudad desde cualquier punto. El interior del templo, que puede albergar a catorce mil personas, está decorado con ciento twelve columnas de malachita verde, pilastras de lapislázuli azul, mosaicos monumentales que representan escenas bíblicas, y pinturas de los grandes artistas académicos rusos del siglo XIX. Subir a la columnata que rodea la cúpula exterior ofrece una de las mejores panorámicas de San Petersburgo.

La Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada es quizás el edificio más llamativo de San Petersburgo, un estallido de colores y formas que parece sacado de un cuento de hadas. Construida entre 1883 y 1907 en el lugar exacto donde el zar Alejandro II fue asesinado en 1881 por un atentado terrorista, la iglesia fue concebida en el estilo de los templos medievales rusos, en deliberado contraste con la arquitectura neoclásica y barroca que predomina en la ciudad. Sus cinco cúpulas multicolores, cubiertas de esmalte brillante, remedan las de la Catedral de San Basilio de Moscú pero con una paleta de colores más viva y elaborada. El interior está completamente cubierto de mosaicos que suman más de siete mil quinientos metros cuadrados de superficie, lo que la convierte en uno de los más grandes conjuntos de arte en mosaico del mundo. El suelo del lugar exacto del atentado se ha conservado tal como era en 1881, protegido bajo un dosel de jaspe.

El Nevski Prospekt es la arteria principal de San Petersburgo, una avenida de cuatro kilómetros y medio de longitud que discurre desde el monasterio de Alejandro Nevski hasta la orilla del Nevá. Trazada en los primeros años de la ciudad, el Nevski fue desde el principio el espacio de la vida pública petersburguesa, flanqueado por las tiendas más elegantes, los hoteles de lujo, los teatros, los cafés y los palacios de la nobleza. Pasear por el Nevski es hacer un repaso a la arquitectura de tres siglos: el Palacio Stroganov de Rastrelli, la Catedral de Nuestra Señora de Kazán con su columnata semicircular al estilo de San Pedro del Vaticano, la iglesia luterana de Santa Catalina, los famosos Almacenes Gostini Dvor y el gran Hotel Astoria, uno de los hoteles más históricos y lujosos de la ciudad.

La Fortaleza de Pedro y Pablo, situada en una pequeña isla del río Nevá frente al Palacio de Invierno, fue la primera construcción de San Petersburgo, levantada en 1703 por Pedro el Grande durante la guerra contra Suecia. Su catedral homónima, con la aguja de ciento veintidós metros de altura que durante dos siglos fue la más alta de Rusia, alberga los sarcófagos de casi todos los emperadores y emperatrices rusas desde Pedro el Grande hasta Alejandro III, incluida la última familia imperial, los Románov ejecutados en Ekaterimburgo en 1918, cuyos restos reposan aquí desde 1998. La fortaleza fue también, paradójicamente, la prisión política más importante del Imperio: en sus celdas estuvo recluido Dostoievski antes de su condena a muerte y posterior conmutación.

El Museo Ruso, alojado en el suntuoso Palacio Mijáilovski, es el mayor museo del mundo dedicado exclusivamente al arte ruso. Complementario del Hermitage, que prioriza el arte europeo, el Museo Ruso ofrece una visión exhaustiva del arte ruso desde los iconos medievales hasta las vanguardias del siglo XX. La colección de pinturas del siglo XIX es especialmente destacada, con obras de Repin, Brullov, Aivazovski e Ivanov que no tienen equivalente en ningún otro museo del país.

El Teatro Mariinski, inaugurado en 1860 y renovado profundamente a lo largo del siglo XX, compite con el Bolshói de Moscú por el título de primera casa de ópera y ballet de Rusia. Ha sido el escenario de los estrenos de algunas de las obras maestras del repertorio operístico y coreográfico: aquí se estrenaron Boris Godunov de Músorgski, La dama de picas de Chaikovski, y las grandes producciones de ballet del coreógrafo Petipa, incluyendo La bella durmiente, El lago de los cisnes y El cascanueces con música de Chaikovski. La escuela del Mariinski ha formado a muchos de los mejores bailarines del siglo XX, desde Nijinski y Pavlova hasta Nureyev y Baryshnikov.

Las Noches Blancas de San Petersburgo son uno de los fenómenos naturales más fascinantes que puede experimentar un viajero en Europa. Durante las semanas próximas al solsticio de verano, especialmente entre mediados de junio y principios de julio, el sol no llega a ponerse completamente, y la ciudad permanece bañada por una luz crepuscular suave y dorada que no desaparece en toda la noche. La ciudad cobra vida con una intensidad especial durante las Noches Blancas: los petersburgueses se resisten a dormir, los canales y las calles se llenan de gente a cualquier hora, y el Festival de las Noches Blancas organiza conciertos al aire libre, representaciones del Mariinski y toda clase de eventos culturales que continúan hasta el amanecer.

San Petersburgo es inseparable de la figura de Fiódor Dostoievski, que vivió gran parte de su vida en la ciudad y la convirtió en el escenario de algunas de las mayores novelas de la literatura universal. Las calles del barrio de Sennaya Plóshchad, donde vivió el escritor y donde situó la acción de Crimen y Castigo, pueden recorrerse hoy siguiendo los pasos de Raskólnikov y su crimen. El apartamento de Dostoievski en la calle Kuznechny, donde vivió los últimos años de su vida y donde murió en 1881, es hoy un museo que reconstruye el ambiente de su época con una minuciosidad conmovedora.

Los canales de San Petersburgo, que recorren la ciudad en una red de más de cien ríos y canales con casi ochocientos puentes, han valido a la ciudad el apelativo de la Venecia del Norte. Los cruceros en barco por los canales son una de las experiencias más recomendables de San Petersburgo, permitiendo contemplar la belleza de los palacios y las iglesias desde el agua, pasar bajo los puentes bajos y entrar en la intimidad de barrios que no se pueden ver desde la calle.

El Memorial del Sitio de Leningrado, en el cementerio de Piskaryovskoye, es uno de los lugares más solemnes y emocionantes de toda Rusia. Durante el Sitio de Leningrado, que duró novecientos días entre 1941 y 1944, murieron en la ciudad aproximadamente un millón doscientas mil personas, la mayoría de hambre y frío. En el cementerio reposan en fosas comunes más de cuatrocientos setenta mil víctimas. El monumento central, una estatua femenina que personifica a la Madre Patria, se alza sobre esta tierra sagrada mientras la inscripción en las lápidas dice: "Nadie es olvidado, nada es olvidado."

El Anillo de Oro

A menos de cuatro horas de Moscú en coche o en tren, en la región noreste de la Gran Llanura Europea, se encuentra el Anillo de Oro, una denominación turística que engloba a las ciudades medievales rusas más importantes, los lugares donde nació y se desarrolló el arte y la arquitectura de la Rus primitiva antes de la invasión mongola y durante los siglos de reconstrucción que la siguieron. Estas ciudades, muchas de las cuales están inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, preservan un conjunto de iglesias, monasterios y kremlines que constituyen uno de los patrimonios arquitectónicos medievales más completos de Europa.

Vladímir, a doscientos kilómetros al noreste de Moscú, fue durante el siglo XII y parte del XIII la capital del principado más poderoso de la Rus y el centro político y religioso del norte de Rusia antes de la irrupción de los mongoles. Sus Monumentos de Vladímir y Súzdal fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial en 1992. La Catedral de la Asunción, consagrada en 1160 y ampliada en 1185-1189, es una de las joyas del arte medieval ruso, con sus delicadas arcadas ciegas decoradas con relieves de figuras humanas y de animales que anuncian la grandeza del arte gótico europeo. La Catedral de San Demetrio, construida entre 1194 y 1197, es aún más refinada en su decoración escultórica: las paredes exteriores están cubiertas de más de un millar de relieves tallados en piedra blanca que forman un bestiario fantástico de leones, grifos, pavos reales y figuras bíblicas.

Súzdal, a treinta kilómetros de Vladímir, es la ciudad más perfectamente preservada del Anillo de Oro y uno de los conjuntos urbanos medievales mejor conservados de toda Rusia. Con poco más de diez mil habitantes, la ciudad ha cambiado poco desde el siglo XVII: sus calles de casas de madera, sus conventos y monasterios, sus kremlines y sus iglesias de cúpulas doradas crean una atmósfera de otro tiempo que ninguna de las grandes ciudades rusas puede ofrecer. El Kremlin de Súzdal, con su catedral de la Natividad del siglo XIII y su impresionante colección de iconos medievales, es el núcleo histórico. Pero toda la ciudad es esencialmente un museo viviente: hay más de treinta iglesias y conventos en un radio de pocos kilómetros, todos en un estado de conservación notable.

Sérgiev Posad, a setenta kilómetros al noreste de Moscú, alberga la Trinidad-Sérgiev Lavra, el monasterio más importante de la iglesia ortodoxa rusa y uno de los más grandes complejos monásticos del mundo, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993. Fundado en el siglo XIV por san Sergio de Rádonezh, el monje que se convirtió en el patrón espiritual de Rusia y que bendijo al príncipe Dmitri Donskói antes de la batalla de Kulikovo, el monasterio ha sido durante siglos el centro espiritual de la nación. Sus murallas defensivas, construidas en el siglo XVI durante el reinado de Iván el Terrible, encierran un conjunto de catedrales, iglesias, campanarios y edificios monásticos que reflejan seis siglos de historia del arte ruso. La Catedral de la Trinidad, donde reposan los restos de san Sergio, guarda los iconos originales pintados por Andréi Rublev para el monasterio, incluida la Trinidad, considerada el icono más bello de la historia del arte ruso.

