
Hungría: El Corazón de Europa Central
Por www.countryreports.org
Introducción: Un Destino Que Supera Todas las Expectativas
En el corazón geográfico de Europa se esconde uno de los secretos mejor guardados del continente, un país que durante demasiado tiempo ha permanecido en la sombra de vecinos más conocidos como Austria, Alemania o Italia, pero que en las últimas décadas ha comenzado a revelar su extraordinaria riqueza cultural, histórica y natural a los viajeros más curiosos del mundo. Hungría es, sin lugar a dudas, uno de los destinos más subestimados y gratificantes de toda Europa Central, un lugar donde cada esquina cuenta una historia de mil años, donde la arquitectura rivaliza con las más esplendorosas capitales del mundo, y donde la gastronomía y las tradiciones populares mantienen una vitalidad que pocas naciones europeas pueden igualar.
La capital, Budapest, es considerada por muchos expertos en viajes y arquitectura como una de las capitales más hermosas del mundo. Dividida dramáticamente por el majestuoso río Danubio en dos ciudades históricamente distintas, Buda y Pest, esta metrópolis ofrece una combinación única de grandeza imperial, bohemia cultural, vida nocturna inigualable y una belleza arquitectónica que deja sin aliento a todos los que la visitan. El Edificio del Parlamento húngaro, que se refleja sobre las aguas del Danubio como un sueño neogótico, es considerado por muchos arquitectos e historiadores como el edificio parlamentario más magnífico del mundo entero, una obra maestra que tomó diecinueve años construir y que incorpora 691 habitaciones ornamentadas con cuarenta kilogramos de oro puro.
Pero Hungría es mucho más que su capital. Es el país que posee la mejor cultura de baños termales del mundo, una tradición que se remonta a los romanos, fue amplificada por los otomanos durante siglo y medio de ocupación, y hoy convierte a Budapest en la única capital del planeta donde es posible bañarse en aguas termales medicinales en pleno centro urbano, en palacios suntuosamente decorados que son obras maestras del art nouveau y el barroco. Por esta razón Budapest ostenta con orgullo el título oficial de Ciudad de los Balnearios, y sus más de 125 manantiales de aguas termales naturales hacen de esta ciudad un destino único en el mundo para el bienestar y la salud.
Hacia el noreste del país, la región vinícola de Tokaj es cuna de algo verdaderamente excepcional en la historia de la viticultura mundial: fue aquí donde se estableció en 1700 el primer sistema de clasificación de calidad del vino del mundo, décadas antes de que los franceses hicieran algo similar con Burdeos. El Tokaji Aszú, elaborado con uvas afectadas por la noble podredumbre y conocido en la corte francesa del Rey Sol Luis XIV como el Vino de los Reyes y Rey de los Vinos, es una de las grandes joyas líquidas de la civilización europea. La región vinícola histórica de Tokaj fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002.
La Gran Llanura Húngara, conocida como la Puszta o Alföld, es uno de los paisajes más singulares y evocadores de Europa, una inmensa estepa que se extiende hacia el horizonte sin interrupción, poblada por jinetes legendarios llamados csikós, por razas de animales únicos en el mundo como el ganado gris húngaro y las ovejas Racka de cuernos en espiral, y por la arquitectura horizontal de una de las culturas pastoriles más antiguas del continente. El Parque Nacional de Hortobágy, el más grande de Hungría y el mayor parque nacional de Europa Central, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 precisamente por preservar esta cultura única.
La gastronomía húngara es considerada una de las más sabrosas y aromáticas de toda Europa Central, una cocina construida alrededor de la paprika, esa especia roja que los húngaros adoptaron de los otomanos y convirtieron en el símbolo más reconocible de su identidad culinaria. El gulyás húngaro, el pörkölt, el paprikás csirke y el lángos son solo algunas de las creaciones que han conquistado paladares en todo el mundo, y el pálinka, el aguardiente de frutas húngaro, fue reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Quizás el aspecto más fascinante e intrigante de Hungría para el visitante es su idioma. El húngaro, o magyar, es completamente diferente a cualquier otro idioma de Europa, una lengua que no pertenece a la familia indoeuropea sino a la familia urálica, emparentada con el finlandés y el estonio pero distinta de todos los idiomas de sus vecinos inmediatos. Para el visitante hispanohablante, el húngaro parece de otro planeta, con sus sufijos agglutinadores, sus vocales largas y cortas con valor fonémico, y una lógica gramatical que no tiene equivalente en las lenguas romances. Esta singularidad lingüística es uno de los indicadores más claros de que los húngaros son un pueblo con una historia y una identidad verdaderamente únicas.
Hungría cuenta con ocho sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, incluyendo el centro histórico de Budapest con las orillas del Danubio y el barrio del castillo de Buda, declarado en 1987; el pueblo de Hollókő y su entorno, declarado ese mismo año como el ejemplo más perfectamente preservado de arquitectura popular tradicional húngara; las cuevas del karst de Aggtelek y Eslovaquia; la abadía benedictina de Pannonhalma; el Parque Nacional de Hortobágy; la necrópolis paleocristiana de Pécs; el paisaje cultural de Fertő compartido con Austria; y la región vinícola histórica de Tokaj.
El Lago Balatón, llamado con cariño el Mar Húngaro por sus habitantes, es el lago más grande de Europa Central y uno de los destinos de veraneo más queridos de todos los húngaros, un cuerpo de agua de ochenta kilómetros de largo que ofrece playas, viñedos, pueblos encantadores como Tihany con su abadía benedictina del siglo XI, y una atmósfera de vacaciones relajada que contrasta perfectamente con la intensidad cultural de Budapest.
Este artículo es una guía completa para descubrir todos los rincones de este extraordinario país, desde las grandes ciudades hasta los pueblos más remotos, desde los baños termales históricos hasta los viñedos de fama mundial, desde la gastronomía más auténtica hasta las fiestas más coloridas. Hungría espera al viajero aventurero con una generosidad cultural y una profundidad histórica que pocas naciones de su tamaño pueden ofrecer.
Geografía y Regiones
Hungría se encuentra situada en la cuenca carpática, en el corazón de Europa Central, rodeada por siete países: Austria al oeste, Eslovaquia al norte, Ucrania al noreste, Rumanía al este, Serbia al sur, Croacia al suroeste y Eslovenia al noroeste. Con una superficie de aproximadamente 93.000 kilómetros cuadrados, es un país de tamaño mediano que sin embargo concentra una densidad extraordinaria de atracciones naturales, culturales e históricas.
La geografía de Hungría está dominada por la cuenca carpática, una gran depresión rodeada por los Cárpatos y los Alpes Dináricos que le confiere al país un carácter de espacio interior, protegido y definido por las montañas circundantes que no están dentro de sus fronteras actuales. El río Danubio, uno de los grandes ríos de Europa, atraviesa el país de norte a sur dividiendo Hungría en dos grandes regiones: Transdanubia al oeste y las llanuras al este. El Tisza, el segundo río más importante del país, recorre las llanuras orientales de norte a sur.
El territorio húngaro puede dividirse en tres grandes regiones geográficas. La Gran Llanura o Alföld ocupa más de la mitad del país, el este y el centro, y es una inmensa planicie que se extiende hacia el este hasta los Cárpatos, con una altitud media inferior a los 200 metros sobre el nivel del mar. Esta llanura fue durante siglos el corazón de la cultura pastoril húngara y hoy es la principal región agrícola del país, conocida por sus cultivos de trigo, maíz y girasol que cubren extensiones interminables bajo un cielo que parece más grande que en ningún otro lugar de Europa.
Transdanubia, al oeste del Danubio, es una región más variada, con colinas suaves, pequeñas montañas y el Lago Balatón en su centro. Es aquí donde se encuentran algunas de las ciudades más antiguas del país, como Pécs, Győr y Sopron, y donde la influencia austro-húngara del pasado se hace más visible en la arquitectura y la cultura. Las Montañas del Norte, al norte de la Gran Llanura, forman una cadena de colinas y mesetas con bosques densos que incluyen las zonas vinícolas de Eger y Tokaj, y las espectaculares cavernas calizas de Aggtelek.
Budapest, la capital, se encuentra en el punto donde el río Danubio abandona su curso montañoso del norte y entra en la gran llanura del sur, un emplazamiento estratégico que explica por qué este lugar ha sido habitado de forma continua desde la Edad de Piedra. Con una población metropolitana de casi dos millones de personas, Budapest es la ciudad más grande del país por un margen enorme, y concentra la mayor parte de la actividad económica, cultural y política de Hungría.
Las principales ciudades regionales fuera de Budapest son Debrecen, en el este, la segunda ciudad del país y capital histórica de la Gran Llanura húngara, conocida como la ciudad calvinista por su asociación histórica con el protestantismo reformado y por su gran iglesia reformada de color arena que domina la plaza principal. Miskolc, en el norte, es un importante centro con un castillo medieval espectacular en las colinas circundantes y el acceso más conveniente a las cuevas de Aggtelek. Pécs, en el sur, es una de las ciudades más bellas y culturalmente ricas del país, con herencias romanas, medievales y otomanas. Eger, en el norte, es famosa por su castillo histórico, su arquitectura barroca espléndidamente conservada y sus vinos de fama internacional. Y Sopron, en el extremo occidental, es quizás la ciudad mejor conservada arquitectónicamente, con un centro histórico medieval casi intacto que hace de ella una pequeña joya casi desconocida para el turismo internacional.
El Lago Balatón merece mención especial como elemento geográfico fundamental de Hungría. Con 77 kilómetros de largo y entre 1,5 y 14 kilómetros de ancho, es el lago más grande de Europa Central, aunque su profundidad media es solo de unos tres metros, lo que hace que sus aguas se calienten rápidamente en verano y sean perfectas para el baño. La orilla norte del lago, con sus viñedos en terrazas y sus pueblos históricos, contrasta con la orilla sur, más llana y con playas más amplias, que fue desarrollada como zona turística popular durante la época comunista y que hoy recibe a millones de veraneantes húngaros y extranjeros cada verano.
Clima y Temporadas: Cuándo Visitar Hungría
Hungría tiene un clima continental húmedo con influencias mediterráneas en el sur, lo que se traduce en veranos cálidos e inviernos fríos, con una primavera y un otoño de temperatura templada que son las temporadas más agradables para visitar el país. La temperatura media en Budapest oscila entre 1 grado centígrado en enero y 23 grados en julio, aunque los extremos pueden ser mucho más pronunciados, con olas de calor que superan los 35 o incluso 40 grados en verano y heladas que bajan a -15 o -20 grados en invierno.
La mejor época para visitar Hungría, en general, son los meses de abril a junio y septiembre a octubre. La primavera, especialmente de mayo a principios de junio, es una de las épocas más hermosas del año, con los parques y jardines en plena floración, temperaturas agradables de entre 15 y 25 grados, y sin el calor sofocante ni las multitudes del verano. Es también la época del Festival de Pascua de Hollókő, uno de los eventos folklóricos más coloridos y auténticos de Hungría, que atrae a visitantes de toda Europa.
El verano, de julio a agosto, es la temporada alta del turismo, especialmente en el Lago Balatón, donde los húngaros acuden en masa durante sus vacaciones estivales. Budapest puede ser muy calurosa en agosto, pero las temperaturas no disuaden a los millones de visitantes que llenan la ciudad durante esos meses. El Festival de Sziget, celebrado en una isla del Danubio en Budapest durante el mes de agosto, es uno de los festivales de música más grandes de Europa y atrae a varios cientos de miles de visitantes internacionales cada año, convirtiéndose en uno de los eventos de entretenimiento más importantes del continente.
