
Nelson Mandela
Nelson Rolihlahla Mandela — abogado, activista, prisionero, presidente y símbolo global de la lucha por la dignidad humana — es una de las figuras más destacadas del siglo veinte. Su vida trazó un arco que abarcó casi cien años de historia sudafricana, desde el rural Transkei, donde nació en el seno de una familia real xhosa en 1918, hasta la Sudáfrica democrática que ayudó a crear y el escenario mundial donde se convirtió en el ser humano más admirado de su época. Pasó veintisiete años en prisión por su oposición al apartheid — el sistema de segregación racial y dominación de la minoría blanca que gobernó Sudáfrica de 1948 a 1994 — y emergió para liderar a su país a través de una transición negociada hacia la democracia que muchos habían considerado imposible.
El logro de Mandela fue tanto político como moral. El logro político fue sustancial: organizar y sostener un movimiento de liberación a lo largo de décadas de brutal represión, negociar el fin del apartheid sin la guerra civil que parecía inevitable, convertirse en el primer presidente elegido democráticamente de Sudáfrica y establecer las instituciones de una democracia constitucional. El logro moral fue quizás mayor: su respuesta a veintisiete años de encarcelamiento con aparente ausencia de amargura, su disposición a negociar con quienes lo habían encarcelado y asesinado a sus camaradas, y su compromiso explícito con la reconciliación en lugar de la venganza lo transformaron en algo más que un líder político — un emblema de la posibilidad de la generosidad humana en condiciones de extrema injusticia.
Su autobiografía, Long Walk to Freedom, publicada en 1994, es una de las grandes narrativas personales del siglo veinte — el relato de una vida que abarcó el jefe tribal, la política urbana, la resistencia clandestina, el encarcelamiento y la presidencia de una nación, narrado con la seriedad moral y la autoridad serena que caracterizaron todo lo que Mandela hizo. El título capturó el tema esencial: la libertad no era un destino sino un camino, y el camino era largo.
Infancia en el Transkei: orígenes reales y educación misional
Nelson Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en la aldea de Mvezo, a orillas del río Mbashe, en la región del Transkei de lo que entonces era la Unión de Sudáfrica. Su padre, Gadla Henry Mphakanyiswa, era jefe del pueblo thembu — un subgrupo de la nación xhosa — y consejero de la casa real thembu. Su madre, Nosekeni Fanny, era la tercera de las cuatro esposas de su padre. Rolihlahla, su nombre de pila, significa "jalar la rama de un árbol" en xhosa — a veces traducido como "el que busca problemas", un nombre que resultaría profético.
Cuando Nelson tenía alrededor de dos años, su padre fue destituido como jefe por el magistrado británico local tras una disputa sobre ganado, y la familia se mudó a la aldea de Qunu, donde Mandela pasó su infancia. Qunu era una aldea pastoral de chozas redondas de barro asentadas en colinas verdes y onduladas; los niños cuidaban el ganado y las ovejas, nadaban en los arroyos y jugaban a los juegos propios de la infancia rural. El mundo en el que creció era simultáneamente la cultura xhosa tradicional — las historias, los rituales, la economía ganadera, el respeto por los ancianos y los jefes — y el orden colonial que la había recubierto y desplazado parcialmente.
Su padre murió cuando él tenía alrededor de nueve años, y la custodia del niño fue confiada al regente thembu, el jefe Jongintaba Dalindyebo, quien se convirtió en su tutor. Jongintaba era un hombre de considerable dignidad y autoridad, y su gran casa en Mqhekezweni — el "Gran Lugar" — introdujo al joven Mandela en la ceremonia y la política del jefazgo. Asistió a las reuniones en las que el regente y sus asesores discutían los asuntos del pueblo, y quedó profundamente influenciado por lo que vio: la paciencia con que se escuchaba cada voz antes de que el jefe hablara, el esfuerzo por alcanzar el consenso en lugar de imponer decisiones, la responsabilidad del liderazgo hacia la comunidad a la que servía. Estos valores dieron forma a su estilo político posterior.
El nombre "Nelson" le fue dado por un maestro de la escuela misional local — la costumbre colonial británica de asignar nombres ingleses a los niños africanos era una práctica habitual — y fue como Nelson Mandela que sería conocido en el mundo. Asistió al Instituto Internado de Clarkebury y luego a Healdtown, una prestigiosa escuela metodista, antes de inscribirse en 1939 en el University College of Fort Hare, la institución de educación superior más importante para los sudafricanos negros y un centro de vida intelectual y política africana.
