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Petra: la Ciudad Rosada Esculpida en la Roca

Petra: la Ciudad Rosada Esculpida en la Roca

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No existe en ningún lugar de la tierra una entrada a una ciudad antigua comparable a la de Petra. El viajero llega desde la polvorienta meseta desértica del sur de Jordania, desciende hacia un cauce seco que se estrecha imperceptiblemente, las paredes del cañón se elevan a ambos lados, el camino serpentea entre rocas y superficies de piedra pulida hasta que, en algún punto indeterminado, el paso se convierte en el Siq, uno de los accesos más teatrales a cualquier yacimiento arqueológico del mundo. Durante 1,2 kilómetros, el viajero camina por esta angosta garganta, con paredes que se elevan hasta 80 metros a cada lado, el cielo reducido a una franja azul sobre la cabeza, la arenisca cambiando en graduaciones extraordinarias de color: rojo, ámbar, púrpura, lavanda, crema, ocre. El pasaje gira y vuelve a girar, sin ofrecer nada que prepare la mente para lo que está por venir. Y entonces, al final del último recodo, el Siq se abre y el Al-Khazneh aparece en la pared de roca directamente frente al visitante: una fachada de escala y refinamiento sobrecogedores, de aproximadamente 40 metros de altura y 28 metros de anchura, tallada enteramente en arenisca de color rosado, sus columnas y frontones y figuras esculpidas en perfecta exactitud después de dos mil años.

Esta es Petra, la antigua capital del reino nabateo, situada en el valle de Arabá de lo que es actualmente el Reino Hachemita de Jordania, a unos 240 kilómetros al sur de la capital, Ammán. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, declarada en 1985, y en 2007, en una votación mundial, fue nombrada una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo. El poeta británico John William Burgon, que ganó el Premio Newdigate en Oxford en 1845 con un poema sobre Petra, le dio la descripción que la ha acompañado desde entonces: "una ciudad de color rosa rojo, mitad de antigua que el Tiempo." El poeta francés que popularizó la descripción en español capturó algo esencial sobre el lugar, y la frase se ha unido a él durante casi dos siglos.

Los Nabateos: Maestros del Desierto

Antes de la espectacular arquitectura, antes de las fachadas talladas y los canales de piedra cortada y los elaborados sepulcros, estaba el pueblo nabateo, una de las civilizaciones más notables del mundo antiguo y una de las menos comprendidas. Los nabateos aparecen en las fuentes antiguas como un pueblo árabe nómada que vivía en la región del Néguev, el Sinaí y la parte noroccidental de la península Arábiga. Las primeras referencias históricas sobre ellos proceden de finales del siglo IV a.C., cuando los relatos del período de los sucesores de Alejandro Magno los describen como un pueblo del desierto fieramente independiente.

A lo largo de los dos siglos siguientes, los nabateos experimentaron una profunda transformación: de comerciantes nómadas a urbanistas sedentarios, de vagabundos del desierto a arquitectos e ingenieros de extraordinaria sofisticación. El mecanismo de esta transformación fue el comercio. El mundo antiguo dependía de productos que solo podían obtenerse de fuentes específicas y distantes: el incienso y la mirra procedían de la península arábiga meridional; las especias llegaban de la India; la seda provenía de China. Todas estas mercancías necesitaban moverse por tierra hasta los mercados del mundo mediterráneo. Las rutas que recorrían pasaban por el territorio que controlaban los nabateos, y estos tenían la capacidad organizativa, el conocimiento del desierto y la fuerza militar para hacerse indispensables en estos flujos comerciales.

En el apogeo de su poder, entre aproximadamente el siglo II a.C. y el siglo I d.C., los nabateos controlaban lo que equivalía a un imperio comercial que se extendía desde el Hiyaz al sur hasta Siria al norte, desde el Sinaí al oeste hasta el golfo de Aqaba al este. Petra se hallaba en el corazón de esta red, una ciudad de entre 20.000 y 30.000 habitantes en su apogeo, una cifra extraordinaria para una ubicación en medio de uno de los desiertos más inhóspitos de la tierra.

Lo que hizo tan notable el logro nabateo en Petra no fue simplemente la escala de su arquitectura, sino las condiciones en que la construyeron. El valle de Arabá recibe muy poca lluvia. Para que sobreviviera allí una ciudad de decenas de miles de personas se requería una solución de ingeniería de ingenio excepcional, y los nabateos la proporcionaron. Tallaron canales, tuberías y cisternas directamente en la arenisca, captando cada gota de agua de lluvia y conduciéndola a través de una red de canales por gravedad hasta depósitos dentro de la ciudad. Este genio hidráulico fue quizás el mayor logro de los nabateos, uno de los ejemplos más impresionantes de ingeniería hidráulica antigua en el mundo.

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Fuentes: whc.unesco.org, britannica.com, nationalgeographic.com, biblicalarchaeology.org, biblearchaeologyreport.com, visitpetra.jo, acorjordan.org, mdpi.com, cam.ac.uk, historychronicles.org, nabataea.net, madainproject.com

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