El otoño, de septiembre a octubre, es quizás la mejor época del año para visitar Hungría. Las temperaturas son perfectas para caminar y explorar, entre 10 y 22 grados, los viñedos de Tokaj y Eger están en plena vendimia y se pueden visitar las bodegas en su momento más activo y festivo, los bosques de las Montañas del Norte se tiñen de colores espectaculares, y las multitudes del verano han disminuido significativamente, haciendo más agradable la visita a los monumentos más concurridos. Es también la temporada del inicio de la temporada de teatro y ópera en Budapest.
El invierno, de noviembre a marzo, puede ser frío y gris, con días cortos y temperaturas bajo cero, pero tiene sus propios encantos que ningún amante de los viajes debería desestimar. Los mercados navideños de Budapest, especialmente el de la Plaza Vörösmarty en el centro de Pest, están entre los más hermosos e íntimos de toda Europa, con sus puestos de madera vendiendo artesanías, dulces tradicionales como el kürtőskalács y el hot wine especiado que los húngaros llaman forralt bor. Las Navidades y el Año Nuevo son épocas mágicas en la capital. Y los baños termales son especialmente gratificantes en invierno, cuando el vapor que se eleva sobre las piscinas exteriores crea una atmósfera única e irresistible mientras afuera cae la nieve o bajan las temperaturas a bajo cero.
Historia: Once Siglos de Grandeza y Tragedia
Orígenes y Época Romana
Antes de que los húngaros llegaran a la cuenca carpática, este territorio ya había sido testigo de miles de años de historia humana. Las primeras evidencias de asentamiento humano en lo que hoy es Hungría datan de la Edad de Piedra, y durante la Edad del Bronce la región fue hogar de culturas avanzadas que dejaron importantes huellas arqueológicas en toda la cuenca carpática.
Los celtas habitaron gran parte del territorio durante el primer milenio antes de Cristo, y sus oppida o ciudades amuralladas dejaron huella en varios puntos del país. Pero fue la conquista romana, completada en el año 14 d.C. bajo el emperador Augusto, la que transformó fundamentalmente la región. Los romanos establecieron la provincia de Panonia, que cubría la parte occidental de la actual Hungría al oeste del Danubio, y la desarrollaron como una próspera provincia imperial durante más de cuatro siglos, construyendo ciudades, calzadas, puentes y todo el aparato administrativo del Imperio.
La ciudad de Aquincum, establecida en lo que hoy es el barrio de Óbuda en Budapest, fue la capital de la Baja Panonia y una de las ciudades más importantes del limes romano del Danubio. En su apogeo durante los siglos II y III de nuestra era, Aquincum tenía una población de entre 30.000 y 50.000 habitantes, con anfiteatro para espectáculos públicos, termas monumentales, mercado central, templos a las deidades romanas y todos los elementos urbanos propios de la civilización imperial. Las ruinas de Aquincum, hoy visibles en el Museo al Aire Libre de Aquincum en el norte de Budapest, son algunos de los restos romanos mejor conservados y más accesibles de toda Europa Central y constituyen una visita imprescindible para quien quiera entender las capas históricas de la capital húngara.
En el sur, la ciudad de Sopianae, en el lugar donde hoy se encuentra Pécs, fue la capital de la provincia de Panonia Valeria y dejó un legado romano extraordinario que incluye una de las necrópolis paleocristianas del siglo IV más importantes del mundo occidental, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000. Las cámaras funerarias subterráneas decoradas con frescos de temática cristiana de Sopianae, que muestran escenas del Antiguo y Nuevo Testamento pintadas con notable maestría, son testimonios únicos de los primeros siglos del cristianismo en Europa Central y representan uno de los conjuntos de arte paleocristiano más significativos conservados en cualquier lugar del mundo.
Los romanos también introdujeron el cultivo de la vid en Panonia, estableciendo los fundamentos de una tradición vinícola que continúa hasta hoy en las regiones de Villány, Szekszárd y otras zonas de Transdanubia que ya producían vino durante la época imperial y cuya vocación vinícola tiene por tanto más de veinte siglos de historia ininterrumpida.
La Llegada de los Magiares: 895 D.c.
El evento que define de manera más fundamental la identidad húngara fue la migración de las tribus magiares a la cuenca carpática en el año 895 d.C., uno de los asentamientos de pueblos de la estepa más dramáticos e importantes de toda la historia europea. Las siete tribus magiares, lideradas por el Gran Príncipe Árpád bajo quien la leyenda dice que se habían unido mediante el sagrado Pacto de Sangre, cruzaron los pasos de los Cárpatos desde las estepas pónticas del noreste y tomaron posesión de la cuenca carpática, barriendo a las poblaciones eslavas y búlgaras que ocupaban parcialmente el territorio.
Los magiares eran un pueblo de guerreros y jinetes de las estepas asiáticas, emparentados lingüísticamente con los pueblos ugrios de los Urales pero influenciados por siglos de contacto con pueblos turcos, que durante décadas habían aterrorizado a la Europa occidental y central con sus incursiones de caballería relámpago. Sus jinetes llegaron hasta el norte de Francia, el sur de Italia y hasta la Península Ibérica, siendo detenidos definitivamente en la Batalla del río Lechfeld en 955 d.C. por el rey Otón I de Alemania, que los derrotó de manera contundente y puso fin para siempre a sus expediciones de saqueo hacia el oeste de Europa.
La derrota de Lechfeld fue un punto de inflexión que obligó a los magiares a reconsiderar su posición en Europa y abrirse a la civilización cristiana occidental como la única vía de supervivencia como nación. El Gran Príncipe Géza, quien tomó el poder en 972, inició el proceso de sedentarización y europeización de su pueblo, y fue él quien estableció contactos con el papado y el Imperio Romano Germánico para integrar a Hungría en la familia de las naciones cristianas de Europa.
El Reino de Hungría y Esteban I: El Nacimiento de Una Nación
El nacimiento oficial del Reino de Hungría se produjo el 25 de diciembre del año 1000 d.C., cuando el hijo de Géza, Vajk, fue coronado primer rey de Hungría con el nombre cristiano de Esteban I, en una ceremonia que el papa Silvestre II legitimó enviando al nuevo monarca una corona especial que pasó a la historia como la Corona de San Esteban, el objeto más sagrado de toda la historia húngara.
Esteban I fue un gobernante extraordinario que en el transcurso de su largo reinado, hasta su muerte en 1038, transformó completamente a su pueblo de nómadas guerreros semipaganos en una nación cristiana sedentaria organizada al estilo de los reinos occidentales europeos. Fundó el estado húngaro en su sentido moderno, estableciendo las instituciones de gobierno, la Iglesia húngara con sus arzobispados y monasterios, y el sistema administrativo de condados que perduró en sus rasgos esenciales durante casi mil años, hasta el siglo XX.
La conversión forzada al cristianismo fue uno de los pilares de la política de Esteban, que suprimió violentamente cualquier resistencia de los sectores paganos de la sociedad húngara, incluyendo la rebelión de su propio pariente Koppány, que fue descuartizado y cuyas partes fueron enviadas a los castillos de los cuatro puntos cardinales del reino como advertencia. Fundó la Abadía de Pannonhalma en 996, antes incluso de su coronación como rey, y estableció el Arzobispado de Esztergom como sede de la Iglesia húngara. Esteban I fue canonizado por el papa Gregorio VII en 1083, convirtiéndose en el santo patrón de Hungría y en el símbolo permanente de la nación cristiana húngara.
La Corona de San Esteban, que los húngaros llaman simplemente la Santa Corona, es mucho más que un objeto dinástico o arqueológico. Es el símbolo más sagrado de la continuidad y la soberanía del Estado húngaro, y durante siglos fue el único objeto por cuyo contacto físico un rey húngaro podía ser considerado legítimamente coronado. La Corona tuvo una historia aventurera y dramática, incluyendo un período durante la Segunda Guerra Mundial en que fue salvada de los soviéticos por oficiales húngaros que la entregaron a los norteamericanos, quienes la custodiaron durante décadas en Fort Knox. Fue devuelta finalmente a Hungría en 1978 por el presidente Jimmy Carter. Hoy se conserva en el Edificio del Parlamento de Budapest, en la Sala de la Cúpula, donde los húngaros pueden venerarla como el símbolo más poderoso e irremplazable de su identidad nacional.
La Invasión Mongola y la Reconstrucción
El siglo XIII trajo a Hungría una de las mayores catástrofes de su historia. En 1241, los ejércitos mongoles del Khan Batu y su brillante general Subutai invadieron el reino de Hungría con una velocidad y una violencia devastadoras que dejaron a toda Europa occidental temblando de terror. En la Batalla de Muhi del 11 de abril de 1241, el ejército húngaro fue prácticamente aniquilado, y los mongoles procedieron a ocupar y saquear sistemáticamente el país durante casi un año completo, causando una destrucción que los historiadores estiman eliminó entre un tercio y la mitad de la población total de Hungría.
El rey Béla IV escapó hacia Dalmacia mientras su reino era arrasado a fuego y sangre. La retirada mongola en 1242, precipitada por la muerte del Gran Khan Ögedei en Mongolia y la necesidad de Batu de regresar al este para participar en las disputas sucesorias, fue providencial para la supervivencia de Hungría, pero dejó al país en ruinas absolutas. Béla IV, conocido como el Segundo Fundador de Hungría, dedicó el resto de su reinado a reconstruir el país, construyendo castillos de piedra en todo el territorio para resistir futuras invasiones, repoblando las áreas devastadas con colonos alemanes, italianos, judíos y de otras nacionalidades, y reorganizando el sistema defensivo del reino.
Matías Corvino y el Renacimiento Húngaro
El siglo XV fue el siglo de oro de la Hungría medieval. El rey Matías Corvino, que reinó de 1458 a 1490, es el gobernante más amado de toda la historia húngara, el personaje en quien los húngaros concentran su nostalgia por una época de grandeza y gloria nacional. Matías fue un humanista renacentista de primera magnitud, coleccionista apasionado de arte y de libros, mecenas de artistas y arquitectos italianos y húngaros, que convirtió su corte en Buda en uno de los centros más brillantes del Renacimiento en Europa, comparable a las cortes de los Médici en Florencia o de Federico de Montefeltro en Urbino.
Su biblioteca, la Bibliotheca Corviniana, fue durante su época una de las más grandes de Europa, con más de dos mil volúmenes iluminados de los cuales unos 200 sobreviven hoy dispersos en bibliotecas de todo el mundo. Matías construyó el Palacio Real de Buda en estilo renacentista italiano, convirtiendo la vieja fortaleza medieval en uno de los palacios más espléndidos de Europa. Trajo artistas y arquitectos del norte de Italia para embellecer sus residencias y reformó el ejército húngaro con un cuerpo de mercenarios profesionales, el Ejército Negro, que fue el instrumento de sus numerosas conquistas militares. Conquistó Moravia, Silesia y Lusacia, y en 1485 tomó incluso Viena, donde residió durante varios años como señor de la capital imperial.
Su muerte prematura en 1490, sin un heredero legítimo que pudiera continuar su obra, fue una tragedia para Hungría. El brillante Renacimiento húngaro se marchitó rápidamente bajo sus sucesores Jagelones, el Ejército Negro fue disuelto por falta de pago, y el reino quedó vulnerablemente debilitado ante la amenaza creciente del Imperio Otomano que presionaba desde el sur con una potencia militar sin igual en el mundo de su época.