Yaroslavl, en la confluencia del Volga y el Kotorosl, a doscientos sesenta kilómetros al noreste de Moscú, es la mayor ciudad del Anillo de Oro y fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en 2005 por el valor excepcional de su centro histórico. Fundada según la leyenda por el príncipe Yaroslav el Sabio en el siglo XI, la ciudad vivió una época de gran prosperidad en los siglos XVII y XVIII gracias al comercio por el Volga, y el legado más visible de esa prosperidad es una serie de iglesias del siglo XVII extraordinariamente decoradas con frescos y azulejos de cerámica. La iglesia del Profeta Elías, con sus frescos del siglo XVII que cubren cada centímetro de la superficie interior, es la más representativa.

Kóstroma, más al este sobre el Volga, es famosa como la ciudad donde comenzó la dinastía Románov: en el año 1613, el joven Mijaíl Románov, que se había refugiado en el monasterio Ipátiev durante los Tiempos de los Tumultos, fue convencido aquí para aceptar el trono de Rusia, iniciando la línea dinástica que gobernaría el país durante tres siglos. El monasterio Ipátiev, con sus murallas blancas y sus torres, es el principal monumento histórico de la ciudad. Kóstroma es también conocida por su galería comercial del siglo XVIII, el Torgovye Ryady, uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura comercial neoclásica de Rusia.

Rostov el Grande, aunque no debe confundirse con la moderna Rostov del Don, es una de las ciudades más antiguas del Anillo de Oro, mencionada por primera vez en las crónicas en el año 862. Su kremlin del siglo XVII, rodeado de murallas blancas de inusual grosor, encierra un conjunto de iglesias y palacios episcopales que forman uno de los recintos más hermosos del arte ruso medieval. Las campanas de Rostov son especialmente famosas: las dieciséis campanas de la torre del campanario del kremlin producen un sonido tan único que los músicos han compuesto piezas especiales para ser interpretadas con ellas.

La Iglesia de la Intercesión sobre el Río Nerl, en las cercanías de Vladímir, construida en 1165, es considerada por muchos expertos el edificio más bello de la Rusia medieval. Situada en un prado inundable a la confluencia de dos ríos, la pequeña iglesia de piedra blanca eleva su única cúpula hacia el cielo con una delicadeza y una proporción que parecen producto de una intuición artística de suprema perfección. Cuando el Nerl se desborda en primavera, la iglesia queda rodeada de agua, como flotando en el paisaje.

El Lago Baikal y Siberia

El lago Baikal es una de las maravillas naturales más extraordinarias del planeta. Inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1996, el Baikal es el lago más profundo del mundo, con una profundidad máxima de mil seiscientos cuarenta y dos metros, y el de mayor volumen de agua dulce superficial, aproximadamente el veinte por ciento del total mundial. Tiene una edad geológica de veinte a veinticinco millones de años, lo que lo convierte en el lago más antiguo del planeta, y alberga una de las biocenosis más ricas y peculiares del mundo, con miles de especies endémicas que no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

El Baikal tiene una longitud de seiscientos treinta y seis kilómetros y una anchura máxima de ochenta kilómetros. Rodeado de montañas cubiertas de taiga, el lago tiene una transparencia excepcional: en invierno, cuando se congela con un hielo de hasta un metro y medio de grosor, el fondo puede verse desde la superficie hasta profundidades de cuarenta metros. La pureza del agua es tal que puede beberse directamente del lago en muchos puntos de la orilla.

La fauna del Baikal es de una originalidad desconcertante. La nerpa del Baikal es la única foca de agua dulce del mundo, y nadie ha podido explicar satisfactoriamente cómo llegaron sus antepasados hasta este lago en el corazón de Asia. El ómul, un pez de la familia del salmón, es el manjar local por excelencia y puede probarse ahumado en todos los mercados y restaurantes de la región. El lago alberga además más de sesenta especies de peces endémicos, mil novecientas especies de animales y ochocientas cuarenta y una especies de plantas, el ochenta por ciento de las cuales son endémicas.

Listvianka, el pueblo más accesible desde Irkutsk, es el punto de partida habitual para explorar el Baikal. Situado a sólo sesenta kilómetros de la ciudad, en la orilla sur del lago, tiene una calle principal con restaurantes que sirven ómul fresco y ahumado, tiendas de artesanía local y vistas directas al lago y a las montañas de la orilla opuesta, que pertenecen a la República de Buriatia. En Listvianka se puede visitar el Museo del Baikal y realizar excursiones en barco o en hidroala por el lago.

La Isla Oljon, la más grande de las veintisiete islas del Baikal, es el destino más espectacular del lago. Situada en el corazón del Baikal, con una longitud de setenta y tres kilómetros, la isla tiene un carácter semidesértico en su parte central, con paisajes de estepa y playas de arena dorada que contrastan con las cimas rocosas y los bosques de pino. La Roca Shamanka, en el cabo Burján, en la costa noroeste de la isla, es el lugar sagrado más importante de la tradición chamánica buriata y uno de los nueve lugares más sagrados del mundo según la tradición shamánica de Asia.

El Ferrocarril Transiberiano es la línea ferroviaria más larga del mundo: sus 9.289 kilómetros de vías conectan Moscú con Vladivostok en el Pacífico, cruzando de oeste a este la totalidad de Siberia. El viaje completo dura más de una semana y es una de las experiencias de viaje más épicas que se pueden realizar en el mundo contemporáneo. El Transiberiano no es únicamente un medio de transporte; es una ventana privilegiada a la geografía y la vida cotidiana de Siberia, cuyos pasajeros incluyen tanto turistas internacionales como trabajadores, soldados, familias que se desplazan entre ciudades distantes y comerciantes. Los vagones de primera clase permiten un viaje relativamente cómodo, mientras que los de tercera clase ofrecen una experiencia más auténtica y popular.

A lo largo del recorrido del Transiberiano, varias ciudades importantes merecen una parada. Ekaterimburgo, en el lado asiático de los Urales, es conocida sobre todo como el lugar donde fue ejecutada la familia imperial Románov en la noche del 16 al 17 de julio de 1918. Nicolás II, su esposa Alejandra y sus cinco hijos fueron fusilados en el sótano de la Casa Ipátiev por orden del gobierno bolchevique. La casa fue demolida en 1977, durante la era soviética, pero en su solar se ha construido la Iglesia sobre la Sangre, un templo ortodoxo que es hoy uno de los lugares de peregrinación más visitados de Rusia. Ekaterimburgo es también una ciudad moderna y vibrante, la cuarta de Rusia en tamaño, con una vida cultural activa y una floreciente escena gastronómica.

Novosibirsk, la mayor ciudad de Siberia con casi un millón seiscientos mil habitantes, es el centro industrial, científico y cultural del corazón siberiano. Situada a la orilla del río Ob, fue fundada en 1893 como paso del Transiberiano y creció con una velocidad extraordinaria durante el período soviético. Tiene una de las mejores óperas de Rusia, el Teatro de Ópera y Ballet de Novosibirsk, cuyo edificio fue construido en la Segunda Guerra Mundial, y alberga Akademgorodok, la legendaria ciudad científica construida en los años cincuenta en medio del bosque, a veinte kilómetros de la ciudad, como centro de investigación científica de la URSS.

Irkutsk, a menudo llamada la "París de Siberia", es la ciudad más turística de la región del Baikal y el punto de partida habitual para las visitas al lago. Fundada en 1661 como puesto cosaco, Irkutsk fue durante el siglo XIX un importante centro de exilio: los decembristas, los revolucionarios que en 1825 intentaron derrocar al zar, fueron desterrados aquí, y sus esposas los siguieron voluntariamente, dando a la ciudad una vida cultural y social inusualmente rica para su época y su ubicación. El centro histórico de Irkutsk conserva un número notable de casas de madera del siglo XIX, con ventanas enmarcadas en intrincados tallados que son el símbolo de la arquitectura popular siberiana.

Las Montañas Altái, en el sur de Siberia, en la frontera con Mongolia, China y Kazajistán, son uno de los paisajes más grandiosos de Asia. El macizo del Altái fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998. Los valles alpinos, los glaciares, los ríos de aguas turbulentas y las praderas de alta montaña crean un paisaje de una grandeza casi intimidante. Los picachos más altos superan los cuatro mil metros, y el monte Beluja, con sus cuatro mil quinientos ocho metros de altura, es el punto más elevado de Siberia.

La Península de Kamchatka, en el extremo nororiental de Rusia, bañada por el Océano Pacífico y el Mar de Ojotsk, es uno de los lugares más extremos y espectaculares del planeta: una tierra de volcanes activos, géiseres, manantiales termales, osos pardos, salmones y paisajes que parecen del principio de los tiempos. Los Volcanes de Kamchatka fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1996. De los más de trescientos volcanes de la península, veintinueve están activos, incluyendo el Klyuchevskaya Sopka, con cuatro mil setecientos cincuenta metros de altura, el volcán más alto de Eurasia y uno de los más activos del mundo.

El Lejano Oriente Ruso y el Ártico

El Lejano Oriente ruso y el Ártico forman uno de los territorios más remotos, inhóspitos y fascinantes del planeta. Esta región, que comprende desde los paisajes volcánicos de Kamchatka hasta el océano helado del Polo Norte, pasando por las ciudades del Pacífico y los territorios eternamente congelados de Yakucia, ofrece al viajero aventurero experiencias que no tienen equivalente en ningún otro lugar de la Tierra.