Fort Hare puso a Mandela en contacto con la generación emergente de líderes nacionalistas africanos. Fue allí donde conoció por primera vez a Oliver Tambo, quien se convertiría en su amigo más cercano y socio político a lo largo de seis décadas. La universidad también lo expuso al Congreso Nacional Africano y a las ideas políticas — el nacionalismo africano, la exigencia de igualdad de derechos ante la ley, la aspiración a la plena participación en la sociedad que el dominio colonial había construido — que definirían el trabajo de su vida.
Fue expulsado de Fort Hare en 1940 tras participar en un boicot estudiantil a las elecciones del Consejo Estudiantil Representativo, después de haber sido elegido para el consejo y luego haber renunciado en solidaridad con los estudiantes que habían boicoteado el proceso. La expulsión, que él consideró una cuestión de principios, fue el primero de muchos actos de desobediencia institucional en su vida.
Johannesburgo: derecho, política y la Liga Juvenil del CNA
Tras su expulsión de Fort Hare, Mandela huyó a Johannesburgo para escapar de un matrimonio arreglado que Jongintaba planeaba para él. Llegó a la ciudad en 1941, trabajó inicialmente como oficial de seguridad en una mina y finalmente encontró su camino hacia el bufete de abogados de Walter Sisulu, quien se convirtió tanto en su mentor como en su camarada de toda la vida. Sisulu reconoció la inteligencia y el potencial político de Mandela, lo animó a terminar su título por correspondencia y lo introdujo en el mundo de la política del Congreso Nacional Africano.
Johannesburgo a principios de la década de 1940 era una ciudad de contradicciones raciales y económicas — la riqueza generada por las minas de oro y la economía industrial construida sobre trabajo migrante barato, una clase trabajadora africana en rápido crecimiento confinada en municipios y gobernada por leyes de pase que controlaban cada aspecto de sus movimientos y empleos, y una cultura política cada vez más consciente de las contradicciones entre el orden racial y los ideales democráticos que se suponía que la guerra contra el fascismo debía encarnar. El Congreso Nacional Africano, fundado en 1912, era el principal vehículo de las aspiraciones políticas africanas, pero a principios de la década de 1940 era una organización relativamente conservadora liderada por abogados y jefes que peticionaban en lugar de enfrentarse.
Mandela, Tambo, Walter Sisulu y otros de su generación consideraban que el CNA necesitaba transformarse en un movimiento de masas. En 1944 fundaron la Liga Juvenil del CNA, con el objetivo explícito de radicalizar a la organización más antigua y movilizar a las masas africanas en acción directa en lugar de peticiones corteses. El Programa de Acción de la Liga Juvenil, adoptado en 1949, comprometió al CNA con huelgas, boicots, desobediencia civil y no cooperación — un programa modelado explícitamente en los métodos de resistencia no violenta de Gandhi y que reflejaba la influencia de las campañas del Congreso Indio contra la discriminación racial.
Durante este período, Mandela se inscribió en la Universidad de Witwatersrand para completar una licenciatura en derecho, y fue aquí donde por primera vez conoció a blancos e indios como compañeros de estudios y comenzó a desarrollar la filosofía política no racial que caracterizaría su pensamiento político maduro. También conoció a Evelyn Mase, una enfermera, con quien se casó en 1944 y con quien tuvo cuatro hijos. El matrimonio finalmente se deterioró — las exigencias de la actividad política, que consumía cantidades cada vez mayores del tiempo y la energía de Mandela, tensaron la relación — y se divorciaron en 1958.
La Campaña de Desafío de 1952, organizada conjuntamente por el CNA y el Congreso Indio de Sudáfrica, fue la primera prueba importante del Programa de Acción y la primera campaña a gran escala de desobediencia civil contra el apartheid. Miles de voluntarios violaron deliberadamente las leyes del apartheid — usando entradas marcadas como "solo para europeos", permaneciendo en los parques después del toque de queda, yendo a zonas sin permisos — y se entregaron al arresto. La campaña fue finalmente suprimida por nueva legislación, pero transformó al CNA en un genuino movimiento de masas con una membresía de más de cien mil personas a finales de 1952.