La Ocupación Otomana: 1526-1686
El 29 de agosto de 1526, en la Batalla de Mohács, el ejército otomano del Sultán Solimán el Magnífico aniquiló las fuerzas húngaras en apenas dos horas de combate y mató al joven rey Luis II, que murió ahogado en un pantano durante la retirada caótica. La derrota de Mohács fue el desastre más traumático de la historia húngara hasta el Tratado de Trianón en 1920, y marcó el comienzo de 160 años de ocupación otomana del corazón de Hungría.
El reino húngaro fue dividido en tres partes: el centro y el sur quedaron bajo administración directa otomana como una provincia imperial más, el este se convirtió en el Principado de Transilvania, un estado vasallo del Imperio Otomano pero con cierta autonomía cultural e intelectual que lo convirtió en el refugio de la cultura húngara durante el período de ocupación, y el norte y el oeste quedaron bajo administración de los Habsburgo, que reclamaban la corona húngara como herederos del rey Luis II.
La ocupación otomana transformó profundamente el paisaje urbano del territorio húngaro central. Las ciudades fueron modificadas al gusto islámico, con mezquitas construidas sobre o en lugar de iglesias, y baños públicos o hammams establecidos en numerosas ciudades aprovechando las abundantes aguas termales naturales. Buda, que los turcos llamaban Budin, fue la sede del Beylerbey otomano que gobernaba la Hungría otomana desde el antiguo Palacio Real de los reyes húngaros.
El legado más positivo y duradero de la ocupación otomana es precisamente la cultura de los baños termales que ha convertido a Budapest en una ciudad única en el mundo. Los otomanos, con su profunda tradición del hammam, encontraron en las abundantes aguas termales naturales de Buda el escenario perfecto para construir algunos de los baños más espléndidos de su vasto imperio. Los baños de Rudas, de Király y de Veli Bej, construidos en el siglo XVI bajo gobernadores otomanos y que todavía funcionan hoy en día sirviendo a la misma función para la que fueron construidos hace más de cuatrocientos cincuenta años, son testimonios vivos únicos de este legado otomano en Budapest.
La reconquista de Buda de los otomanos en 1686, llevada a cabo por las tropas de la Liga Santa liderada por el Sacro Imperio Romano Germánico bajo el mando del duque Carlos de Lorena, fue una de las grandes victorias militares de la época. Sin embargo, la ciudad fue tan devastada durante el asedio de dos meses que apenas quedaron edificios en pie. La reconstrucción de Buda y de todo el reino húngaro liberado fue llevada a cabo bajo la autoridad de los Habsburgo, que no consideraban a Hungría un Estado soberano sino un territorio conquistado y heredado, lo que generó tensiones enormes con la nobleza húngara que reclamaba el mantenimiento de sus derechos y privilegios constitucionales históricos.
La Era Habsburgo y el Compromiso de 1867
El siglo XVIII y la primera mitad del XIX fueron un período de tensión constante entre el deseo húngaro de autonomía nacional y el centralismo del Imperio Habsburgo. La Revolución y Guerra de Independencia Húngara de 1848-1849, liderada por el gran poeta y héroe nacional Sándor Petőfi y el brillante político Lajos Kossuth, fue el episodio más dramático de esta lucha. Los revolucionarios húngaros proclamaron la república y lucharon durante más de un año contra los ejércitos austriacos y, finalmente, contra los rusos que Viena llamó en su ayuda. La aplastante derrota de la revolución húngara fue seguida por una brutal represión austriaca: el general Haynau ejecutó a trece generales del ejército revolucionario húngaro en la ciudad de Arad el 6 de octubre de 1849, mártires que los húngaros recuerdan hasta hoy cada año en la Plaza Batthyány de Budapest frente al Parlamento.
El Compromiso Austro-Húngaro de 1867, conocido en húngaro como el Kiegyezés, fue el punto de inflexión que transformó el Imperio Austríaco en la Monarquía Austrohúngara, reconociendo a Hungría como un Estado coigual dentro de una monarquía dual bajo el emperador Francisco José I, que fue coronado rey de Hungría con la Corona de San Esteban en una ceremonia celebrada en Budapest el 8 de junio de 1867. Esta fecha marcó el inicio del período más próspero y brillante de la historia húngara moderna.
Los cincuenta años que siguieron al Compromiso de 1867 fueron el período de mayor prosperidad y desarrollo urbano de la historia húngara. Budapest se transformó con una velocidad vertiginosa en una de las grandes capitales imperiales de Europa, comparable en ambición y magnificencia con Viena, París o Berlín. El Edificio del Parlamento, la más grande construcción neogótica del mundo, fue construido entre 1885 y 1904. La Ópera del Estado Húngaro fue inaugurada en 1884. La magnífica Avenida Andrássy, construida al estilo de los Campos Elíseos parisinos, fue inaugurada en 1876. El metro de Budapest, inaugurado en 1896, fue el primer metro continental de Europa. El Gran Mercado Central fue inaugurado en 1897. Todo esto fue culminado con una gran exposición nacional en 1896 para conmemorar el Milenio de la llegada de los magiares, creando la Plaza de los Héroes con sus monumentos écuestres que se convirtió en el símbolo permanente de la identidad nacional húngara.
El Tratado de Trianón: La Gran Tragedia
La Primera Guerra Mundial, en la que Hungría participó como parte integral de la Monarquía Austrohúngara, terminó en la más terrible derrota. El Tratado de Trianón, firmado el 4 de junio de 1920 en el Palacio del Gran Trianón de Versalles, fue para Hungría una catástrofe territorial sin precedentes en la historia europea moderna. Hungría perdió dos tercios de su territorio histórico y aproximadamente un tercio de su población de lengua magiara, que quedó distribuida en los nuevos estados sucesorios: Rumanía recibió la gran región de Transilvania junto con otras áreas, Checoslovaquia recibió Eslovaquia y Rutenia Subcarpática, el nuevo Estado de los Serbios Croatas y Eslovenos recibió Vojvodina y Croacia-Eslavonia, y Austria recibió Burgenland.
El Tratado de Trianón es considerado el evento más traumático de la historia moderna de Hungría, una herida que tardó décadas en cicatrizar y que todavía hoy genera emociones intensas. El dolor y el resentimiento producidos por la pérdida de dos tercios del territorio histórico y por la situación de las minorías húngaras que quedaron fuera de las fronteras del nuevo estado dominaron la política húngara durante todo el período de entreguerras y explican en parte la alianza desastrosa de Hungría con las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, en un intento desesperado de recuperar los territorios perdidos que resultó en un nuevo desastre: la alianza con Alemania y la participación en la invasión de la Unión Soviética, seguida de la ocupación alemana de Hungría en 1944 y la deportación de más de 500.000 judíos húngaros a los campos de exterminio nazis, fue una catástrofe humanitaria que marcó a la sociedad húngara de manera permanente.
La Revolución de 1956
El período comunista de posguerra, dominado por el estalinista Mátyás Rákosi cuya Autoridad de Protección del Estado aterrorizaba a la población con detenciones arbitrarias, torturas y ejecuciones, fue uno de los más oscuros de la historia húngara. La muerte de Stalin en 1953 y el subsiguiente período de deshielo crearon expectativas de liberalización que se materializaron en el otoño de 1956 en la forma de una de las revoluciones más heroicas de la historia del siglo XX.
El 23 de octubre de 1956, estudiantes y trabajadores de Budapest salieron a las calles para exigir libertad política, el retiro de las tropas soviéticas del país y el regreso al poder del reformista Imre Nagy. La revolución se extendió rápidamente a todo el país con una velocidad que sorprendió tanto a los propios húngaros como al mundo entero. El gobierno reformista de Imre Nagy intentó conducir la transición hacia una democracia multipartidista y anunció la retirada de Hungría del Pacto de Varsovia, lo que precipitó la respuesta soviética. El 4 de noviembre de 1956, los tanques soviéticos entraron en Budapest y aplastaron la revolución en sangrientos combates callejeros que dejaron miles de muertos y destruyeron edificios enteros del centro de la ciudad. Imre Nagy, tras refugiarse en la embajada yugoslava durante días, fue finalmente entregado a las autoridades soviéticas y ejecutado en secreto en 1958.
La revolución húngara de 1956 fue la revuelta antisoviética más heroica y significativa de toda la Guerra Fría, y su aplastamiento fue seguido con horror y vergüenza por la opinión pública internacional que observó impotente cómo los húngaros eran abandonados a su destino. Más de 200.000 húngaros huyeron al exilio en los meses siguientes. La imagen de los jóvenes húngaros enfrentándose con cócteles molotov a los tanques del Ejército Rojo fue una de las más poderosas de la segunda mitad del siglo XX, y la Revolución de 1956 se convirtió en el símbolo máximo del valor y la lucha por la libertad del pueblo húngaro, reconocido como tal en todo el mundo libre.
La Transición Democrática de 1989
A diferencia de otros países del Bloque del Este, la transición de Hungría a la democracia fue un proceso relativamente pacífico y negociado. Durante la segunda mitad de los años 1980, el régimen comunista húngaro inició un proceso de liberalización conocido popularmente como el Goulash Comunismo, un sistema que ya desde los años de Kádár había permitido cierta libertad económica y cultural en comparación con los regímenes más duros del Bloque. En mayo de 1989, Hungría tomó la decisión histórica de desmantelar la valla de hierro en su frontera con Austria, lo que permitió que miles de ciudadanos de Alemania Oriental y otros países del Bloque del Este huyeran hacia Occidente y contribuyó decisivamente a la caída del Muro de Berlín en noviembre de ese año. Este acto de Hungría fue uno de los catalizadores más importantes de la revolución democrática que barrió Europa del Este en 1989.
La Mesa Redonda de Negociaciones entre el partido comunista y los partidos de oposición condujo a un acuerdo para elecciones libres multipartidistas. En 1990 se celebraron las primeras elecciones democráticas libres, y Hungría completó su transición a la democracia liberal y a la economía de mercado. El país se unió a la OTAN en 1999 y a la Unión Europea en 2004, completando su regreso al seno de la Europa occidental que había sido su hogar natural durante mil años de historia.
Budapest: La Reina del Danubio
Visión General
Budapest merece una sección propia y extensa porque es simplemente una de las ciudades más extraordinarias de Europa, una capital que combina la grandeza arquitectónica de una antigua capital imperial con la energía bohemia de una metrópolis moderna y creativa, y que tiene la fortuna única de estar dividida por el río Danubio en dos ciudades con personalidades completamente distintas que juntas forman una unidad armoniosa de rara belleza.
Buda, la parte occidental construida sobre colinas que se elevan dramáticamente sobre el río, es la parte histórica y aristocrática de la ciudad. Aquí se encuentran el Castillo Real y el Barrio del Castillo en la cima de la Colina del Castillo, las callejuelas empedradas con sus casas medievales y barrocas, los baños termales otomanos al pie de la colina, y las villas del siglo XIX que trepan por las laderas boscosas de las colinas de Buda. Buda tiene una atmósfera más tranquila, señorial y residencial que Pest, con sus parques arbolados, sus restaurantes elegantes en casas antiguas, y sus panorámicas sobre el Danubio y la ciudad al otro lado.