La Península de Kamchatka merece una descripción más detallada por la singularidad absoluta de su entorno natural. El Valle de los Géiseres, descubierto en 1941 por la geóloga Tatiana Ustinova, es uno de los dos mayores campos de géiseres del mundo, superado únicamente por el Yellowstone de los Estados Unidos. El valle, que discurre a lo largo del río Geyserny durante seis kilómetros, contiene más de noventa géiseres que entran en erupción con intervalos regulares, algunos proyectando chorros de agua hirviente hasta treinta metros de altura. El acceso al Valle de los Géiseres solo es posible en helicóptero, lo que añade a la experiencia una dimensión de exclusividad y aventura.

Los osos pardos de Kamchatka son, junto con los de Alaska, los más grandes del mundo, pudiendo alcanzar los cuatrocientos kilos de peso y los dos metros de altura cuando se yergen sobre sus patas traseras. La península tiene una de las mayores concentraciones de osos pardos del planeta, y durante la temporada de la pesca del salmón, en agosto y septiembre, es posible observar a decenas de osos en los ríos donde los peces remontan la corriente para desovar. Los tours de observación de osos desde una distancia segura se han convertido en uno de los principales atractivos del turismo en Kamchatka.

Vladivostok, en el extremo sur del Lejano Oriente ruso, a orillas del Océano Pacífico, es la mayor ciudad de la región y la capital del krai del Primorye. Fundada en 1860 como base naval, Vladivostok fue durante gran parte del siglo XX una ciudad completamente cerrada a los extranjeros por razones militares. Desde 1991, la ciudad se ha abierto al mundo y ha desarrollado una vida urbana vibrante y cosmopolita, influenciada por la proximidad de Japón, Corea y China. El centro histórico tiene una arquitectura europea y rusa del siglo XIX de considerable interés, y el Puente Russki, inaugurado para la cumbre del APEC en 2012, es el puente atirantado de mayor vano del mundo. El terminal del Ferrocarril Transiberiano, un edificio de ladrillo rojo del siglo XIX con un mural de mosaicos que representa escenas históricas, marca el punto final de los 9.289 kilómetros que separan Vladivostok de Moscú.

Yakucia, la República de Sajá, es el mayor territorio con rango de república dentro de Rusia y uno de los lugares más extremos y fascinantes del planeta. Con una superficie de tres millones cien mil kilómetros cuadrados, mayor que la India, tiene una población de apenas un millón de personas en su mayor parte. El ochenta por ciento de su territorio está cubierto por permafrost, suelo permanentemente congelado a una profundidad que puede llegar a los mil quinientos metros. La ciudad de Yakutsk, la capital, con trescientas mil personas, es la ciudad más grande del mundo construida sobre permafrost, y en invierno registra temperaturas que pueden descender hasta los sesenta grados bajo cero, lo que la convierte en la ciudad habitada más fría de la Tierra. En Yakucia puede visitarse el Polo del Frío, en la aldea de Oymyakon, donde en 1926 se registró la temperatura más baja jamás medida en un lugar habitado: menos sesenta y siete grados centígrados.

Paradójicamente, Yakucia también puede alcanzar temperaturas de cuarenta grados sobre cero en verano, siendo así la región con la mayor amplitud térmica del planeta. El invierno produce paisajes de una belleza eerie: los ríos congelados con grietas de azul profundo, los bosques de abedules cubiertos de escarcha que cristaliza en un silencio total, los vapores que forman los humanos y los animales en el frío extremo. El festival Yhyaj, celebrado en junio en coincidencia con el solsticio de verano, es la mayor festividad del pueblo yakuto, con juegos tradicionales, carreras de renos y competiciones de resistencia.

Múrmansk, en la costa del Océano Ártico, más allá del Círculo Polar Ártico, es la ciudad más grande del mundo ubicada al norte del paralelo 65. Fundada en 1916 como puerto libre de hielo en la costa norte de Rusia, fue crucial durante la Segunda Guerra Mundial como punto de llegada de los convoyes aliados. Hoy es uno de los mejores lugares del mundo para contemplar las Auroras Boreales, el espectáculo de luces que baila sobre el cielo ártico entre septiembre y marzo cuando las partículas cargadas del viento solar colisionan con la atmósfera terrestre. Las auroras de Múrmansk son especialmente intensas y frecuentes gracias a la ubicación de la ciudad directamente bajo el óvalo auroral. El Polo Norte en rompehielos nuclear es una expedición extraordinaria que parte de Múrmansk: los rompehielos nucleares de la flota del Norte son los únicos barcos del mundo capaces de llegar al Polo Norte geográfico en cualquier época del año.

La Isla Wrangel, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2004, es una isla remota en el Océano Ártico, al norte de Siberia, que ha permanecido libre de glaciación durante la última era del hielo y posee en consecuencia una biodiversidad ártica extraordinariamente rica. Es la mayor área de reproducción del oso polar en el Ártico ruso, alberga la mayor concentración conocida de madrigueras de zorros árticos y es un lugar de paso e invernada para millones de aves migratorias.

El Cáucaso y el Sur de Rusia

El sur de Rusia ofrece una diversidad geográfica, cultural e histórica que contrasta marcadamente con las regiones del norte y del este del país. Desde las playas del Mar Negro hasta los picos nevados del Cáucaso, desde las ciudades industriales de la estepa hasta las mezquitas y fortalezas milenarias de Daguestán, el sur de Rusia es un mosaico de pueblos, religiones y paisajes que representa una faceta menos conocida pero igualmente fascinante del país.

Sochi, en la costa del Mar Negro, es el principal destino turístico del sur de Rusia y una de las ciudades de veraneo más populares del país desde la época soviética. Su clima subtropical, con veranos cálidos y húmedos e inviernos suaves, sus playas de guijarros y su entorno de montañas boscosas crean un ambiente que no tiene equivalente en el resto de Rusia. Sochi saltó a la atención internacional cuando fue elegida sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, lo que impulsó una transformación radical de sus infraestructuras. El estadio Fischt, el Iceberg, el Palacio de Hielo Bolshoy y el resto de las instalaciones olímpicas han convertido a Sochi en un destino deportivo de nivel internacional.

A cuarenta kilómetros de Sochi, la estación de esquí de Krasnaya Poliana, en las laderas del Cáucaso, es la más importante de Rusia y ofrece condiciones excepcionales para la práctica del esquí alpino gracias a su situación a más de dos mil metros de altitud, la abundancia de nieve y las modernas instalaciones construidas o renovadas para los Juegos Olímpicos. En verano, Krasnaya Poliana se convierte en un destino de senderismo y ciclismo de montaña.

Volgogrado, antes conocida como Stalingrado, es uno de los lugares más cargados de historia y de emoción de toda Rusia. Fue aquí donde entre agosto de 1942 y febrero de 1943 se libró la batalla más devastadora de la Segunda Guerra Mundial, quizás la más sangrienta de toda la historia de la humanidad: la Batalla de Stalingrado. El número total de víctimas, entre ambos bandos, se estima en más de dos millones de personas. La derrota alemana en Stalingrado fue el punto de inflexión decisivo en el Frente Oriental y, en muchos sentidos, el momento en que la Segunda Guerra Mundial comenzó a decantarse del lado de los Aliados. El complejo memorial del Mamáyev Kurgán, el montículo que fue el escenario de los combates más intensos y que cambió de manos innumerables veces durante la batalla, es hoy uno de los monumentos conmemorativos más grandiosos del mundo. En su cima se alza la estatua de la Madre Patria llama, con sus ochenta y cinco metros de altura, la estatua más alta del mundo en el momento de su inauguración en 1967. La figura femenina, con una espada de cuarenta y seis metros en la mano derecha, llama a los ciudadanos a defender la patria con una expresión de fuerza y determinación que impresiona aun hoy.

Kazán, la capital de la República de Tatarstán, es una de las ciudades más fascinantes de Rusia precisamente por ser la frontera entre dos mundos, el eslavo cristiano y el turco islámico. Con una población de más de un millón doscientas mil personas, de las que aproximadamente el cuarenta por ciento son tártaros de fe musulmana y el cincuenta por ciento rusos de fe ortodoxa, Kazán es una ciudad donde las mezquitas y las catedrales conviven sin tensiones en el mismo horizonte. El Kremlin de Kazán, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2000, es el único kremlin ruso que alberga tanto una catedral ortodoxa como una mezquita. La mezquita Kul Sharif, reconstruida en 2005 con sus cuatro minaretes azules en recuerdo de la mezquita medieval destruida por Iván el Terrible en 1552, es uno de los edificios islámicos más hermosos de Rusia.

Derbent, en la costa del Mar Caspio en la república de Daguestán, es la ciudad más antigua de Rusia y una de las más antiguas del mundo con continuidad habitacional ininterrumpida, con más de cinco mil años de historia documentada. La ciudadela, la ciudad antigua y las fortalezas de Derbent fueron inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2003. Las murallas persas de Derbent, construidas en el siglo VI d.C. por el Imperio Sasánida para defender el paso entre el Mar Caspio y las montañas del Cáucaso contra las invasiones de los nómadas del norte, se extienden durante cuarenta kilómetros y constituyen una de las obras de ingeniería militar más impresionantes de la Antigüedad.