Mandela desempeñó un papel organizativo central en la Campaña de Desafío y, en consecuencia, fue prohibido por primera vez — sometido a una orden restrictiva que limitaba sus movimientos y actividades políticas. El patrón se repetiría muchas veces en los años siguientes: acción política, represión gubernamental, prohibición y búsqueda de nuevas formas de resistencia.
La Carta de la Libertad y el Juicio por Traición
El Congreso del Pueblo, celebrado en Kliptown cerca de Johannesburgo en junio de 1955, adoptó la Carta de la Libertad — el documento fundacional del movimiento de liberación y uno de los textos políticos más importantes de la historia sudafricana. La Carta, que había sido redactada a través de un proceso de consulta a nivel nacional en el que se pidió a los sudafricanos ordinarios que describieran el tipo de país en el que querían vivir, declaraba que "Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella, negros y blancos" y enumeraba los derechos y libertades fundamentales que una Sudáfrica democrática garantizaría: igualdad de derechos independientemente de la raza, redistribución de la tierra y los recursos minerales, igualdad de acceso a la educación y la salud, libertad de expresión y de movimiento.
La Carta de la Libertad siguió siendo la piedra angular de la visión política del CNA durante las cuatro décadas siguientes, y su marco democrático no racial — que rechazaba explícitamente tanto la dominación de la minoría blanca como la exclusividad del nacionalismo africano en favor de una Sudáfrica perteneciente a todo su pueblo — reflejaba la filosofía política que Mandela articularía a lo largo de su carrera. También era profundamente controvertida dentro del movimiento de liberación: el Congreso Panafricanista, que se separó del CNA en 1959, rechazó el no racialismo de la Carta como una concesión a los intereses blancos e indios.
En diciembre de 1956, ciento cincuenta y seis líderes del movimiento de liberación — incluido Mandela — fueron arrestados y acusados de alta traición por sus roles en la Alianza del Congreso y la campaña de la Carta de la Libertad. El Juicio por Traición, como fue conocido, se prolongó durante casi cinco años antes de que todos los acusados fueran absueltos en marzo de 1961. El juicio fue en muchos aspectos contraproducente desde la perspectiva del gobierno: proporcionó a los acusados años de contacto entre sí, les dio una plataforma pública y no logró las condenas que buscaba.
Durante el Juicio por Traición, la vida personal de Mandela cambió significativamente. Se enamoró de Winnie Madikizela, una trabajadora social del Transkei, y se casaron en junio de 1958. Winnie Mandela se convertiría en una de las figuras más importantes y más controvertidas de la lucha de liberación sudafricana — una mujer de feroz valentía y determinación que sostuvo la resistencia dentro del país durante los largos años del encarcelamiento de Mandela, y cuya conducta política y personal posterior pondría a prueba y complicaría la relación.
La Masacre de Sharpeville y el Giro hacia la Resistencia Armada
El 21 de marzo de 1960, la policía sudafricana abrió fuego contra una multitud de manifestantes pacíficos en Sharpeville, un municipio cercano a Johannesburgo, matando a sesenta y nueve personas e hiriendo a muchas más. La masacre de Sharpeville — los manifestantes se habían reunido para protestar contra las leyes de pase que obligaban a los sudafricanos negros a portar documentos que autorizaban su presencia en zonas blancas — fue un punto de inflexión en la historia sudafricana y en la evolución política de Mandela.
La respuesta del gobierno a Sharpeville fue declarar el estado de emergencia y prohibir el CNA y el Congreso Panafricanista. La prohibición del CNA obligó a la organización a pasar a la clandestinidad y enfrentó a Mandela y sus colegas con una pregunta fundamental: si la resistencia no violenta seguía siendo viable como estrategia contra un gobierno dispuesto a disparar contra manifestantes desarmados y prohibir organizaciones de oposición. La respuesta a la que llegaron Mandela y otros fue que no — o más bien, que alguna forma de resistencia armada debía complementar la lucha política no violenta.
En 1961, Mandela ayudó a fundar Umkhonto we Sizwe (MK) — Lanza de la Nación — el brazo armado del CNA. La decisión se tomó con considerable deliberación; Mandela y sus colegas eran profundamente conscientes de las dimensiones morales de la elección y buscaron limitar la violencia a los bienes y no a las personas. La estrategia inicial fue el sabotaje de la infraestructura — líneas eléctricas, líneas ferroviarias, edificios gubernamentales — evitando específicamente las bajas. La opinión de Mandela era que este enfoque demostraría la capacidad del movimiento de liberación para la violencia sin los costos humanos que profundizarían el resentimiento racial y socavarían la visión política no racial.