Pest, en la orilla oriental y plana del Danubio, es el corazón palpitante de la ciudad moderna. Aquí se encuentra la mayor parte de la actividad comercial, cultural y de entretenimiento de Budapest. Pest es el Budapest de los grandes bulevares del siglo XIX construidos al estilo de Haussmann, de los cafés históricos espléndidamente decorados como el New York Café o el Gerbeaud, de los restaurantes elegantes y los mercados animados, de los teatros y las salas de conciertos, de los edificios de apartamentos con sus zaguanes monumentales que esconden patios interiores con galerías. Es también el Budapest del Barrio Judío con sus ruinas bares únicos en el mundo, de la vida nocturna más vibrante de Europa Central, y de la gran Avenida Andrássy con su línea de metro subterránea más antigua del continente.
El casco histórico de Budapest, con las orillas del Danubio y el barrio del castillo de Buda, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987 como un ejemplo excepcional de paisaje urbano histórico en el que se funden la arquitectura de distintas épocas históricas en una unidad estética de extraordinaria coherencia y belleza.
El Edificio del Parlamento
El Edificio del Parlamento húngaro, conocido en húngaro como az Országház o La Casa del País, es la estructura más emblemática de Budapest y uno de los edificios más impresionantes del mundo entero. Construido entre 1885 y 1904 según los planos del arquitecto húngaro Imre Steindl, es el edificio del Parlamento más grande de Europa y el tercero más grande del mundo, con una superficie total de 18.000 metros cuadrados, 691 habitaciones decoradas, 29 escaleras, 10 patios interiores y 13 kilómetros de corredores interiores que lo convierten prácticamente en una ciudad dentro de la ciudad.
El estilo arquitectónico es un eclecticismo magistral que mezcla el neogótico inglés, inspirado en el Parlamento de Westminster en Londres, con elementos del Renacimiento veneciano y del barroco, adaptados brillantemente al paisaje húngaro y a las exigencias representativas de una gran capital imperial. La cúpula central, de 96 metros de altura, domina el skyline de Budapest desde ambas orillas del Danubio, y el número 96 es deliberadamente simbólico, conmemorando el año 896 en que los magiares llegaron a la cuenca carpática. La fachada que da al Danubio, con sus torres neogóticas, sus innumerables pináculos, sus arcos apuntados y sus más de noventa estatuas de reyes y guerreros húngaros, tiene 268 metros de longitud y es, especialmente por la noche cuando está iluminada con una luz dorada que se refleja en las aguas oscuras del Danubio, una de las vistas más espectaculares y emocionantes de toda Europa.
El interior es aún más deslumbrante que el exterior, lo cual es decir mucho. La Sala de la Cúpula, directamente debajo de la cúpula central, es el corazón simbólico del edificio y el lugar donde se conservan las joyas de la corona húngara: la Corona de San Esteban con su famosa cruz ligeramente inclinada, el cetro y el orbe, custodiados por guardias de honor en uniforme tradicional de gala durante las veinticuatro horas del día y los 365 días del año. Los cuarenta kilogramos de oro que adornan el interior del edificio, los frescos del gran pintor húngaro Mihály Munkácsy en la Sala de la Asamblea, la Gran Sala de los Escalones con sus vidrieras de colores y sus frescos monumentales, y las decenas de salas de reuniones y despachos ministeriales, todos ornamentados con esa generosidad decorativa propia del eclecticismo de finales del siglo XIX, hacen de este edificio una visita imprescindible y absolutamente única para cualquier visitante de Budapest.
Las visitas guiadas al interior del Parlamento, disponibles cuando la asamblea no está en sesión y que incluyen el acceso a la Sala de la Cúpula para ver la Corona de San Esteban, son una de las experiencias más extraordinarias que Budapest tiene para ofrecer al visitante. Se recomienda reservar con anticipación online, especialmente en temporada alta.
El Puente de las Cadenas
El Puente de las Cadenas, conocido en húngaro como Széchenyi Lánchíd, es la imagen más icónica de Budapest y el símbolo histórico más querido de la ciudad por sus propios habitantes. Construido entre 1842 y 1849 según los planos del ingeniero británico William Tierney Clark, con la supervisión del escocés Adam Clark que supervisó la construcción in situ, fue el primer puente permanente que unió las ciudades de Buda y Pest a través del Danubio, y su construcción, impulsada y financiada por el gran reformador social húngaro István Széchenyi, fue el símbolo material y espiritual del nacimiento de la ciudad moderna y de la nueva Hungría reformada.
La historia de cómo Széchenyi concibió el proyecto del puente es uno de los relatos fundacionales de la mitología húngara: se dice que el Conde Széchenyi, al intentar cruzar el Danubio en invierno para asistir al funeral de su padre y verse obligado a esperar días a que las condiciones del río lo permitieran, tuvo en ese momento la visión de un puente permanente que uniría para siempre las dos orillas. Sea verdad o leyenda, lo cierto es que Széchenyi dedicó sus recursos y su energía a hacer realidad el proyecto.
Las cadenas de hierro de las que cuelga el tablero del puente, las dos torres neoclásicas de sus pilones que se alzan sobre el río como guardianes monumentales, y los cuatro leones de piedra que flanquean los accesos en ambas orillas hacen del Puente de las Cadenas una de las estructuras más fotogénicas y más fotografiadas de Europa. Destruido durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes volaron todos los puentes de Budapest en su retirada, fue reconstruido fielmente y reinaugurado el 20 de noviembre de 1949 para el centenario exacto de su primera apertura al público.
El Castillo y el Barrio del Castillo de Buda
El Castillo de Buda y el Barrio del Castillo que lo rodea forman el corazón histórico y arqueológico de la ciudad, el lugar donde Buda fue fundada como capital del reino húngaro medieval y donde han gobernado reyes, emperadores y líderes políticos durante casi ocho siglos de historia continua. El conjunto del Castillo, que incluye el Palacio Real, la Iglesia de Matías, el Bastión de los Pescadores y las calles medievales del Barrio del Castillo con sus casas de los siglos XIV al XVIII, está declarado Patrimonio de la Humanidad y es la joya arquitectónica más importante de Budapest.
El Palacio Real, construido originalmente en el siglo XIV y magnificado espléndidamente por Matías Corvino en el siglo XV hasta convertirse en uno de los palacios más admirados de Europa, fue destruido durante el asedio de 1686 y reconstruido varias veces durante los siglos XVIII y XIX en estilos barrocos y neoclásicos que reflejaban el gusto imperial de los Habsburgo. Devastado de nuevo casi por completo durante los brutales combates de la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción de posguerra restauró el aspecto exterior del palacio, y hoy el complejo alberga la Galería Nacional Húngara con la colección más importante de arte húngaro desde el medievalismo hasta el siglo XX, y el Museo de Historia de Budapest con sus excavaciones arqueológicas medievales visibles.
El Bastión de los Pescadores, conocido en húngaro como Halászbástya, construido entre 1895 y 1902 como terraza-mirador decorativa sobre las murallas medievales del castillo según los planos del mismo arquitecto que restauró la Iglesia de Matías, Frigyes Schulek, es quizás el punto más fotogénico y mágico de toda Budapest. Sus siete torres neorrománticas de piedra blanca, que según la tradición representan a las siete tribus magiares originales que llegaron a Hungría en 895, y sus galerías con arcos de herradura que evocan los castillos de los cuentos de hadas, ofrecen las vistas más espectaculares de Budapest, con el Edificio del Parlamento dominando la orilla opuesta del Danubio, los puentes en fila hacia el sur y el norte, y Pest extendiéndose hasta el horizonte como un mapa viviente de la ciudad.
La Iglesia de Matías, o Mátyás-templom, es la iglesia más importante del Barrio del Castillo, el lugar donde se coronaron varios reyes de Hungría durante la época medieval y donde en 1867 fue coronado el Emperador Francisco José I como rey de Hungría. Construida originalmente en el siglo XIV, fue magnificada en el siglo XV bajo Matías Corvino que le añadió su torre sur inconfundible, fue convertida en mezquita por los otomanos durante la ocupación, y fue restaurada en estilo neogótico entre 1874 y 1896 por el arquitecto Frigyes Schulek, quien recreó con gran maestría lo que podría haber sido el aspecto original de la iglesia medieval. Su tejado de cerámica de colores brillantes en el inconfundible estilo de la porcelana Zsolnay de Pécs, con sus rombos y zigzags en tonos azul, verde, amarillo y cobre, es una de las imágenes más reconocibles e irresistibles de Budapest.
El Barrio Judío y los Bares de Ruinas
El Barrio Judío de Budapest, o Zsidónegyed, es uno de los barrios históricos más interesantes, conmovedores y vibrantes de toda Europa, un lugar único en el mundo donde la historia trágica del judaísmo europeo coexiste de manera sorprendente con una de las escenas de vida nocturna más únicas e inventivas del planeta. El barrio, centrado alrededor de las calles Dohány, Király y Kazinczy en el distrito VII de Pest, fue el hogar de una de las comunidades judías más grandes y culturalmente influyentes de Europa Central durante los siglos XIX y principios del XX, antes de que la tragedia del Holocausto destruyera en pocos meses lo que se había construido durante generaciones.
La Gran Sinagoga de la Calle Dohány, o Dohány utcai zsinagóga, construida entre 1854 y 1859 en un estilo románico-morisco que mezcla influencias bizantinas, islámicas y románicas en una síntesis espectacular, es el símbolo más imponente y emocionante del judaísmo húngaro. Con capacidad para 3.000 personas sentadas, es la sinagoga más grande de Europa y la segunda más grande del mundo, solo superada por la Temple Emanu-El de Nueva York. Sus dos torres con cúpulas bulbosas de color cobre de 43 metros de altura son uno de los elementos más reconocibles del skyline de la zona de Pest. En el jardín trasero de la sinagoga, en el lugar exacto donde los judíos del barrio fueron masacrados durante el invierno de 1944-1945, se encuentra el Árbol de la Vida, una escultura de metal en forma de sauce llorón creada por el artista Imre Varga cuyos miles de hojas de metal llevan grabados los nombres de judíos húngaros víctimas del Holocausto, un monumento de una belleza desgarradora.
Los ruinas bares, o romkocsmák en húngaro, son el fenómeno cultural más original y más fotografiado que Budapest ha aportado a la escena internacional en las últimas décadas, el concepto de vida nocturna más único de Europa. Surgidos a principios de los años 2000 en los edificios abandonados y deteriorados del Barrio Judío que no habían sido renovados desde la época comunista, estos bares convirtieron los espacios en ruinas en escenarios de vida social bohemia de una creatividad sin igual, decorándolos con muebles viejos rescatados de mercadillos, arte callejero de artistas locales, instalaciones eclécticas e impredecibles, plantas trepadoras que crecen por paredes desconchadas, y una atmósfera de festiva libertad creativa que no existe en ningún otro lugar del mundo con tanta intensidad ni tan auténticamente.
El más famoso de todos es el Szimpla Kert, o Jardín Simple, abierto en 2004 en un edificio semiderruido de la Calle Kazinczy. Szimpla Kert fue el primer bar de ruinas de Budapest y es hoy considerado el bar de ruinas más famoso del mundo, apareciendo de manera recurrente en todas las listas internacionales de bares más innovadores e interesantes del planeta. Con sus docenas de habitaciones con temáticas completamente diferentes, sus bateras y coches viejos del período comunista convertidos en asientos, sus murales pintados por artistas callejeros de Budapest, sus proyecciones de cine en las paredes, sus mercados dominicales de granjeros orgánicos que transforman el bar de la noche anterior en un mercado de productos frescos por la mañana, y su ambiente de total eclecticismo inventivo, Szimpla Kert es una visita absolutamente obligada que va mucho más allá del simple bar nocturno y que se ha convertido en uno de los lugares de peregrinación cultural obligada de Budapest.