El monte Elbrus, en el Cáucaso occidental, con sus cinco mil seiscientos cuarenta y dos metros de altura, es el punto más elevado de Rusia y de Europa entera, según la definición geográfica que traza el límite entre los dos continentes en la divisoria de aguas del Cáucaso. El Elbrus es un volcán durmiente con dos cimas de altura casi idéntica, coronadas de glaciares permanentes que alimentan numerosos ríos caucásicos. La ascensión al Elbrus, que requiere varios días de aclimatación y buen estado físico, es posible gracias a un sistema de teleféricos y cañas que llevan a los alpinistas hasta los cuatro mil metros, desde donde comienza el tramo más exigente. La región del Elbrus, con sus estaciones de esquí en Terskol y Azau, es también un importante destino para el esquí de montaña.

Los Sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO En Rusia

Rusia posee uno de los patrimonios naturales y culturales más ricos del mundo, reconocido por la UNESCO con la inscripción de numerosos sitios en la Lista del Patrimonio Mundial. A continuación se describen todos los sitios inscritos, con el año de su declaración.

El Kremlin y la Plaza Roja de Moscú (1990) son el símbolo más reconocible de Rusia en el mundo. El conjunto incluye el recinto amurallado del Kremlin con sus catedrales medievales, los palacios imperiales, los arsenales y museos, así como la Plaza Roja con la Catedral de San Basilio y el Mausoleo de Lenin.

El Centro Histórico de San Petersburgo y los conjuntos monumentales relacionados (1990) comprenden el centro de la ciudad imperial con sus palacios, catedrales, museos y canales, así como Peterhof, Tsárskoye Seló, Pavlovsk, Gátchina y Oranienbaum, las residencias imperiales de los alrededores.

Los Monumentos de Nóvgorod y sus alrededores (1992) reconocen la importancia histórica de Nóvgorod como la ciudad rusa más antigua después de Kiev y uno de los centros comerciales medievales más importantes de Europa del Norte. El kremlin de Nóvgorod, con sus iglesias cubiertas de frescos del siglo XII y XIII, es el núcleo del conjunto.

Los Monumentos Históricos de Vladímir y Súzdal (1992) incluyen las iglesias medievales de piedra blanca de estas dos ciudades del Anillo de Oro, que representan el apogeo del arte arquitectónico de la Rusia premonogola.

El Conjunto Arquitectónico del Monasterio de la Trinidad y San Sergio de Sérgiev Posad (1993) es el conjunto monástico más importante de la Iglesia Ortodoxa Rusa, fundado en el siglo XIV por san Sergio de Rádonezh.

La Iglesia de la Ascensión de Kolomenskoye (1994) es una de las primeras iglesias en forma de tienda de campaña construidas en Rusia, levantada en 1532 para celebrar el nacimiento del futuro zar Iván el Terrible. Su silueta octogonal y su aguja de sesenta y dos metros de altura influyeron profundamente en la arquitectura rusa posterior.

El Lago Baikal (1996) fue inscrito como Patrimonio Natural por sus valores excepcionales de biodiversidad, su antigüedad geológica y la pureza de sus aguas.

Los Volcanes de Kamchatka (1996, ampliado en 2001) comprenden seis sectores protegidos que incluyen los principales volcanes activos de la península, el Valle de los Géiseres y la caldera del Uzon.

Los Bosques Vírgenes de Komi (1995) son el área de bosque boreal virgen más extensa de Europa, cubriendo más de tres millones y medio de hectáreas en los montes Urales del norte.

Las Montañas Doradas del Altái (1998) comprenden cuatro áreas naturales del macizo del Altái que representan los ecosistemas más intactos del centro de Asia, con una diversidad de biomas que incluye estepas, taiga, praderas alpinas y glaciares.

La Reserva Natural Occidental del Cáucaso (1999) protege uno de los mayores ecosistemas montañosos vírgenes de Europa, en el noroeste del Cáucaso, con una biodiversidad de flora y fauna excepcionalmente rica.

La Ciudadela, la Ciudad Antigua y las Fortalezas de Derbent (2003) son el conjunto histórico más antiguo de Rusia, con más de cinco mil años de historia y unas murallas persas del siglo VI de rara magnitud.

El Conjunto del Monasterio de Novodévichi de Moscú (2004) es uno de los complejos monásticos más hermosos de Rusia, fundado en el siglo XVI, con su iglesia de la Smolenskaya Bogorodisa y su famoso cementerio.

El Lago Uvs Nuur (2003, compartido con Mongolia) es una cuenca lacustre del centro de Asia que representa los principales biomas de la región euroasiática.

La Isla Wrangel (2004) protege el ecosistema ártico más diverso del mundo, con la mayor concentración de madrigueras de oso polar de Rusia.

El Centro Histórico de Yaroslavl (2005) reconoce el centro urbano barroco del siglo XVII de la ciudad volguense, con sus monumentales iglesias decoradas con frescos.

El Puente de Struve (2005, compartido con otros nueve países) es una cadena de triangulaciones geodésicas del siglo XIX que se extiende desde Noruega hasta el Mar Negro, usada para determinar con precisión la forma y el tamaño de la Tierra.

El Santuario Natural de Putorana (2010) protege una meseta basáltica del norte de Siberia con una de las mayores colecciones de cataratas de agua dulce del mundo y rutas de migración de renos entre las más largas del planeta.

El Paisaje Daúrico (2017, compartido con Mongolia) es un sistema de estepas, humedales y montañas del noroeste de Mongolia y el sur de Siberia que alberga algunas de las últimas extensiones intactas de ecosistema de estepa del mundo.

Los Petroglifos de Mongolia (2021, compartido con Mongolia) son una serie de grabados rupestres prehistóricos de excepcional riqueza.

El Paisaje Natural de Lena Pillars (2012) son unas formaciones rocosas cámbricas que se elevan hasta cien metros sobre el río Lena en Yakucia, creando un paisaje de fantasía geológica de enorme belleza.

La Basílica de la Asunción de Sviyazhsk (2017) es un conjunto monástico islámico y cristiano ortodoxico en la isla de Sviyazhsk, en el Volga, de excepcional valor histórico como lugar donde convergen las tradiciones religiosas de los dos grandes pueblos de Tatarstán.

El Kremlin de Kazán (2000) es un kremlin medieval tardío y renacentista que alberga edificios tanto tártaros como rusos, símbolo de la fusión cultural de la región del Volga.

El Conjunto del Lago Kenozero (nominado, en proceso) es un paisaje cultural del norte de Rusia con una excepcional preservación de las tradiciones populares, la arquitectura de madera y los paisajes del norte.

Peterhof (1990, como parte del Centro Histórico de San Petersburgo) protege el palacio y los jardines más suntuosos de Rusia, obra de Pedro el Grande.

Tsárskoye Seló (1990, como parte del Centro Histórico de San Petersburgo) protege el Palacio de Catalina con la reconstituida Cámara de Ámbar y los jardines barrocos que lo rodean.

El Área Natural de Khakassia (parte de las Montañas Saiano-Shushensky) protege los ecosistemas de taiga y montaña del sur de Siberia.

Las Lagunas de Curlandia (2000, compartida con Lituania) es una lengua de arena de noventa y ocho kilómetros en el Mar Báltico, formada por la acción del viento y el mar, con una historia de poblamiento de varios milenios.

Los Bosques de Haya de los Cárpatos y las Hayas Primigenias de Alemania (2007, ampliado sucesivamente, compartido con múltiples países) incluye fragmentos de bosque virgen de hayas de los Cárpatos en la frontera occidental de Rusia.

El Conjunto del Kremlin de Nóvgorod el Grande y sus monumentos (1992) es uno de los centros medievales mejor conservados de toda Rusia, con sus murallas, su catedral de Santa Sofía y sus museos.

Paisaje Cultural del Lago Kenozero (2024) — Situado en la región de Arjángelsk, en el noroeste de Rusia, el paisaje cultural del Parque Nacional Kenozero fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2024. Este sobresaliente ejemplo de paisaje cultural tradicional ruso abarca el sistema de lagos Kenozero, aldeas históricas, antiguas iglesias ortodoxas de madera, capillas decoradas con pintura popular, y bosques sagrados conocidos como "shchelye" o "zapovedny les." El paisaje representa siglos de convivencia armoniosa entre los asentamientos humanos y el entorno natural del norte de Rusia, conservando tradiciones de uso agrícola de la tierra, la pesca y la artesanía de la madera que han sustentado a las comunidades desde tiempos medievales. La inscripción reconoce el excepcional conjunto de arquitectura vernácula y las tradiciones culturales vivas que han sobrevivido en gran medida intactas en este remoto entorno septentrional.

Pinturas Rupestres de la Cueva Shulgan-Tash / Cueva Kapova (2025) — Inscrita en 2025, la Cueva Shulgan-Tash (también conocida como Cueva Kapova), en la República de Bashkortostán, en el sur de los Montes Urales, contiene una de las concentraciones más significativas de arte rupestre del Paleolítico Superior en Europa Oriental. Con una antigüedad de aproximadamente 16.000 a 19.000 años, las paredes de la cueva están adornadas con cientos de pinturas que representan mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, caballos, bisontes y símbolos geométricos realizados con ocre rojo y carbón vegetal por cazadores-recolectores prehistóricos. La cueva se extiende por casi 3 kilómetros a través de un paisaje kárstico e incluye múltiples niveles de galerías y cámaras. La inscripción de Shulgan-Tash representa el primer sitio de arte rupestre del Paleolítico Superior de Rusia en la Lista del Patrimonio Mundial, situándolo junto a famosas cuevas pintadas como Lascaux en Francia y Altamira en España.

