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La Emperatriz Viuda Cixi: la Dama Dragón y el Crepúsculo del China Imperial

La Emperatriz Viuda Cixi: la Dama Dragón y el Crepúsculo del China Imperial

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Introducción

Durante casi cinco décadas, el destino de los cuatrocientos millones de habitantes de China descansó en manos de una mujer que nunca debía haber gobernado. La Emperatriz Viuda Cixi — nacida Yehe Nara Xingzhen el 29 de noviembre de 1835 — ingresó a la Ciudad Prohibida como una concubina adolescente de rango modesto, sin embargo sobrevivió a emperadores, humilló a reformadores, sobrevivió a la invasión de ocho potencias extranjeras, y murió el 15 de noviembre de 1908, después de designar a un último emperador para sucederla. Había gobernado, de una manera u otra, desde 1861. Ninguna otra figura en el largo crepúsculo de la dinastía Qing dejó una huella tan profunda y tan disputada en el paso de China de la civilización imperial al mundo moderno.

La historia de Cixi es inseparable de la historia de la crisis china del siglo XIX. La dinastía Qing, fundada por conquistadores manchúes en 1644, había alcanzado su cénit bajo el Emperador Qianlong y luego entró en una prolongada decadencia marcada por la presión demográfica, el agotamiento fiscal, la corrupción administrativa, las catástrofes naturales y la implacable presión comercial y militar de las potencias occidentales. Para cuando el futuro marido de Cixi, el Emperador Xianfeng, ascendió al trono en 1850, China enfrentaba la rebelión interna más grave de su historia — el Reino Celestial Taiping — mientras simultáneamente se enfrentaba a las cañoneras británicas y francesas, la expansión territorial rusa en el norte y las humillaciones impuestas por el Tratado de Nankín tras la Primera Guerra del Opio de 1839 a 1842.

La reputación de Cixi ha oscilado enormemente a lo largo del tiempo y la geografía. Los observadores occidentales de finales del siglo XIX y principios del XX, basándose en los relatos sensacionalistas de misioneros y periodistas extranjeros, la retrataron como una déspota oriental de crueldad casi ilimitada — la Dama Dragón que asesinaba rivales, encarcelaba emperadores y desataba a los bóxers sobre la civilización. La historiografía nacionalista china de las eras republicana y maoísta la condenó como la principal arquitecta de la humillación nacional, una mujer tan adicta al poder y al lujo que despilfarró fondos navales en un barco de mármol mientras Japón construía una flota moderna. Los estudios más recientes, que se basan en materiales de archivo recién disponibles y liberados tanto del condescendiente orientalismo como de la polémica revolucionaria, han producido un retrato considerablemente más complejo: una superviviente políticamente astuta que operó dentro de severas limitaciones estructurales, que implementó reformas cuando las juzgó necesarias, y cuyos fracasos fueron en gran medida fracasos de todo el sistema imperial más que de una voluntad individual.

Este artículo examina la vida de Cixi en su totalidad: sus orígenes en el clan manchú Yehe Nara, su ascenso de concubina menor a consorte imperial, el Golpe Xinyou de 1861 que la llevó al poder por primera vez, las décadas de regencia sobre emperadores sucesivos, su compleja relación con los movimientos de reforma de la década de 1890, su fatídica decisión de apoyar el Levantamiento Bóxer en 1900, el punitivo Protocolo de los Bóxers y la década de genuina reforma institucional que siguió, y finalmente su muerte — separada únicamente por veintidós horas de la muerte del emperador que había pasado una década encarcelando.

Orígenes y Vida Temprana

Cixi nació el 29 de noviembre de 1835, en el clan Yehe Nara, uno de los clanes manchúes de la Bandera Azul Lisa. Los conquistadores manchúes que fundaron la dinastía Qing en 1644 habían mantenido su identidad étnica y social distintiva a través del sistema de banderas — una organización militar-social que dividía la sociedad manchú en ocho banderas codificadas por colores y regía tanto el servicio militar como el estatus civil. Nacer en una familia de bandera confería ciertos privilegios y obligaciones: los hombres de bandera recibían estipendios del tesoro imperial, y sus hijas eran elegibles para ser seleccionadas como concubinas imperiales. Pero el clan Yehe Nara, aunque noble, no estaba entre los linajes manchúes más exaltados, y las circunstancias familiares de Cixi eran modestas más que grandiosas.

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Fuentes: digitalcommons.unl.edu, npr.org, factsanddetails.com, afaranwide.com, china.org.cn, ancientwarhistory.com, theworldofchinese.com

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