La Avenida Andrássy y la Ópera del Estado Húngaro
La Avenida Andrássy, o Andrássy út, es el bulevar más elegante y magnífico de Budapest y uno de los bulevares más hermosos de toda Europa, una avenida de cuatro kilómetros de longitud construida entre 1872 y 1876 durante la época dorada de la Budapest imperial en un estilo directamente inspirado en los grandes bulevares haussmanianos de París. Declarada Patrimonio de la Humanidad junto con el resto del centro histórico de Budapest, la Avenida Andrássy es una sucesión de palacios neorenacimiento y neobarroco de cuatro y cinco plantas que albergan embajadas extranjeras, museos, cafés de lujo, boutiques elegantes y los edificios de apartamentos más codiciados de Budapest, flanqueada por dobles hileras de tilos y castaños que crean una bóveda verde en primavera y verano de una belleza que recuerda irresistiblemente a los Campos Elíseos.
La Ópera del Estado Húngaro, o Magyar Állami Operaház, construida entre 1875 y 1884 según los planos del gran arquitecto húngaro Miklós Ybl en un estilo neorenacimiento de una elegancia y una riqueza decorativa extraordinarias, es una de las joyas absolutas de la Avenida Andrássy y uno de los teatros de ópera más hermosos del mundo. Con su fachada neorenacimiento de piedra tallada, su foyer de mármol y dorado con escalinata imperial, su sala principal con frescos en el techo y cajas laterales que recuerdan a la Scala de Milán, y su acústica considerada entre las mejores de Europa, la Ópera de Budapest es proclamada por críticos y expertos como uno de los tres o cuatro teatros de ópera más bellos del mundo. Asistir a una función de ópera o ballet en el teatro húngaro es una de las experiencias culturales más memorables que Budapest puede ofrecer, especialmente porque los precios de las entradas son significativamente más accesibles que en los grandes teatros de Viena, Milán o París.
Al final de la Avenida Andrássy, donde esta se ensancha en una gran plaza, se encuentra la Plaza de los Héroes, o Hősök tere, construida entre 1896 y 1929 para la celebración del Milenio de la llegada de los magiares y símbolo monumental por excelencia de la identidad nacional húngara. La gran Columna del Milenio, de 36 metros de altura coronada por la figura del Arcángel Gabriel con la Corona de San Esteban y la cruz apostólica, está flanqueada por dos magníficas columnatas semicirculares con estatuas de los grandes reyes y héroes de la historia húngara, desde Esteban I hasta el héroe independentista Lajos Kossuth.
La Basílica de San Esteban
La Basílica de San Esteban, o Szent István-bazilika, es la iglesia más grande de Budapest y la más importante de Hungría, una obra maestra de la arquitectura neoclásica construida entre 1851 y 1905 en cuya nave central pueden sentarse 8.500 personas. Su cúpula de 96 metros de altura, idéntica a la del Edificio del Parlamento, domina el skyline de Pest y comparte con aquella la distinción de ser el punto más alto de Budapest, una restricción de altura que se mantiene hasta hoy en toda la ciudad. El interior, con sus mármoles italianos y húngaros, sus mosaicos de oro, sus pinturas al fresco y sus esculturas monumentales, es de una riqueza decorativa que impresiona incluso al visitante más hastiado de las grandes iglesias europeas.
En la Capilla del Santo Brazo Derecho, al interior de la Basílica, se conserva una de las reliquias más veneradas de toda Hungría: la Santa Derecha o Sagrada Diestra, que supuestamente es la mano derecha momificada del rey San Esteban I de Hungría, conservada milagrosamente desde el siglo XI. La reliquia es sacada en procesión solemne cada 20 de agosto, día de San Esteban y fiesta nacional de Hungría que conmemora la fundación del Estado húngaro, en uno de los eventos religiosos y patrióticos más importantes del año.
Los Baños Termales de Budapest: La Ciudad de los Balnearios
Budapest es la única capital del mundo donde es posible bañarse en aguas termales naturales medicinales en pleno centro de la ciudad, en edificios que son obras maestras de la arquitectura de los siglos XVI al XX, manteniendo una tradición ininterrumpida que se remonta más de dos mil años a los romanos que establecieron las primeras termas en Aquincum. La ciudad cuenta con más de 125 manantiales termales naturales dentro de sus límites, con temperaturas que oscilan entre los 21 y los 76 grados centígrados, y con un caudal total de decenas de millones de litros de agua termal por día. Por esta razón Budapest ostenta desde 1934 el título oficial de Ciudad de los Balnearios, o Fürdőváros, un título que ninguna otra capital del mundo puede reclamar con igual legitimidad.
La cultura termal de Budapest tiene tres capas históricas distintas que se superponen y se complementan. Los romanos fueron los primeros en aprovechar sistemáticamente las aguas termales de la región, construyendo termas monumentales en Aquincum y en otros puntos a lo largo del Danubio que han dejado restos arqueológicos impresionantes. Los otomanos, en el siglo XVI, construyeron los baños que aún hoy funcionan con mayor continuidad histórica, aplicando su tradición del hammam a los manantiales termales de Buda y creando edificios de cúpulas octogonales que son joyas únicas de la arquitectura otomana en Europa Central. Y la era austro-húngara de finales del siglo XIX y principios del XX fue la época dorada de los grandes establecimientos termales suntuosos, con edificios art nouveau y neobarroco que combinaban la función medicinal y de bienestar con la representación social y la arquitectura monumental.
Los Baños Széchenyi
Los Baños Széchenyi, o Széchenyi-fürdő, son los baños termales más grandes de Europa y uno de los establecimientos termales más famosos del mundo. Construidos entre 1909 y 1913 en estilo neobarroco en el Parque de la Ciudad de Budapest, con una fachada de palacio amarillo con cúpulas verdes que domina el gran parque arbolado, fueron ampliados significativamente en 1927 para añadir las tres piscinas exteriores que hoy son su imagen más conocida en el mundo entero. Las piscinas exteriores de los Széchenyi, especialmente en invierno cuando el vapor se eleva sobre el agua caliente mientras la nieve cae o las temperaturas bajan a bajo cero, son una de las imágenes más icónicas y más deseadas de Budapest.
Pero la fama de los Széchenyi no descansa solo en sus piscinas exteriores, que mantienen una temperatura constante de 38 grados durante todo el año. Su complejo interior incluye quince piscinas de diferentes temperaturas, salas de vapor, saunas, instalaciones de masajes y tratamientos termales, y un balneario médico con tradición de más de un siglo en el tratamiento de enfermedades reumáticas y articulares con las aguas sulfurosas del manantial Artesia que alimenta el complejo. La escena de los hombres de edad jugando al ajedrez flotando en las aguas termales de las piscinas exteriores, con sus tableros de ajedrez flotantes, es una de las más celebradas de Budapest y se ha convertido en un símbolo mundial de la cultura termal húngara.
Los Baños Gellért
Los Baños Gellért, o Gellért-fürdő, son el establecimiento termal más elegante y ostentoso de Budapest, un palacio art nouveau construido entre 1912 y 1918 al pie de la Colina Gellért, adosado al hotel del mismo nombre que fue uno de los establecimientos hoteleros más lujosos de Europa en su época de inauguración. El edificio exterior, con su cúpula central y sus torres laterales, su cerámica de colores y su emplazamiento privilegiado sobre el Danubio, es ya de por sí una obra maestra arquitectónica. El interior supera al exterior en riqueza decorativa: los mosaicos romanos, las columnas de mármol, las vidrieras de colores, los bajorrelieves y las fuentes ornamentales de la sala principal de baño crean una atmósfera que recuerda a un templo antiguo dedicado al culto del agua y la curación.
Las aguas del Gellért son especialmente ricas en minerales y tienen propiedades terapéuticas reconocidas por la medicina oficial para el tratamiento de enfermedades del aparato locomotor, del sistema nervioso y de problemas circulatorios. El complejo incluye piscinas interiores separadas para hombres y mujeres en las áreas más tradicionales, piscinas mixtas más modernas, saunas, salas de vapor y una piscina exterior de olas que fue una de las primeras de Europa en su construcción. Visitar los Baños Gellért es considerado por muchos la experiencia de spa más espectacular de toda Europa.
Los Baños Rudas
Los Baños Rudas, o Rudas-fürdő, son los más auténticos de los grandes baños termales de Budapest desde el punto de vista histórico y arquitectónico, los que conservan con mayor fidelidad su herencia otomana del siglo XVI. Construidos hacia 1566 por el gobernador otomano de Buda Sokoli Mustafá Pachá, los Rudas son uno de los tres hammams otomanos originales que aún funcionan en Budapest, y su sala principal es una joya de la arquitectura otomana europea que no tiene equivalente fuera de Turquía.
La sala principal de los Rudas es un cuadrado perfecto cubierto por una cúpula octogonal de unos diez metros de diámetro, perforada por pequeños ojos de buey circulares que en diferentes horas del día dejan pasar haces de luz de colores a través del vapor. En el centro, una piscina hexagonal de aguas termales a 42 grados, rodeada por cuatro alcobas más pequeñas con temperaturas diferentes, crea una atmósfera de intimidad casi mística que hace de los Rudas el lugar donde la tradición termal otomana de Budapest se siente con mayor intensidad. A esta experiencia histórica se ha añadido en años recientes una moderna azotea con piscina de borde infinito con vistas panorámicas sobre el Danubio y el Puente de las Cadenas.
Los Baños Király
Los Baños Király, o Király-fürdő, son los más antiguos de los baños termales de Budapest en funcionamiento continuo y los que mejor conservan la estructura original tal como fue concebida por los otomanos. Construidos entre 1565 y 1570 bajo el gobernador Arslan Pachá, los Király fueron diseñados curiosamente para poder ser alimentados por tuberías desde manantiales remotos en caso de sitio militar, una previsión táctica que revela la mentalidad militar de sus constructores. Los baños están situados en el lado de Pest, lejos de los manantiales de Buda, lo que hace que esta previsión tuviera sentido práctico durante los largos períodos de conflicto.
El complejo de los Király es más pequeño y más íntimo que los Széchenyi o los Gellért, lo que lo convierte en la opción preferida de muchos viajeros que buscan una experiencia termal más auténtica y menos turística. Sus cuatro cúpulas otomanas originales, visibles desde el exterior entre los edificios del barrio, y su sala principal con estrella de David de ocho puntas perforada en la cúpula, son elementos únicos que hacen de este baño uno de los más preciosos de Budapest.
Eger: La Ciudad Barroca y el Vino de los Guerreros
Eger es la ciudad pequeña más romántica y mejor preservada de Hungría, una joya barroca enclavada en las suaves colinas del norte del país que todo visitante que pase más de una semana en Hungría debería incluir en su itinerario. A apenas dos horas de Budapest en tren, Eger ofrece uno de los cascos históricos barrocos más hermosos de Europa Central, un castillo con una de las historias militares más heroicas del continente, y una región vinícola con personalidad propia que ha producido uno de los vinos tintos más famosos de la historia húngara.