Gastronomía Rusa y Cultura de la Vodka

La cocina rusa es el resultado de siglos de adaptación a un clima extremo, de intercambios entre decenas de pueblos y culturas, y de una relación profunda con los recursos del territorio: los bosques que proveen setas, bayas y caza, los ríos y lagos que suministran peces de agua dulce, los campos de la llanura donde crecen remolacha, patatas, coles y cereales. Es una cocina de sustancia y de calidez, pensada para alimentar a personas que trabajan en el frío, que necesitan energía densa y platos reconfortantes que devuelvan el calor al cuerpo.

El borscht es probablemente la sopa más conocida de la cocina eslava oriental. Aunque su origen es disputado entre Rusia, Ucrania y Polonia, en Rusia el borscht es un plato cotidiano de múltiples variaciones regionales. En su versión más clásica es una sopa de remolacha que da al caldo un color rojo intenso, cocinado con carne de vaca o de cerdo, col, patata, zanahoria, cebolla y ajo, y servido con una cucharada generosa de smetana, la nata agria rusa de sabor suave y textura untuosa.

Los pelmeni son la pasta rellena de la cocina rusa, emparentados con los manti mongoles y los ravioli italianos, aunque su sabor y textura son inconfundiblemente rusos. Son pequeños bolsones de pasta de harina de trigo, muy fina, rellenos de carne picada de cerdo, ternera o una mezcla de ambas, a veces con algo de cebolla picada y especias. Se hierven y se sirven con mantequilla, smetana, vinagre o mostaza, según el gusto de cada comensal. Los pelmeni son uno de los platos más consumidos en Siberia, donde la tradición de hacerlos en grandes cantidades durante el otoño y congelarlos para el invierno se remonta a siglos atrás.

El stroganoff de ternera, conocido internacionalmente como beef stroganoff, es un plato de la cocina burguesa rusa del siglo XIX que se popularizó en el mundo entero. Consiste en filetes de ternera cortados en tiras finas, salteados con cebolla y champiñones en una salsa de nata agria y mostaza. La receta original se atribuye a un cocinero al servicio del conde Alexander Stroganov, de la familia que financió la colonización de Siberia.

Los blinis son crepes finos de trigo sarraceno o de trigo, que son parte de la cocina rusa desde hace más de mil años. Pueden servirse de múltiples maneras: con mantequilla y caviar como plato elegante de fiesta; con smetana y mermelada como desayuno; con salmón ahumado; o rellenos y doblados. En la celebración de la Máslenitsa, la fiesta de despedida del invierno, los blinis son el alimento ritual por excelencia, símbolo del sol y de la llegada de la primavera.

El shashlik, la versión rusa de la barbacoa, llegó a Rusia desde el Cáucaso y Asia Central y se convirtió en uno de los platos más populares del verano ruso. Consiste en trozos de carne marinada, habitualmente cordero, cerdo o pollo, ensartados en pinchos de metal o madera y asados a la brasa. El shashlik es el plato central de cualquier vylazka, la excursión al campo o al bosque que hacen los rusos los fines de semana de primavera y verano.

La ensalada Olivier, conocida en el mundo hispanohablante como ensaladilla rusa, fue creada en el siglo XIX por el cocinero belga Lucien Olivier, que trabajaba en Moscú. En su versión original contenía langosta, trufa y muchos ingredientes de lujo; la versión popular soviética, que es la que se come hoy en toda Rusia, consiste en patata cocida, zanahoria cocida, guisantes, pepinillos encurtidos, huevos duros y mayonesa, a veces con jamón o con pollo. Es una presencia obligatoria en cualquier mesa de fiesta rusa, especialmente en Año Nuevo.

Los pirozhki son pequeños bollos rellenos de carne, col, huevo con cebollino, arroz, setas u otras mezclas, que pueden ser horneados o fritos. Son un alimento de calle muy extendido en toda Rusia y pueden comprarse en mercados, estaciones de tren y quioscos callejeros. La solyanka es una sopa espesa y ácida, cocinada con varios tipos de carne o pescado, champiñones, aceitunas, encurtidos y limón, con una profundidad de sabores que puede sorprender a los paladares no iniciados. La okroshka, consumida principalmente en verano, es una sopa fría hecha con kvas, rábanos, pepino, huevo, carne o embutido y hierbas aromáticas.

El kvas es una bebida fermentada de pan de centeno, con muy bajo contenido alcohólico, de sabor ligeramente agrio y oscuro. Es una bebida refrescante de verano consumida en toda Rusia desde tiempos inmemoriales y que durante el período soviético se vendía en las calles desde enormes toneles amarillos. El pan negro ruso, especialmente el pan Borodinski con sus granos de alcaravea, tiene un sabor intenso e inconfundible que lo diferencia radicalmente del pan de trigo blanco.

El caviar ruso es uno de los productos gastronómicos más preciados del mundo. Las huevas del esturión se clasifican en tres tipos principales según la especie de la que provienen: el caviar beluga, proveniente del esturión beluga, es el más grande, el más suave y el más caro; el caviar osetra, del esturión osetra, tiene un sabor más pronunciado a nuez; el caviar sevruga, del esturión sevruga, es el más pequeño y el de sabor más intenso. La pesca excesiva ha diezmado las poblaciones de esturión en el Caspio y el Volga, y hoy la mayor parte del caviar ruso de calidad proviene de piscifactorías. El salmón ahumado ruso, especialmente el de Kamchatka o del río Amur, es también un manjar de primera categoría.

La vodka ocupa un lugar central en la cultura y la identidad de Rusia que va mucho más allá de la mera bebida alcohólica. Su historia en Rusia se remonta al siglo XIV o XV, cuando comenzó a destilarse en los monasterios. La palabra vodka es un diminutivo del ruso "voda", agua, es decir, "aguita". La vodka rusa se produce destilando cereales, principalmente centeno o trigo, y filtrándola repetidamente para obtener un producto de extrema pureza y transparencia. La tradición del brindis ruso es una institución social: un buen anfitrión ruso propone brindis elaborados, que comienzan por el bienestar de los presentes, continúan por la familia y los amigos ausentes, y pueden extenderse durante horas siguiendo un protocolo no escrito pero universalmente conocido. Los zakuski, los aperitivos que se sirven con la vodka, son parte esencial del ritual: encurtidos, arenques marinados, ensalada Olivier, pan negro con mantequilla y pepinillo, y pequeños bocadillos de toda clase forman la mesa de aperitivos que acompaña a la bebida.

La cerveza Baltika, producida desde 1990, es la marca de cerveza más vendida de Rusia y tiene un sistema de numeración peculiar que identifica cada variedad: la Baltika 0 es sin alcohol, la 3 es la lager clásica, la 9 es una cerveza fuerte. El vino georgiano, producido en la vecina Georgia con uvas autóctonas de variedades antiquísimas como la Rkatsiteli y la Saperavi, es muy apreciado en Rusia, donde Georgia fue durante siglos parte del Imperio. La medovuja, o hidromiel ruso, es una bebida fermentada de miel de gran tradición que está experimentando un renacimiento artesanal.

La cocina georgiana, muy popular en toda Rusia gracias a la presencia de una importante comunidad georgiana, ha enriquecido la gastronomía rusa con platos incomparables. Los jinkali, grandes empanadillas de pasta rellenas de carne picada con hierbas y caldo, deben comerse con cuidado para no perder el jugo interior, que es la parte más sabrosa. El jachapuri, pan relleno de queso de la región de Adjaria, lleva además un huevo crudo en el centro que el calor del horno deja a punto. El plov, el arroz con carne y zanahoria de origen centroasiático, es también muy popular en toda Rusia, especialmente en los restaurantes uzbekos que abundan en Moscú y otras grandes ciudades.

La cultura del té en Rusia, heredada en parte de las tradiciones de los países de Asia Central, es una parte fundamental de la vida social. El samovar, el urn de cobre o latón que mantiene el agua caliente para el té, es el símbolo más universal de la hospitalidad rusa. El té se toma muy fuerte, con mucha azúcar, a veces con una rodaja de limón, y acompañado de pasteles, galletas, mermelada de frutas del bosque o varenie, el dulce de frutas casero. Tomar el té con calma es una manera rusa de crear conexión social y conversación.

Arte, Cultura E Historia

La historia de Rusia es una de las más dramáticas y complejas del mundo, una sucesión de períodos de grandeza y de catástrofe, de apertura y de aislamiento, de modernización forzada y de regresión voluntaria, que ha producido una cultura de una riqueza y una intensidad emocional sin parangón.

Los orígenes del pueblo ruso se remontan a los eslavos orientales que habitaban la región entre los ríos Dniéper y Volga en el primer milenio de nuestra era. La Rus de Kiev, el primer estado eslavo oriental, emergió en el siglo IX con su capital en Kiev, la actual capital de Ucrania, y bajo el príncipe Vladímir I adoptó el cristianismo ortodoxo en el año 988, una decisión que marcaría para siempre el carácter cultural y espiritual de la civilización rusa. La Rus de Kiev alcanzó su apogeo en el siglo XI bajo Yaroslav el Sabio, pero se fragmentó posteriormente en principados rivales que quedaron expuestos a la devastadora invasión mongola del siglo XIII. Entre 1237 y 1240, las hordas de Batu Kan arrasaron las principales ciudades rusas, incluyendo Vladímir, Ryazán y Kiev, mataron a gran parte de la población e impusieron un período de dominación mongola, el llamado Yugo Mongol, que duraría más de dos siglos.