Pasó los años 1961-1962 operando en la clandestinidad — viajando dentro de Sudáfrica para organizar la resistencia, y luego saliendo secretamente del país para obtener entrenamiento militar y buscar apoyo de los gobiernos africanos. Viajó a varios países africanos y a Londres, presentando el caso del CNA ante líderes y gobiernos. En Etiopía recibió entrenamiento militar. Fue arrestado a su regreso a Sudáfrica en agosto de 1962, juzgado y condenado por incitación y por salir del país sin pasaporte, y sentenciado a cinco años de prisión.
El Juicio de Rivonia y la Cadena Perpetua
Mientras Mandela cumplía su condena en la Isla Robben, la policía allanó la sede clandestina de MK en una granja en Rivonia, un suburbio de Johannesburgo, en julio de 1963, y encontró documentos que describían la Operación Mayibuye — un plan para la guerra de guerrillas armada. Mandela, ya encarcelado, y varios de sus colegas fueron acusados de sabotaje y conspiración para derrocar violentamente al gobierno. El cargo llevaba la pena de muerte.
El Juicio de Rivonia, como fue conocido, fue uno de los juicios políticos más importantes del siglo veinte. Los acusados — Mandela, Sisulu, Govan Mbeki, Raymond Mhlaba, Andrew Mlangeni, Ahmed Kathrada, Denis Goldberg y Elias Motsoaledi — casi con toda certeza serían condenados; las pruebas eran sustanciales y el juez no era comprensivo. La pregunta era si serían ejecutados.
La declaración de Mandela desde el banquillo, pronunciada el 20 de abril de 1964, fue uno de los grandes discursos políticos del siglo. Explicó la decisión de llevar a cabo sabotajes como respuesta a la propia violencia del gobierno, trazó la historia de la protesta pacífica que había sido respondida con represión y articuló la visión política del movimiento de liberación — una Sudáfrica democrática en la que todas las personas, independientemente de su raza, tuvieran igualdad de derechos. Concluyó con palabras que se han convertido en algunas de las más famosas de la historia política: "He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero alcanzar. Pero si fuera necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir."
Los acusados fueron condenados el 11 de junio de 1964 y sentenciados a cadena perpetua en lugar de muerte — un veredicto que debió algo a la presión internacional y a la moderación que la fiscalía había mostrado al no solicitar la pena de muerte. Mandela y la mayoría de sus coacusados fueron enviados a la Isla Robben, una isla batida por el viento en la Bahía de la Mesa, frente a Ciudad del Cabo, que servía como prisión política de máxima seguridad de Sudáfrica.
Isla Robben: veintisiete años
Los veintisiete años que Mandela pasó en prisión — dieciocho de ellos en la Isla Robben, el resto en la Prisión de Pollsmoor y en la Prisión de Víctor Verster — fueron un período de extraordinario desafío psicológico y moral, y el hecho de que emergiera de ellos sin aparente amargura ni disminución de su visión política es una de las características más notables de su biografía.
En la Isla Robben, los presos políticos eran sometidos a condiciones diseñadas para degradarlos y desmoralizarlos: trabajo forzado en la cantera de piedra caliza, alimentación mínima, condiciones de celda inadecuadas para el clima, humillaciones mezquinas deliberadas por parte de los guardias. Las autoridades se negaban a proporcionarle a Mandela pantalones largos — solo tenía derecho a pantalones cortos, incluso en invierno, porque las autoridades penitenciarias lo clasificaban como "niño" en la jerarquía racial del sistema del apartheid. Luchó contra esta indignidad durante años antes de que fuera subsanada.
Pero la prisión también tenía dimensiones que las autoridades no habían anticipado. La concentración del liderazgo del CNA en la Isla Robben — Mandela, Sisulu, Kathrada, Mbeki y otros — creó lo que algunos llamaron la Universidad de la Isla Robben, donde los presos políticos se educaban mutuamente, debatían filosofía y estrategia política y mantenían la coherencia organizativa que sería esencial cuando emergieran. Mandela estudió a través del programa de correspondencia de la Universidad de Londres y cursó una licenciatura en derecho. Leía con voracidad — historia, filosofía, biografía — y dirigía debates entre los presos sobre el futuro de Sudáfrica.