El casco histórico de Eger, con su catedral neoclásica de dimensiones casi imposibles para el tamaño de la ciudad, su basílica minaret otomana del siglo XVII que es el minarete más septentrional del antiguo Imperio Otomano que aún se conserva en pie, su plaza mayor rodeada de palacios barrocos y sus calles peatonales llenas de terrazas y cafés, tiene una atmósfera de ciudad de cuento de hadas que hace de Eger uno de los destinos favoritos de los viajeros que buscan la Hungría auténtica más allá de Budapest.
El Castillo de Eger y el Sitio de 1552
El Castillo de Eger, que domina la ciudad desde lo alto de una colina de basalto, es el escenario del episodio más heroico de toda la historia húngara, uno de los episodios de resistencia militar más extraordinarios de la historia europea del siglo XVI. En septiembre y octubre de 1552, los aproximadamente 2.000 defensores del castillo de Eger, incluyendo mujeres que arrojaban agua hirviendo y piedras desde las murallas según la tradición popular, resistieron durante 38 días el asedio de un ejército otomano que los historiadores estiman en entre 60.000 y 80.000 soldados, cuarenta veces superior en número a los defensores.
La victoria de Eger, liderada por el capitán István Dobó, fue un milagro de tenacidad y coraje que conmocionó a Europa y detuvo temporalmente el avance otomano hacia el corazón del continente. Se convirtió inmediatamente en un símbolo de resistencia nacional que los húngaros utilizaron para mantener viva la esperanza durante los siglos de ocupación otomana, y que el escritor húngaro Géza Gárdonyi inmortalizó en su novela de 1899 Los Eclipses del Sol y las Estrellas de Eger, uno de los libros más amados de la literatura húngara.
El museo del castillo hoy ofrece una visita fascinante por las mazmorras, los sótanos medievales, las salas de armas y los bastiones desde los que los defensores resistieron el asalto otomano, con vistas espléndidas sobre la ciudad y los viñedos circundantes.
El Vino de Eger: Egri Bikavér
La región vinícola de Eger es una de las más famosas de Hungría, y su vino más conocido, el Egri Bikavér o Sangre de Toro de Eger, tiene una historia tan dramática como el propio Sitio de Eger. La leyenda, cuya veracidad histórica es discutible pero cuya potencia narrativa es indudable, dice que los defensores del castillo en 1552 bebieron tanto vino tinto durante el sitio que su barba y su ropa se tiñeron de rojo, lo que hizo creer a los otomanos que habían bebido sangre de toro para hacerse invulnerables. De esta leyenda nació el nombre Bikavér, Sangre de Toro.
El Egri Bikavér es un vino tinto de mezcla de uvas, con el Kékfrankos como base obligatoria y otras variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot y Blauburger como complemento, que debe tener al menos un 50 por ciento de Kékfrankos en su composición según la denominación de origen. Es un vino tinto de cuerpo medio a completo, con taninos bien integrados y aromas a frutos rojos, especias y tierra húmeda, que ha mejorado enormemente en calidad en las últimas dos décadas gracias al trabajo de los productores locales.
El Valle de las Bellas Mujeres, o Szépasszony-völgy, es el lugar donde se pueden visitar las bodegas de los productores locales más pequeños de Eger, que tienen sus cuevas excavadas directamente en la roca volcánica de la colina. Este valle pintoresco, a un corto paseo del centro histórico de Eger, con sus decenas de cuevas bodega, sus mesas al aire libre y su atmósfera festiva en los meses de verano, es uno de los lugares más agradables de Hungría para degustar vino directamente con el productor.
La Región Vinícola Histórica de Tokaj
La región vinícola de Tokaj, en el extremo noreste de Hungría donde los ríos Bodrog y Tisza confluyen al pie de las colinas volcánicas de la sierra de Zemplén, es una de las regiones vinícolas más importantes y más históricas del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002. La importancia excepcional de Tokaj en la historia de la viticultura mundial descansa en un hecho único: fue aquí donde se estableció en 1730 la primera clasificación de calidad de viñedos del mundo, el primer sistema de denominación de origen, décadas antes de que los franceses hicieran algo equivalente con los grandes châteaux de Burdeos en 1855. Esta prioridad histórica es motivo de enorme orgullo para los húngaros y de reconocimiento internacional para la región.
El vino más famoso y más extraordinario de Tokaj es el Tokaji Aszú, uno de los grandes vinos dulces del mundo y el único que tiene una historia de cinco siglos de producción documental continua. El Aszú se elabora con uvas que han sido atacadas por el hongo Botrytis cinerea, la noble podredumbre, que concentra los azúcares y los aromas en las bayas al deshidratarlas parcialmente, creando uvas arrugadas y pasificadas llamadas aszú berries que se recogen una a una en cestos llamados puttony, plural puttonyos. Estas uvas aszú se maceran en vino base o en mosto fresco durante horas o días, y la cantidad de puttonyos de uvas aszú por barrica de 136 litros determinaba históricamente la concentración de dulzor y la categoría del vino, en una escala de 1 a 6 puttonyos.
El origen del Tokaji Aszú está envuelto en leyenda. La tradición húngara atribuye su descubrimiento al siglo XVII, cuando la amenaza de invasión otomana habría llevado a retrasar la vendimia en Tokaj, permitiendo que las uvas se botritizaran de manera natural. El resultado habría sido un vino de dulzor y concentración desconocidos hasta entonces, cuya calidad extraordinaria fue reconocida inmediatamente y que muy pronto encontró su camino hasta las mesas de los monarcas europeos más poderosos.
El rey Luis XIV de Francia, el Rey Sol, fue el monarca que inmortalizó el Tokaji Aszú al proclamarlo en su corte de Versalles como el Vinum Regum, Rex Vinorum, el Vino de los Reyes, Rey de los Vinos, una denominación que los productores de Tokaj utilizan con orgullo hasta el día de hoy. El Tokaji Aszú fue el vino favorito del zar Pedro el Grande de Rusia, que llegó a mantener una guarnición de tropas rusas en la región de Tokaj para garantizar el suministro continuo a la corte imperial rusa. El papa Benedicto XIV lo llamó el vino de los papas. El filósofo alemán Gotthold Ephraim Lessing lo cantó en verso. Y Voltaire, que probó poco que no mereciera su acidez crítica, escribió admirativamente sobre las virtudes del Tokay.
La región vinícola de Tokaj produce hoy además del Aszú otros grandes vinos que merecen atención: el Tokaji Eszencia, que con concentraciones de azúcar que pueden superar los 700 gramos por litro es uno de los líquidos más dulces y concentrados que se producen naturalmente en el mundo del vino, prácticamente imposible de fermentar a más de 2 o 3 grados de alcohol; el Tokaji Furmint seco, elaborado con la uva furmint que es la variedad principal de la región, que cuando se vinifica en seco produce un vino blanco seco de alta acidez, cuerpo notable y complejidad aromática que ha conquistado en la última década el reconocimiento internacional como uno de los grandes blancos secos del mundo; y el Szamorodni, elaborado con racimos enteros que contienen mezcla de uvas botritizadas y sanas, en versiones tanto dulce como seco.
Una visita a la región de Tokaj, que combina paisajes de viñedos en pendiente sobre el río, pueblos como la propia Tokaj, Mád o Tállya con magníficas bodegas históricas excavadas en la roca volcánica, y la oportunidad de degustar los vinos directamente en las bodas más reputadas de la región como Oremus, Disznókő, Royal Tokaji o Istvan Szepsy, es una de las experiencias enológicas más memorables que el visitante puede vivir en Europa.
Hollókő: El Pueblo del Fin del Mundo
El pequeño pueblo de Hollókő, cuyo nombre significa literalmente Cuervo de Piedra, está enclavado en una hondonada de las colinas boscosas del norte de Hungría, a unos 100 kilómetros al noreste de Budapest, y es uno de los lugares más extraordinarios y mejor preservados de toda Hungría. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987 junto con Budapest, siendo los únicos dos sitios húngaros en recibir esta distinción en la primera tanda de reconocimientos, Hollókő es el ejemplo más perfectamente conservado del mundo de la arquitectura popular húngara tradicional de la etnia Palóc, una forma de construcción que ha desaparecido de prácticamente todos los demás lugares donde existió.
Las casas de Hollókő, construidas en madera y barro cocido con los techos de paja o teja, las galerías de madera tallada y los portones ornamentados, forman un conjunto de una coherencia y una autenticidad rarísimas en la Europa del siglo XXI. Lo extraordinario es que Hollókő no es un museo al aire libre ni un conjunto de edificios restaurados artificialmente: es un pueblo vivo donde viven unas pocas docenas de familias en las mismas casas de sus abuelos, manteniendo las tradiciones artesanales, los bordados, los trajes populares y las festividades que sus antepasados practicaban hace dos o tres siglos.
El evento anual más famoso de Hollókő es el Festival de Pascua, que se celebra en Semana Santa y reúne a miles de visitantes llegados de toda Hungría y del extranjero para presenciar las tradiciones populares de la festividad. Las mujeres del pueblo visten sus elaborados trajes tradicionales Palóc, con sus faldas de múltiples capas, sus delantales bordados a mano en colores vivos, sus pañuelos floreados y sus característicos tocados, y participan en las costumbres pascuales húngaras como el locsolás o rocío, una tradición de fertilidad en la que los hombres jóvenes rocían con agua de colonia a las chicas, que a cambio les dan huevos pintados.
El castillo medieval que domina el pueblo desde lo alto de un risco rocoso, reconstruido en parte, ofrece vistas espléndidas sobre el mar de tejados rojizos del pueblo y los bosques circundantes, y alberga un pequeño museo histórico. La combinación de arquitectura popular perfectamente conservada, naturaleza rural apacible y tradiciones vivas hace de Hollókő uno de los lugares más auténticos y emocionantes de toda Hungría.
El Parque Nacional de Hortobágy y la Puszta
El Parque Nacional de Hortobágy, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, es el parque nacional más grande de Hungría y el mayor parque nacional estepario de Europa, una extensión de más de 800 kilómetros cuadrados de llanura húngara casi intacta donde el hombre y la naturaleza han convivido durante miles de años en una relación de mutua dependencia que ha creado un paisaje cultural único en el mundo.
La Puszta, que los húngaros pronuncian Pusta, es el nombre coloquial de la Gran Llanura húngara y en particular de las zonas de estepa seca de la cuenca del Hortobágy, un paisaje de horizontes ilimitados donde el cielo parece más grande y más cercano que en ningún otro lugar de Europa. Este paisaje de aparente monotonía esconde en realidad una riqueza extraordinaria: es hogar de docenas de especies de aves que no se encuentran en ningún otro lugar de Europa Central, incluyendo la gran avutarda, el aguilucho papialbo, la grulla común en migración, y centenares de otras especies que hacen del Hortobágy uno de los sitios de observación de aves más importantes del continente.
Los csikós son los vaqueros húngaros de la Puszta, los jinetes vestidos con pantalones azules anchos y sombrero de ala ancha que han mantenido desde el siglo XV las tradiciones ecuestres de las estepas magiares. Sus espectáculos ecuestres, que incluyen la monta sin silla a pelo, el galope en pie sobre el lomo de varios caballos al mismo tiempo en la técnica llamada la posta húngara, el lazo y el trabajo con el látigo, son algunos de los espectáculos ecuestres más impresionantes del mundo y atraen a miles de visitantes al parque nacional cada año.