El Principado de Moscú emergió como la entidad política más poderosa de la Rus durante los siglos XIV y XV, aprovechando su posición central y su habilidad diplomática para ir absorbiendo gradualmente a los principados vecinos. Iván III el Grande, que reinó de 1462 a 1505, completó la reunificación de Rusia, derrocó la supremacía mongola y adoptó el título de soberano de toda Rusia. Su nieto Iván IV el Terrible, que en 1547 se proclamó el primer zar de Rusia, expandió el territorio del estado a expensas de los kanatos mongoles del Volga y de Siberia, pero su reino fue también el de la violencia política institucionalizada, los pogromos de la Oprichnina y los primeros síntomas de la paranoia del poder absoluto.

La dinastía Románov, que comenzó en 1613 con la elección de Mijaíl Románov, gobernó Rusia durante más de tres siglos, hasta la Revolución de 1917. Su período más transformador fue el reinado de Pedro I el Grande, de 1682 a 1725, el zar que más profundamente ha marcado el carácter de Rusia moderna. Pedro impulsó una modernización a marchas forzadas del estado y del ejército a la europea, fundó la ciudad de San Petersburgo en 1703 como nueva capital y ventana hacia Europa, construyó la primera flota naval rusa, reorganizó la administración civil y eclesiástica según modelos occidentales, e introdujo el calendario, el alfabeto y las costumbres europeas entre la nobleza. Su herencia fue ambigua: modernizó Rusia pero a costa de enormes sufrimientos humanos y de la aniquilación de muchas tradiciones.

Catalina II la Grande, alemana de origen que se casó con el futuro Pedro III y lo derrocó para gobernar sola de 1762 a 1796, es considerada junto con Pedro el Grande la gobernante más capaz de la historia de Rusia. Bajo su reinado, Rusia se convirtió en una potencia europea de primer orden, extendió sus fronteras hasta el Mar Negro y absorvió Polonia, y se convirtió en un centro cultural de nivel europeo. Catalina fue una gran mecenas de las artes: fundó el Hermitage, coleccionó miles de obras maestras de la pintura europea y mantuvo correspondencia con los filósofos de la Ilustración.

Las Guerras Napoleónicas dejaron en Rusia una huella profunda. En 1812, Napoleón Bonaparte invadió Rusia con el Gran Ejército, más de seiscientos mil soldados, y llegó hasta Moscú solo para encontrarse con una ciudad en llamas, abandonada por sus habitantes, sin el rendimiento formal que esperaba del zar. La campaña de Rusia terminó en una catástrofe total para Francia: el ejército napoleónico fue destruido por el frío, el hambre y los ataques de las fuerzas rusas durante la retirada. La victoria sobre Napoleón marcó el inicio de la identidad nacional rusa moderna y fue celebrada con la construcción de la Catedral de Cristo Salvador y con la "Obertura 1812" de Chaikovski.

La gran literatura rusa del siglo XIX es, para muchos, la más rica que ha producido cualquier civilización en un período tan corto. Alejandro Pushkin, muerto en un duelo a los treinta y siete años, creó en su breve vida una poesía de belleza cristalina y una narrativa de precisión psicológica que establecieron las bases de toda la literatura rusa posterior. Nikolái Gógol exploró con humor grotesco y con terror la sociedad rusa de su época en obras como Las almas muertas y El abrigo. Iván Turguénev ofreció en sus novelas un retrato melancólico y exacto de la nobleza rusa y de los dilemas de los intelectuales. Fiódor Dostoievski exploró en sus grandes novelas, Crimen y castigo, El idiota, Los hermanos Karamázov, los abismos del alma humana con una profundidad psicológica que anticipa el psicoanálisis y que sigue siendo insuperada. León Tolstói, con Guerra y paz y Ana Karenina, creó las dos novelas más largas y tal vez más ricas de la literatura universal, monumentos a la vida humana en toda su complejidad. Antón Chéjov renovó el teatro y el cuento corto con una economía de medios y una precisión emocional que influyeron en toda la literatura mundial del siglo XX.

La música rusa del siglo XIX y principios del XX alcanzó también cimas incomparables. Piotr Ilich Chaikovski compuso sinfonías, ballets y óperas de una belleza melódica y una intensidad dramática irresistibles: El lago de los cisnes, La bella durmiente, El cascanueces, El príncipe Igor y la Sinfonía Patética son obras que forman parte del repertorio universal. El Grupo de los Cinco, formado por Modest Músorgski, Nikolái Rimski-Kórsakov, Mijaíl Glinka, Alexander Borodín y César Cuí, buscó crear una música específicamente rusa, basada en el folclore y en las tradiciones nacionales. Serguéi Rajmáninov, Igor Stravinski y Serguéi Prokófiev llevaron la música rusa al siglo XX y al modernismo.

La Revolución Rusa de 1917 fue uno de los acontecimientos más transformadores de la historia del siglo XX. En febrero de 1917, la presión de la guerra, el hambre y el descontento social derrocó al zar Nicolás II y estableció un gobierno provisional. En octubre de 1917, los bolcheviques de Lenin tomaron el poder en un golpe de estado que inauguró la Unión Soviética. El período que siguió estuvo marcado por la guerra civil, la colectivización forzada de la agricultura bajo Stalin, las purgas políticas de los años treinta, que costaron la vida a millones de personas, y la Gran Guerra Patria de 1941 a 1945, en la que la URSS perdió entre veinte y veintisiete millones de ciudadanos combatiendo contra la Alemania nazi. La victoria en la Segunda Guerra Mundial dejó a la URSS como una de las dos superpotencias mundiales y el período de la Guerra Fría que siguió fue de una tensión extrema, marcado por la carrera de armamentos nucleares y la carrera espacial. El Sputnik, el primer satélite artificial de la historia, fue lanzado por la URSS en 1957, y Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en el espacio en 1961, dos logros que sacudieron al mundo occidental.

La última fase de la URSS estuvo marcada por la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985 y sus reformas de la glasnost, la apertura informativa, y la perestroika, la reestructuración económica y política. Estas reformas, concebidas para revitalizar el sistema soviético, desataron fuerzas que llevaron a la disolución pacífica de la URSS en diciembre de 1991, cuando quince repúblicas se separaron para formar estados independientes.

El ballet ruso es considerado por muchos expertos el mejor del mundo. Las escuelas del Bolshói de Moscú y del Mariinski de San Petersburgo han producido generaciones de bailarines de nivel excepcional. El estilo del ballet ruso se caracteriza por la expresividad dramática, la fuerza atlética y la elegancia técnica, diferenciándose del ballet francés o italiano por su mayor intensidad emocional. Las tradiciones del ballet soviético, que apoyó económicamente a las compañías y exigió un nivel técnico extremo a sus intérpretes, dejaron un legado de calidad que persiste hasta hoy.

El arte de vanguardia ruso de los años diez y veinte del siglo XX fue una de las corrientes más innovadoras de toda la historia del arte. El Constructivismo, el Suprematismo de Kazimir Malevich y el Cubo-Futurismo de Vasili Kandinski redefinieron los límites de la pintura, la escultura, el diseño gráfico y la arquitectura. El cine soviético de las primeras décadas, especialmente la obra de Serguéi Eisenstein, que inventó el montaje cinematográfico moderno en El acorazado Potemkin y en Octubre, cambió para siempre la historia del séptimo arte.

La tradición del ajedrez en Rusia y en la URSS es un fenómeno cultural sin equivalente en ningún otro país. El ajedrez fue promovido activamente por el estado soviético como símbolo de la superioridad intelectual del sistema, y la URSS produjo una serie de campeones del mundo sin precedentes: Mijaíl Botvinnik, Vasili Smyslov, Mijaíl Tal, Tigran Petrosián, Boris Spassky, Anatoli Kárpov y Garri Kaspárov ganaron el campeonato mundial de manera casi ininterrumpida desde 1948 hasta el derrumbe de la URSS.

Actividades Al Aire Libre y Naturaleza

Rusia ofrece al viajero activo y amante de la naturaleza una gama de experiencias al aire libre que no tiene equivalente en ningún otro país del mundo por su variedad, su intensidad y el carácter a menudo pristino de los entornos naturales.

El viaje en el Ferrocarril Transiberiano es, en sí mismo, una de las mayores aventuras de viaje del mundo contemporáneo. Los 9.289 kilómetros que separan Moscú de Vladivostok se recorren en aproximadamente siete días y medio de viaje ininterrumpido, cruzando los Montes Urales, la taiga siberiana, el lago Baikal y las estepas del Lejano Oriente. El paisaje cambia lentamente por la ventana del tren: de los bosques mixtos de la Rusia europea a los abedules de los Urales, a la taiga de pinos y abetos que parece no tener fin, al brillante azul del Baikal que se abre de repente al lado del tren durante horas. Las paradas en las estaciones permiten estirar las piernas y comprar alimentos a los vendedores locales. Las variantes del Transmongoliano y el Transmanchuriano ofrecen la posibilidad de desviarse hacia Mongolia y China.

El senderismo en las Montañas Altái es una experiencia de alpinismo y trekking de primer nivel en uno de los paisajes más grandiosos de Asia. Los senderos del Altái llevan por valles glaciares, praderas de flores alpinas a dos mil metros, junto a ríos de color turquesa y bajo cimas nevadas que superan los cuatro mil metros. El monte Beluja, con sus cuatro mil quinientos ocho metros, es el techo de Siberia y un objetivo clásico para los alpinistas.