También se dedicó a aprender afrikáans — la lengua del pueblo que lo había encarcelado — razonando que era importante entender a los propios oponentes, que la comunicación requería acceso lingüístico y que llegaría el día en que la negociación sería necesaria. Esta sabiduría práctica — la disposición a aprender y comunicarse con los adversarios — fue una de las preparaciones más importantes para el papel que desempeñaría tras su liberación.
Los años de prisión coincidieron con la intensificación de la lucha dentro de Sudáfrica. El levantamiento de Soweto de junio de 1976, en el que estudiantes que protestaban contra la imposición del afrikáans como medio de instrucción fueron baleados por la policía, marcó el inicio de una nueva fase de resistencia — más joven, más confrontacional, más explícitamente orientada por la Conciencia Negra. El movimiento internacional contra el apartheid creció constantemente a lo largo de finales de la década de 1970 y la de 1980, con sanciones internacionales, boicots culturales y campañas de desinversión que ejercían presión sobre el gobierno sudafricano. El nombre y la imagen de Mandela se convirtieron en los símbolos centrales del movimiento antiapartheid en todo el mundo, aunque había estado encarcelado durante más de una década antes de que el movimiento alcanzara su máxima intensidad.
Winnie Mandela, quien sirvió como encarnación viva del líder encarcelado durante esos años, fue ella misma sometida a repetidas órdenes de prohibición, encarcelamiento y exilio — sometida a arresto domiciliario en Brandfort, en el Estado Libre de Orange, lejos de su familia y de sus redes de apoyo — y su valentía y resistencia se volvieron legendarias. Pero los años de persecución y aislamiento también la cambiaron, y su conducta posterior se convertiría en fuente de dolorosa controversia.
Las Negociaciones: de la prisión a la presidencia
A mediados de la década de 1980 había quedado claro para elementos significativos del gobierno sudafricano que el apartheid no era sostenible. Los levantamientos en los municipios de 1984-1986, el estado de emergencia declarado en 1985, la creciente presión internacional — sanciones económicas, aislamiento financiero, boicots culturales — y la intensificación de la lucha armada eran todos indicadores de que el statu quo no podía mantenerse indefinidamente. Las reuniones secretas entre emisarios del gobierno y el encarcelado Mandela comenzaron en 1985 y continuaron de manera intermitente durante varios años.
En febrero de 1989, F.W. de Klerk se convirtió en presidente de Sudáfrica, y avanzó de manera más decidida hacia la negociación que sus predecesores. El 11 de febrero de 1990, en uno de los momentos más dramáticos de la historia política moderna, Nelson Mandela salió de la Prisión de Víctor Verster, de la mano de Winnie, ante una enorme multitud y la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Había estado en prisión durante veintisiete años y cinco meses.
Su liberación abrió el proceso de negociación formal que eventualmente produciría una Sudáfrica democrática. Las negociaciones fueron complejas, peligrosas y frecuentemente al borde del colapso — la violencia de principios de la década de 1990, gran parte de ella involucrando a simpatizantes del Partido de la Libertad Inkatha y supuesta colusión de las fuerzas de seguridad, mató a miles de personas y amenazó con descarrilar la transición. El asesinato de Chris Hani, el popular líder del CNA, en abril de 1993 — por un extremista de derecha — llevó a Sudáfrica al borde de la catástrofe. La respuesta de Mandela — un discurso televisivo en el que llamó a la calma y advirtió que solo la acción disciplinada y pacífica podría honrar la memoria de Hani — fue ampliamente reconocida como la que impidió una explosión de violencia retributiva.
El Premio Nobel de la Paz fue otorgado conjuntamente a Mandela y a De Klerk en 1993 — un reconocimiento de la transición negociada que ambos hombres habían hecho posible, aunque el peso moral del galardón recaía principalmente en Mandela. Las primeras elecciones plenamente democráticas en la historia sudafricana se celebraron el 27 de abril de 1994. El CNA ganó con el sesenta y dos por ciento de los votos, y Nelson Mandela, a sus setenta y cinco años, fue inaugurado como el primer presidente elegido democráticamente de Sudáfrica el 10 de mayo de 1994.
La Presidencia: reconciliación y construcción de nación
Mandela sirvió un único mandato como presidente de Sudáfrica, desde mayo de 1994 hasta junio de 1999. Su presidencia estuvo definida por dos prioridades fundamentales: la transición a la gobernanza democrática y el proyecto de reconciliación nacional. Ambas eran enormemente desafiantes, y el balance de su presidencia fue tanto un logro notable como uno incompleto.