El Puente de los Nueve Arcos, o Kilenclyukú híd, construido entre 1827 y 1833 y con sus 167 metros de longitud el puente de piedra más largo del país, es el símbolo arquitectónico más reconocible del Hortobágy y uno de los iconos más queridos del paisaje húngaro. Las razas de animales domésticos tradicionales de la Puszta son otra de las grandes atracciones del parque: el imponente ganado gris húngaro con sus cuernos en forma de lira, las ovejas Racka con sus cuernos en espiral vertical que desafían la gravedad, y los cerdos Mangalica con su inconfundible pelaje lanudo rizado que los hace parecer ovejas, son razas únicas en el mundo que estuvieron a punto de extinguirse en el siglo XX y que hoy se preservan y se crían en el parque.
El Lago Balatón: El Mar Húngaro
El Lago Balatón, conocido con afecto por todos los húngaros como el Balcsi o el Mar Húngaro, es el lago más grande de Europa Central, con una superficie de 594 kilómetros cuadrados, 77 kilómetros de longitud y una anchura que varía entre 1,5 y 14 kilómetros. Aunque su profundidad máxima no supera los 11 metros y la media es de apenas 3,2 metros, el lago tiene una presencia y una importancia en la vida y la cultura húngaras que va mucho más allá de sus dimensiones físicas.
Para los húngaros, el Balatón es el destino de vacaciones nacional por excelencia, el lugar donde varias generaciones han pasado sus veranos de infancia y adolescencia, aprendido a nadar y navegar, vivido los romances de verano de la juventud y experimentado la particular luz y atmósfera de las tardes sobre el agua. Durante la época comunista, el Balatón era prácticamente el único destino de vacaciones accesible para la mayoría de los húngaros, lo que reforzó su papel central en la imaginación colectiva del país.
La orilla norte del lago es la más pintoresca e interesante para el turismo cultural, con sus viñedos que descienden directamente hasta el agua, sus pueblos históricos con iglesias románicas y casas de piedra volcánica, y la extraordinaria península de Tihany que se adentra en el lago creando una bahía protegida al sur y una bahía abierta al norte. La abadía benedictina de Tihany, fundada en 1055 por el rey Andrés I cuya tumba se conserva en la cripta, es la más antigua de Hungría con documento fundacional conservado y uno de los monumentos más hermosos del país. La iglesia barroca que se alza sobre la península con sus dos torres visibles desde cualquier punto del lago es una de las imágenes más amadas del paisaje húngaro.
El Festival Internacional de Vela de Balatonfüred, uno de los más importantes del mundo de los Lagos, los balnearios termales de Hévíz al oeste del lago, que con sus 38 grados constantes y su superficie de cuatro hectáreas es el lago termal natural más grande del mundo, y la ciudad de Keszthely con su magnífico Palacio Festetics del siglo XVIII son otros de los atractivos que hacen del Balatón una región de extraordinaria riqueza y variedad.
Pécs: La Ciudad Mediterránea de Hungría
Pécs, en el sur de Hungría, es una de las ciudades más hermosas y culturalmente ricas del país, una ciudad que se distingue de todas las demás ciudades húngaras por su carácter mediterráneo y su herencia histórica de extraordinaria profundidad y variedad. Pécs fue capital romana, fue una de las primeras ciudades de Hungría en tener universidad, fue un próspero centro cultural y artesanal bajo los otomanos, y es hoy una ciudad universitaria vibrante con una escena cultural que puso en el mapa europeo como Capital Europea de la Cultura en 2010.
La Necrópolis Paleocristiana de Pécs, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000, es el legado más extraordinario de la época romana de Sopianae. Las cámaras funerarias subterráneas del siglo IV de nuestra era, excavadas en el subsuelo del centro histórico de la ciudad, contienen algunos de los frescos paleocristianos más importantes conservados en cualquier lugar del mundo occidental, con escenas del Paraíso, imágenes de Adán y Eva, de Jonás y la ballena, y otros temas bíblicos pintados con una frescura y una calidad artística sorprendentes para su antigüedad.
La Mezquita del Pachá Gazi Kassim, construida en 1543 directamente sobre la antigua catedral medieval cristiana de Pécs utilizando su piedra como material de construcción, es el edificio más interesante e históricamente inusual de Pécs y uno de los más singulares de Hungría. Tras la reconquista cristiana del siglo XVII, la mezquita fue transformada en iglesia y la media luna de su cúpula fue substituida por una cruz, creando un híbrido religioso que hoy forma parte del tejido cotidiano de la vida de la ciudad. Sus azulejos turcos originales en el interior coexisten con los elementos barrocos añadidos en la era cristiana, y la tensión visual y simbólica de este espacio hace de su visita una experiencia única.
La fábrica de porcelana Zsolnay, fundada en 1853 y cuyas cerámicas con el inconfundible esmalte eosinado que produce tonos de verde, rojo y dorado metálico irisado han decorado los tejados de los edificios más importantes de Hungría, desde la Iglesia de Matías en Budapest hasta el propio Parlamento, es la institución cultural más importante de Pécs después de la Universidad y uno de los orgullos más queridos de la ciudad. El Museo Zsolnay y el Barrio Cultural Zsolnay, instalado en la antigua fábrica reconvertida, ofrecen una visión completa de la historia y la producción de esta manufactura única.
Las Cuevas de Aggtelek: Un Mundo Bajo Tierra
El Sistema de Cuevas del Karst de Aggtelek y Eslovaquia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 como sitio transnacional compartido entre los dos países, contiene el conjunto de cuevas cársticas de estalactitas y estalagmitas más extraordinario de Europa y uno de los más impresionantes del mundo. La cueva Baradla, en el lado húngaro del sistema, es la cueva de estalactitas más larga de Europa Central, con un recorrido total de 25 kilómetros de galerías, salas y corredores subterráneos que pueden visitarse en rutas de diferentes duraciones.
La Sala del Concierto de la cueva Baradla, una caverna natural de dimensiones catedralicias con una acústica excepcional, es el escenario de conciertos de música clásica que se celebran periódicamente en verano, convirtiendo la visita a las cuevas en una experiencia musical única e irrepetible. Las formaciones de estalactitas y estalagmitas de la Baradla incluyen ejemplares de tamaño extraordinario, algunos con nombres evocadores como el Dragón, la Tortuga Gigante o el Oso de Cristal, y los colores producidos por los diferentes minerales que precipitan en las concreciones calizas crean panoramas subterráneos de una belleza sobrenatural.
La Abadía de Pannonhalma
La Abadía Benedictina de Pannonhalma, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, es uno de los lugares más importantes y más cargados de historia de toda Hungría. Fundada en el año 996 d.C. por el príncipe Géza y completada por su hijo, el futuro rey Esteban I, sobre la Colina Sagrada de San Martín en el noroeste de Transdanubia, es la institución cultural en funcionamiento continuo más antigua de Hungría, con más de mil años de vida monástica ininterrumpida.
La abadía, que alberga hoy a varios decenas de monjes benedictinos que continúan la doble tradición ora et labora, reza y trabaja, incluye una biblioteca medieval con más de 360.000 volúmenes incluyendo el primer documento escrito en húngaro que se conserva, un scriptorium todavía activo, una escuela secundaria con 500 alumnos, viñedos que producen vinos de alta calidad y una destilería de licores. El complejo arquitectónico, que combina estilos del románico al neoclásico acumulados durante mil años de ampliaciones y renovaciones, domina el paisaje de las colinas transdanubianas desde su posición elevada y visible desde decenas de kilómetros de distancia.
La Gastronomía Húngara: El Triunfo de la Paprika
La cocina húngara es una de las más características, más sabrosas y más perfectamente identificables de toda Europa Central, una tradición culinaria construida alrededor de unos pocos ingredientes fundamentales que combinados con maestría producen resultados de una complejidad y una profundidad de sabor que sorprenden al visitante que los descubre por primera vez. El alma de la cocina húngara es la paprika, el pimiento rojo seco y molido que los húngaros adoptaron de los otomanos en el siglo XVI o XVII y que convirtieron en el ingrediente definitorio de su identidad culinaria, en el polvo rojo que tiñe y aromatiza las preparaciones más emblemáticas del país y que convirtió a Hungría en el país de la paprika por excelencia en la imaginación gastronómica del mundo.
La paprika húngara es diferente a los pimientos en polvo de otras tradiciones culinarias: tiene una riqueza aromática y una complejidad de sabor, con sus variantes que van de la dulce a la picante pasando por la ahumada, que la hacen irreemplazable en las preparaciones tradicionales. La región de Kalocsa y Szeged son los centros productores más famosos, y los collares de pimientos rojos colgados a secar en las fachadas de las casas de estas ciudades son una de las imágenes más características del paisaje húngaro en otoño.
El Gulyás
El gulyás, hispanizado como gulasch, es el plato más conocido internacionalmente de la cocina húngara y también el más incomprendido fuera del país. Para la mayoría de los extranjeros, el gulasch es un estofado de carne espeso y oscuro, un guiso rico y contundente. Pero en Hungría, el gulyás es en realidad una sopa, una sopa de ternera y paprika con patatas y otras verduras, generosa y sustanciosa pero fundamentalmente líquida, que se sirve en un tazón como primer plato o como plato único en el almuerzo. El plato que los extranjeros llaman gulasch suele ser en realidad lo que los húngaros llaman pörkölt, un estofado de carne mucho más concentrado y sin verduras adicionales.
El origen del gulyás es completamente pastoral: era la comida de los gulyás, los pastores que cuidaban el ganado vacuno en la Gran Llanura húngara, que hervían trozos de ternera con cebolla y paprika en grandes calderos de hierro colgados sobre fuego de leña en la pradera abierta. Esta versión primitiva se fue sofisticando progresivamente hasta convertirse en uno de los platos nacionales de Hungría y en uno de los platos más reconocibles de la gastronomía centroeuropea en el mundo entero. El gulyás se cocina todavía hoy en el bogrács, el caldero de hierro tradicional, especialmente en los festivales y celebraciones al aire libre.
El Pörkölt y el Paprikás Csirke
El pörkölt es el estofado que muchos extranjeros confunden con el gulyás: una preparación de carne de ternera o de cerdo cortada en trozos, estofada lentamente con abundante cebolla, paprika dulce y sal hasta que la carne queda tierna y la salsa, reducida y concentrada, adquiere un color rojo intenso y una densidad que cubre la carne como un manto aromático. El pörkölt se sirve generalmente con pasta húngara en forma de pequeños granos irregulares llamada galuska, similar a los spätzle alemanes, o con noquis de patata.
El paprikás csirke, o pollo a la paprika con nata agria, es quizás el plato húngaro más conocido después del gulyás y uno de los más representativos de la cocina del país. El pollo se cocina con cebolla, paprika dulce y caldo hasta quedar tierno y jugoso, y al final se añade una cantidad generosa de tejföl, la nata agria húngara similar a la crème fraîche francesa pero con una acidez más pronunciada, que transforma la salsa de paprika en una preparación de una cremosidad y una riqueza de sabor inimitables. El tejföl, la nata agria, es el otro gran ingrediente de la cocina húngara además de la paprika, el complemento ideal que suaviza y enriquece los platos de paprika, que acompaña el lángos y que aparece en docenas de preparaciones dulces y saladas.
El Halászlé
El halászlé es la sopa de pescado del río Tisza, uno de los platos más contundentes y más picantes de la gastronomía húngara, una preparación de origen completamente popular que los pescadores de la Gran Llanura preparaban con las variedades de agua dulce del Tisza: principalmente carpa, lucio y siluro. La versión más famosa es la de Szeged, hecha con carpa y con una cantidad de paprika que la tiñe de un rojo intenso y le confiere un picor notable, y la versión de Baja, considerada la más auténtica por los puristas, donde el pescado se cocina directamente en la sopa y se sirve entero para que cada comensal sirva el suyo. El halászlé es un plato de sabores fuertes y directos, de los que se quedan en la memoria del viajero.