El trekking en el hielo del Baikal, posible entre enero y marzo cuando el lago está completamente helado, es una experiencia inusual y memorable. Caminar o practicar esquí de fondo sobre el hielo transparente del Baikal, que en ciertos sectores permite ver el fondo del lago a varios metros de profundidad a través del hielo azulado, es una de las experiencias sensoriales más extraordinarias que Rusia ofrece. Las grietas en el hielo producen sonidos resonantes y extraños, y la superficie del hielo puede presentar formaciones de belleza cristalina.

El esquí en Krasnaya Poliana, a las afueras de Sochi, es la experiencia de esquí alpino más completa de Rusia. Las instalaciones olímpicas de 2014 incluyen pistas de todos los niveles de dificultad, desde las pistas verdes para principiantes hasta las pistas negras de competición, con una longitud total de más de cien kilómetros de pistas preparadas. La nieve de los altos del Cáucaso, abundante y de buena calidad entre diciembre y abril, y la garantía de sol en la mayor parte de la temporada hacen de Krasnaya Poliana un destino de esquí muy atractivo.

La observación de volcanes y osos en Kamchatka es la actividad más dramática que ofrece Rusia al viajero aventurero. Los tours en helicóptero permiten sobrevolar los volcanes activos, descender hasta los campos de lava reciente, observar los géiseres y visitar las playas volcánicas de arena negra. Los tours de observación de osos en el parque natural de Kronotsky, la reserva donde vive la mayor concentración de osos pardos de la peninsula, son regulados con cuidado para proteger tanto a los animales como a los visitantes.

Las Auroras Boreales en Múrmansk y en otras localidades árticas de Rusia son uno de los espectáculos naturales más deslumbrantes que el viajero puede contemplar en ningún lugar del mundo. El fenómeno luminoso, causado por la interacción de las partículas del viento solar con la ionosfera terrestre, produce cortinas y remolinos de luz verde, rosa, violeta y azul que danzan en el cielo nocturno con una intensidad y una velocidad variables. La temporada más propicia es entre septiembre y marzo, cuando las noches son lo suficientemente largas y oscuras para ver las auroras con claridad.

El trineo con perros en Siberia y en el norte de Rusia es una actividad tradicional que sigue siendo practicada por las comunidades indígenas y que se ha convertido también en una atracción turística. Los trineos tirados por huskies siberianos o por otras razas de perros árticos se desplazan a una velocidad notable sobre la nieve compacta de los bosques de taiga, y la experiencia de deslizarse en silencio entre los árboles cubiertos de nieve, con el único sonido del roce de los patines del trineo y del jadeo de los perros, es de una belleza y una tranquilidad extraordinarias.

El pastoreo de renos con los nenets, el pueblo nómada del Ártico ruso que migra con sus hatos de renos por miles de kilómetros entre la tundra de verano y los bosques de invierno, ofrece al viajero interesado en la vida de los pueblos indígenas una ventana directa a un modo de vida que ha sobrevivido con pocas modificaciones durante milenios. Pasar unos días con una familia nenet, dormir en una tienda portátil de pieles, participar en la conducción del hato de renos y aprender algo de la lengua y las tradiciones de este pueblo resistente es una experiencia de contacto cultural de rara autenticidad.

El montañismo en el Elbrus, el pico más alto de Europa con sus cinco mil seiscientos cuarenta y dos metros, atrae a alpinistas de todo el mundo. La ascensión normal, por la ladera sur, comienza en los refugios de alta montaña a cuatro mil seiscientos metros de altitud, accesibles en teleférico, y se realiza normalmente en una sola jornada larga. El Elbrus es técnicamente menos exigente que otros ochomiles, pero las condiciones meteorológicas pueden ser extremas y la altitud requiere una aclimatación adecuada.

Información Práctica de Viaje

Los principales aeropuertos de Rusia para la llegada de viajeros internacionales son los de Moscú y San Petersburgo. Moscú cuenta con tres aeropuertos internacionales: el Aeropuerto Internacional Sheremétievo, el más grande y el que más tráfico internacional maneja, es el hub principal de Aeroflot y está situado a treinta kilómetros al noroeste del centro de la ciudad; el Aeropuerto Internacional Domodédovo, al sur, gestiona también un importante volumen de vuelos internacionales; el Aeropuerto de Vnukovo, al suroeste, es principalmente un aeropuerto doméstico con algunos vuelos internacionales. El Aeropuerto Internacional Púlkovo de San Petersburgo, situado a diecisiete kilómetros al sur del centro de la ciudad, es el tercer aeropuerto de Rusia en volumen de pasajeros.

Los requisitos de visado para visitar Rusia son un punto crítico que cada viajero debe verificar cuidadosamente antes de planificar su viaje. Históricamente, los ciudadanos de la mayoría de los países necesitaban un visado de turista para entrar en Rusia, que se obtenía a través de la embajada rusa en su país de residencia. La situación política internacional puede alterar estos requisitos en cualquier momento. Los viajeros deben consultar siempre las instrucciones actualizadas de la embajada rusa o del ministerio de asuntos exteriores de su propio país antes de planificar el viaje. Es imprescindible también registrarse con las autoridades rusas dentro de los primeros siete días de la llegada al país, procedimiento que normalmente realizan los hoteles de forma automática.

La moneda de Rusia es el Rublo ruso (RUB). Los cajeros automáticos están disponibles en todas las ciudades importantes del país, y las tarjetas de crédito internacionales se aceptan en hoteles, restaurantes y establecimientos comerciales de las grandes ciudades, aunque en las regiones más remotas es esencial llevar efectivo. Los tipos de cambio varían, y es conveniente cambiar dinero en los bancos o en las casas de cambio oficiales.

El idioma oficial de Rusia es el ruso, que se escribe en alfabeto cirílico. El conocimiento de unas pocas palabras y frases en ruso, así como la capacidad de leer el cirílico aunque sea de forma elemental, facilitará mucho la experiencia del viajero. En las grandes ciudades y en los establecimientos turísticos es posible comunicarse en inglés, pero en las regiones más remotas el inglés no es hablado prácticamente por nadie.

El número de emergencias en Rusia es el 112, que conecta con los servicios de policía, bomberos y ambulancia. La asistencia médica en Moscú y San Petersburgo es razonablemente buena en los hospitales privados y en las clínicas internacionales, donde se atiende en inglés, pero en las regiones remotas puede ser muy limitada. Es imprescindible contratar un seguro de viaje completo que incluya cobertura médica y evacuación.

El alojamiento en Rusia abarca todos los rangos de calidad y precio. Las grandes cadenas hoteleras internacionales tienen presencia en Moscú y San Petersburgo, junto con hoteles históricos de lujo como el Hotel Metropol o el Hotel National de Moscú, o el Hotel Astoria y el Hotel Europa de San Petersburgo. La era soviética dejó en herencia una red de grandes hoteles estatales que han sido renovados con mayor o menor acierto. En San Petersburgo, numerosas mansiones históricas se han convertido en hoteles boutique de gran encanto. En las ciudades del Anillo de Oro y en las regiones más remotas, el alojamiento en hostales y en casas particulares a través de redes de turismo comunitario es la mejor opción para conectar con la vida local.

La mejor época para visitar Moscú y San Petersburgo es el verano, de junio a agosto, cuando las temperaturas son agradables entre quince y veinticinco grados, los días son larguísimos, especialmente en San Petersburgo con sus Noches Blancas, y la mayoría de los monumentos están abiertos. La primavera tardía y el otoño temprano son también periodos agradables, con menos turistas y colores especiales, aunque el tiempo puede ser variable. El invierno, de diciembre a febrero, tiene un encanto particular para los viajeros que no temen el frío extremo: la ciudad nevada es de una belleza extraordinaria, y la pista de patinaje de la Plaza Roja es uno de los lugares más icónicos del invierno moscovita.

Los avisos de viaje actuales deben consultarse siempre en fuentes oficiales antes de planificar cualquier viaje a Rusia, especialmente dada la complejidad de la situación geopolítica derivada del conflicto en Ucrania iniciado en 2022. Muchos países tienen restricciones o recomendaciones especiales para sus ciudadanos que deseen viajar a Rusia en el momento actual.

Festivales y Eventos

El calendario festivo y cultural de Rusia es extraordinariamente rico, con tradiciones que combinan el legado de las fiestas ortodoxas, las celebraciones del calendario soviético y los festivales culturales de las diferentes regiones y culturas que conviven en el país.

El Festival de las Noches Blancas de San Petersburgo, que se celebra entre mayo y julio coincidiendo con el período de las Noches Blancas, es el mayor festival cultural de Rusia. El Festival Internacional de Música Clásica, el Festival de Ballet del Mariinski, los conciertos al aire libre en las plazas y los jardines, las actuaciones de músicos callejeros en el Nevski Prospekt y los fuegos artificiales sobre el Nevá crean durante semanas un ambiente de celebración permanente. El festival atrae a visitantes de todo el mundo y crea una mezcla de alta cultura y fiesta popular que es una de las experiencias más memorables que ofrece Rusia.

La Máslenitsa, la fiesta de despedida del invierno que se celebra la semana antes del inicio de la Cuaresma ortodoxa, normalmente en febrero o marzo, es una de las celebraciones más antiguas de la cultura eslava, con raíces precristianas. Durante una semana, los rusos comen blinis en abundancia, participan en juegos y competiciones populares al aire libre, construyen muñecos de nieve y los queman en representación del fin del invierno, y se despiden de los excesos antes del austero período cuaresmal. Las celebraciones más espectaculares tienen lugar en Moscú, en el parque Kolomenskoye y en otras zonas verdes de la ciudad, con actores vestidos de trajes históricos, mercadillos de artesanía y comida tradicional.

