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Colombia: Guía Completa del Viajero a la Puerta de Entrada de Sudamérica

Colombia: Guía Completa del Viajero a la Puerta de Entrada de Sudamérica

Velocidad

Introducción

Colombia ocupa un lugar singular en la imaginación del mundo. Durante décadas, el nombre del país evocaba titulares de conflicto, guerras contra el narcotráfico y peligro. Hoy, esos titulares han sido reemplazados por una historia mucho más atrayente: la de una nación que ha protagonizado una de las transformaciones más extraordinarias de la historia contemporánea, reinventándose a sí misma como uno de los destinos de viaje más vibrantes, acogedores y de una belleza sobrecogedora del planeta. Los viajeros que llegan con expectativas incluso modestas parten absolutamente deslumbrados, con libretas llenas de nombres de restaurantes, teléfonos cargados de fotografías de paisajes imposibles y el corazón aligerado por una cultura que parece constitucionalmente incapaz de una hospitalidad que no sea de todo corazón.

Colombia se ubica en el rincón noroccidental de América del Sur, el único país del continente con costas tanto en el océano Pacífico como en el mar Caribe. Esa posición geográfica por sí sola da pistas sobre la extraordinaria diversidad contenida dentro de sus fronteras. El país es el cuarto más grande de América del Sur y alberga más de cincuenta millones de personas, lo que lo convierte en el tercer país más poblado del continente. Dentro de sus aproximadamente 1,1 millones de kilómetros cuadrados se encuentran picos andinos coronados de nieve, selva amazónica sofocante, playas caribeñas blanqueadas por el sol, manglares en el Pacífico, vastas llanuras que se extienden hacia Venezuela y ciudades coloniales tan perfectamente conservadas que parecen museos al aire libre. Viajar por Colombia es viajar por todo un continente comprimido en un único e inagotablemente sorprendente país.

La transformación que Colombia ha vivido desde los peores años de las décadas de 1980 y 1990 es la gran historia en curso de las Américas modernas. Ciudades que en otro tiempo eran sinónimo de violencia ahora compiten por premios de diseño y atraen festivales internacionales. Medellín, otrora considerada la ciudad más peligrosa del mundo, ha sido elegida una de las más innovadoras. Bogotá, la extensa capital encaramada en el altiplano andino, ha invertido enormemente en infraestructura pública, bibliotecas y redes ciclistas que se han convertido en modelos para ciudades de todo el mundo. Cartagena, siempre hermosa detrás de sus murallas milenarias, ha emergido como uno de los destinos de ocio más codiciados de América Latina. Y los pueblos pequeños, las veredas de montaña, las comunidades pesqueras del Caribe y los albergues de selva han encontrado su lugar en el radar del viajero global.

Lo que hace a Colombia particularmente embriagadora es la calidez de su gente, una cualidad que se ha convertido en una especie de carta de presentación nacional. Los colombianos son famosamente orgullosos de su país y genuinamente entusiastas de que los visitantes lo conozcan a través de sus ojos. La palabra española que más se usa para describir esta calidez es calidad, un sentido de excelencia y dignidad en las interacciones humanas, pero esa palabra apenas roza la superficie de lo que los viajeros experimentan en realidad. A uno lo invitan a las casas, lo animan a quedarse a comer otro plato, las indicaciones se convierten en visitas guiadas y lo despachan a uno con recomendaciones de lugares que jamás aparecen en ninguna guía.

Luego está la música. Colombia es un país permanentemente acompañado de una banda sonora. Desde los ritmos de cumbia que palpitan en la costa Caribe hasta los pasillos de tonos tanquistas del interior, desde la música de chirimía del Chocó hasta las tradiciones del arpa llanera de los llanos orientales, la música no es entretenimiento aquí sino vida cotidiana. El país que le dio al mundo el vallenato, un género tan culturalmente significativo que la UNESCO lo incorporó a su lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es un país donde la música actúa como pegamento social, memoria colectiva e identidad nacional al mismo tiempo. Viajar por Colombia es moverse a través de un concierto vivo, una melodía en constante cambio que va transformando su carácter de un valle al siguiente.

Esta guía está diseñada para llevarle a través de cada dimensión de la experiencia colombiana, desde las bulliciosas calles de Bogotá hasta los remotos ríos del Amazonas, desde las murallas amuralladas de Cartagena hasta las palmas de cera de la región cafetera. Ya sea que esté planeando su primera visita o su quinta, ya sea que disponga de dos semanas o dos meses, Colombia recompensa por igual la planificación y la espontaneidad. El país es más grande de lo que la mayoría de la gente cree, más variado de lo que cualquier viaje puede abarcar y más generoso que casi cualquier otro lugar sobre la faz de la tierra.

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