La Comisión de la Verdad y la Reconciliación, establecida por el gobierno de Mandela y presidida por el arzobispo Desmond Tutu, fue el vehículo institucional para abordar los crímenes de la era del apartheid. La Comisión ofreció amnistía a los perpetradores de crímenes con motivación política que se presentaran y hicieran una divulgación completa — un compromiso que muchas víctimas encontraron profundamente insatisfactorio pero que los artífices de la transición consideraron necesario para evitar tanto la impunidad como la ola de juicios que podría haber desestabilizado la nueva democracia.
La imagen de Mandela vistiendo una camiseta de los Springboks de rugby en la final de la Copa Mundial de Rugby de 1995 — abrazando el deporte que había sido símbolo del nacionalismo afrikáner blanco y presentándolo como símbolo de la nueva Sudáfrica — se convirtió en una de las imágenes icónicas de la era postapartheid y una demostración de la inteligencia política con la que abordó la reconciliación. El gesto no era sentimental; era calculado para mostrar a los sudafricanos blancos que el nuevo orden no les exigía abandonar su identidad cultural, sino solo compartir su país.
Su matrimonio con Winnie había terminado efectivamente durante su encarcelamiento — los años de separación y los cambios en ambos hicieron imposible la reconciliación — y se divorciaron en 1996 tras un doloroso proceso público. En 1998, en su octogésimo cumpleaños, se casó con Graça Machel, la viuda del presidente mozambiqueño Samora Machel, en una unión que le brindó la felicidad personal que las luchas políticas de su vida le habían negado en gran medida.
Abandonó la presidencia en 1999, cediendo el poder a Thabo Mbeki de conformidad con el límite constitucional de dos mandatos y su propia intención declarada de no convertirse en el tipo de líder africano que se aferra al poder. La renuncia voluntaria al poder — por un hombre que había luchado por él durante décadas y a quien millones habrían apoyado en cualquier decisión que tomara — fue en sí misma una declaración política sobre el tipo de democracia que había trabajado por construir.
Años posteriores e influencia global
En sus años posteriores a la presidencia, Mandela siguió siendo una fuerza activa en el escenario mundial, utilizando su extraordinaria autoridad moral para involucrarse en causas que iban desde la epidemia de VIH/SIDA en Sudáfrica — que el gobierno de Thabo Mbeki había manejado con una negligencia desastrosa — hasta el conflicto israelí-palestino, la pobreza global y el mantenimiento de la paz internacional. Fundó la Fundación Nelson Mandela, el Fondo Nelson Mandela para la Infancia y la Fundación Mandela Rhodes para impulsar las causas de la educación, el desarrollo juvenil y la democracia.
Su hijo Makgatho murió de una enfermedad relacionada con el SIDA en enero de 2005, y Mandela declaró públicamente la causa de la muerte — un acto deliberado de apertura en un momento en que el SIDA cargaba con un enorme estigma en Sudáfrica — que fue coherente con su negativa de toda la vida a ocultar verdades incómodas.
Los Ancianos, un grupo de líderes mundiales que incluía a Jimmy Carter, Kofi Annan, Mary Robinson y otros reunidos por Mandela y Richard Branson en 2007, fue su intento de crear un órgano de figuras globales con experiencia que pudieran utilizar su autoridad moral para abordar las crisis internacionales que los canales diplomáticos convencionales no habían logrado resolver.
Nelson Mandela murió el 5 de diciembre de 2013 en su casa de Johannesburgo, a los noventa y cinco años. El derrame de dolor fue global y genuino — el tipo de duelo reservado para las figuras que no solo son admiradas sino amadas, que han llegado a formar parte del paisaje emocional de la humanidad. Líderes de todo el espectro político viajaron a Sudáfrica para el servicio conmemorativo. Barack Obama pronunció el elogio en el Estadio FNB de Soweto, llamando a Mandela "el último gran libertador del siglo veinte".
El Sistema del Apartheid: contexto y estructura
Para entender la vida y el legado de Mandela es esencial entender el apartheid — el sistema de clasificación racial y segregación forzada que el gobierno del Partido Nacional codificó y amplió tras llegar al poder en 1948. El apartheid no era simplemente un conjunto de leyes discriminatorias sino un sistema social total que regulaba cada aspecto de la vida de los sudafricanos clasificados como no blancos, afectando la residencia, el empleo, la educación

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