El Día de la Victoria, el 9 de mayo, es la festividad nacional más importante y más sentida de Rusia. Conmemora la victoria de la URSS sobre la Alemania nazi en 1945, que llegó a Moscú con el Acto de Capitulación en la madrugada de ese día. El desfile militar en la Plaza Roja, con la exhibición de los últimos sistemas de armas del ejército ruso, los veteranos con sus medallas, y la marcha del Regimiento Inmortal, en la que millones de ciudadanos desfilan portando los retratos de sus familiares que murieron en la guerra, es uno de los actos colectivos más emocionantes y masivos que pueden verse en el mundo contemporáneo.

La Navidad Ortodoxa rusa se celebra el 7 de enero, de acuerdo con el calendario juliano que sigue la Iglesia Ortodoxa Rusa. Las iglesias están llenas de fieles, las casas se decoran y se intercambian regalos. Sin embargo, la festividad más importante del año para los rusos no es la Navidad sino el Año Nuevo, cuya noche del 31 de diciembre al 1 de enero es la gran celebración familiar y social, con mesa abundante, champán ruso, y el discurso televisado del presidente de la federación que se escucha a las doce en punto.

El Sábantuy es la festividad más importante del pueblo tártaro, celebrada en junio en Tatarstán y en otras regiones de presencia tártara. La fiesta tiene raíces precristianas como celebración del final de la siembra, y hoy es un gran festival de músical, juegos tradicionales, competiciones atléticas y gastronomía tártara. La tradición más característica del Sábantuy son las competiciones de lucha de estilo tatáreko, de carreras de caballos y de escalada de postes engrasados.

El Yhyaj es el mayor festival del pueblo yakuto, celebrado en junio en Yakucia en coincidencia con el solsticio de verano. Se trata de una celebración que combina elementos espirituales chamánicos con deportes tradicionales, danzas colectivas que pueden involucrar a miles de participantes, y rituales de agradecimiento al sol y a la naturaleza. El Yhyaj fue inscrito en la Lista del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO y es hoy un importante festival de turismo cultural que atrae visitantes de toda Rusia y del extranjero.

Compras

Rusia ofrece al viajero una amplia variedad de recuerdos y productos de artesanía tradicional que van desde los souvenirs más populares hasta las piezas de artesanía de mayor calidad y valor artístico.

Las matrióshkas, las famosas muñecas rusas de madera que se encajan una dentro de otra en orden decreciente, son el símbolo más universal de Rusia y el souvenir más popular. Las versiones más elaboradas y de mayor calidad están pintadas a mano por artesanos especializados y pueden representar desde escenas de cuentos folklóricos hasta personajes históricos o políticos. Los mejores lugares para comprar matrióshkas de calidad son los mercados de artesanía de Moscú y San Petersburgo, donde es posible distinguir entre las producciones en serie de baja calidad y las piezas auténticamente pintadas a mano.

Las cajas de laca de Pálej son uno de los productos de artesanía más refinados de Rusia. El pueblo de Pálej, en la región de Ivánovo, tiene una tradición secular de pintura de iconos que en el período soviético se reconvirtió en la creación de pequeñas cajas de papel maché lacado, decoradas con miniaturas de extraordinaria finura que representan escenas de los cuentos folklóricos, de las epopeyas históricas o de la literatura clásica. Cada caja es una obra única que puede llevar semanas o meses de trabajo a su autor.

La artesanía de Jojlomá es uno de los más reconocibles de Rusia: tablas de cocina, cuencos, cucharas y otros objetos de madera decorados con motivos de flores, frutos y pájaros en rojo, negro y dorado sobre fondo oscuro, o a la inversa. Originaria del siglo XVII en la región de Nízhni Nóvgorod, la artesanía de Jojlomá es hoy producida tanto por artesanos individuales como por fábricas de producción en serie.

La cerámica Gzhel, procedente del distrito homónimo cerca de Moscú, es un tipo de porcelana de fondo blanco decorada exclusivamente en azul cobalto, con diseños de flores, pájaros y escenas de la vida rusa. La tradición cerámica de Gzhel se remonta al siglo XIV, y hoy la porcelana Gzhel es uno de los regalos más apreciados que un viajero puede llevarse de Rusia.

El ámbar del Báltico, extraído de las costas de Kaliningrado y el Mar Báltico, es uno de los productos naturales más valiosos de la región. El ámbar ruso es de alta calidad y sus colores van del amarillo pálido al rojo oscuro, pasando por el naranja y el marrón. Se vende en joyerías de Moscú, San Petersburgo y Kaliningrado en forma de collares, pendientes, pulseras y figuras decorativas.

Los abrigos de piel rusa, las gorras de piel ushanka y los valenki, las botas tradicionales de fieltro de lana que se han usado durante siglos para protegerse del frío siberiano, son regalos prácticos y simbólicos de Rusia. La ushanka, con sus orejeras que se pueden atar sobre la cabeza o bajar para proteger las orejas, es el símbolo del invierno ruso y puede encontrarse en todos los mercados de souvenirs.

La vodka rusa de calidad, en sus múltiples marcas y variedades, es uno de los regalos más populares para llevar de Rusia. Las marcas de vodka artesanal, producidas en pequeñas destilerías con cereales selectos y procesos de filtrado de alta calidad, son especialmente apreciadas por los entendidos. El caviar, cuando está disponible y cumple con las normativas de exportación, es también un producto muy demandado.

Los iconos rusos, tanto los auténticos de los siglos XVI al XIX como las copias realizadas con técnicas tradicionales por artesanos de hoy, son piezas que combinan el valor artístico con la profundidad espiritual de la tradición ortodoxa. Los mercados de antigüedades de Moscú, especialmente el mercado de Izmáilovo y el mercado de los Pulgas de Vernisazh, ofrecen una variedad amplia de iconos a precios muy variables.

La memorabilia soviética, desde insignias, medallas, relojes militares y monedas hasta carteles de propaganda y objetos cotidianos de la época, es uno de los productos más buscados por los coleccionistas que visitan Rusia. Los mercados de pulgas, especialmente el de Izmáilovo en Moscú, son el mejor lugar para encontrar piezas auténticas a precios razonables.

El samovar, el tradicional calentador de agua ruso, existe en versiones que van desde los antiguos samovares de cobre del siglo XIX que se han convertido en piezas de anticuario, hasta los modernos samovares eléctricos de uso cotidiano. Un samovar tradicional es uno de los regalos más rusos que se pueden hacer.

Viajes En Familia

Rusia ofrece a las familias con niños una variedad notable de experiencias adaptadas a diferentes edades, combinando la maravilla de los grandes monumentos históricos con actividades específicamente diseñadas para el público infantil.

Los tours del metro de Moscú son una actividad que fascina a los niños y a los adultos por igual: recorrer las estaciones más espectaculares del metro, con sus mosaicos, sus estatuas y sus bóvedas doradas, es como entrar en un museo subterráneo que además está en perfecto funcionamiento. La estación de Ploschad Revoliutsii, donde los niños pueden tocar las esculturas de bronce de los perros y los soldados, es especialmente popular con los más pequeños.

El Museo Memorial de la Cosmonautica, situado junto a VDNKH en Moscú, es uno de los museos más interesantes de la ciudad para los niños y para los adultos aficionados a la historia de la exploración espacial. El museo contiene satélites originales, trajes espaciales, cápsulas y otros objetos de la historia del programa espacial soviético y ruso, incluyendo una copia del primer Sputnik y material relacionado con el vuelo de Yuri Gagarin.

El circo ruso tiene una tradición centenaria y un nivel de calidad que lo hace uno de los mejores del mundo. El Circo de Moscú, en el Tsvetnoí Boulevard, y el Gran Circo de Moscú, en las Colinas de los Gorriones, ofrecen espectáculos que combinan acrobacia, malabares, equilibrismo, doma de animales y payasos en un formato clásico que encanta a los niños. Los malabares y las acrobacias rusas son reconocidos internacionalmente por su audacia y su perfección técnica.

El teatro de títeres es también una tradición muy arraigada en Rusia, y los teatros de marionetas de Moscú y San Petersburgo ofrecen espectáculos basados en los cuentos folklóricos rusos que son perfectos para los niños más pequeños. El Teatro Obraztsova de Moscú, fundado por Serguéi Obraztsov, es el teatro de marionetas más famoso del mundo y tiene un museo adjunto con una colección de títeres de todos los países.

Los trineos y el patinaje sobre hielo son actividades al alcance de todos los miembros de la familia durante el invierno ruso. La pista de patinaje de la Plaza Roja, habilitada cada invierno entre el Kremlin y la Catedral de San Basilio, es una de las más icónicas del mundo, aunque también una de las más abarrotadas. El Parque Gorki tiene amplias zonas para el patinaje y la práctica del trineo que son perfectas para las familias.

El Ferrocarril Transiberiano es una aventura que los niños pueden disfrutar especialmente, con la emoción de vivir en el tren durante días, ver el paisaje cambiar por la ventana, conocer a los otros viajeros y visitar las estaciones en las paradas. El viaje en familia puede dividirse en tramos más cortos: el trayecto de Moscú a Irkutsk, por ejemplo, dura cuatro días y resulta muy manejable.

El lago Baikal en verano ofrece a las familias la posibilidad de nadar en las aguas cristalinas más puras del planeta, hacer senderismo por las orillas del lago, tomar barcos de pasajeros y observar la fauna lacustre. El ómul ahumado comprado directamente a los pescadores en los muelles de Listvianka es uno de los mejores recuerdos gastronómicos del viaje al Baikal.