El Lángos
El lángos es la comida callejera más popular y más amada de Hungría, el snack que se vende en los puestos de los mercados y de las ferias al aire libre, en los balnearios y en las fiestas populares de todo el país. Una masa de levadura frita en aceite hasta quedar dorada y crujiente por fuera y esponjosa por dentro, que se cubre generalmente con tejföl, queso rallado y ajo frotado, aunque las variantes con queso, salami, hierbas, huevo o miel son también populares. El lángos es una experiencia directamente táctil y gustativa, grasiento, caliente, aromático, que hay que comer de pie recién salido de la freidora, sin vergüenza ni pretensiones, como lo hacen los húngaros de todas las edades desde siempre.
El Kürtőskalács
El kürtőskalács, o pastel de chimenea como se le conoce en otras lenguas, es el dulce callejero más amado de Hungría y uno de los dulces tradicionales más originales de toda Europa, reclamado también por Rumanía y la región transilvana donde también se produce con gran tradición. La masa de levadura se enrolla en espiral alrededor de un rodillo de madera cónico y se va girando lentamente sobre brasas de carbón o leña hasta caramelizarse en el exterior mientras el interior queda esponjoso y tierno. Antes de servir se puede rebozar en azúcar con canela, con nueces molidas, con coco rallado, con chocolate u otras coberturas según el gusto del puesto y del cliente. El resultado es un dulce de capa crujiente caramelizada y un interior suave y aromático que solo existe en su versión perfecta recién hecho y caliente.
El Dobos Torte y el Rétes
La repostería húngara tiene una tradición de extraordinaria calidad que refleja la influencia de la cultura gastronómica vienesa combinada con el genio local. La Tarta Dobos, creada en 1884 por el pastelero húngaro József C. Dobos para la Exposición Nacional de Budapest y presentada al rey Francisco José I y a la emperatriz Sissi, es un monumento de la pastelería centroeuropea: siete capas de bizcocho genovés alternadas con crema de mantequilla y chocolate, coronadas por una capa de caramelo toffee que se craquea al servir. La tarta fue un escándalo gastronómico en su época porque Dobos la presentaba en cajas de cartón que permitían conservarla y transportarla durante semanas, una innovación entonces revolucionaria.
El rétes húngaro, equivalente al strudel austriaco pero con sus propias variantes características, es otro de los grandes dulces de la repostería húngara, una masa estirada hasta hacerse casi transparente que envuelve rellenos de manzana con canela, de cerezas, de queso fresco con pasas, de amapola molida con azúcar o de nueces con miel. La masa del rétes auténtico es tan fina que la tradición dice que el maestro pastelero debe poder leer el periódico a través de ella.
El Pálinka y el Unicum
El pálinka es el aguardiente de frutas húngaro, una destilación de dos veces de frutas enteras fermentadas que puede alcanzar entre 40 y 70 grados de alcohol según la variedad y el estilo del productor, y que fue declarado Indicación Geográfica Protegida y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el marco de la UNESCO como parte de la cultura húngara. El pálinka más clásico se elabora con ciruelas, pero las variedades de albaricoque, pera Williams, cereza ácida, manzana y membrillo son igualmente apreciadas por los conocedores.
El pálinka se bebe a temperatura ambiente o ligeramente frío, en pequeños vasos de chupito, generalmente como aperitivo antes de la comida o como digestivo al final, y los húngaros lo consideran una bebida de calidez y hospitalidad, algo que se ofrece al invitado como primer gesto de bienvenida. Los mejores pálinkas artesanales, elaborados por pequeños productores de las regiones frutícolas del noreste y el sur del país, son bebidas de alta complejidad aromática y de una limpieza de sabor que nada tiene que ver con los aguardientes industriales: en ellos se reconoce perfectamente la fruta de origen, con todos sus matices, concentrada y transformada por la destilación en algo que trasciende lo meramente alcohólico.
El Unicum es el licor de hierbas más famoso de Hungría, elaborado por la familia Zwack desde 1790 con una receta que incluye más de cuarenta hierbas y especias secretas maceradas en alcohol y maduradas en barricas de roble. Su sabor amargo, complejo, herbáceo y con notas de anís y cítricos lo hace parecido al Fernet italiano o al Jägermeister alemán pero con una personalidad propia e inconfundible. Los húngaros lo beben como digestivo en la pequeña copa esférica característica, y su botella redonda negra con la cruz roja en el centro es uno de los iconos del diseño húngaro.
Los Ocho Patrimonios de la Humanidad de Hungría
Hungría tiene ocho sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un número notable para un país de su tamaño que refleja la extraordinaria densidad de valores culturales y naturales del territorio húngaro.
El primero, declarado en 1987, fue el Centro Histórico de Budapest con las Orillas del Danubio, el Barrio del Castillo de Buda y la Avenida Andrássy. Este sitio reúne en una sola declaración los elementos más extraordinarios del paisaje urbano histórico de la capital, desde las ruinas romanas de Aquincum hasta el Parlamento neogótico del siglo XX, abarcando uno de los conjuntos de arquitectura histórica más coherentes y más bellos de toda Europa.
El segundo Patrimonio de la Humanidad de Hungría, también declarado en 1987, fue el pueblo de Hollókő y su entorno, reconocido como el ejemplo más perfectamente preservado de la arquitectura popular húngara de la etnia Palóc y como testimonio vivo de una forma de vida rural que ha desaparecido en el resto del país.
En 1995 se declaró el sitio transnacional de las Cuevas del Karst de Aggtelek y Eslovaquia, que incluye la cueva Baradla y otros sistemas subterráneos a ambos lados de la frontera, reconocido por sus formaciones kársticas de valor científico y estético excepcional.
La Abadía Benedictina de Pannonhalma y su entorno natural fue declarada en 1996, reconociendo tanto el valor histórico y cultural de más de mil años de vida monástica ininterrumpida como el valor arquitectónico del conjunto construido a lo largo de diez siglos.
El Parque Nacional de Hortobágy fue declarado en 1999 como paisaje cultural, el primer sitio de este tipo en Hungría, reconociendo la relación milenaria entre el hombre y la naturaleza en la Gran Llanura húngara que ha producido uno de los paisajes culturales más auténticos y mejor preservados de Europa.
La Necrópolis Paleocristiana de Pécs fue declarada en 2000, reconociendo el excepcional valor de las cámaras funerarias del siglo IV con sus frescos de temática cristiana como uno de los conjuntos de arte paleocristiano más importantes del mundo.
El Paisaje Cultural de Fertő o Neusiedlersee, un sitio transnacional compartido con Austria declarado en 2001, reconoce el valor del paisaje cultural del lago Fertő y su entorno, un ejemplo extraordinario de asentamiento humano que ha evolucionado durante siglos en armonía con un paisaje natural de gran singularidad ecológica.
Finalmente, la Región Vinícola Histórica de Tokaj fue declarada en 2002, reconociendo el carácter excepcional de este paisaje cultural vitivinícola donde se elaboró el primer vino con denominación de origen clasificada del mundo y donde continúa produciéndose uno de los grandes vinos dulces de la civilización europea.
Información Práctica Para el Viajero
Cómo Llegar
Hungría es accesible desde España por vuelo directo entre varias ciudades españolas y Budapest en aproximadamente dos horas y media a tres horas de vuelo. El Aeropuerto Internacional Ferenc Liszt de Budapest, situado a unos 16 kilómetros del centro de la ciudad, es el principal hub aéreo del país y tiene conexiones directas con la mayor parte de las grandes ciudades europeas, además de vuelos intercontinentales a destinos en Asia, América del Norte y Oriente Medio.
Desde el aeropuerto, la manera más conveniente de llegar al centro de Budapest es el autobús exprés 100E, que conecta el aeropuerto con la calle Deák Ferenc en el corazón de Pest en unos treinta minutos. También existen taxis y servicios de transfer privado.
Budapest también es accesible en tren desde las principales ciudades europeas, con conexiones directas desde Viena en dos horas y media, desde Praga en seis horas y media, y desde Berlín en once horas, entre otras muchas opciones.
Moneda y Pagos
Hungría es miembro de la Unión Europea pero no pertenece a la zona euro. La moneda nacional es el forinto húngaro, cuyo código internacional es HUF. Los billetes de euro no son aceptados en la mayoría de los comercios, tiendas y restaurantes del país, aunque en algunos hoteles y establecimientos turísticos orientados al turismo internacional puede ser posible pagar en euros a un tipo de cambio generalmente desfavorable para el viajero. Lo más conveniente es cambiar dinero o retirar forintos en cajeros automáticos a la llegada a Budapest, que ofrecen el tipo de cambio oficial del banco sin comisiones adicionales más allá de las propias tarjetas.
Las tarjetas de crédito y débito son aceptadas en la gran mayoría de los establecimientos de Budapest y en la mayor parte de las atracciones turísticas del país, pero en pueblos pequeños y mercados tradicionales como el Valle de las Bellas Mujeres de Eger o los puestos de lángos, el efectivo es imprescindible.
Visados y Formalidades
Hungría es miembro de la Unión Europea y del espacio Schengen. Los ciudadanos españoles y de otros países de la Unión Europea no necesitan visado para entrar en Hungría y pueden permanecer en el país durante el tiempo que deseen con su documento nacional de identidad o pasaporte en vigor. Los ciudadanos de países que no pertenecen a la Unión Europea deben consultar los requisitos de visado específicos de su país.
Transporte Dentro del País
Budapest tiene una excelente red de transporte público que incluye cuatro líneas de metro, numerosas líneas de tranvía y autobús, y trenes de cercanías que conectan el centro con los barrios periféricos y las ciudades del área metropolitana. La red es eficiente, económica y funciona las veinticuatro horas en fin de semana y con frecuencias altas durante la semana. Para los turistas, la Budapest Card ofrece acceso ilimitado al transporte público además de entrada gratuita o con descuento a muchos museos y atracciones.
Para viajar entre ciudades y explorar el resto del país, el ferrocarril húngaro, operado por MÁV, conecta Budapest con todas las ciudades importantes del país en tiempos razonables y con tarifas muy económicas. Debrecen está a dos horas y media, Pécs a tres horas, Eger a dos horas, y el Lago Balatón a poco más de una hora desde Budapest. El sistema de autobuses interurbanos Volán complementa el ferrocarril en rutas donde el tren no llega o es más lento.
El alquiler de coche es la mejor opción para explorar las regiones vinícolas de Tokaj y Eger, el Parque Nacional de Hortobágy, los pueblos del norte de Hungría como Hollókő y otras atracciones fuera de las rutas principales del ferrocarril.
Alojamiento
Budapest ofrece una gama completa de opciones de alojamiento para todos los presupuestos, desde grandes hoteles de cadenas internacionales de cinco estrellas con vistas al Danubio hasta hostels económicos en el Barrio Judío, pasando por una amplia oferta de hoteles boutique de categoría media en edificios históricos del centro, apartamentos turísticos en los barrios más animados y pensiones familiares en los barrios residenciales de Buda.
Los precios del alojamiento en Budapest son significativamente más bajos que en las principales capitales de Europa Occidental, lo que hace de Budapest uno de los destinos de mayor relación calidad-precio de toda Europa para el viajero que busca experiencias de calidad sin gastar una fortuna.

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